10.12.08 @ 10:27:44. Archivado en Mundo Libre
“Si hubiera de asignar a esta palabra una idea precisa y definida, diría, pura y simplemente, que significa un gobierno por la masa de los ciudadanos, actuando directa y personalmente, conforme a las normas establecidas por la mayoría; y que todo gobierno es más o menos republicano en la medida en que contenga en su composición una cantidad mayor o menor del ingrediente de la acción directa de los ciudadanos.
Cuanto más lejos del control constante y directo de los ciudadanos, menos ingrediente republicano tiene el gobierno; evidentemente, ninguno donde las autoridades son hereditarias, o autoelegidas; y poco cuando son de por vida, en la medida en que la vida continúe tras el acto de elección”. THOMAS JEFFERSON
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06.12.08 @ 21:39:03. Archivado en Mundo Libre
“La democracia social es la democracia de Arcadia, de Suiza y de los pioneros norteamericanos. De esas comunidades se podría decir que poseen asimismo un gobierno democrático, pues todo es en ellas naturalmente democrático. No hay aristocracia, no hay prestigio, sino una inteligente propensión a prestarse ayuda y a realizar en común todo cuanto se haga, no tanto bajo la dirección de un jefe como guiándose por una especie de instinto de colaboración y de contagiosa simpatía. En otras palabras, rige ese gobierno supremamente democrático: la total ausencia de gobierno.
La democracia política, por su parte, es un producto tardío y artificial. Surge merced a una gradual extensión de los privilegios aristocráticos, a través de la rebelión contra los abusos y en respuesta a la inquietud experimentada por el pueblo.
La democracia social es un ideal ético general, tendente a la igualdad y a la fraternidad humanas, e incompatible en su forma radical con instituciones tales como la familia y la propiedad hereditaria.
Por el contrario, el gobierno democrático es un simple medio para alcanzar un fin, un expediente para el mejor y más fácil gobierno de ciertos Estados en determinadas situaciones. No involucra ideales de vida especiales; es una cuestión de política“.GEORGE SANTAYANA
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Hace aproximadamente un año, publicaba mi primer artículo en el primitivo alojamiento de Filosofía Digital. En él expresaba las intenciones y los objetivos que me movían a hacerlo, así como también el tipo de lectores en que pensaba. Hoy quiero hacer memoria de aquella primitiva declaración, para confirmarla y compartirla con los amables visitantes de Periodista Digital:
"No soy profesional de la filosofía, la política o la religión, ni estoy adscrito a ninguna institución académica, partido político o grupo religioso. Ni siquiera simpatizo con ellos, por muy necesarios que sean considerados.
Mucho me temo que los más, esto es, la desdichada mayoría, apenas encontrarán aquí algo que les agrade por algún motivo; los menos, o sea, la dichosa minoría, casi nada que no sepan ya. Escribo sobre estos temas porque necesito hacerlo y porque considero necesario que se haga. Eso es todo.
Aunque me esforzaré por expresar mis ideas con palabras adecuadas, que no ofendan a nadie, no es agradar lo que busco, sino hablar claro y decir la verdad. Espero, de esta manera, animar a cualquiera que necesite alcanzar la excelencia y esté dispuesto a adentrarse sin temor por el camino que lleva a la libertad.
Si lo consiguiere, siquiera en parte, lograría mi propósito y esa sería mi recompensa. Si no, me habré limitado a cumplir con mi deber; y esa es toda la gloria a que aspiro. Vale."
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13.11.08 @ 10:26:16. Archivado en Mundo Libre
“Sin duda no era necesaria una revolución para saber que la extrema desproporción de las fortunas es el origen de muchos males y muchos crímenes, pero no estamos menos convencidos de que la igualdad de bienes es una quimera. Por mi parte la creo menos necesaria para la felicidad privada que para la felicidad pública. Se trata más de hacer honorable la pobreza que de proscribir la opulencia.
De manera que vuestra declaración parece hecha, no para los hombres, sino para los ricos, para los acaparadores, para los agiotistas y para los tiranos. La sociedad está obligada a proveer la subsistencia de todos sus miembros, sea procurándoles trabajo, sea asegurando los medios de existencia a aquellos que se encuentran incapacitados para trabajar.
El pueblo es soberano: el gobierno es su obra y su propiedad, los funcionarios públicos sólo son sus mandatarios. El pueblo puede, cuando así lo considere, cambiar su gobierno y revocar a sus mandatarios. Toda institución que no suponga que el pueblo es bueno y el funcionario corruptible, está viciada.
Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada porción del pueblo, el más indispensable de los deberes.
Cuando falta la garantía social a un ciudadano, él vuelve al derecho natural de defender por sí mismo todos sus derechos.
En uno o en otro caso, sujetar con formas legales la resistencia a la opresión es el último refinamiento de la tiranía.” ROBESPIERRE
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“Somos seres inteligentes; luego seres inteligentes no pudieron ser creados por un ser grosero, insensible, ciego: luego la inteligencia de Newton provino de otra inteligencia. Este argumento es antiguo, pero no por eso es malo. El mismo Spinoza admite esa inteligencia como base de su sistema: no le habéis leído y debéis leerle.
En cuanto a la moral, es evidente que vale más reconocer a Dios que negarlo. Es positivo que no se enseña el ateísmo en las escuelas de los hombres de letras de China; pero es cierto, sin embargo, que muchos de sus hombres de letras son ateos, pero es porque sólo son filósofos a medias.
Los que sostienen que puede subsistir una sociedad de ateos, tienen, pues, razón, porque las leyes son las que forman las sociedades; y esos ateos, siendo filósofos por añadidura, pueden pasar la vida tranquila y feliz a la sombra de dichas leyes, viviendo más fácilmente en sociedad que los fanáticos supersticiosos.
Poblad una ciudad de Simónides, de Protágoras y de Spinozas; poblad otra ciudad de jansenistas y de molinistas, y probaréis de ese modo la verdad del pensamiento que acabo de sentar. Verdad es que siempre esperaré que sea más justo el que crea en Dios que el que no crea; pero también esperaré más disgustos y más persecuciones de los que son supersticiosos.
El ateísmo y el fanatismo son dos monstruos que pueden desgarrar y destruir la sociedad; pero el ateo, aunque persevere en su error, conserva siempre el juicio, que le corta las garras, y el fanático está atacado de una continua locura, que afila las suyas.” VOLTAIRE
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29.09.08 @ 17:50:23. Archivado en Mundo Libre
Bolivia Hipnotizada: Cómo Todo Un Pueblo Se Deja Avasallar por la Dictadura
Tuve que pensar dos veces antes de publicar esta nota. Pero no la puedo pensar tres veces… la vorágine de eventos y el paso acelerado de la historia por este rincon del mundo no lo permite.
No puedo callar. No puedo ser tan hipócrita ante tanta apatía e ignorancia, ante un pueblo que no es capaz de reaccionar ante tanta maldad. Quisiera ser mucho mas positivo. Quisiera motivar a mi pueblo con alegría y optimismo. Pero no puedo. Estoy decepcionado. Conmigo mismo, con todos los bolivianos, con nuestros supuestos amigos en otros países, con nuestra absoluta mediocridad.
Espero que al menos entiendas, querido lector, que detrás de lo negativo y duro que soy en esta nota, pulsa un gran amor, un profundo y gran amor por la libertad, por la paz, por Bolivia y por el amor mismo. Creo de verdad que podemos todos vivir en paz y con mucho amor y es por esto que publico esta nota. Mi conciencia lo exige. LEÓN GALINDO SCHULTZ
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“¿No sería mejor que todos nuestros trabajadores se dedicaran a la agricultura? Si así fuera, la tierra cultivada se duplicaría o triplicaría; se produciría una creación doble o triple de comida y los excedentes irían a alimentar los nacimientos, ahora perecederos, de Europa, que a cambio de ello nos enviaría ropa y otros productos.
La moralidad lo confirma, y las leyes de la naturaleza equilibran de tal forma nuestros deberes y nuestras necesidades que cuando unos y otras se distancian debemos sospechar que nuestros razonamientos contienen alguna falacia. Además, para resolver esta cuestión convendría atribuir su justo peso a la superioridad física y moral del hombre agrícola sobre el manufacturero.
Estamos bajo la burbuja del banco, de igual modo que toda nación corre peligro de estar bajo cualesquiera burbujas, insidias o embaucamientos que pueden surgir cuando no está alerta. Ahora nos enseñan a creer que ciertos trucos de ilusionista pueden producir con el papel una prosperidad tan sólida como el trabajo en la tierra.
El sentido común insiste vanamente en que la nada nada puede producir; en que es inútil soñar en una piedra filosofal que todo lo convierta en oro y redima al hombre de la condena primera de su Hacedor a ganarse el pan con el sudor de la frente.
Sin embargo, como no soy lo bastante Quijote como para intentar persuadir por la razón a un asilo de locos, mi preocupación es hallar la forma más práctica de librarnos de la ruina en la que nos hemos sumido.” THOMAS JEFFERSON
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24.09.08 @ 15:43:16. Archivado en Mundo Libre
“Algunos economistas alemanes han forjado un concepto nuevo, el de capitalismo asesino.
La maximización del beneficio, la acumulación acelerada de la plusvalía y la monopolización de la decisión económica son contrarias a las aspiraciones profundas y a los intereses singulares del mayor número. La racionalidad comercial causa estragos en las conciencias, aliena al hombre y desvía a la multitud de un destino libremente debatido, escogido democráticamente.
La lógica de la mercancía ahoga la libertad irreductible, imprevisible, siempre enigmática del individuo. El ser humano queda reducido a su mera funcionalidad mercantil. Max Weber escribió que “la riqueza es una cadena de hombres que crean valor”. Nada semejante ocurre hoy en día.
En nuestra época, la riqueza es el fruto de actuaciones imprevisibles de especuladores codiciosos y cínicos, obsesionados por la ganancia a cualquier precio y por maximizar los beneficios.
Ningún estado, por poderoso que sea, ninguna ley ni ninguna asamblea de ciudadanos pueden ya aspirar a controlar estos movimientos. La burbuja especulativa cada vez se hincha más. La economía virtual gana la mano a la economía real.” JEAN ZIEGLER.
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22.09.08 @ 10:10:49. Archivado en Mundo Libre
Tras una investigación de cuatro años, Naomi Klein explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia.
Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas.
Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras forma de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles.
En este relato apasionante, narrado con pulso firme, Klein repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M, para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el siniestro combustible de la economía del shock.
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20.09.08 @ 21:10:23. Archivado en Mundo Libre
“Las oligarquías capitalistas transcontinentales reinan sobre el universo. El hambre persistente y la desnutrición crónica son obra del ser humano. Son el resultado del orden asesino del mundo.
A las destrucciones y sufrimientos que los oligarcas del capital mundializado infligen a los pueblos con su imperio militar y sus organizaciones mercenarias de índole comercial y financiera, se suman las devastaciones y padecimientos que la corrupción y la prevaricación provocan, presentes a gran escala en numerosos gobiernos, sobre todo, del Tercer Mundo.
El orden mundial del capital financiero no puede funcionar sin la complicidad activa y la corrupción de los gobiernos instalados en el poder. La democracia sólo existe de forma verdadera cuando los seres que componen la comunidad pueden expresar sus anhelos íntimos, libre y colectivamente, en la autonomía de sus deseos personales y la solidaridad de su coexistencia con los demás, y consiguen transformar en instituciones y en leyes lo que perciben como el sentido individual y colectivo de su existencia.
Una nueva sociedad civil planetaria, vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna, surge de los escombros del Estado-nación. Se opone de forma radical al imperio de los depredadores. Organiza la resistencia. La componen una multiplicidad de frentes de rechazo. Sus luchas alumbran una esperanza inmensa.” JEAN ZIEGLER.
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07.09.08 @ 09:42:18. Archivado en Mundo Libre
“¿Qué nos importan las combinaciones que equilibran la autoridad de los tiranos? Lo que hay que hacer es extirpar la tiranía. No es precisamente en las querellas entre sus amos donde los pueblos deben buscar el beneficio de respirar unos instantes. Es en su propia fuerza donde deben cifrar la garantía de sus derechos.
Sólo hay un tribuno del que yo pueda ser devoto: es el propio pueblo. A cada sección del pueblo de la República precisamente encomiendo yo el poder tribunicio, y es fácil organizarlo de una manera igualmente alejada tanto de las tempestades de la democracia absoluta como de la perfecta tranquilidad del despotismo representativo.
Huid de la manía antigua de los gobiernos de querer gobernar demasiado. Dejad a los individuos, dejad a las familias el derecho de hacer lo que no perjudica a su prójimo. Dejad a las comunas el poder de regular ellas mismas sus propios asuntos, en todo aquello que no se refiere a la administración general de la república.
En una palabra, devolved a la libertad individual todo aquello que no pertenece naturalmente a la autoridad pública, y habréis dejado mucha menos presa a la ambición y a lo arbitrario.”
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31.08.08 @ 13:48:01. Archivado en Mundo Libre
“Si muchos conservadores no defendían al gobierno más que para mantener sus emolumentos y sus cargos, muchos miembros de la oposición no lo atacaban más que para conquistarlos.
La verdad -la lamentable verdad- es que el gusto por las funciones públicas y el deseo de vivir a costa de los impuestos no es una enfermedad exclusiva de un partido: es el grande y permanente achaque democrático de nuestra sociedad civil y de la centralización excesiva de nuestra administración, es el mal secreto que ha corroído todos los antiguos poderes y que corroerá también todos los nuevos.
Algunos que se jactan de haber conspirado para hacer las revoluciones, lo único que han hecho ha sido sacar partido de ellas. Las revoluciones nacen espontáneamente de una enfermedad general de los espíritus, llevada, de pronto, al estado de crisis por una circunstancia fortuita que nadie ha previsto.
Y, en cuanto a los pretendidos inventores o conductores de esas revoluciones, no inventan ni conducen nada. Su único mérito es el de los aventureros que han descubierto la mayor parte de las tierras desconocidas: atreverse a ir siempre en línea recta, hacia adelante, mientras el viento empuje." ALEXIS DE TOCQUEVILLE
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“Hoy en día no puede creerse nada de lo que publican los periódicos. La verdad misma se hace sospechosa cuando aparece en ese vehículo contaminado. Sólo quienes están en situación de confrontar los hechos que conocen con las mentiras del día pueden saber hasta dónde llega ese estado de desinformación. Un hombre que jamás mire un periódico estará mejor informado que quienes los leen, por lo mismo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que quien tiene la mente repleta de falsedades y errores. La difamación se está convirtiendo en algo necesario para la vida, hasta el punto de que no puede digerirse una taza de té por la mañana o por la noche sin este estimulante. Hasta aquellos que no creen esas abominaciones las leen complacidos a sus oyentes, mostrando, en lugar del horror y la indignación que deberían abrumar a una mente virtuosa, un placer secreto por la posibilidad de que alguien llegara a creerlas, aunque ellos no las crean. Parece que no se percatan de que el verdadero autor no es el que imprime, sino el que paga”.

A vuestra solicitud de mi opinión sobre la forma en que debe llevarse un periódico para que sea más útil, respondería que “restringiéndolo a los verdaderos hechos y a los sanos principios”. Pero me temo que un periódico así tendría pocos suscriptores. La triste verdad es que la supresión de la prensa no podría privar a la nación de sus beneficios más de lo que ya la priva su sumisión prostituida a la falsedad.
Hoy en día no puede creerse nada de lo que publican los periódicos. La verdad misma se hace sospechosa cuando aparece en ese vehículo contaminado. Sólo quienes están en situación de confrontar los hechos que conocen con las mentiras del día pueden saber hasta dónde llega ese estado de desinformación.
En verdad compadezco a la gran mayoría de mis conciudadanos, lectores de periódicos que viven y morirán creyendo que han sabido algo de lo que ha acontecido en el mundo contemporáneo, cuando las relaciones que han leído en los periódicos lo mismo podrían referirse a otros períodos de la historia mundial que al presente, con la salvedad de que las fábulas se introducen los nombres reales de hoy.
De esas fábulas pueden, desde luego, colegirse algunos hechos de carácter general, como que Europa está actualmente en guerra, que Bonaparte ha tenido éxito como guerrero, que ha sometido a su voluntad a gran parte de Europa, etc., etc.; pero uno no puede fiarse de los detalles.
Añadiré que un hombre que jamás mire un periódico estará mejor informado que quienes los leen, por lo mismo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que quien tiene la mente repleta de falsedades y errores. Quien no lea nada se enterará de todos modos de los hechos generales, y los detalles son todos falsos.
Si su director quisiera hacer una reforma quizá podría empezar así. Divídase el periódico en cuatro capítulos, titulados: 1º Verdades. 2º Probabilidades. 3º Posibilidades. 4º Mentiras. El primer capítulo sería muy corto, porque contendría poco más que documentos auténticos, e información procedente de fuentes de cuya certeza el director esté dispuesto a responder poniendo en juego su reputación. El segundo contendría aquello que éste, tras madura consideración de todas las circunstancias, juzgue como probablemente cierto. De todas formas, convendría que contuviera más bien demasiado poco que mucho. El tercero y el cuarto serían expresamente para los lectores que prefieren gastarse el dinero en mentiras en vez de en el papel en blanco que de otra forma ocuparían.
Un director así tendría que guardarse de la práctica desmoralizadora de alimentar habitualmente a la mente pública con calumnias, y de la depravación del gusto que este alimento nauseabundo induce. La difamación se está convirtiendo en algo necesario para la vida, hasta el punto de que no puede digerirse una taza de té por la mañana o por la noche sin este estimulante.
Hasta aquellos que no creen esas abominaciones las leen complacidos a sus oyentes, mostrando, en lugar del horror y la indignación que deberían abrumar a una mente virtuosa, un placer secreto por la posibilidad de que alguien llegara a creerlas, aunque ellos no las crean. Parece que no se percatan de que el verdadero autor no es el que imprime, sino el que paga. […]
Carta a John Norwell, residente en Danville, Virginia, que había escrito a Jefferson sobre un proyecto de creación de un periódico. Washington, 11 de junio de 1807.
THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.
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“Mientras nadie presente a los españoles una verdadera alternativa democrática, seria y honesta, frente a la actual oligocracia de partidos, corrupta y despótica, me parece precipitado atribuir a la nación un carácter servil.
Reconozco que el pueblo español permanece cautivo de terribles prejuicios políticos y religiosos; pero, al contrario de cierto arrogante republicano que lo tilda de cobarde, yo sólo he observado en su conducta “insuficiencia de luces, errores de espíritu, pero no bajeza del corazón”.
Y también reconozco el enorme trabajo que cuesta desarraigar una idea concebida por la mayoría y destruirla aunque sea en un solo hombre que la ha adoptado: ni escritos ni discursos sirven para nada. Sólo un gran partido, nutrido con patriotas y guiado por esa hermosa constelación de principios que ha inspirado siempre a la democracia, podrá conmover y cambiar la sociedad, aunque para ello tenga que sacudirla y desgarrarla.
No es fácil conseguir que un pueblo se libere del yugo de las malas creencias, las malas costumbres y las malas leyes. Después de todo, es raro que el discípulo supere a los maestros que lo han educado.“ JESÚS NAVA
EDICIÓN DEL TEXTO C0MPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL
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“La Fayette dice en algún pasaje de sus Memorias que el sistema exagerado de las causas generales deparaba maravillosos consuelos a los políticos mediocres. Yo añado que produce el mismo efecto en los historiadores mediocres.
No sólo niegan que unos cuantos ciudadanos puedan influir sobre el destino del pueblo, sino que quitan a los pueblos mismos la facultad de modificar su propia suerte y los someten, ya a una providencia inflexible, ya a una especie de ciega fatalidad.
Según ellos, cada nación está inevitablemente ligada, por su posición, por su origen, por sus antecedentes y por su naturaleza, a un destino determinado que ningún esfuerzo es capaz de cambiar.
Los historiadores de la Antigüedad enseñaban a mandar; los de hoy sólo enseñan a obedecer. En sus escritos, el autor suele parecer grande, la humanidad siempre pequeña.
Si esta doctrina fatalista pasara de los escritores a los lectores y, penetrando en la masa de los ciudadanos, se apoderara del espíritu público, probablemente paralizaría en poco tiempo el movimiento de las nuevas sociedades.
Nuestros contemporáneos ya se sienten excesivamente inclinados a dudar del libre albedrío. Guardémonos de oscurecer esta idea, ya que se trata de levantar las almas, no de abatirlas por completo.” ALEXIS DE TOCQUEVILLE
Texto completo, en FILOSOFÍA DIGITAL
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“Saint-Just, contemporáneo de Sade, llega a la justificación del crimen, aunque parte de principios diferentes. Ambos, sin embargo, legitiman un terrorismo, individual en el libertino, y de Estado en el sacerdote de la virtud.
Si se pone en el bien absoluto y en el mal absoluto la debida lógica, uno y otro exigen el mismo furor. Saint-Just ha inventado la clase de seres que hacen de la historia de los dos últimos siglos una pesada novela negra.
“El que gasta bromas estando a la cabeza del gobierno -dice- tiende a la tiranía.” Máxima asombrosa, sobre todo si se piensa cómo se pagaba entonces la sencilla acusación de tiranía, y que prepara en todo caso el tiempo de los Césares pedantes.
Saint-Just da el ejemplo; su tono mismo es definitivo. Esa cascada de afirmaciones perentorias, ese estilo axiomático y sentencioso, le pintan mejor que los más fieles retratos. Las sentencias ronronean , como la prudencia misma de la nación; las definiciones, que fundan la ciencia, se suceden como mandamientos fríos y claros. “Los principios deben ser moderados; las leyes, implacables; las penas, sin remisión posible.”
Es el estilo guillotina.” ALBERT CAMUS
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“Unos principios eternos ordenan nuestra conducta: la Verdad, la Justicia; finalmente, la Razón. Ese es el nuevo dios.
El dios de los filósofos y de los abogados no tiene más que el valor de una demostración. En verdad, es muy débil, y se comprende que Rousseau, que predicaba la tolerancia, haya creído, sin embargo, que era preciso condenar a muerte a los ateos.
Para adorar durante un largo tiempo un teorema, no basta la fe, se necesita también una policía. Vicio, virtud, corrupción, estos términos vienen constantemente a la retórica de los tiempos y, todavía más, a los discursos de Saint-Just, haciéndolos cada vez más pesados.
La Revolución francesa, al pretender edificar la historia sobre un principio de pureza absoluta, inaugura los tiempos modernos al mismo tiempo que la era de la moral formal. La moral, cuando es formal, devora.
La virtud absoluta es imposible, la república del perdón trae mediante una lógica implacable la república de las guillotinas. Montesquieu había denunciado ya esta lógica como una de las causas de decadencia de las sociedades, diciendo que el abuso del poder es mejor cuando las leyes no lo prevén.” ALBERT CAMUS
EDICIÓN COMPLETA DEL TEXTO EN FILOSOFÍA DIGITAL
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“Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano.
Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio.
No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores. Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica.
Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.” RICHARD WILHELM
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02.07.08 @ 19:59:15. Archivado en Mundo Libre
“Por muy necesario que sea contener a los magistrados, no lo es menos el escogerlos bien: la libertad debe fundarse en esta doble base. No perdáis de vista que, en el gobierno representativo, no hay leyes constitutivas más importantes que las que garantizan la pureza de las elecciones.
Ahí están los principios conservadores de la libertad que la constitución debe mantener. Todo el resto no es más que charlatanería, intriga y despotismo. Haced de manera que el pueblo pueda asistir a las asambleas públicas, ya que es el único apoyo de la libertad y de la justicia. Los aristócratas, los intrigantes son las plagas de la libertad.
¡Qué importa que la ley rinda un homenaje hipócrita a la igualdad de derechos si la más imperiosa de todas las leyes, la necesidad, fuerza a la parte más sana y numerosa del pueblo a renunciar a ella! Que las reglas de las elecciones, que las formas de las deliberaciones sean tan simples y resumidas como sea posible.
Que se delibere en voz alta: la publicidad es el apoyo de la virtud, la salvaguardia de la verdad, el terror del crimen, el azote de la intriga. Dejad las tinieblas y el voto secreto a los criminales y a los esclavos: los hombres libres quieren tener al pueblo como testigo de sus pensamientos.
Este método forma a los ciudadanos y las virtudes republicanas. Conviene a un pueblo que acaba de conquistar su libertad y que combate por defenderla. Cuando deja de convenirle, ya no hay República.”
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01.07.08 @ 11:00:33. Archivado en Mundo Libre
“La nación entera tiene el derecho de conocer la conducta de sus mandatarios. Sería necesario, si fuera posible, que la asamblea de delegados del pueblo deliberase en presencia del pueblo entero. Ante la mirada de un número tan grande de testimonios, ni la corrupción, ni la intriga, ni la perfidia osarían mostrarse. Sólo se consultaría a la voluntad general; sólo se atendería a la voz de la razón y del interés general.
Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gestión a nadie no tiene constitución. Un pueblo cuyos mandatarios sólo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene constitución. Si éste es el sentido que se le confiere al gobierno representativo, confieso que adopto todos los anatemas pronunciados contra él por Jean-Jacques Rousseau.
La posteridad se asombrará de la despreocupación con la que una gran nación ha soportado estas cobardes y groseras maniobras que comprometen a la vez su dignidad, su libertad y su salvación.”
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“La atracción por lo electivamente afín constituye una ley general de la naturaleza. Mediante una atracción de esta índole influye el sabio sobre los corazones de los hombres y el mundo logra la paz.
Uno debe aguardar, tranquilamente, hasta que un verdadero influjo lo mueva a actuar, y entonces quedará libre de daños. Se ha alcanzado aquí el sitio del corazón. La incitación, el estímulo que parte de este punto es el más importante. Allí donde actúa la propia fuerza tranquila de la naturaleza de uno, los efectos son normales.
Todos los hombres sensibles a las vibraciones de un espíritu semejante recibirán su influjo. Este influjo sobre los demás no ha de manifestarse como una acción deliberada y consciente ejercida sobre ellos, pues semejante agitación consciente, con su perpetuo vaivén, excita y desgasta.
Por otra parte, en ese caso los efectos se limitarán a aquellos hombres hacia los cuales dirige uno conscientemente sus pensamientos. La forma más exterior de empeñarse en adquirir influencia sobre otros es la de conseguirlo mediante la mera locuacidad, sin que nada real sostenga a las palabras. Semejante estímulo, ejercido por el sólo movimiento de los instrumentos del habla, será necesariamente insignificante.”
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“El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo. Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente.”

Los trastornos del cuerpo animal, y los síntomas que los indican, son tan variados como los elementos que componen el cuerpo. Además, las combinaciones de esos síntomas son tan infinitamente diversas que muchas asociaciones de ellos se manifiestan tan rara vez que no permiten diagnosticar una enfermedad determinada; y para una enfermedad desconocida no puede haber remedio conocido. Ahí debe detenerse, por consiguiente, un médico juicioso, moral y humano.
Tras ser tantas veces testigo de los saludables esfuerzos de la naturaleza para restablecer las funciones trastornadas, antes debería confiar en su acción que arriesgarse a interrumpirla y a perturbar aún más el sistema, con experimentos hipotéticos con una máquina tan complicada y desconocida como el cuerpo humano y un objeto tan sagrado como la vida humana. O, cuando para mantener vivos la esperanza y el ánimo del paciente, es necesario que parezca que se hace algo, ese algo debe ser de naturaleza del todo inocua.
Uno de los mejores médicos que he conocido me aseguró que utilizaba las píldoras de pan, las gotas de agua coloreada y los polvos de ceniza de nogal más que todas las demás medicinas juntas. Era, ciertamente, un engaño piadoso.
Pero el médico propenso a la aventura no se detiene ahí, y sustituye el conocimiento por la presunción. Del pequeño campo de lo conocido se lanza a la ilimitada región de los desconocido. Establece como guía alguna teoría fantasiosa de atracción corpuscular, acción química, potencias mecánicas, estímulos, irritabilidad acumulada o agotada, vaciamiento por lanceta y relleno por mercurio, o cualquier otro sueño ingenioso que le da acceso inmediato a todos los secretos de la naturaleza.
Una vez propuesto este principio, construye sobre él su cuadro gnoseológico, distribuye sus enfermedades por familias, y extiende su tratamiento curativo, por analogía, a todos los casos que tan arbitrariamente ha congregado.
He vivido para ver a los discípulos de Hoffman, Boerhaave, Stahl, Cullen, Brown, sucederse unos a otros como figuras que se desplazan en una linterna mágica, y a sus fantasías convertirse, por su novedad, en la moda del día como los vestidos de los figurines anuales de París, hasta ceder a la novedad siguiente su efímera hegemonía.
El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo.
Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Es en esa parte de la medicina donde me gustaría ver una reforma, un abandono de las hipótesis en favor de los hechos desnudos, el otorgamiento del más alto valor a la observación clínica, y el más bajo a las teorías visionarias.
Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente. […]
Al doctor Casper Wistar, profesor de anatomía y cirugía en la Universidad de Pennsylvania, que en 1815 sucedió a Jefferson como presidente de la Sociedad Filosófica Americana. Washington, 21 de junio de 1807.
THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.
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“Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola… Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.”

Bellos poemas de Borges: “El remordimiento”, “El cómplice” y “Los justos”. Lamento que no fuera feliz. No acepto ser cómplice de lo que me daña. Y estoy totalmente de acuerdo en que “esas personas que se ignoran, están salvando el mundo”.
¡Cuánta pleitesía irresponsable y servil rindes, hombre civilizado, al poder, a las riquezas y al placer! ¡Siempre buscando un rey que te gobierne, algún líder que te guíe, un maestro que te enseñe, algún gurú que te ilumine, un poeta que te deleite, algún placer que te extasíe, un negocio que te encumbre, alguna ideología que te libere…!
¡Siempre aprendiendo, engañando y siendo engañado, sin llegar nunca al conocimiento de la verdad esencial, aquella que afirma que todo lo que necesitas para ser feliz y libre está en tí!
Y los que viven como si lo supiesen, pero sin ser conscientes de ello, son esas personas humildes, anónimas, que se ignoran a sí mismas, pero que están salvando el mundo. Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola…
Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.
Por eso mismo, los poetas y los sabios les rinden homenaje. Y yo me sumo a él. Es de justicia.
Filosofía Digital, 16/01/2007
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“Yo soy más sabio que este hombre; es posible que ninguno de los dos sepamos cosa que valga la pena, pero él cree que sabe algo, pese a no saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo. Yo no tengo conciencia de saber nada.”

La frase “sólo sé que no sé nada”, atribuida a Sócrates por sus discípulos (Platón, en “Defensa de Sócrates”), es considerada por los inexpertos y los esnobs del pensamiento, sin madera de auténticos pensadores, como el colmo de la sabiduría y la modestia filosófica.
EL ESCEPTICISMO Y LA FALSA MODESTIA
A mí, sin embargo, nunca me impresionó, pues albergo el máximo recelo hacia los aforismos filosóficos agradables, especialmente hacia las paradojas verbales. Lao Tsé lo dijo muy bien: “Las palabras verdaderas no son hermosas; las palabras hermosas no son verdaderas”.
Una frase bella puede fácilmente deslumbrar, y cegar al desprevenido, por su aparente profundidad, cuando tal vez no sea más que música compuesta con palabras. Alerta, pues, contra la belleza; no vayamos a confundirla con la verdad. La belleza puede seducir los sentidos, es decir, la imaginación, hasta el punto de dejar confuso el entendimiento.
Con franqueza y sin ambages: la frase de Sócrates, a la luz de la razón, me parece un dicho sin sustancia inspirado por la falsa modestia. Todos los ignorantes podrían decir lo mismo, si fueran honestos. Pues Heráclito afirmaba que “el mejor de ellos no conoce sino opiniones y las retiene firmemente”.
Darse cuenta de eso es una prueba de sensatez y comprenderlo está al alcance de cualquiera que no se obstine en aparentar que sabe lo que a sabiendas ignora. Es decir, que además de insensato no sea hipócrita.
Pero si el que finge saber, cuando no tiene conciencia de saber nada, está tocado de soberbia, no le sigue muy de lejos el que sabiendo, finge que ignora. El falso modesto, se encumbra aparentando humillarse, y está próximo al soberbio.
Me inclino a creer que Sócrates simulaba su ignorancia, porque al verdadero ignorante, cuando el vulgo le atribuye una sabiduría que no tiene, si es sondeado con habilidad, se le reconoce porque podría pasar por tonto. Pues según Heráclito, que de “oscuro” no tenía nada, “los tontos, cuando oyen, son semejantes a los sordos: sobre ellos es la sentencia de que están ausentes cuando presentes”.
LOS TÁBANOS, TORMENTO DEL GANADO
Y si, realmente, Sócrates se consideraba ignorante, ¿a qué venía tanta ironía y empeño para demostrar que los demás no sabían nada? ¿Con qué derecho se entrometía en las vidas de sus conciudadanos ejerciendo de tábano de sus conciencias y presumía de no dejar a nadie en paz? ¿Tendría al final Xantipa, su malhumorada esposa, su parte de razón al tirarle baldes de agua a la cabeza, mientras le llamaba vago y charlatán? Sócrates era un tábano inteligente, eso es todo.
Y un poco sofista. Pues para alguien que blasonaba de poder demostrar que todo el mundo, incluso los filósofos, desconocía la verdad sobre casi todo, se afianzaba bastante, por no decir excesivamente, en simples “verosimilitudes hermosas”. Como afirmó Descartes, “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente. Un hombre que duda de muchas cosas no es más sabio que el que nunca ha pensado en ellas”.
Sería insensato negar que, en la vida cotidiana, a falta de pan buenas son tortas; y que, a falta de certezas, debemos seguir lo que barruntamos más probable. Pero en la reflexión, por el contrario, nos advierte Spinoza, “debemos evitar el admitir como verdadero lo que es tan sólo verosímil, ya que, una vez admitida una falsedad, se siguen infinitas”.
Véase, si no, cómo desbarra Sócrates sobre el más allá, en “Fedón o del Alma”, una vez admitida la fantasiosa doctrina de la inmortalidad del alma, estimando que “conviene creerlo, y que vale la pena creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo”. He aquí cómo el encantador de serpientes acaba por encantarse a sí mismo al dulce son de su flauta filosófica. Ya que no puede saber, se conforma con creer.
Por eso, frente a su afectada ignorancia, y a despecho de todos los escépticos, me uno a Spinoza para expresar, con legítimo orgullo filosófico, pero sin el menor asomo de inmodestia, nuestra jubilosa profesión de fe filosófica: “Nosotros, al menos, sabemos que algo sabemos”.
Filosofía Digital, 18/12/2005
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20.06.08 @ 16:43:14. Archivado en Palabras mayores
"No presumo de haber hallado la mejor filosofía, pero sé que entiendo la verdadera"(Spinoza).
Muchos pensadores han hablado de la sabiduría con desigual fortuna y han señalado el camino empinado que conduce hasta ella. Pero sólo uno entre mil he hallado que, con benevolencia y dulzura, dirija a sus lectores un solícito "ruego" de "avanzar" con él "a paso lento", por la vía del entendimiento, hacia el conocimiento del alma humana y su suprema felicidad.
EL CRISTO DE LOS FILÓSOFOS
Quien tenga el coraje de acompañar a este hombre, por el camino interior que él transitó primero, no sólo logrará conocerse, sino que podrá sentir y experimentar con absoluta certeza que somos eternos. Su nombre: Baruch de Spinoza.
En ninguna otra filosofía hay salvación. El es el Cristo de los filósofos, según Gilles Deleuze, y el Moisés de los librepensadores, a juicio de Feuerbach. A sus pies he educado mi mente y gracias a él he aprendido casi todo lo que sé. Si alguna inteligencia espiritual he llegado a alcanzar se la debo a Spinoza, aunque sea íntegramente mía la responsabilidad por toda la ignorancia en que aún yazgo.
En cierto modo, estas páginas constituyen mi modesto pero agradecido homenaje al amable restaurador de la "antigua y verdadera filosofía". Como Lessing dijo: "No hay más filosofía que la de Spinoza". De ello quiero dar fe aquí.

FILOSOFÍA Y RELIGIÓN
La filosofía profunda es, en el fondo, verdadera religión y la auténtica religión no es otra cosa que filosofía pura. El ámbito natural de la verdadera filosofía es el estudio y conocimiento de las cosas perennes o eternas.
En esto se distingue de manera fehaciente de la ciencia o del arte, manifestaciones del espíritu a las que sirve de inspiración, pero con las que no debe ser confundida en modo alguno. El arte aporta belleza y placer; la ciencia, conocimiento y progreso; la espiritualidad filosófica, alegría y libertad.
Abogo, pues, abiertamente por una filosofía religiosa y una religión filosófica. Que yo distinga, como es obligado hacerlo, la religión de las confesiones religiosas que la falsean o corrompen y procure diferenciar la filosofía de las escuelas filosóficas que la complican o confunden, no resta ni un ápice de certeza a mi convicción de que, sin la unión con lo divino, la mente humana no alcanzará jamás la dicha inefable de la libertad completa y que, sin racionalidad filosófica, la religión derivará siempre en vano misticismo o peligrosa superstición.
ÉTICA, POLÍTICA Y FELICIDAD
Es más, sólo bajo la guía e inspiración de una sana espiritualidad podremos encontrar los sabios preceptos de una ética racional y las reglas prudentes de una política realista que nos alumbren el camino hacia una nueva sociedad; aquella que todas las almas nobles presienten como posible, y anticipan como real, cuando son capaces de vivir felices, entre otros hombres, obrando con generosidad, justicia y lealtad.
Es cierto que el camino que lleva a la verdadera felicidad es muy difícil de alcanzar; pero, si raramente se encuentra, y no se consigue sin “gran trabajo”, es posible hallarlo, sin embargo.
Aunque entrar por esta estrecha vereda es decisión de cada particular, podemos lograr una sociedad, organizada de tal modo, que facilite la consecución de tan alto grado de perfección para el mayor número posible de individuos. Se trata, pues, de poner la política y todas las ciencias al servicio de la felicidad.
Una sociedad así es posible para los hombres, si se les da la oportunidad de vivir bajo un régimen político benigno que garantice la libertad individual y colectiva; asegure la concordia social mediante leyes justas e iguales para todos; les procure una buena educación que les sirva de timón en la vida; y siembre en sus mentes consejos fraternales que sean como semillas de unas buenas costumbres.
Entonces, si no todos, al menos los más sensatos, bajo la guía de su propio juicio, podrán llevar libremente la forma de vida que más les plazca y hacer honestamente lo que sienten que es mejor.
EL CAMINO QUE LLEVA A LA LIBERTAD
De estos temas y otros semejantes trataremos aquí. No soy profesional de la filosofía, la política o la religión, ni estoy adscrito a ninguna institución académica, partido político o grupo religioso. Ni siquiera simpatizo con ellos, por muy necesarios que sean considerados.
Mucho me temo que los más, esto es, la desdichada mayoría, apenas encontrarán aquí algo que les agrade por algún motivo; los menos, o sea, la dichosa minoría, casi nada que no sepan ya. Escribo sobre estos temas porque necesito hacerlo y porque considero necesario que se haga. Eso es todo.
Aunque me esforzaré por expresar mis ideas con palabras adecuadas, que no ofendan a nadie, no es agradar lo que busco, sino hablar claro y decir la verdad. Espero, de esta manera, animar a cualquiera que necesite alcanzar la excelencia y esté dispuesto a adentrarse sin temor por el camino que lleva a la libertad.
Si lo consiguiere, siquiera en parte, lograría mi propósito y esa sería mi recompensa. Si no, me habré limitado a cumplir con mi deber; y esa es toda la gloria a que aspiro. Vale.
Artículo publicado en Filosofía Digital, el 27/11/2005
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"La libertad es lo más apreciado y lo más dulce" (Spinoza).
Aunque quiero reservar mis reflexiones sobre la religión y las supersticiones religiosas para otra sección, hoy necesito dar mi opinión sobre las revueltas que, en todo el mundo, están provocando los fanáticos musulmanes, es decir: los últimos bárbaros de nuestro tiempo.

Disfrutaba Spinoza de su ciudadanía, bajo el gobierno de su amigo Jan de Witt, republicano y liberal, en una Holanda cuya tolerancia le hacía vibrar de entusiasmo y le inclinaba a amarla como patria. Pero cuando comprobó que la libertad de pensamiento y expresión era suprimida "totalmente por la excesiva autoridad y petulancia de los predicadores", decidió redactar un tratado con sus opiniones acerca de las Escrituras judeocristianas, y sobre la relación entre política y religión. En sus propias palabras:
"Viendo, pues, que nos ha caído en suerte la rara dicha de vivir en un Estado, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertad es lo más apreciado y lo más dulce, he creído hacer algo, que no sería ni ingrato ni inútil, si demostrara que esta libertad no sólo se puede conceder sin perjuicio para la piedad y la paz del Estado, sino que, además, sólo se la puede suprimir, suprimiendo con ella la misma paz del Estado y la piedad" (Tratado teológico-político).
>> Sigue...
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19.06.08 @ 09:10:26. Archivado en Mundo Libre
“Vuestros principios se han puesto a prueba en el crisol del tiempo y han salido de él en toda su pureza. Habéis demostrado que no os oponíais sólo a la monarquía británica, sino a cualquier monarquía. Nuestro objetivo era un gobierno por representantes elegidos por el pueblo para períodos cortos y nuestra máxima de entonces, “donde acaba la elección anual comienza la tiranía”. Temo que nuestros amigos del otro lado del océano, que trabajan por la misma causa, tendrán todavía que vadear gran cantidad de crímenes y miserias. Deposité mi confianza en la cabeza de Bonaparte, no en su corazón. Esperaba que calculara bien la diferencia entre la fama de un Washington y la de un Cromwell. Sean cuales fueran sus opiniones, en el mejor de los casos ha transferido el destino de la república del brazo civil al militar. Algunos utilizarán esto como ejemplo de la impracticabilidad del gobierno republicano. Yo lo tomo como ejemplo del peligro que revisten los ejércitos permanentes. He sufrido mucho por nuestro país en los tiempos que hemos vivido. Espero ver la armonía restaurada entre nuestros ciudadanos, y las enemistades pretéritas enteramente olvidadas. Algunos de los dirigentes más comprometidos no pueden aceptarlo. Pero espero que lo acepte la gran masa de nuestros ciudadanos. Para conseguirlo sacrificaré todo menos los principios.”

Recibir una carta vuestra, mi respetable amigo, tras veintitrés años de separación, me ha procurado un placer que no puedo expresar. Me trae a la mente los días de inquietud que entonces pasamos combatiendo por la causa de la humanidad.
Vuestros principios se han puesto a prueba en el crisol del tiempo y han salido de él en toda su pureza. Habéis demostrado que no os oponíais sólo a la monarquía británica, sino a cualquier monarquía. Nuestro objetivo era un gobierno por representantes elegidos por el pueblo para períodos cortos y nuestra máxima de entonces, “donde acaba la elección anual comienza la tiranía”; y no puede decirse que nuestras excepciones a esa máxima hayan sido justificables por la virtud de sus efectos. Una deuda de cien millones, que crece por los intereses usurarios, y una falange de papel artificial que prevalece sobre la masa agrícola de nuestro país, tienen un aspecto amenazador.
Temo que nuestros amigos del otro lado del océano, que trabajan por la misma causa, tendrán todavía que vadear gran cantidad de crímenes y miserias. Deposité mi confianza en la cabeza de Bonaparte, no en su corazón. Esperaba que calculara bien la diferencia entre la fama de un Washington y la de un Cromwell. Sean cuales fueran sus opiniones, en el mejor de los casos ha transferido el destino de la república del brazo civil al militar. Algunos utilizarán esto como ejemplo de la impracticabilidad del gobierno republicano. Yo lo tomo como ejemplo del peligro que revisten los ejércitos permanentes. […]
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18.06.08 @ 17:32:59. Archivado en Mundo Libre
“Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta. En algunas naciones que se tienen por libres, todo agente del poder puede violar la ley impunemente sin que la Constitución del país otorgue a los oprimidos el derecho de quejarse ante la justicia. En estos pueblos, la independencia de la prensa no debe ser considerada como una garantía más, sino como la única garantía que queda de la libertad y de la seguridad de los ciudadanos. En materia de prensa no hay, pues, término medio entre la servidumbre y la licencia. La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el sufragio universal son por el contrario dos cosas que se contradicen. En los Estados Unidos, cada periódico tiene individualmente poco poder; pero la prensa periódica es, a pesar de todo, el primer poder después del pueblo.”

La libertad de prensa no sólo deja sentir su poder sobre las opiniones políticas, sino también sobre todas las opiniones de los hombres. No modifica únicamente las leyes, sino a la vez las costumbres. En este momento sólo quiero examinar los efectos producidos por la libertad de prensa en el mundo político.
SI ESTABLECÉIS LA CENSURA, PARA EVITAR LOS MALES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ACABARÉIS BAJO LA BOTA DEL DESPOTISMO
Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta.
Si alguien me indicara, entre la independencia completa y la servidumbre total del pensamiento, una posición intermedia en la que mantenerse, quizá la adoptara; pero ¿quién es capaz de descubrir esa posición intermedia? Si en plena licencia de la prensa os movéis por el orden ¿qué hacéis? En primer lugar, someter a los escritores al veredicto de los jurados; pero éstos los absuelven, y lo que sólo era la opinión de un hombre aislado se convierte en opinión del país. Así pues, habéis hecho demasiado y demasiado poco; hay que seguir adelante.
Sometéis a los autores a magistrados permanentes; pero los jueces están obligados a oír antes de condenar; y lo que se habría temido declarar en el libro, se declara impunemente en el alegato; lo que se habría dicho oscuramente en un relato se encuentra repetido en mil otros. La expresión es la forma exterior, y si se me permite expresarlo así, el cuerpo del pensamiento, pero no el pensamiento mismo. Los tribunales aprehenden el cuerpo, pero el alma se les escapa, deslizándose sutilmente entre sus manos. Habéis hecho, pues, demasiado y demasiado poco; hay que continuar.
Acabáis sometiendo a los escritores a la censura. Muy bien; ya nos vamos acercando. Pero la tribuna política ¿acaso no es libre? Entonces todavía no habéis hecho nada; mejor dicho, habéis aumentado el mal. ¿Es que acaso tomaríais el pensamiento por una de esas fuerzas materiales que crecen a la par que el número de sus miembros? ¿Contaríais a los escritores como a los soldados de un ejército? Al revés de lo que ocurre con las fuerzas materiales, el poder del pensamiento aumenta a menudo con el pequeño número de quienes lo expresan.
La palabra de un hombre poderoso que penetra solitaria en medio de las pasiones de una asamblea silenciosa tiene más poder que los gritos confusos de mil oradores; y a poco que se pueda hablar libremente en un solo lugar público, es como si se hablara públicamente en cada pueblo. Tenéis, pues, que destruir, al mismo tiempo que la libertad de escribir, la libertad de hablar; henos ya llegados a puerto; todos se callan. Pero ¿dónde habéis llegado? Habéis partido de los abusos de la libertad, y os hallo bajo la bota de un déspota. […]
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17.06.08 @ 18:13:15. Archivado en Tribuna libre
“Los pensamientos de todas las grandes personalidades, pasadas y presentes, no son algo sólo para ser guardado en bibliotecas. Son grandes potencialidades que pueden cambiar el curso de la historia. Son los verdaderos tesoros de los hombres, las verdaderas “minas del rey Salomón”, el verdadero “Grial”; son la “alquimia” que transformará, debidamente utilizada, cualquier metal en oro; o, lo que es lo mismo, son la sabiduría, que aplicada correctamente nos hará evolucionar de simples simios a hombres plenos. Es por esto que le digo que FD, nunca podrá ser apreciada por una inmensa mayoría, sino por una pequeña minoría, que busca los grandes y reales tesoros de humanidad, los verdaderos.”

Me alegra ver cómo el trabajo que usted está realizando con FD es reconocido por los universitarios granadinos; eso demuestra que son chicos inteligentes y que hay nivel en esa Universidad.
Puede estar seguro de que FD es útil, no sólo para estudiantes, sino para muchos seres humanos que, al igual que yo, se sienten prácticamente huérfanos en un mundo material y superficial que nos es ajeno y distante. Zambullirse en el interior de FD es como zambullirse en las aguas del mar en un día caluroso de verano, o como pasear por un gran bosque virgen y acogedor en una cálida tarde de primavera… y sentir todos sus “aromas”, percibir sus colores…¡y respirar su oxígeno!
Los pensamientos de todas las grandes personalidades, pasadas y presentes, no son algo sólo para ser guardado en bibliotecas. Son grandes potencialidades que pueden cambiar el curso de la historia. Son los verdaderos tesoros de los hombres, las verdaderas “minas del rey Salomón”, el verdadero “Grial”; son la “alquimia” que transformará, debidamente utilizada, cualquier metal en oro; o, lo que es lo mismo, son la sabiduría que, aplicada correctamente, nos hará evolucionar de simples simios a hombres plenos.
Por supuesto que siempre tiene que haber un alquimista o maestro que los desempolve, los seleccione y los muestre al mundo. Su papel de “alquimista”, a través de FD lo está realizando de manera magistral. Usted es un gran “alquimista” que muestra al mundo sus “tesoros de sabiduría”, para que no caigan en el olvido del tiempo, y sigan alimentando el alma humana.
Aunque desde muy joven, no sé por qué, entendí que lo importante no es lo material, sino lo espiritual, que la esencia es invisible al ojo humano, entendí que lo que anima todo lo existente en el universo es el Espíritu… Aún así, fue cuando murió mi padre que tuve la certeza absoluta de que lo importante son las personas, los seres y no las cosas. La muerte nos hace ver la vida desde su verdadera perspectiva, desde la real. Aunque muchas personas no alcanzarían a ver esta realidad ni en mil vidas o muertes que experimentaran.
Es por esto que le digo que FD nunca podrá ser apreciada por una inmensa mayoría, sino por una pequeña minoría que busca los grandes y reales tesoros de humanidad, los verdaderos.
Me viene a la mente un pequeño fragmento que posiblemente haya leído hace tiempo. Se lo dedico a usted junto a este fragmento musical de “La sinfonía de un nuevo mundo”, de Dvorak, que me encanta:
“Es como si me hablaras y yo te escucho.
Mis ojos te intuyen en la distancia, tan lejana y cercana…
Tus pensamientos forman figuras geométricas
que titilan en la noche oscura.
Evocan tiempos primigenios, cuando los ángeles
bailaban libres y alegres dibujando un proyecto de futuro,
moldeando universos con sus melodías siderales.
Es como si estuvieras cerca, amigo mío, aún en la distancia.”
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13.06.08 @ 11:00:09. Archivado en Rayos de luz

Voy a señalaros el camino más excelente.
Ya puedo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, que si no tengo amor no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes.
Ya puedo ser profeta y conocer todos los misterios y toda la ciencia; ya puedo tener una fe capaz de mover montañas, que si no tengo amor no soy nada.
Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar vivo, que si no tengo amor de nada me sirve.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es jactancioso, no es vanidoso, no es grosero ni egoísta, no se irrita, no es renocoroso; no simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad. Disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre.
El amor no falla nunca.
SAULO DE TARSO, 1ª Carta a los Corintios, capítulo 13 (extractado de varias versiones de la Biblia).
http://www.filosofiadigital.com
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12.06.08 @ 18:04:24. Archivado en Mundo Libre
“Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios. De haber elegido el liderazgo político, es lógico pensar que podía haberlo alcanzado. Sin embargo, hizo una elección que muestra al instante la clase de hombre que fue y prefirió ser siempre. Regresó a la Cámara de los Diputados de Virginia e inmediatamente se puso a trabajar en una reforma de las leyes del Estado, cuidadosamente planeada, que en realidad se orientaba a poner en práctica los “derechos inalienables” del hombre, encarnados por la Declaración de Independencia. Además de dirigir esta revolución social en Virginia, Jefferson halló tiempo para disfrutar la compañía de su esposa y sus hijos, para cultivar sus tierras y dirigir sus asuntos personales, para cabalgar, leer y escribir vigorosas cartas a sus muchos amigos y conocidos”.

Los escritos de Thomas Jefferson poseen hoy una significación mayor que nunca antes en la historia de América. Estas cartas y documentos son el archivo de los principios sociales que constituyen el corazón del “experimento” democrático americano. Quienes ansíen conocer el verdadero y sutil carácter del hombre, encontrarán en ellos otra y no despreciable recompensa.
Durante el período de la Ilustración Americana ningún líder fue tan elocuente, tan sabio, tan consciente de las implicaciones y las consecuencias de la sociedad libre como él. A Jefferson debemos acudir para lograr un contacto directo con las personalidades dominantes y los sucesos de aquellos días, y ver la más acabada expresión de un gobierno mediante el consentimiento, mediante la razón, mediante la ley, y mediante enérgicos y progresivos cambios.
SU SENTIDO DEL HUMOR, CORDIALIDAD E INTELIGENCIA LE GRANJEARON MUCHOS AMIGOS ÍNTIMOS
Thomas Jefferson nació el 13 de abril (2 de abril según el calendario juliano) de 1743 en Shadwell, la más importante de las plantaciones de tabaco que su padre, Peter Jefferson, poseía en el interior de Virginia. A pesar de no ser persona instruida, Peter Jefferson era un hombre vigoroso e inteligente. Se convirtió en agrimensor de éxito, próspero propietario de tierras y miembro de la Cámara de Representantes de Virginia por el condado de Albemarle. Su esposa, Jane Randolph, pertenecía a una de las más distinguidas familias de Virginia.
Peter Jefferson dejó a su hijo de catorce años no sólo valiosas tierras y propiedades -base y medida de la riqueza en Virginia durante aquél tiempo- sino también sensatos y afectuosos consejos. Como no había tenido una educación en regla, se aseguró de que su hijo recibiera una formación clásica completa. Años después, Thomas Jefferson se refirió a la influencia que tuvieron los moralistas, filósofos, poetas y dramaturgos clásicos sobre él. En 1800 pudo decir con franqueza: “Doy gracias de rodillas a quien dirigió mi primera educación, por haber puesto en mis manos esta rica fuente de deleites; y no la cambiaría por nada que pudiera haber adquirido entonces…”. Por muy científico y progresista que parezca volverse Jefferson, la sabiduría moral y política de Grecia y Roma continuarían proporcionado profundidad y sazón a su pensamiento. [...]
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11.06.08 @ 21:10:02. Archivado en Mundo Libre
“Un hombre con honor moral y buenos principios políticos no puede someterse a la rutina mezquina y a los lamentables artilugios por los que se llevan a cabo las elecciones. Para ser un candidato con éxito debe carecer de todas las cualidades que adornan a un legislador justo, y al estar así disciplinado para la corrupción por el modo en que llega al Parlamento, no es de esperar que el representante sea mejor que el hombre. Entre sus miembros son pocos los que no participan de una forma u otra en la hacienda pública o pueden disponer de ella. Suelen ocupar cualquier puesto nominal e insignificante que lleva anejo un sueldo, pagado con cargo a las contribuciones públicas, y que evita la apariencia directa de la corrupción. Esas situaciones son derogaciones del carácter del hombre y, cuando alguien se somete a ellas, no puede residir en él honor alguno. Hablo con un idioma abierto y desinteresado, que no me ha dictado pasión alguna, salvo la de la humanidad. A mí no me extraña que la mezquindad y el engaño parezcan repugnantes. Hallo mi felicidad en la independencia, y contemplo las cosas como son, sin considerar el lugar ni la persona; mi patria es el mundo, y mi religión hacer el bien.”

Como una de las cámaras del Parlamento inglés está constituida en gran medida por las elecciones de ciertas corporaciones, y como es antinatural que de una fuente sucia mane un agua pura, sus vicios no son sino una continuación de los vicios de su origen.
LOS CANDIDATOS QUE, PARA TENER ÉXITO, SE SOMETEN A LA DISCIPLINA DE LA CORRUPCIÓN, CARECEN DE HONOR Y DE PRINCIPIOS
Un hombre con honor moral y buenos principios políticos no puede someterse a la rutina mezquina y a los lamentables artilugios por los que se llevan a cabo esas elecciones. Para ser un candidato con éxito debe carecer de todas las cualidades que adornan a un legislador justo, y al estar así disciplinado para la corrupción por el modo en que llega al Parlamento, no es de esperar que el representante sea mejor que el hombre.
El Sr. Burke, al hablar de la representación inglesa, ha lanzado el desafío más temerario que jamás se diera en la época de la caballería. “Nuestra representación”, dice, “se ha considerado perfectamente suficiente para todos los propósitos para los que se puede desear o idear una representación del pueblo. Desafío”, continúa, “a los enemigos de nuestra constitución a que demuestren lo contrario”. Esta declaración de un hombre que ha estado en permanente oposición a todas las mediadas del Parlamento durante toda su vida política, salvo un año o dos, es de lo más extraordinario, y al compararlo a él consigo mismo no permite más alternativa sino que ha actuado en contra de su propio juicio como miembro, o ha declarado en contra de él como autor.
Pero no es sólo en la representación donde residen los defectos, y por ello paso a continuación a ocuparme de la aristocracia. […]
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“Su multitud de escepticismos me impide dormir. Y para tranquilizar mi mente me vi en definitiva obligado a recurrir a mi calmante habitual: “Siento, luego existo”. Sobre la base de la sensación, de la materia y el movimiento, podemos erigir la trama de todas las certezas que podemos tener o necesitar. No sé exactamente en qué período de la iglesia cristiana se introdujo furtivamente esta herejía del inmaterialismo, o ateísmo enmascarado. Pero ciertamente es una herejía. Jesús no enseñó nada parecido. Rechazando todo órgano de información que no sean mis sentidos me libero de los pirronismos con los que la condescendencia con las especulaciones hiperfísicas y antifísicas tan inútilmente perturba e inquieta la mente. Estoy satisfecho, y suficientemente ocupado, con las cosas que existen, y no me atormento ni me preocupo por las que, ciertamente, quizá existan, pero de las cuales no tengo prueba alguna. Estoy seguro de que sé muchas, muchas cosas, y ninguna con más certeza que os aprecio de todo corazón”.

Pero basta de críticas; volvamos a vuestra sorprendente carta del 12 de mayo, sobre la materia, el espíritu, el movimiento, etc. Su multitud de escepticismos me impide dormir. La leí y la dejé; la leí y la dejé una y otra vez; y para tranquilizar mi mente me vi en definitiva obligado a recurrir a mi calmante habitual: “Siento, luego existo”.
Siento cuerpos que no son el mío: hay, por tanto, otras cosas que existen. Las llamo materia. Siento que cambian de lugar. Eso me da el movimiento. Donde la materia está ausente lo llamo vacío, o nada, o espacio inmaterial. Sobre la base de la sensación, de la materia y el movimiento, podemos erigir la trama de todas las certezas que podemos tener o necesitar.
Puedo concebir el pensamiento como la acción de una organización especial de la materia, formada para ese fin por su Creador, igual que la atracción es una acción de la materia, o el magnetismo de la piedra imán.
Cuando quien niega al Creador el poder de dotar a la materia del modo de acción llamado pensamiento demuestre cómo pudo Él dotar al sol del modo de acción llamado atracción, que embrida a los planetas en el curso de sus órbitas, o cómo la ausencia de materia puede tener voluntad, y con esa voluntad poner a la materia en movimiento, podrá legítimamente exigirse al materialista que explique el proceso por el que la materia ejerce la facultad de pensar. [...]
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“Posiblemente no seamos conscientes, aún hoy en día, de que nuestra actual educación no crea hombres libres, sino esclavos y/o amos. España es un país mediocre, donde el servilismo o el despotismo es la única alternativa posible. Las personas que poseen inteligencia superior normalmente pasan desapercibidas, su mayor tesoro consiste en hacer felices a los que le rodean, en no amar el poder, en detestar la tiranía y a los tiranos. El verdadero inteligente no gusta de someter, ni de ser sometido. Creo que los verdaderos cambios sociales comienzan con los cambios en los sistemas educativos, manejados hasta ahora por los charlatanes. A los “amos” no se les escapa ningún detalle, no son inteligentes ni sabios, pero sí estudian al detalle la forma de manejar los hilos a la perfección para mantener su poltrona intacta.”
“¿Qué era nuestra antigua educación sino una lección continua de egoísmo y de estúpida vanidad? Despreciar y ser despreciado. Arrastrarse para dominar. Esclavos y tiranos, cada cual, por turno, unas veces de rodillas ante un amo, otras pisoteando?” Robespierre.

Yo haría esa misma pregunta pero en presente de indicativo: ¿Qué es nuestra actual educación?
Posiblemente no seamos conscientes, aún hoy en día, de que nuestra actual educación no crea hombres libres, sino esclavos y/o amos. España es un país mediocre, donde el servilismo o el despotismo es la única alternativa posible.
Soy persona de pocas palabras, no me gustan las reuniones sociales; no porque sea asocial, sino porque en ellas la inteligencia es sinónimo de charlatanería. Donde cada cual adopta su rol, bien eres amo, bien eres siervo. Nada hay en la actual sociedad, ni en sus reuniones sociales, que me arranque palabra alguna. Mi desidia y silencio es confundido con falta de elocuencia, ¡qué va!; simplemente, mi desidia y silencio es aburrimiento ante la ausencia de inteligencia envuelta en palabras vacías.
Ser inteligente no es ser un charlatán, no es hablar por los codos para no decir nada, nada más que lo políticamente correcto y/o lo soez. Ser inteligente no es sinónimo de ser un palabrero.
La verdadera inteligencia o sabiduría es algo que pocas personas poseen en realidad. Aquellas personas que la tienen no hacen ostentación de ella, simplemente cumplen con su trabajo, ya sean ingenieros, agricultores, comerciantes… Da igual la profesión o estudios que se posean. Las personas que poseen inteligencia superior normalmente pasan desapercibidas, su mayor tesoro consiste en hacer felices a los que le rodean, en no amar el poder, en detestar la tiranía y a los tiranos.
El verdadero inteligente no gusta de someter, ni ser sometido. Es un observador de la naturaleza en todas sus manifestaciones y respetuoso con la misma. Detesta cualquier tipo de relevancia o distinción por encima del resto. Sabe que no sabe nada y por lo tanto es sencillo y humilde.
Los charlatanes (verdaderos necios que aman el poder y el sometimiento), los clasificarán como “tontos”, intentarán manejarlos como hacen con el resto del mundo. Más pronto que tarde comprobarán que no son manejables, que no son corruptibles, que no se venden, que no se compran. Pronto los charlatanes empezarán a sentirse ante los inteligentes como lo que verdaderamente son: unos patanes.
A partir de ese mismo momento intentarán volver a la sociedad contra esa persona “tan desconcertante” para su parca inteligencia. Y ante ese desconcierto, que no es otra cosa que rabia por no poder someter al inteligente, intentarán anularle manejando los hilos que entretejen la actual sociedad.
Hilos, por cierto, que los necios manejan a la perfección. Hilos muy bien hilvanados hasta ahora a través de la educación que, como dice Robespierre, y aún en la actual sociedad española, sigue moldeando seres humanos para: “…Despreciar y ser despreciado. Arrastrarse para dominar. Esclavos y tiranos, cada cual, por turno, unas veces de rodillas ante un amo, otras pisoteando”.
Así que, personalmente, creo que los verdaderos cambios sociales comienzan con los cambios en los sistemas educativos, manejados hasta ahora por los charlatanes, para concebir sociedades compuestas de seres a los que someter o someterse, amos o esclavos. En resumen, la actual educación entreteje sociedades de mediocres y de esclavos. A los “amos” no se les escapa ningún detalle, no son inteligentes ni sabios, pero sí estudian al detalle la forma de manejar los hilos a la perfección para mantener su poltrona intacta.
Como dijo Robespierre: “¡Oh, la bella educación! ¡Sin embargo ahí está el motivo de que los grandes destinos del mundo estén paralizados!”
Mª DOLORES MARTÍNEZ, Filosofía Digital.
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¡Si al cielo el pensamiento llegar puede,
quede, oh cielos, guardado en vuestro seno!
No vaya el pensamiento, en nuestras manos,
a ser fuerza y camino hacia el Infierno.
Temamos que la noche y las angustias
desoladoras de la mente fría
llenen de confusión y desconcierto
la morada que fue nuestra algún día.
Nada a tus espaldas dejes… Que no quede
fantasma alguno, sollozante y tétrico,
de una pena o un odio entre los muros.
Limpia tu alma, recógela muy dentro
de ti mismo, y por nada le consientas
que proyecte la sombra del pasado
sobre lo que a tus herederos legar quieras.
Presente siempre ten en tus tristezas
que el pesar tuyo lejos llegar puede;
que puede tu locura reflejarse
en el cerebro de otro; que a otra mente
puede esa angustia tuya dar tormento.
¡Que a nadie tu dolor contriste y duela!
Mucho más lejos de lo que pensamos
de nuestra angustia las saetas vuelan.
Nuestras vidas y lágrimas, como agua
van cayendo en la tierra. Dios a nadie
da cuartel; pero Dios al dolor nuestro
un remedio ha encontrado insuperable…
Aun si la Fe se esfuma y la Esperanza;
aun si el Amor se apaga entre la niebla…,
¡halló un remedio para que no sean
privados de su Dios los que Él destierra!
RUDYARD KIPLING, premio Nobel 1907. Canción del Rabí, recogida en El médico de la casa. Aguilar, 1956.
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04.06.08 @ 17:43:12. Archivado en Mundo Libre
“El más fuerte bastión de cualquier gobierno puede quebrarse y destruirse; me refiero a la adhesión del pueblo. Cuando se permita a la parte corrompida de la población reunirse en grupos de cientos y miles, y quemar iglesias, arrasar y saquear almacenes, arrojar imprentas al río, disparar a los editores y colgar y quemar personas que les resulten odiosas a placer y con impunidad, este gobierno no podrá durar. Por tales cosas, los sentimientos de los mejores ciudadanos resultarán más o menos alienados respecto al gobierno, y así quedará sin amigos, o con muy pocos, y demasiado débiles para que su amistad sea eficaz. En tal momento y bajo tales circunstancias, hombres de suficiente talento y ambición no desaprovecharán la oportunidad de dar el golpe”.

Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos habremos de ser sus autores y quienes la llevemos a cabo. Como nación de hombres libres, viviremos en todas las épocas o moriremos por suicidio.
Espero ser suficientemente cauteloso, pero, si no lo soy, hay, incluso ahora, algo de mal augurio entre nosotros. Me refiero a la creciente falta de respeto por la ley que invade el país; a la pujante disposición a las pasiones salvajes y furiosas sustituyan al sobrio juicio de los tribunales, y las masas, peores que salvajes, a los ministros ejecutivos de la justicia.
UN GOBIERNO QUE TOLERA LA VIOLENCIA, PERDERÁ LA ADHESIÓN DEL PUEBLO.
Relatos de ultrajes cometidos por las masas forman las noticias de cada día en nuestra época. Sería tan tedioso como inútil recontar todos sus horrores. Los que han ocurrido en el Estado de Misisipí, y en Saint Louis, son tal vez los más peligrosos por su ejemplo y los más repulsivos para la humanidad. En el caso de Misisipí, comenzaron por colgar a los jugadores habituales. Así, se sucedieron los colgamientos, de los jugadores a los negros, de los negros a los ciudadanos blancos y de éstos a los forasteros; hasta que se vieron hombres muertos balanceándose literalmente de las ramas de los árboles en cada vereda del camino, y en número casi suficiente para rivalizar con el nativo musgo español del país, como colgaduras del bosque.
Fijaos luego en esa sobrecogedora escena en Saint Louis. Allí sólo se sacrificó a una víctima. Su historia es muy breve y tal vez sea la más trágica en su especie que haya sido presenciada en la vida real. Un hombre mulato, llamado McIntosh, fue apresado en la calle, arrastrado hasta los suburbios de la ciudad, encadenado a un árbol y quemado hasta la muerte; sólo una hora antes había sido un hombre libre que atendía su negocio, en paz con el mundo.
Pero tal vez estéis dispuestos a preguntar: “¿Qué tiene esto que ver con la perpetuación de nuestras instituciones políticas?” Respondo: tiene mucho que ver con ello. Sus consecuencias directas, relativamente hablando, no son sino un mal menor, y gran parte de su peligro consiste en la propensión de nuestro ánimo a considerar sus consecuencias directas como las únicas. Pero el ejemplo, en cada caso, era temible.
Cuando a los hombres se les mete hoy en la cabeza colgar a jugadores o quemar asesinos, deberían recordar que, en la confusión que acompaña por lo general a tales transacciones, resultará tan probable que cuelguen o quemen a alguien que no es un jugador ni a un asesino como a quien lo sea, y que, actuando según el ejemplo que dan, la masa de mañana cuelgue o queme equivocadamente a algunos de ellos. […]
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“Una revolución democrática genuina persigue un cambio radical del sistema, no la destrucción violenta del orden. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa. No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía.”

Ya he advertido, más de una vez, de que el hecho de publicar un artículo en Filosofía Digital, no implica que esté de acuerdo con todo lo que dicen sus autores. En ocasiones, es sólo una idea o una frase lo que me interesa, pero, por supuesto, respeto el pensamiento íntegro del escritor, aunque discrepe. Mi verdadero pensamiento lo expreso a través de mis propios artículos, no de los ajenos.
No puedo compartir, por ejemplo, como dicen De Francisco y Raventós en éste, que si los pobres fueran minoría, aún así, democracia sería el gobierno de esa minoría. Democracia es, al menos así lo entiendo yo, el autogobierno del pueblo, que suele ser la mayoría natural en cualquier lugar del mundo, y generalmente pobre; pero allí donde todos los ciudadanos gozan de prosperidad real e igualdad efectiva de derechos, incluyendo el derecho de propiedad y a trabajar honradamente para ganarse la vida, democracia sigue siendo el gobierno de la mayoría, no de una minoría por paupérrima que sea.
Una revolución democrática genuina persigue el cambio del sistema, no la destrucción del orden social. Y tiene entre otros cometidos primordiales, como dijo Jefferson, “inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría”. Que los reaccionarios y los revolucionarios españoles hicieran caso omiso de esta regla esencial del republicanismo, le costó al pueblo español una sangrienta y absurda guerra civil, así como la extinción hasta hoy de todo vestigio de democracia constitucional y representativa.
No es el odio de clases, sino el amor a la libertad, la igualdad y la concordia lo que otorga grandeza a un pueblo y legitimidad moral a su lucha por la independencia de cualquier tipo de opresión. Toda revolución inspirada por el odio y el resentimiento podrá cambiar de tirano, pero jamás conseguirá erradicar la tiranía. [...]
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02.06.08 @ 19:43:12. Archivado en Mundo Libre
“Robespierre, uno de los más odiados políticos de todas las derechas habidas, cosa comprensible, y de los más olvidados de casi todas las izquierdas, cosa mucho menos justificable, decía: “La primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”. Porque sin esos medios de existencia, no hay esperanza alguna de libertad real para esa muchedumbre de trabajadores sin propiedad, no hay esperanza alguna de democracia. Las libertades liberales sirven de poco a los millones de excluidos de esta sociedad del éxito, a los que buscan empleo sin encontrarlo, a los que se humillan por mantenerlo, a los no llegan a fin de mes o a los que –cada vez más- malviven (o mueren) en condiciones infrahumanas. Los derechos formales, desconectados de los recursos materiales, de las condiciones reales de existencia social, no garantizan la libertad de los muchos. Y el programa del minoritario republicanismo democrático se resume en lo siguiente: universalizar la libertad. Pero la libertad como no dominación, en la sociedad y en el Estado”.

Desde sus orígenes atenienses, la tradición histórica de la izquierda ha entendido por democracia el gobierno de los pobres, en el bien entendido que el pensamiento político antiguo consideraba “pobres” no a nuestros “sin techo”, a nuestros “pobres de solemnidad” que viven de la limosna ajena y la cristiana caridad, sino a los que no tienen propiedad o si la tienen es escasa, es decir, al trabajador asalariado, al que tiene que trabajar para vivir (precisamente porque carece de rentas de propiedad).
Esos “pobres”, en el mundo antiguo pero, más aún, en nuestro mundo actual, son mayoría y, precisamente por eso, por democracia siempre se ha entendido el gobierno de la mayoría. Esta afirmación no tolera la permuta de los factores. Puesto que los pobres son mayoría, la democracia es el gobierno de esta mayoría, pero si los pobres fueran minoría, la democracia seguiría siendo el gobierno de los pobres y, en ese caso, de la minoría.
LA DISTRIBUCIÓN DE LA PROPIEDAD ES EL CRITERIO QUE DEFINE LA NATURALEZA DEL RÉGIMEN POLÍTICO
Esta era la visión (desgraciadamente a veces olvidada) del gran Aristóteles en la obra maestra que es la Política: “Lo que diferencia la democracia y la oligarquía entre sí es la pobreza y la riqueza. Y necesariamente, cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza, ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando lo ejercen los pobres, es una democracia.” La distribución de la propiedad es pues el criterio que decide la naturaleza del régimen político. E insistimos: por democracia debe entenderse –y así se ha entendido hasta muy bien entrado el siglo XX- el gobierno de los excluidos de la propiedad, de la riqueza social productiva, de los medios de producción. […]
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30.05.08 @ 22:32:16. Archivado en Rayos de luz

Regocíjate, lindo pajarillo,
y de tu Creador la gloria canta.
Suelte trinos agudos tu garganta
para alabanza de tu Dios y brillo.
Él antes se cuidó de tu sustento;
para que tú no sufras estrecheces,
a tu tiempo y lugar, siempre con creces,
te brinda generoso el alimento.
¿Por qué ahora te muestras afligido
y das suelta a tu cólera insensata?
¿Ser pájaro te indigna y te arrebata?
¿Hombre quisieras que Él te hubiese ungido?
¡Sosiégate! Bien supo Él lo que hacía,
y eso debe bastar a tu alegría.
RUDYARD KIPLING, premio Nobel 1907. Canción inglesa citada en El médico de la casa. Obras escogidas, Aguilar, 1956.
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27.05.08 @ 17:44:43. Archivado en Mundo Libre
“Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí misma. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. Aún podría formular mi “credo” de una manera distinta: creo que el orden moral es superior al orden legal, político y económico, y que estos órdenes deberían surgir de aquél y no buscar tretas para ver cómo pueden prescindir de su imperativo. Y que este orden moral tiene su anclaje metafísico en lo infinito y la eternidad. Aún hoy creo y sigo creyendo de forma aún más apremiante que hace falta una revolución de mentes y corazones, una especie de despertar general del ser humano y la salida del declive de una civilización autodestructiva”.

-Ya hemos hablado de los llamados políticos apolíticos. El primero en usar el término, que yo sepa, fue el presidente Masaryk, quien en su etapa se refería a los diversos tipos de iniciativas cívicas o públicas en beneficio del prójimo. Ya ha explicado usted muchas veces en qué circunstancias y cuándo usó esta expresión. Sin embargo, aún se le reprocha su “política apolítica”. Evidentemente, con eso se entiende una especie de ensoñación irrealizable, la invención de algo nuevo, poca confianza en los partidos políticos y los procedimientos corrientes, una especie de moralización y quién sabe qué más. ¿Podría resumir en unas cuantas frases su credo político?
La cuestión es a qué se refieren todos esos procedimientos corrientes. Tengo la desagradable sensación de que en el fondo se trata de una ideologización de la mediocridad, de lo prosaico, de la banalidad. Es como si el ideal del comportamiento corriente fuera la adaptación al statu quo, sea cual sea, porque el hecho de que la mayoría tienda a aceptarlo significa que es bueno en sí mismo. Al mismo tiempo, se trata de un rechazo al pensamiento independiente y sobre todo a la voluntad de sacrificar algo por unos ideales o arriesgar lo que sea.
El comportamiento mayoritario durante la “normalización” de los años setenta y ochenta, es decir, cuando la gente fingía que estaba de acuerdo con el sistema a cambio de poder disfrutar de su pequeña felicidad doméstica, se convierte aquí en ideal, y todo lo que se desvíe de esta fórmula es objeto de burla. De ahí que se rechazara a los disidentes. Ellos no se comportaban como la mayoría, estaban dispuestos a decir en voz alta la verdad y de ese modo mantener la continuidad del pensamiento libre, sin especular con el éxito sino arriesgándose al sacrifico y la pérdida. ¡Y esta desviación respecto del comportamiento normal no se perdona! […]
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“Sólo en el despertar de una nación consigue un gran número de hombres comprender que mucho más importante que la diversión es la inteligencia de lo que son la vida y el destino. Las razas nuevas comprenden de una manera instintiva que las revelaciones antiguas no bastan a explicarlo todo, y que toda vida es en sí misma revelación que empieza siendo milagro y entusiasmo y que se apaga en la medida en que se va transformando en lo que erróneamente hemos tomado por progreso. Yo creo que constituye en nosotros una ilusión creer que la educación, el suavizamiento del trato y el refinamiento de las leyes son capaces de crear nobleza y belleza; y que la vida avanza de un modo lento y constante hacia algo perfecto. El progreso es milagro; y es súbito, repentino, porque todo milagro es obra de una energía omnipotente; mientras que la naturaleza no posee en sí misma otro poder que el de morir y olvidar”.

Dionisio el Aeropagita escribió que “El ha establecido la frontera de las naciones de conformidad con Sus ángeles”. Son esos ángeles, cada uno de los cuales viene a ser el genio de una raza que ha de ir descubriéndose, los fundadores de las tradiciones intelectuales; y de la misma manera que los enamorados comprenden desde la primera manera que entre ellos se cruza lo que ha de ocurrirles, y tal y como poetas y músicos abarcan en el primer impulso de su inspiración toda su obra, también las razas profetizan en su despertar todo cuanto las generaciones que ha de prolongar sus tradiciones realizarán en detalle.
Sólo en ese despertar de una nación consigue un gran número de hombres comprender que mucho más importante que la diversión es la inteligencia de lo que son la vida y el destino -así ocurrió en la Grecia antigua, en la Inglaterra isabelina y en la Escandinavia contemporánea-.
En Londres, ciudad en la que se congregan todas las tradiciones para morir, el público muestra repugnancia a aquellas obras de las que se le dice que son literatura, porque las gentes no toleran la superioridad espiritual; pero en Atenas, ciudad en la que nacieron muchísimas tradiciones intelectuales, Eurípides consiguió en cierta ocasión cambiar la hostilidad en entusiasmo al preguntar a los espectadores si le correspondía a él darles lecciones o les correspondía a ellos dárselas a él.
Las razas nuevas comprenden de una manera instintiva -porque el porvenir les habla a gritos- que las revelaciones antiguas no bastan a explicarlo todo, y que toda vida es en sí misma revelación que empieza siendo milagro y entusiasmo y que se apaga en la medida en que se va transformando en lo que erróneamente hemos tomado por progreso.
Yo creo que constituye en nosotros una ilusión creer que la educación, el suavizamiento del trato y el refinamiento de las leyes -imágenes innumerables de una luz que decae- son capaces de crear nobleza y belleza; y que la vida avanza de un modo lento y constante hacia algo perfecto.
El progreso es milagro; y es súbito, repentino, porque todo milagro es obra de una energía omnipotente; mientras que la naturaleza no posee en sí misma otro poder que el de morir y olvidar. Si nos ponemos a estudiar nuestra propia mente, llegamos a comprender, como Blake lo comprendió, que “toda porción de tiempo inferior a un latido equivale a seis mil años, porque en ese período de tiempo queda hecha la obra del poeta; y porque en el tiempo del latido de una arteria arrancan y son concebidos todos los grandes acontecimientos que han de realizarse en el tiempo”.
Febrero, 1900.
WILLIAM BUTLER YEATS, Premio Nobel 1923. Ideas sobre el bien y el mal, Teatro completo y otras obras, Aguilar, 1956.
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23.05.08 @ 15:21:29. Archivado en Tribuna libre
“¿Cómo lo hemos podido permitir? ¿Dónde están los que lucharon denodadamente por la ciber-resistencia, por una red libre y de todos? Dicen las malas lenguas que los han deportado a los gulags siberianos y al desierto del Teneré, donde son desprogramados con torturas y maltratos hasta llegar a la muerte. A los que reniegan de su pasado todavía les queda por superar la dura prueba de hacer de espías de sus compañeros rebeldes. Es el precio de la vida. No tan caro, pero, como el de los productos de última generación del mercado negro tecnológico. ¿Quieres técnica? ¡Págatela, si puedes! Tecnofascismo“.

Otra vez. No escarmentamos. ¿Cómo lo hemos podido permitir? ¿Dónde están los que lucharon denodadamente por la ciber-resistencia, por una red libre y de todos? Dicen las malas lenguas que los han deportado a los gulags siberianos y al desierto del Teneré, donde son desprogramados con torturas y maltratos hasta llegar a la muerte. A los que reniegan de su pasado todavía les queda por superar la dura prueba de hacer de espías de sus compañeros rebeldes. Es el precio de la vida. No tan caro, pero, como el de los productos de última generación del mercado negro tecnológico. ¿Quieres técnica? ¡Págatela, si puedes! Tecnofascismo.
No he vista ninguna película ni os estoy explicando al detalle una cena de a duro. Ni he bebido aceite. Ni me he fumado nada más tóxico que el aire de la gran ciudad. Ni me he golpeado la cabeza con el marco de la puerta. Ni me he vendido el entendimiento ni el alma al diablo. Lo que leéis puede ser muy bien el futuro a corto plazo que les espera a las próximas generaciones de juventud, si es que antes no nos atamos las botas para oponer una cierta ciber-resistencia. [...]
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22.05.08 @ 21:18:23. Archivado en Tribuna libre
“Internet, la escuela, la Universidad, las librerías y las bibliotecas son los nidos donde nace y crece el desorden, el descontrol, la perversión, el peligro y la inseguridad de la población sometida al Sistema. Pensar por libre, desde hoy, es un delito”.

El cielo permanece cubierto por nubes de ceniza negra que le dan un barniz de penumbra donde antes del tercer conflicto mundial se maravillaban de tonos verdes los bosques y los prados del valle. El invierno es eterno, las estrellas han muerto de asco, los pájaros ni la pían. El abismo del infierno, y el último que se apague las ideas. Por las calles no hay demasiado tráfico ni movimiento, más allá de las escaramuzas de las patrullas de “controladores” (antes llamados policías) y de alguna sombría escapada.
Las calles y plazas están vigiladas por cámaras las 24 horas del día, los 365 días del año. Ahora, pero, desde la caída de los opositores, la misión principal es la de perseguir el delito informático y el pensamiento libre. “Internet, la escuela, la Universidad, las librerías y las bibliotecas son los nidos donde nace y crece el desorden, el descontrol, la perversión, el peligro y la inseguridad de la población sometida al Sistema. Pensar por libre, desde hoy, es un delito” (Joseph W. Plush, Gobernador de la Tierra). [...]
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“Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. A mí me parece que hay que hacer una inversión de toda la historia, porque una parte de lo que consideramos glorioso es indecente. La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o se empeña en usar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se despeña por la crueldad o la violencia. No sólo fracasa la inteligencia individual, sino la inteligencia colectiva. Las sociedades pueden ser inteligentes y estúpidas según sus modos de vida, los valores aceptados, las instituciones o las metas que se propongan. El gran objetivo de la inteligencia es lo que llamamos felicidad y por ello todos sus fracasos tienen que ver con la desdicha.”

Siempre me ha interesado la estupidez, tal vez por una pasión erasmista que me acomete de vez en cuando. No escribiría un elogio de la estulticia, pero sí un tratado sobre ella. Si existe una teoría científica de la inteligencia, debería haber otra igualmente sobre la estupidez. Creo, incluso, que enseñarla como asignatura troncal en todos los niveles educativos produciría enormes beneficios sociales.
HAY QUE HACER UNA INVERSIÓN DE TODA LA HISTORIA, PORQUE UNA PARTE DE LO QUE CONSIDERAMOS GLORIOSO ES INDECENTE
El primero de ellos -me dejaré llevar de mi optimismo- vacunarnos contra la tontería, profilaxis de urgente necesidad, pues es un morbo del que todos podemos contagiarnos. Por cierto, un síntoma de estupidez es haber convertido la palabra “morbo” (enfermedad) en un elogio. Si la inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza. Por ello merece ser investigada, como el sida.
La historia de la estupidez abarcaría gran parte de la historia humana. El empecinamiento de nuestra especie en tropezar no dos sino doscientas veces en la misma piedra da mucho que pensar. Con la tozudez de un iluminado, Nietzsche predicó la inversión de todos los valores, porque estaba convencido de que las morales nos habían dado sistemáticamente gato por liebre. A mí me parece que hay que hacer una inversión de toda la historia, porque una parte de lo que consideramos glorioso es indecente.[...]
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-Comentario-
Que sólo hay una raza lo dirá usted, porque la evidencia científica es otra.
En su enumeración de los males del alma española le ha faltado Franco. Ha mencionado a los curas, pero no a Franco. Y los malos son siempre Franco y los curas. Repase ese punto del manual y la próxima vez intente no equivocarse. Que nos va el Progreso en ello.

-Respuesta-
Otro día, si quiere, trataremos sobre la “evidencia científica” que usted posee -y que yo desconozco- sobre la existencia de razas entre los humanos. Aunque me temo que usted, como otros muchos, confunde los distintos "colores" de la especie humana con razas diversas, ignorando que la naturaleza humana, con sus incontables variantes, es la misma en todos los casos.
De cualquier modo, yo empleé el término “raza” con el significado de “género”, y no tengo noticia de que la naturaleza haya creado distintos géneros de hombres. (Aprovecho para reiterar una aclaración. Siempre que empleo la palabra HOMBRE en mis escritos, salvo que el contexto indique otra cosa, la uso con su significado genérico, no sexual, que incluye precisamente los dos sexos de que consta: varón y hembra).
Y si usé ese término fue porque usted exclamaba con aparente pesar lo de “qué raza la española”. Pero si quiso referirse al talante o conducta peculiar de los españoles, entonces le diré que la naturaleza no produce razas, ni sociedades, ni pueblos, sino individuos que se agrupan en naciones según la diversidad de lenguas, leyes y costumbres; y que, por último, sólo “de las leyes y las costumbres puede derivarse que cada nación tenga un talante especial, una situación particular y, en fin, unos prejuicios propios” (Spinoza).
O sea, que si tiene usted alguna queja contra la “raza española”, póngala en la cuenta de la casta de políticos corruptos que se ha venido reproduciendo en España durante los últimos dos siglos (por no remontarnos hasta los Reyes Católicos, pero incluyendo, desde luego, al “generalísimo” y su dictadura), y que ha estado parasitando el alma española en estrecho maridaje con la clerigalla católica.
¿Acaso es usted tan joven o tan ignorante como para desconocer los cuarenta años de nacionalcatolicismo? O si no ¿en manos de quiénes cree usted que estuvieron las almas de generaciones enteras de españoles? ¿Sabía usted que tras la victoria de los "cruzados" sobre las "hordas rojas", en cualquier provincia de nuestro país, mandaba más un obispo que el gobernador civil? ¿Quién legisló en España y marcó las costumbres populares durante todo este tiempo? La Iglesia Católica y la Derecha retrógrada tienen la raza de españoles que ellos cultivaron, dictatorial y despóticamente, con su insidia miserable.
¿Cree que me olvido de alguien que haya contribuido a la enfermedad del alma española? Quia. Franco bajo palio, todo un símbolo de la derecha católica y reaccionaria. Felipe González navegando en el yate Azor del Caudillo, símbolo de la España seudodemocrática y seudoprogresista que llegó, heredó y acaparó, sin los complejos ni la mala conciencia de las derechas, los tres poderes del Estado franquista.
Por lo que respecta a los curas, en breve publicaré “La hidra de la superstición”, una jugosa discusión mantenida por Casanova y Voltaire, en cuya ocasión, entre otras cosas, sostuvo el genial autor francés que “la superstición es incompatible con la libertad”. Ate usted cabos.
Pero si traje a colación el texto de Orwell no fue pensando en las derechas, sino en los que él describió como “liberales renegados de la libertad”. Y que, aunque se refería de este modo a la izquierda británica, simpatizante con las dictaduras de Lenin y de Stalin, en nuestro país el epíteto se podría aplicar con mayor razón a la derecha liberal. Recuerde que la Constitución Liberal de Cádiz, de 1812, la célebre Pepa, contenía, entre otras perlas, la siguiente:
“CAPÍTULO II: De la religión. Art. 12. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquiera otra.”
Pero ¿qué se podía esperar de unas Cortes constituyentes donde intervinieron noventa curas? España fue durante siglos un curato. Y los liberales, entre los cuales, que yo sepa, no hubo un solo demócrata, jamás tuvieron suficiente coraje o generosidad para luchar por la auténtica libertad política: la de los sometidos y dominados, ya sea por una clase, un grupo, un partido, una iglesia o el capital.
Esta especie de liberales de pacotilla, aliada casi siempre con los conservadores, es la única que hemos sido capaces de producir en España; los reaccionarios y dictadores, en cambio, siempre fueron de verdad. Y, entre tanto, de los demócratas, esos que entienden por democracia lo mismo que Aristóteles entendía ya, el gobierno de los pobres, es decir: los trabajadores de todas las clases, no hay ni siquiera noticias. Así nos va.
Comentario y respuesta en LOS LIBERALES RENEGADOS
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17.05.08 @ 22:50:13. Archivado en Mundo Libre
“El republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública. Hoy, cuando hablamos de republicanismo nos referimos no sólo a la opción por la forma de gobierno republicana frente a la monárquica como garantía de una democracia plena, sino también a una visión de la sociedad y del Estado en la que se excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de género. El concepto republicano de libertad es hoy un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad.”

El republicanismo vuelve a estar de actualidad. Y no sólo por el setenta y cinco aniversario de la proclamación de la II República que este año se conmemora. El republicanismo es hoy el lenguaje político común sobre el que las distintas izquierdas pueden articular una alternativa conjunta y coherente al neoliberalismo, ya que constituye la apuesta más segura por la regeneración democrática.
El discurso republicano se basa en una serie de propuestas, en las que coinciden todas las izquierdas, tanto las tradicionales como las alternativas, que pueden resumirse en el fomento de una ciudadanía comprometida y responsable, la democracia radical o participativa frente a la democracia liberal meramente delegativa, la desconcentración del poder, la rendición de cuentas por los representantes políticos, la defensa de los servicios públicos, de los derechos sociales y del medio ambiente frente al libre mercado, el laicismo como afirmación de la supremacía del poder civil democráticamente elegido frente a las interferencias de los poderes privados religiosos y económicos y la instrucción pública entendida como formación integral de la ciudadanía.
Pero, además, como han puesto de manifiesto Andrés de Francisco, Daniel Raventós o Antoni Doménech, el republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública. [...]
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“Si Horacio hubiese tenido que combatir la hidra de la superstición, habría escrito para todo el mundo, como yo. Cuando libero al género humano de una bestia feroz que le devora, ¿puede preguntárseme qué pondré en su lugar? Amo al género humano, quisiera verle como yo, libre y feliz, y la superstición es incompatible con la libertad. ¿Dónde encontraríais que la servidumbre pueda hacer la felicidad del pueblo? Me enoja ver que tenéis tan mal concepto de vuestros semejantes. Pues bien, que en todas partes sea el pueblo el que haga sus leyes”.

Hubiésemos terminado bien si ahí nos hubiésemos detenido, pero al citar un verso de Horacio para elogiar una de sus obras, me dijo que Horacio había sido un gran maestro en cuanto a teatro, que había dado unos preceptos que no envejecerían jamás. A esto le respondí que él [Voltaire] sólo violaba uno, pero como un gran hombre.
-¿Cuál es?
-No escribís contentus paucis lectoribus [”contentándose con pocos lectores”].
-Si Horacio hubiese tenido que combatir la hidra de la superstición, habría escrito para todo el mundo, como yo.
-Me parece que podríais ahorraros combatir lo que nunca podréis destruir.
-Lo que yo no podré terminar otros lo continuarán, y yo tendré siempre la gloria de ser el que empezó.
-Está muy bien; pero supongamos que lográis destruir la superstición, ¿con qué la sustituiríais?
-¡Ésta es buena! Cuando libero al género humano de una bestia feroz que le devora, ¿puede preguntárseme qué pondré en su lugar?
-Es que no le devora; por el contrario, es necesaria para su existencia.
-¡Necesaria para su existencia! Horrible blasfemia a la que el porvenir hará justicia. Amo al género humano, quisiera verle como yo, libre y feliz, y la superstición es incompatible con la libertad. ¿Dónde encontraríais que la servidumbre pueda hacer la felicidad del pueblo? [...]
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“Todas las filosofías son intelectuales y, por consiguiente, no son algo íntegro. Estas filosofías han esclavizado al hombre. Han inventado conceptos de lo que la sociedad debería ser y han sacrificado al hombre a sus conceptos; los ideales de los llamados pensadores han deshumanizado al hombre. La explotación del prójimo, ya sea hombre o mujer, parece ser nuestra forma cotidiana de vida. Nos utilizamos el uno al otro y ambos lo aceptamos. De esta relación peculiar surge la dependencia, con toda su desdicha, confusión y agonía inherentes. Tanto en el ámbito interior como en el externo, el hombre ha sido sumamente pérfido para consigo mismo y para con los demás. ¿Cómo puede haber amor en tales circunstancias?”

Lo que el hombre le ha hecho al hombre no tienen límites. Lo ha torturado, quemado, matado y explotado de todas las maneras posibles en los ámbitos religioso, político y económico. Ésta ha sido la historia del conflicto entre los hombres: el listo explota al tonto, al ignorante.
LOS IDEALES DE LOS PENSADORES HAN DESHUMANIZADO AL HOMBRE Y CARECEN DE INTEGRIDAD
Todas las filosofías son intelectuales y, por consiguiente, no son algo íntegro. Estas filosofías han esclavizado al hombre. Han inventado conceptos de lo que la sociedad debería ser y han sacrificado al hombre a sus conceptos; los ideales de los llamados pensadores han deshumanizado al hombre.
La explotación del prójimo, ya sea hombre o mujer, parece ser nuestra forma cotidiana de vida. Nos utilizamos el uno al otro y ambos lo aceptamos. De esta relación peculiar surge la dependencia, con toda su desdicha, confusión y agonía inherentes. Tanto en el ámbito interior como en el externo, el hombre ha sido sumamente pérfido para consigo mismo y para con los demás. ¿Cómo puede haber amor en tales circunstancias? [...]
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“Cuando en estos momentos se pide libertad de expresión, de hecho no se pide auténtica libertad. Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las sociedades organizadas. Pero ‘libertad’, como dice Rosa Luxemburg, es ‘libertad para los demás’. Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: ‘Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo’. Conozco muy bien las razones por la que los intelectuales de nuestro país demuestran su pusilanimidad y su deshonestidad; conozco por experiencia los argumentos con los que pretenden justificarse a sí mismos. Pero, por eso mismo, sería mejor que cesaran en sus desatinos intentando defender la libertad contra el fascismo. Si la libertad significa algo, es el derecho a decirles a los demás lo que no quieren oír. En la actualidad, los liberales le tienen miedo a la libertad y los intelectuales no vacilan en mancillar la inteligencia.”

Estoy seguro de que la reacción que provocará mi libro en la mayoría de los intelectuales ingleses será muy simple: “No debió ser publicado”. Naturalmente, estos críticos, muy expertos en el arte de difamar, no lo atacarán en el terreno político, sino en el intelectual. Dirán que es un libro estúpido y tonto y que su edición no ha sido más que un despilfarro de papel. Y yo digo que esto puede ser verdad, pero no “toda la verdad” del asunto. No se puede afirmar que un libro no debe ser editado tan sólo porque sea malo. Después de todo, cada día se imprimen cientos de páginas de basura y nadie le da importancia.
EN ESTOS MOMENTOS NO SE PIDE AUTÉNTICA LIBERTAD, PUES ÉSTA ES, ANTE TODO, LIBERTAD PARA LOS DEMÁS.
La intelligentsia británica, al menos en su mayor parte, criticará este libro porque en él se calumnia a su líder y con ello se perjudica la causa del progreso. Si se tratara del caso inverso, nada tendrían que decir aunque sus defectos literarios fueran diez veces más patentes. Por ejemplo, el éxito de las ediciones del Left Book Club durante cinco años demuestra cuán tolerante se puede llegar a ser en cuanto a la chabacanería y a la mala literatura que se edita, siempre y cuando diga lo que ellos quieren oír.
El tema que se debate aquí es muy sencillo: ¿Merece ser escuchado todo tipo de opinión, por impopular que sea? Plantead esta pregunta en estos términos y casi todos los ingleses sentirán que su deber es responder: “Sí”. Pero dadle una forma concreta y preguntad: ¿Qué os parece si atacamos a Stalin? ¿Tenemos derecho a ser oídos? Y la respuesta más natural será: “No”. En este caso, la pregunta representa un desafío a la opinión ortodoxa reinante y, en consecuencia, el principio de libertad de expresión entra en crisis.
De todo ello resulta que, cuando en estos momentos se pide libertad de expresión, de hecho no se pide auténtica libertad. Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las sociedades organizadas. Pero “libertad”, como dice Rosa Luxemburg, es “libertad para los demás”. Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: “Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo”. [...]
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11.05.08 @ 14:09:04. Archivado en Tribuna libre
“Me gustaría comenzar desde cero; sé que es una utopía, pero la imaginación está para expresar utopías, para engrandecer al ser humano y para abrir nuevas vías inexploradas que quizá sean un salvavidas para alguien, en algún momento de su vida. Siempre he considerado la máxima de: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, como una ley superior en todos los sentidos. Una ley para poder andar por la vida con la conciencia tranquila, sabiendo cómo actuar en cada momento respecto al prójimo. No es una máxima mojigata, es una máxima para poder construir sociedades armónicas. “

“Si se consigue establecer un estado social en el que cada uno tenga algo que conservar y poco que adquirir, se habrá hecho mucho por la paz del mundo.”
Me gustaría comenzar desde cero; sé que es una utopía, pero la imaginación está para expresar utopías, para engrandecer al ser humano y para abrir nuevas vías inexploradas que quizá sean un salvavidas para alguien, en algún momento de su vida.
Como decía, me gustaría comenzar desde cero, no sólo a nivel de sociedad humana, sino también a nivel individual, mental y espiritual. En ese estado prestaría especial interés a :
1- Adquirir, inculcar y practicar la honradez como norma de vida y de sociedad.
2- Conservar y respetar, como un tesoro la dignidad esencial como base de cualquier construcción social.
Si bien la segunda no se puede enseñar, la primera sí puede ser inculcada en las mentes y corazones desde pequeños, no sólo con palabras, sino principalmente con el ejemplo. La segunda sería una consecuencia de la primera
Siempre he considerado la máxima “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, como una ley superior en todos los sentidos. Una ley para poder andar por la vida con la conciencia tranquila, sabiendo cómo actuar en cada momento respecto al prójimo. No es una máxima mojigata, es una máxima para poder construir sociedades armónicas. Cuando se plantea cualquier situación en la que uno debe actuar es muy fácil preguntarse ¿me gustaría que me hiciesen a mi lo que yo hago a esta persona? La respuesta que llega a la conciencia es clara, cien por cien fiable y certera.
Pero me temo que es una máxima que hay que enseñar con la Lógica de un ser evolucionado. Porque primitiva e instintivamente deseamos ponernos por encima del prójimo y si para ello hay que aplastarle eso se hace sin mirar las consecuencias. Y con la lógica de un ser primitivo, todo lo que es honrado es sinónimo de estupidez.
Actualmente nuestras sociedades se rigen por normas primitivas e instintivas, de ahí las desigualdades, los crímenes, los abusos a los débiles, las guerras y demás vergüenzas que entretejen y son la base de una sociedad, aún más enferma si cabe, para futuras generaciones.
Comentario publicado, por Mª Dolores Martínez, en AMOR AL CAMBIO Y MIEDO A LAS REVOLUCIONES
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09.05.08 @ 18:33:19. Archivado en Mundo Libre
“La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo. La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir. El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra.”

Algunos escritores han confundido de tal manera la sociedad con el gobierno que han hecho escasa o ninguna distinción entre ambas, a pesar de que no sólo son diferentes, sino que tienen orígenes distintos.
LA SOCIEDAD ES UNA BENDICIÓN, PERO EL GOBIERNO, INCLUSO EN SU MEJOR ESTADO, NO ES SINO UN MAL NECESARIO
La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo.
La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir.
El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia; los palacios de los reyes están construidos sobre las ruinas de las arquerías del paraíso. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto, y está inducido a hacerlo por la misma prudencia que en cualquier caso le aconseja elegir el menor de dos males. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra. […]
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“De manera alguna me arrogo la pretensión de tener razón. Pero, en nuestro instante universal, considero que no es perjudicial, sino bueno y correcto, sacudir al hombre común de hoy en día por la fe fanática que le merecen el nivel del progreso alcanzado, sus máquinas, su modernismo ávido de placeres y su aversión a las obligaciones. Sufro bajo la miseria de nuestra época, pero no me considero llamado a guiar a los demás para escapar de ella; estoy dispuesto a recorrerla, como a través de un infierno, con la esperanza de hallar en el más allá una nueva inocencia y una vida más digna. Pero no estoy en condiciones de entregar ese más allá por un ahora y un aquí. Necesita y exige un conductor quien es incapaz de responsabilizarse y de pensar por sí mismo. Mi papel no puede ser el de sacerdote, pues detrás de mí no hay iglesia alguna, y aun cuando he tratado de dar consejo a millares de personas en cartas e indicaciones, nunca lo hice como conductor, sino siempre como compañero de sufrimientos, como hermano algo mayor.”

Distinguido doctor Jordan:
Ha llegado a mi poder su carta abierta, encabezada con el epígrafe “La misión del poeta”, y halló eco en mí, pues es cordial y bien intencionada, y aun cuando supongo que es usted un católico militante, de manera alguna la siento como una manifestación partidista. Creo que no lograremos entendernos sobre algunos puntos, pues nuestros orígenes son harto diferentes; pero, en cambio, creo responder a otros que juzgo importantes y, aun cuando las respuestas no le satisfagan, reconocerá usted su sinceridad.
EXHORTO CONTRA EL OPTIMISMO ENGAÑOSO, Y CONTRA LA AVERSIÓN DE LOS PUEBLOS Y DE LOS INDIVIDUOS A ASUMIR SU RESPONSABILIDAD
Aun cuando lo hago a disgusto, debo recordarle, ante todo, que su conocimiento acerca de mi trabajo literario es muy fragmentario y su carta abierta se refiere a una parte aislada, no medular de mi labor: a mis ocasionales artículos periodísticos. En algunos de esos artículos descubre usted expresado un pesimismo que en última instancia encuentra irresponsable, y lo comprendo.
Desde mi punto de vista, estos artículos ocasionales que se sirven a sabiendas y deliberadamente de esa forma que se llama “folletín”, representan en primer lugar una parte intrascendente de mi trabajo y, en segundo lugar, esas manifestaciones ocasionales, algo triviales, a menudo coloreadas de ironía, tienen para mí un significado común: a saber, la lucha contra aquello que en nuestra publicidad llamo optimismo engañoso.
Cuando recuerdo, de tanto en tanto, que el hombre es un producto muy amenazado y peligroso, cuando por momentos destaco lo deficiente y trágico de la humanidad, precisamente allí donde estamos acostumbrados a tomar las cosas a la ligera y a la vanidad (en el periódico), ésta es una parte pequeña en magnitud e importancia, pero a pesar de todo consciente y responsable, de mi actividad: la lucha contra la religión europea-americana adoptada por el hombre moderno y soberano que ha logrado llegar hasta este nivel.
Si recuerdo con especial énfasis el carácter dudoso de la Humanidad, es como un grito de guerra contra la pueril, pero muy peligrosa vanidad del hombre de la masa, carente de fe y de discernimiento en su ligereza, su arrogancia, su falta de humildad, de duda, de responsabilidad. Las palabras de este tipo, que he pronunciado, no van dirigidas a la Humanidad, sino a la época, a los lectores de periódicos, a una masa cuyo peligro, según mi convicción, no consiste en falta de fe en sí misma y en la propia grandeza.
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“Como la mayor parte de nuestra educación consiste en la adquisición de conocimientos, nos está volviendo cada vez más mecánicos; nuestras mentes funcionan siguiendo cauces estrechos, ya estemos adquiriendo conocimientos científicos, filosóficos, religiosos, empresariales o tecnológicos. Todo esto conduce a un estilo mecánico de vida, a una estandarización mental; y así, poco a poco el Estado, incluso un Estado democrático, dicta e impone lo que deberíamos ser. Esto se ha convertido en un peligro para la libertad. La libertad es una cuestión muy compleja, y comprender su complejidad precisa del florecimiento de la mente. El florecimiento implica libertad. Una planta requiere libertad para crecer. El florecimiento de la mente sólo puede tener lugar cuando hay una percepción clara, objetiva e impersonal, cuando sobre la mente no pesa ninguna imposición. Ésta es nuestra labor y responsabilidad como educadores.”

La sociedad, la cultura en la que vivimos, exige que el estudiante se oriente hacia la consecución de un empleo y de seguridad física. Ésta ha sido la presión constante de todas las sociedades: primero la carrera y luego todo lo demás. O sea, primero el dinero, y luego los complejos aspectos de nuestra vida diaria.
Nosotros estamos tratando de invertir este proceso porque el hombre no puede ser feliz solamente con dinero. Cuando el dinero se convierte en el factor dominante de la vida, existe un desequilibrio en nuestra actividad cotidiana.
Quisiera que todos los educadores comprendieran esto muy seriamente y vivieran su plena significación. Si el educador comprende la importancia de esto y en su propia vida lo pone en el lugar que le corresponde, entonces puede ayudar al estudiante, a quien los padres y la sociedad obligan a convertir la carrera en lo más importante. Quisiera recalcar este punto: que en estas escuelas se debe mantener en todo momento un modo de vida que cultive la integridad del ser humano.
Como la mayor parte de nuestra educación consiste en la adquisición de conocimientos, nos está volviendo cada vez más mecánicos; nuestras mentes funcionan siguiendo cauces estrechos, ya estemos adquiriendo conocimientos científicos, filosóficos, religiosos, empresariales o tecnológicos.
Nuestra forma de vida, tanto en el hogar como fuera de él, y nuestra especialización en una carrera específica, están volviendo nuestras mentes cada vez más estrechas, limitadas e incompletas. Todo esto conduce a un estilo mecánico de vida, a una estandarización mental; y así, poco a poco el Estado, incluso un Estado democrático, dicta e impone lo que deberíamos ser.
Naturalmente, la mayoría de las personas reflexivas se da cuenta de esto, pero por desgracia parece aceptarlo y soportarlo. Esto se ha convertido en un peligro para la libertad.
La libertad es una cuestión muy compleja, y comprender su complejidad precisa del florecimiento de la mente. Dependiendo de su cultura, de su educación, experiencia y superstición religiosa -o sea, de su condicionamiento-, cada cual definirá dicho florecimiento de forma diferente. Aquí nosotros no estamos tratando con opiniones o prejuicios, sino con una comprensión no verbal de las implicaciones y consecuencias del florecimiento de la mente.
Este florecimiento consiste en el desarrollo y cultivo integral de nuestras mentes, corazones y bienestar físico; o sea, en poseer una armonía completa desprovista de toda oposición y contradicción. El florecimiento de la mente sólo puede tener lugar cuando hay una percepción clara, objetiva e impersonal, cuando sobre la mente no pesa ninguna imposición.
No es una cuestión de lo que hay que pensar, sino de cómo pensar claramente. A lo largo de los siglos, mediante la propaganda y demás se nos ha alentado en el qué pensar. En esto consiste la mayor parte de la educación moderna y no en la investigación de toda la dinámica del pensamiento. El florecimiento implica libertad. Una planta requiere libertad para crecer.
En cada carta trataremos del despertar del corazón, que no es algo sentimental, romántico o imaginario, sino la bondad que nace del afecto y del amor; y sobre el cultivo del cuerpo, la alimentación correcta y el ejercicio adecuado, todo lo cual acabará generando una sensibilidad profunda.
Cuando la mente, el corazón y el cuerpo se hallan en completa armonía, entonces el florecimiento adviene de forma natural, con facilidad y excelencia. Ésta es nuestra labor y responsabilidad como educadores.
La docencia es la mayor de las profesiones que hay en la vida.
JIDDU KRISHNAMURTI, La educación integral. Cartas a las escuelas, Gaia Ediciones, 2007. Traducción: Armando Clavier. Revisión: Javier Gómez Rodríguez.
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05.05.08 @ 09:25:48. Archivado en Tribuna libre
“Esa es la corrupción que actualmente nos invade. Los hombres malvados están saturados de poder, entretejiendo corrupciones y maldades en la sociedad. El tejido es tan intenso, que es imposible de traspasar sin salir malherido o herido mortalmente. Los hombres buenos y válidos por naturaleza detestan el poder. Pero en tiempos, como los actuales, en que la maldad y la corrupción están destrozando el tejido social, los hombres buenos sienten que deben hacer algo. Lo intentan, pero la fuerza y el poder de los hombres malvados les hace retroceder. Los hombres buenos tienen miedo y callan. Saben que no podrán hacer nada ellos solos contra los poderosos.”

“Después este procedimiento se volvió perniciosísimo, una vez corrupta la ciudad, porque solicitaban las magistraturas no los que tenían más virtud, sino los que ostentaban mayor poder, y los que no eran poderosos, aunque fueran virtuosos, se abstenían de demandarlas por miedo.”
Efectivamente, los poderosos siguen manteniendo su poder porque los hombres buenos tienen miedo. Un hombre bueno jamás utilizará su poder para hacer el mal. Sin embargo, un hombre malo utilizará su poder para su propio beneficio, y si su propio beneficio incluye hacer maldades contra sus oponentes, así lo hará para mantener sus prebendas y poder intactos.
Esa es la corrupción que actualmente nos invade. Los hombres malvados están saturados de poder, entretejiendo corrupciones y maldades en la sociedad. El tejido es tan intenso que es imposible de traspasar sin salir malherido o herido mortalmente.
Los hombres buenos y válidos por naturaleza detestan el poder. Pero en tiempos, como los actuales, en que la maldad y la corrupción están destrozando el tejido social, donde la bondad del ser humano ha sido humillada, encarcelada y apartada en un rincón para ser motivo de burla y escarnio, los hombres buenos sienten que deben hacer algo. Lo intentan, pero la fuerza y el poder de los hombres malvados les hace retroceder. Es normal que sientan miedo. Es normal sentir miedo de los hombres actuales en el poder. Su maldad hará que defiendan sus prebendas con todas la crueldad que hay en sus corazones, que es mucha.
Los hombres buenos tienen miedo y callan. Saben que no podrán hacer nada ellos solos contra los poderosos.
Mientras tanto el destino de los pueblos durmientes, manipulado a través de la educación y los medios de comunicación, está en manos de hombres corruptos y malvados.
¡Cuánto se parece la historia de la corrupta Roma a nuestra actual historia! ¿O acaso es que jamás dejaron el poder los corruptos? ¿Acaso los hombres buenos y justos han sido aniquilados, ninguneados o acallados en todas las épocas por los corruptos en el poder?
La historia se repite, como una noria decadente que da vueltas y más vueltas… ¿Quién la parará?
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02.05.08 @ 18:04:15. Archivado en Mundo Libre
“Cuando cualquier país del mundo pueda decir: mis pobres son felices; no son víctimas de la ignorancia ni de la escasez; en mis cárceles no hay presos, ni en mis calles mendigos; los ancianos no padecen necesidades; las contribuciones no son progresivas; cuando puedan decirse esas cosas, entonces ese país podrá presumir de su contribución y de su gobierno. Pero no sólo sería un error, sino una mala política, tratar de forzar lo que debería lograrse mediante la razón. Es evidente que las principales fuerzas que pueden entrar en el campo de las revoluciones son la razón y el interés común. Cuando ambas cosas tienen la oportunidad de actuar, la oposición se muere de miedo o se derrumba ante la convicción. Por ende, no hay ningún poder, más que el deseo voluntario del pueblo, que tenga derecho a actuar por lo que respecta a una reforma general. Si prefiere un gobierno malo o defectuoso a una reforma, u opta por pagar diez veces más contribuciones de lo que hace falta, tiene derecho a hacerlo, y mientras la mayoría no imponga a la minoría condiciones diferentes a las que se impone a sí misma, aunque sea un gran error, no existe injusticia.”

Hoy día se está empezando a comprender demasiado bien el fraude, la hipocresía y el engaño de los gobiernos como para que éstos se puedan prometer un futuro demasiado prolongado. La farsa de la monarquía y de la aristocracia en todos los países va siguiendo el camino de la caballería andante, y el Sr. Burke se viste de luto para el funeral. Que pasen pues tranquilamente a la tumba de todos los demás absurdos, y que se consuelen sus plañideros.
NO SÓLO SERÍA UN ERROR, SINO UNA MALA POLÍTICA, TRATAR DE FORZAR LO QUE DEBERÍA LOGRARSE MEDIANTE LA RAZÓN Y EL DEBATE
No es mucho el tiempo que falta para que Inglaterra se ría de sí misma por haber enviado a buscar a Holanda, Hannover, Zell o Brunswick, hombres que le cuestan un millón al año, que no comprenden sus leyes, su idioma ni sus intereses, y cuyas aptitudes apenas si les capacitarían para el cargo de policiía de una parroquia. Si pudiera ponerse el gobierno en esas manos es que verdaderamente debe tratarse de algo sencillísimo y facilísimo, y para ese fin cabe hallar materiales adecuados en todas las villas y las aldeas de Inglaterra.
Cuando cualquier país del mundo pueda decir: mis pobres son felices; no son víctimas de la ignorancia ni de la escasez; en mis cárceles no hay presos, ni en mis calles mendigos; los ancianos no padecen necesidades; las contribuciones no son progresivas; el mundo racional es mi amigo, porque yo soy el amigo de su felicidad; cuando puedan decirse esas cosas, entonces ese país podrá presumir de su contribución y de su gobierno.
En el espacio de unos años hemos sido testigos de dos revoluciones, la de América y la de Francia. En la primera, el combate fue largo y el conflicto grave; en la segunda, la nación actuó con un impulso tan consolidado que, al no tener un enemigo extranjero al que combatir, la revolución tomó completamente el poder en el momento en el que apareció. Por ambos ejemplos es evidente que las principales fuerzas que pueden entrar en el campo de las revoluciones son la razón y el interés común. Cuando ambas cosas tienen la oportunidad de actuar, la oposición se muere de miedo o se derrumba ante la convicción. […]
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“Su apetito voraz no tiene más límites que el miedo a la reprimenda. No existe ningún tipo de civismo real, de colaboración honesta, de miramiento por el prójimo. El instinto egoísta siempre manda sobre su voluntad. Los códigos morales que han sido inventados no concuerdan con su verdadera naturaleza; no existe sentimiento más allá del amor a sus seres cercanos. La educación y la moralidad no son más que arrogantes intentos de ‘mejorar’ a un ser para que sea más perfecto socialmente. Pero su instinto egoísta e individual siempre tiene más fuerza que la voluntad de convivencia.”

Debajo del disfraz de ser sereno, cordial y respetuoso encontramos un animal carnívoro hambriento de dinero.
Temeroso por los castigos del Estado actúa imitando empatía y respeto, cooperación y civismo.
Tan solo una falsa fachada de lo que realmente tiene dentro.
Su apetito voraz no tiene más límites que el miedo a la reprimenda. No existe ningún tipo de civismo real, de colaboración honesta, de miramiento por el prójimo.
El instinto egoísta siempre manda sobre su voluntad. Los códigos morales que han sido inventados no concuerdan con su verdadera naturaleza; no existe sentimiento más allá del amor a sus seres cercanos.
La educación y la moralidad no son más que arrogantes intentos de “mejorar” a un ser para que sea más perfecto socialmente.
Pero su instinto egoísta e individual siempre tiene más fuerza que la voluntad de convivencia.
El hombre siempre pregona la generosidad y la unión cuando se encuentra débil e indefenso; cuando adquiere poder estos valores se le olvidan.
Sobre-valorando su inteligencia intenta domesticarse, moldearse a sí mismo para convertirse en un ser pacífico y carente de agresividad.
Pero al final el instinto siempre vence.
La civilización de los buitres disfrazados de abejas.
DANI EGIDO, en su blog.
http://www.filosofiadigital.com
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“¿Quieres traer a los turcos a Cristo? No hagamos ostentación de riquezas, ni de fuerza militar, ni de poder. Que no vean únicamente en nosotros un título, sino las cualidades propias de un cristiano: pureza de vida, afán por hacer el bien incluso a los enemigos, el sufrimiento impertérrito de todas las ofensas, el desprecio del dinero, el rechazo de la gloria, la humildad. Estas son las mejores armas para someter a los turcos. Escupimos contra los turcos y nos creemos con ello buenos cristianos cuando somos quizá ante Dios más abominables que los mismos turcos. Y si nuestro afán consiste en ampliar nuestros dominios, si ansiamos sus riquezas, ¿por qué encubrimos una empresa tan profana con el nombre de Cristo? Además, mientras nos enfrentamos a ellos con medios puramente humanos, ¿por qué exponemos a un peligro evidente toda aquella parte que nos queda del orbe? ¡Qué pequeño es el rincón del orbe que ha quedado en nuestro poder! ¡Qué enorme multitud de bárbaros provocamos, tan pocos como somos!”

La verdad es que a mí ni siquiera me parecen aceptables los frecuentes preparativos de guerra contra los turcos. Mal ciertamente van las cosas en la religión cristiana si su seguridad depende de tales ayudas. Tampoco es lógico que de estas iniciativas nazcan buenos cristianos. Lo que se gana con la espada se pierde a su vez por la espada.
SI PRESCINDIMOS DEL NOMBRE Y DE LA SEÑAL DE LA CRUZ, PELEAMOS TURCOS CONTRA TURCOS
¿Quieres traer a los turcos a Cristo? No hagamos ostentación de riquezas, ni de fuerza militar, ni de poder. Que no vean únicamente en nosotros un título, sino las cualidades propias de un cristiano: pureza de vida, afán por hacer el bien incluso a los enemigos, el sufrimiento impertérrito de todas las ofensas, el desprecio del dinero, el rechazo de la gloria, la humildad; que escuchen esa doctrina celeste congruente con este tipo de vida. Estas son las mejores armas para someter a los turcos.
Ahora luchamos muchas veces malos contra malos. Voy a decirlo de otra manera y ojalá sea con más atrevimiento que verdad: si prescindimos del nombre y de la señal de la cruz, peleamos turcos contra turcos. Si la religión se ha establecido con la fuerza de las armas, si se ha confirmado con la espada, si ha crecido a fuerza de guerras, defendámosla con las mismas ayudas. Pero si todo eso se ha llevado a cabo por otras vías, ¿por qué echamos mano a recursos paganos como si desconfiáramos de la ayuda de Cristo?
“Pero ¿por qué no voy a poder degollar -dicen- a quienes nos degüellan?” ¿Estimas indigno entonces que alguien sea peor que tú? ¿Por qué no robas al que te roba?, ¿por qué no insultas al que te insulta?, ¿por qué no odias al que te odia? ¿Te parece propio de cristianos despedazar a impíos ciertamente, según pensamos nosotros, pero en cualquier caso a hombres por cuya salvación murió Cristo; inmolar una víctima gratísima al diablo y deleitar por partida doble al enemigo, puesto que se mata a un hombre y quien mata es un cristiano? Muchos quieren parecer muy cristianos y mientras tanto se esfuerzan por hacer todo el daño que pueden a los turcos y aquel daño que no pueden hacer se lo desean a fuerza de maldiciones, a pesar de que por esa misma razón se puede descubrir a un cristiano insuficiente.
Así, algunos en su afán de parecer furiosamente ortodoxos denuestan con siniestras maldiciones a quienes llaman herejes, cuando ellos mismos son quizá más dignos de ese vocablo. Quien quiera parecer ortodoxo, debe esforzarse mediante sobrias razones porque quien yerra recupere el buen sentido. Escupimos contra los turcos y nos creemos con ello buenos cristianos cuando somos quizá ante Dios más abominables que los mismos turcos.
Si los antiguos predicadores del Evangelio hubieran tenido con nosotros la misma actitud que nosotros tenemos respecto a los turcos, ¿dónde estaríamos ahora nosotros, que somos cristianos gracias a su tolerancia? Acude en socorro de los turcos y si puedes hazlos, de impíos, buenos cristianos; si no puedes, ruega por ello. Entonces te reconoceré por cristiano. [...]
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29.04.08 @ 16:17:38. Archivado en Rayos de luz
“El juicio y la comparación nos constriñen irrevocablemente a la dualidad. Únicamente el darse cuenta sin elección puede conducir a un estado no dual, a la reconciliación de los opuestos que nace de una total comprensión y de un amor total. Si uno ama, puede hacer lo que quiera. Pero si uno empieza por hacer lo que quiere, o por hacer lo que no quiere obedeciendo determinados sistemas o ideas, prohibiciones e ideales, nunca amará. Una mente que ha llegado a la quietud de la sabiduría conocerá el ser, conocerá lo que es amar. El amor no es personal ni impersonal. Es un estado de ser, como el silencio, en el que no hay devenir, en el que hay plenitud. El amor es su propia eternidad; es lo real, lo supremo, lo inconmensurable.”

Hay en la vida una espontaneidad trascendental, una “realidad creativa”, como la llama Krishnamurti, que se manifiesta con su cualidad inmanente sólo cuando la mente del que percibe se halla en estado de “pasividad alerta”, o “darse cuenta sin elección”.
El juicio y la comparación nos constriñen irrevocablemente a la dualidad. Únicamente el darse cuenta sin elección puede conducir a un estado no dual, a la reconciliación de los opuestos que nace de una total comprensión y de un amor total. “Ama et fac quod vis”. Si uno ama, puede hacer lo que quiera. Pero si uno empieza por hacer lo que quiere, o por hacer lo que no quiere obedeciendo determinados sistemas o ideas, prohibiciones e ideales, nunca amará.
El proceso liberador debe comenzar por un darse cuenta sin elección, de lo que uno quiere y de sus reacciones al sistema simbólico que le detalla lo que debería, o no debería, hacer. De ese darse cuenta sin elección, a medida que éste va penetrando las sucesivas capas del ego y el subconsciente asociado a él, nacerán el amor y la comprensión, pero de una índole diferente de aquella a la que generalmente estamos habituados.
Este darse cuenta sin elección -en cada momento y en todas las circunstancias de la vida- es la única meditación efectiva. Todas las demás formas de yoga conducen, bien a un pensar a ciegas, resultado de la autodisciplina, o bien a algún tipo de éxtasis autoinducido, a alguna forma de falso samadhi.
La verdadera liberación es una “libertad interior de realidad creativa”. Y “no es un don; uno debe descubrirla y experimentarla. No es una adquisición que uno deba acaparar por sí mismo, para su propia gloria. Es un estado de ser, como el silencio, en el que no hay devenir, en el que hay plenitud. Esta creatividad no necesariamente requerirá expresarse; no es un talento que exija manifestación externa. No es preciso ser un gran artista o contar con un público, pues si es esto lo que uno busca, pasará por alto la realidad interior. No es ni un don, ni el resultado del talento; ha de encontrarse, este imperedero tesoro, allá donde el pensamiento se libera de la lujuria, del rencor y la ignorancia, donde el pensamiento se libera de la mundanalidad y el ansia egoísta de ser. Ha de experimentarse mediante el recto pensar y la meditación”.
Darse cuenta de uno mismo sin elección nos llevará a la realidad creativa que yace bajo todas nuestras fantasías, a la serena sabiduría que está presente siempre, a pesar de la ignorancia, a pesar del conocimiento, que no es sino ignorancia con distinta apariencia. El conocimiento es un entramado de símbolos y es, la mayoría de las veces, un impedimento para la sabiduría, para descubrir el “yo” a cada instante.
Una mente que ha llegado a la quietud de la sabiduría “conocerá el ser, conocerá lo que es amar. El amor no es personal ni impersonal. El amor es amor, y la mente no puede definirlo ni describirlo como exclusivo o inclusivo. El amor es su propia eternidad; es lo real, lo supremo, lo inconmensurable”.
ALDOUS HUXLEY, Krishnamurti: 100 años de sabiduría. Editorial Kairós, 2007. Edición a cargo de Evelyne Blau.
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“Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos, son efecto de grandes designios, pero por lo común tan sólo son efecto del talante y de las pasiones. Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables. El interés habla toda suerte de lenguas y representa toda suerte de personajes, incluso el del desinteresado. La sinceridad es una obertura de corazón. Se da en muy pocas personas, y la que solemos ver no es más que un disimulo sutil, destinado a atraer la confianza de los demás. Si existe un amor puro y exento de la mezcla de nuestras demás pasiones, es aquel que está escondido en el fondo del corazón, y que nosotros mismos ignoramos.”

Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujeres sean castas.
El amor propio es el mayor de los aduladores.
La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos, son efecto de grandes designios, pero por lo común tan sólo son efecto del talante y de las pasiones. Así, la guerra de Augusto con Antonio, que se atribuye a la ambición de ambos por llegar a ser dueños del mundo, tal vez no fue más que una consecuencia de la envidia.
Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Son como un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles; y el hombre más romo, cuando le domina la pasión, persuade mejor que el más elocuente que carece de ella.
Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables.
Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
Por mucho que nos esforcemos por cubrir las pasiones con apariencias de piedad y de honor, siempre se manifiestan a través de esos velos. [...]
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23.04.08 @ 20:03:59. Archivado en Mundo Libre
“Los pueblos cometen muchos menos errores que los príncipes, tanto en lo que respecta a las falsas opiniones como en lo que toca a la corrupción. Puede ser que los pueblos sean engañados por la fama, la opinión y los actos de un hombre, estimándolo más de lo que merece; por eso, los buenos organizadores de las repúblicas han dispuesto las cosas de modo que, cuando se hayan de efectuar los nombramientos de los cargos más elevados de la ciudad, en los que sería muy peligroso colocar hombres que no estuvieran a la altura de su puesto, siempre que se vea que la voluntad popular se inclina a nombrar a un inepto, cualquier ciudadano pueda exponer públicamente en la asamblea los defectos de ese candidato, y esto no sólo le será lícito, sino que constituirá un motivo de gloria, pues así el pueblo podrá juzgar mejor, al ser más completo su conocimiento. Y el ciudadano que desee comenzar a obtener los favores del pueblo, debe ganarlos con algún hecho notable.”

Ya hemos hablado otras veces de cómo Tito Manlio, luego llamado Torcuato, salvó a Lucio Manlio, su padre, de una acusación que había formulado contra él Marco Pomponio, tribuno de la plebe. Y aunque el procedimiento empleado para salvarlo fue un tanto violento y extraordinario, sin embargo, esa piedad filial para con su padre resultó tan grata a la comunidad, que no sólo no fue castigado, sino que, a la hora de nombrar tribunos para las legiones, el segundo en resultar elegido fue Tito Manlio.
EL PUEBLO DISTRIBUYE LOS CARGOS MEJOR QUE UN PRÍNCIPE
Este suceso, en mi opinión, resulta útil para analizar el modo que tiene el pueblo de juzgar a los hombres en el reparto de cargos, y si es verdad, como dijimos en otra ocasión, que el pueblo los distribuye mejor que un príncipe.
Digo, pues, que el pueblo, al hacer el reparto, se guía por lo que la voz pública o la fama dicen de uno, cuando no lo conoce por sus obras notorias, o por la presunción o la opinión generalizada que se tiene de él.
Estas cosas pueden tener su origen en los padres, pues si éstos han sido ciudadanos valerosos y grandes hombres, se tiende a creer que sus hijos se les parecerán mientras que las obras no demuestren lo contrario.
Otra causa de este tipo de fama puede ser el comportamiento que demuestran aquellos de quienes se habla. A este respecto, los comportamientos más deseables son: buscar la compañía de varones graves, tener buenas costumbres y ser considerado prudente por todo el mundo.
Y como no puede haber mejor indicio de la naturaleza de un hombre que las compañías que frecuenta, el que acostumbra a tener compañías honestas conquista merecidamente su buen nombre, pues es imposible que no guarde alguna semejanza con ellas.
También puede conquistarse la fama pública por alguna acción excepcional y notable, aunque sea privada, en la que te hayas desenvuelto honorablemente. Y de estas tres cosas que otorgan reputación a un hombre en sus principios, ninguna la otorga mayor que esta última. [...]
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“El hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir siempre, en la esperanza de no sufrir más; y la vida le escapa mientras espera gozar de los bienes que ha adquirido al precio de grandes esfuerzos. Los ambiciosos que no se contentan con el beneficio de la vida y la belleza del mundo, tienen por castigo el no comprender la vida y el quedar insensibles a la utilidad y belleza del universo. Una vida bien cumplida es siempre larga. Como un día bien empleado procura un dulce sueño, así una vida bien utilizada conduce a una dulce muerte. La sabiduría es hija de la experiencia. Adquiere en tu juventud de qué compensar el perjuicio de la vejez. Si comprendes que la vejez tiene por sustento la sabiduría, te esforzarás durante tus jóvenes años para que, en los últimos, no carezcas de alimento”.

Que no me lea quien no sea matemático, porque yo lo soy siempre en mis principios.
Tú vendes, ¡oh Dios, todos los bienes a los hombres al precio de su esfuerzo.
El amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su conocimiento. El amor es tanto más ferviente cuanto más cierto es el conocimiento; pero la certidumbre surge del conocimiento integral de todas las partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado. Si no conoces a Dios, no podrás amarlo; si lo amas por el bien que de Él esperas y no por su virtud soberana, imitas al perro que menea la cola y festeja con sus saltos a quien le va a dar un hueso; si el animal conociera la superioridad del hombre, lo amaría mejor.
¿Cuál es la cosa que cesaría de existir si se la pudiera definir? El infinito, que sería finito si pudiera ser definido. Porque definir es limitar la cosa definida con otra que la circunscribe en sus extremos, de modo que lo que no tiene términos no puede ser definido.
La verdad es de tal excelencia que cuando elogia pequeñas cosas las ennoblece.
No deja de ser cierto que la verdad es la soberana alimentación no de los espíritus vagabundos, pero sí de las inteligencias agudas. Mas tú, que vives de ensueños, preferirás los sofismas y las mentiras de los charlatanes en las cosas grandes e inciertas, a las verdades naturales, bien que menos pretenciosas.
¡Oh contemplador!, yo no te ensalzo porque conoces las cosas ordinarias que la naturaleza dirige por sí misma; pero te envidio porque alcanzas a descubrir el fin de las cosas impresas en tu mente.
La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma que media entre el hombre y Dios.
Con poca esperanza pueden los míseros estudiosos aguardar el premio de su virtud. En tal caso me encuentro yo, seguro de incurrir en no pocas enemistades, ya que ninguno creerá lo que yo pueda decir de él. Muy contados son los hombres a quienes desagradan sus propios vicios; antes bien, sólo repugna generalmente el vicio a los que, por naturaleza son contrarios a él; muchos odian a sus padres o pierden la amistad de quienes les reprenden, y no quieren saber de ejemplos de virtudes contrarias, ni oír ningún humano consejo.
Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras insidias; miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y simulacros.
Muchos tienen tienda abierta engañando a la necia multitud, y si alguien denuncia su impostura se le castiga.
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“Fui a los bosques porque quería vivir con un propósito; para hacer frente solo a los hechos esenciales de la vida, por ver si era capaz de aprender lo que aquella tuviera por enseñar, y por no descubrir, cuando llegare mi hora, que no había siquiera vivido. No deseaba vivir lo que no es vida, ¡es tan caro el vivir!, ni practicar la resignación, a menos que fuera absolutamente necesario. Y, sin embargo, vivimos mezquinamente. Nuestra vida se desperdicia en detalles. La reforma moral no es sino el esfuerzo por desterrar el sueño. ¿Por qué suelen dar los hombres una cuenta tan pobre de su día, sino porque han estado dormitando? Se cuentan por millones los que están suficientemente despiertos para el trabajo físico; pero sólo uno de cada millón lo está para el esfuerzo intelectual efectivo, y sólo uno en cien millones para la vida poética o divina. Estar despierto es estar vivo. Y no he conocido aún a hombre alguno que estuviera completamente desvelado. ¿Cómo habría podido mirarle al rostro?”.

Cada mañana me traía una nueva invitación a conferir a mi vida igual sencillez, y me atrevo a decir inocencia, que la de la Naturaleza misma; he sido un adorador de Aurora tan sincero como lo fueran los mismos griegos. Me levantaba temprano e iba a darme un baño en la laguna; era un verdadero ejercicio religioso y una de las mejoras cosas que hacía. Se dice, por cierto, que en la bañera del rey Tching-thang se había grabado a tal efecto: “Renuévate completamente cada día; una y otra vez y siempre”. Lo comprendo.
LA REFORMA MORAL NO ES SINO EL ESFUERZO POR DESTERRAR EL SUEÑO
La mañana nos trae de nuevo los tiempos heroicos. Me afectaba tanto el leve zumbido de un mosquito que diera su vuelta invisible e inimaginable por mi habitación al romper el alba, sentado yo con puerta y ventana abiertas, como pudiera hacerlo una trompeta que cantara a la fama. Era el réquiem de Homero; la Ilíada y la Odisea desgranando en el aire sus iras y extravíos. Había algo de cósmico en ello; un anuncio permanente, hasta que se vete, del eterno vigor y fecundidad del mundo.
La mañana, el más memorable estadio del día, es la hora del despertar, cuando menos es la somnolencia que nos embarga; y por lo menos durante una hora, amanece en nosotros una parte que sigue luego adormilada durante el resto del día y de la noche. Poco es lo que cabe esperar de ese día, si tal puede llamársele, en que no somos desvelados por nuestro Genio, sino por la mecánica agitación de algún sirviente o por la sirena de una fábrica, en lugar de serlo por nuestras recién adquiridas fuerzas y aspiraciones, que desbordan desde nuestros adentros y se acompañan de música celestial en una atmósfera llena de fragancia, para acceder a una vida superior a la que dejamos antes de dormirnos; de este modo la oscuridad da su fruto y se revela tan buena como la luz.
El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y más resplandeciente que la que ya ha profanado, ha desesperado de la vida y rueda por una pendiente oscura. Luego del cese parcial de su vida sensitiva, el alma del hombre, o más bien sus órganos, se revigoriza diariamente, y su Genio intenta emprender de nuevo una vida noble. Debiera decir que todos los eventos memorables tienen lugar por la mañana, en una atmósfera matutina. Los Vedas dicen: “Todas las inteligencias despiertan con la mañana”. La poesía y el arte y las acciones más célebres de los hombres datan de esas horas. Todos los poetas y héroes, al igual que Memnón, son hijos de Aurora y emiten su música con el alba (1).
Para aquel cuyos pensamientos elásticos y vigorosos siguen la marcha del sol, el día es una perpetua mañana. No importa lo que indiquen los relojes o las actitudes y trabajos de los hombres. Es mañana cuando estoy despierto y resplandece en mí la alborada. La reforma moral no es sino el esfuerzo por desterrar el sueño. ¿Por qué suelen dar los hombres una cuenta tan pobre de su día, sino porque han estado dormitando? Al fin y al cabo, no son tan malos calculadores. Habrían conseguido algo si no les hubiera invadido la modorra. [...]
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“En pie sobre el suelo desnudo -la cabeza bañada por el aire alegre y alzada hacia el espacio infinito-, todo mezquino egoísmo se desvanece. Me convierto en un ojo transparente; no soy nada; lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través de mí, soy parte y partícula de Dios. ¿Por qué no podemos disfrutar de una relación primigenia con el universo? ¿Por qué no podemos disponer de una poesía y una filosofía de la clarividencia y no de la tradición, y de una religión que nos llegue por revelación y no a través de la historia? El auténtico filósofo y el auténtico poeta son una misma persona; y la belleza, que es la verdad, y la verdad, que es belleza, el objetivo de ambos.”

En pie sobre el suelo desnudo -la cabeza bañada por el aire alegre y alzada hacia el espacio infinito-, todo mezquino egoísmo se desvanece. Me convierto en un ojo transparente; no soy nada; lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través de mí, soy parte y partícula de Dios.
Las generaciones precedentes contemplaron a Dios y la naturaleza cara a cara. Nosotros, a través de sus ojos. ¿Por qué no podemos disfrutar también de una relación primigenia con el universo? ¿Por qué no podemos disponer de una poesía y una filosofía de la clarividencia y no de la tradición, y de una religión que nos llegue por revelación y no a través de la historia?
Las estrellas despiertan cierta reverencia, porque aunque están siempre presentes, son inaccesibles.
Para ser sinceros, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ven el sol. O al menos tienen una visión muy superficial de él. El sol sólo ilumina los ojos del hombre, pero brilla en los ojos y en el corazón del niño.
El verdadero amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores están todavía verdaderamente ajustados unos a otros; aquel que ha retenido el espíritu de la infancia durante su madurez.
A la corrupción del hombre le sigue la corrupción del lenguaje.
Las palabras son órganos finitos de una mente infinita. No pueden cubrir las dimensiones de lo que verdaderamente existe. Lo fragmentan, lo dividen y lo empobrecen.
¡Cómo nos deifica la naturaleza con unos pocos elementos asequibles! Dadme salud y un día, y haré que el fasto de los emperadores resulte ridículo. El alba es mi Asiria; el ocaso y la salida de la luna mi Pafos, e inimaginables reinos de la tierra de las hadas; el mediodía será mi Inglaterra de los sentidos y el conocimiento; la noche será mi Alemania de filosofía mística y sueños.
Los axiomas de la física traducen las leyes de la ética. Por lo tanto, “el todo es mayor que sus partes”, “la reacción es igual a la acción”, ” el peso más pequeño puede levantar el más grande, la diferencia de peso se compensa por el tiempo” y otras proposiciones de este tipo tienen un sentido tanto físico como ético. Estas proposiciones tienen un sentido mucho más amplio y universal cuando se aplican a la vida humana que cuando se mantienen confinadas en su uso científico.
El auténtico filósofo y el auténtico poeta son una misma persona; y la belleza, que es la verdad, y la verdad, que es belleza, el objetivo de ambos.
El hombre sensual ajusta los pensamientos a las cosas; el poeta ajusta las cosas a los pensamientos. El primero aprecia la naturaleza por su arraigo y vivacidad; el otro por su fluidez, y estampa su ser en ella.
La belleza es la marca que que Dios coloca sobre la virtud.
No siento hacia la naturaleza hostilidad alguna, sino un amor de niño. Me expando y vivo en la calidez del día como el maíz y los melones.
Nada divino muere. Todo lo bueno se reproduce eternamente. La belleza de la naturaleza se recrea a sí misma en la mente, y no para una estéril contemplación, sino para una nueva gestación.
Cada partícula es un microcosmos, y ofrece fielmente la imagen del mundo.
El hombre más feliz es aquel que aprende de la naturaleza la lección de la devoción.
Acabarán percatándose de que hay en el estudiante mejores cualidades que la escrupulosidad y la infalibilidad; que una intuición es a menudo más fructífera que una afirmación irrefutable, y que un sueño pude permitirnos ahondar más en el secreto de la naturaleza que un centenar de concienzudos científicos.
La razón por la cual el mundo carece de de unidad y permanece fragmentado y disperso es que el propio ser humano está disgregado.
La incuestionable manifestación de la sabiduría es saber vislumbrar lo milagroso en lo cotidiano.
Lo que somos, solo eso podemos ver. Todo lo que poseía Adán, todo lo que César podía hacer, tú lo posees y lo puedes hacer. Adán consideró que su casa era el cielo y la tierra; César consideró la suya Roma; tal vez tú consideres la tuya una zapatería, un centenar de acres de tierra o una buhardilla de estudiante. Pero línea por línea, punto por punto, tu dominio es tan grande como el de ellos, aunque no ostente nombres solemnes. Construye, pues, tu mundo.
Pese a que no haya nadie conmigo, no soy un solitario mientras leo y escribo. Pero si alguien se siente solo, sugiérele que contemple las estrellas.
RALPH WALDO EMERSON, Pensamientos para el futuro. Ediciones Península, 2002. Traducción: Muricio Bach Juncadella, 2002.
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“Es claro que la ética no tiene nada que ver con castigos y recompensas en el sentido habitual. Por ello, la pregunta por las consecuencias de una acción tiene que carecer de importancia. Pero, a pesar de todo, en la pregunta planteada tiene que haber algo que sea correcto. Ciertamente, tiene que haber algún género de castigo y recompensa éticos, pero éstos tienen que residir en la propia acción. La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo. (No son problemas de la ciencia natural los que han de solucionarse aquí.) El enigma no existe. El escepticismo no es irrefutable, sino un sinsentido obvio, pues quiere plantear dudas allí donde no se puede preguntar. Sentimos que, aún cuando todas las posibles preguntas científicas hayan obtenido una respuesta, nuestros problemas vitales ni siquiera se han tocado. Existe en efecto lo inexpresable. Tal cosa resulta ella misma manifiesta; es lo místico. De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca.”

El sentido del mundo tiene que residir fuera de él. En el mundo todo es como es y todo sucede como sucede; no hay en él valor alguno y, si lo hubiera, no tendría ningún valor. Si hay algún valor que tenga valor, tiene que residir fuera de todo lo que sucede y de todo lo que es de esta y aquella manera. Pues todo lo que sucede y todo lo que es de esta y aquella manera es accidental. Lo que lo hace no ser accidental no puede residir en el mundo pues, en tal caso, esto sería a su vez accidental. Tiene que residir fuera del mundo.
Es por ello por lo que no puede haber proposiciones éticas. Las proposiciones no pueden expresar nada que sea más elevado.
Es claro que la ética no consiente en que se la exprese. La ética es trascendental. (Ética y estética son uno y lo mismo.)
Lo primero que se nos viene a las mientes al proponer una ley ética de la forma “Debes…” es: “¿Y qué, si no lo hago?”. Es claro, sin embargo, que la ética no tiene nada que ver con castigos y recompensas en el sentido habitual. Por ello, la pregunta por las consecuencias de una acción tiene que carecer de importancia. Al menos esas consecuencias no pueden ser eventos. Pero, a pesar de todo, en la pregunta planteada tiene que haber algo que sea correcto. Ciertamente, tiene que haber algún género de castigo y recompensa éticos, pero éstos tienen que residir en la propia acción. (Y es claro también que la recompensa tiene que ser algo agradable y el castigo algo desagradable.) [...]
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14.04.08 @ 08:23:35. Archivado en Rayos de luz
“Con el paso de los años he observado que las personas más sabias, inteligentes y cultas son las más sencillas, humildes y de trato más cálido y humano. Y las menos inteligentes y sabias son las más soberbias y altaneras. Estas últimas se creen superiores a sus semejantes y con derecho a dirigirlos y humillarlos venido el caso. Es asqueante ver a ese tipo de personalidades en cualquier lugar, pero principalmente en la política y la educación. Son una lacra para nuestra sociedad, nuestro medio ambiente, nuestra evolución y nuestra dignidad. Porque de zarzas está plagada nuestra sociedad, y yo voy a pegar fuego a todas las zarzas del mundo con la palabra. Y voy a abrazar, cuidar y dar las gracias a los hermosos, humildes y útiles árboles que nos dan tan generosamente sus frutos, sombra y oxígeno, allí dónde estén.”

“Una mente pura detesta imponerse a sus semejantes y, al igual que Washington, considera que la honradez es siempre la mejor política”.
Con el paso de los años he observado que las personas más sabias, inteligentes y cultas son las más sencillas, humildes y de trato más cálido y humano. Y las menos inteligentes y sabias son las más soberbias y altaneras. Estas últimas se creen superiores a sus semejantes y con derecho a dirigirlos y humillarlos venido el caso.
Es asqueante ver a ese tipo de personalidades en cualquier lugar, pero principalmente en la política y la educación. Son una lacra para nuestra sociedad, nuestro medio ambiente, nuestra evolución y nuestra dignidad.
He copiado en favoritos este texto, porque me parece magistral todo su contenido. Son pensamientos que siempre me han acompañado y ahora encuentran una forma de expresión sublime en este texto, que leeré una y mil veces (lo he copiado en favoritos). Y cada vez que me tope con algún personajillo, muy abundantes por desgracia, en nuestra actual sociedad, lo recordaré para no deprimirme y para sentirme menos sola.
También me voy a aprender de memoria este pasaje de la Biblia, para que jamás se me olvide y venido el caso recitárselo a quien corresponda:
“Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.”
Porque de zarzas está plagada nuestra sociedad; y yo, que, a estas alturas, de santa tengo muy poco y la lengua con el paso de los años se me está soltando, sin freno ni vergüenza, ante los personajillos, voy a pegar fuego a todas las zarzas del mundo con la palabra. Y voy a abrazar, cuidar y dar las gracias a los hermosos, humildes y útiles árboles que nos dan tan generosamente sus frutos, sombra y oxígeno, allí dónde estén.
Gracias por este magnífico artículo.
Mª DOLORES MARTÍNEZ, en FILOSOFÍA DIGITAL
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11.04.08 @ 12:15:51. Archivado en Mundo Libre
“Gran parte del orden que reina en la humanidad no es efecto del gobierno. Tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existía antes que el gobierno, y existiría si se aboliera el formulismo del gobierno. Cuando más perfecta sea la civilización, menos necesidad tiene de gobierno, pues más regula sus propios asuntos y se rige sola. Pero ¡cuán a menudo se ve a la sociedad perturbada o destruida por las actuaciones del gobierno! Una de las grandes ventajas de la Revolución Americana ha sido que llevó a un descubrimiento de los principios, y reveló los engaños, de los gobiernos. Hasta entonces, todas las revoluciones se habían realizado dentro de un ambiente de palacio, y nunca en el grande ámbito de una nación. Los participantes en ellas pertenecían siempre a la clase de los cortesanos, y por muy rabiosamente que desearan la reforma, mantenían cuidadosamente el fraude de la opresión. En ningún caso dejaban de representar al gobierno como algo lleno de misterios, que no entendían más que ellos mismos, y escondían a la comprensión de la nación lo único que era beneficioso saber, esto es, que el gobierno no es sino una asociación nacional que actúa conforme a los principios de la sociedad.”

Gran parte del orden que reina en la humanidad no es efecto del gobierno. Tiene su origen en los principios de la sociedad y en la constitución natural del hombre. Existía antes que el gobierno, y existiría si se aboliera el formulismo del gobierno. La dependencia mutua y el interés recíproco que el hombre tiene respecto del hombre, y todas las partes de la comunidad civilizada de unas respecto a las otras crean esa gran cadena de conexión que la mantiene unida.
LA SOCIEDAD HACE POR SÍ MISMA CASI TODO LO QUE SE ATRIBUYE AL GOBIERNO
El terrateniente, el agricultor, el fabricante, el comerciante, el hombre de negocios y todas las ocupaciones prosperan gracias a la ayuda que cada uno recibe del otro, y del todo.El interés común regula sus preocupaciones y forma su ley, y las leyes que ordena el uso común tienen mayor influencia que las leyes del gobierno. En fin, la sociedad hace por sí misma casi todo lo que se atribuye al gobierno.
Para comprender la naturaleza y la cantidad de gobierno adecuado para el hombre es necesario atender al carácter de éste. Como la naturaleza lo destinó a la vida social, lo capacitó para la condición que se proponía. En todos los casos hizo que sus necesidades naturales fueran mayores que sus facultades individuales. Ningún hombre puede, sin la ayuda de la sociedad, satisfacer sus propias necesidades, y esas necesidades, al actuar sobre el individuo, impelen a todos ellos hacia la sociedad, con la misma naturalidad con que la gravitación actúa respecto del centro.
Pero ha ido más allá. No sólo ha obligado al hombre a entrar en la sociedad mediante toda una variedad de necesidades que se pueden satisfacer mediante la ayuda recíproca de unos a otros, sino que además ha implantado en él un sistema de afectos sociales que, pese a no ser necesarios para su existencia, son indispensables para su felicidad. No hay período de su vida en que deje de intervenir su amor a la sociedad. Este comienza y termina con nuestro ser.
Si examinamos atentamente la composición y la constitución del hombre, la diversidad de talentos en diferentes hombres para adaptarse recíprocamente los unos a las necesidades de los otros, su propensión a la sociedad, y en consecuencia a conservar las ventajas que se derivan de ella, descubriremos fácilmente que una gran parte de lo que se llama gobierno es mero engaño.
El gobierno no es necesario más que para atender a los pocos casos en que la sociedad y la civilización no tienen bastante competencia, y no faltan ejemplos que demuestren que todo lo que el gobierno puede añadir a esas competencias es algo que se ha venido haciendo mediante el consentimiento común de la sociedad, sin gobierno.
Durante más de dos años a partir del comienzo de la guerra de América, y un período más largo en varios de los Estados americanos, no hubo formas establecidas de gobierno. Los gobiernos antiguos se habían abolido, y el país estaba demasiado ocupado en defenderse para dedicar su atención a establecer nuevos gobiernos; sin embargo, durante este intervalo se mantuvieron un orden y una armonía tan inviolables como en cualquier país de Europa.
Existe una aptitud natural en el hombre, y más aún en la sociedad, porque abarca una necesidad mayor de necesidades y recursos, para adaptarse a cualquier situación en la que se encuentre. En el momento en que queda abolido el gobierno formal, empieza a actuar la sociedad: se produce una asociación natural, y el interés común produce la seguridad común. […]
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“El verdadero sabio no tiene nada que realizar: su vida no le importa ni más ni menos que la de otro. Se contenta con vivirla, y encuentra en ello verdadero contento, que es la única sabiduría verdadera. La sabiduría, la verdadera sabiduría, no es un seguro a todo riesgo, ni una panacea, ni una obra de arte. Es el reposo, pero alegre y libre, en la verdad. ¿Es un saber? Desde luego. Pero un saber vivir. Se puede reconocer en una cierta serenidad, pero todavía más en una cierta alegría, una cierta libertad, una cierta eternidad y un cierto amor… Sabio es quien no tiene necesidad, para ser feliz, de mentirse, ni de contarse cuentos, ni siquiera de tener suerte. Se diría que se basta a sí mismo, y por eso es libre. Pero la verdad es que se basta con todo, o que todo le basta. Eso le distingue del ignorante, para quien todo no es nunca suficiente. Porque el ignorante quiere tomar, poseer y conservar, mientras que el sabio se contenta con conocer, gustar y alegrarse.”

Sabiduría es el ideal de una vida lograda: no porque uno hubiera triunfado en la vida, lo que sería arribismo, sino porque habría realizado su propia vida. Es, desde los griegos, la finalidad de la filosofía. Sin embargo, sólo es un ideal, del que también importa liberarse.
El verdadero sabio no tiene nada que realizar: su vida no le importa ni más ni menos que la de otro. Se contenta con vivirla, y encuentra en ello verdadero contento, que es la única sabiduría verdadera. “Por mí, amo la vida”, decía Montaigne. Por eso era sabio: porque no esperaba a que la vida fuera amable (fácil, agradable, lograda…) para amarla.
¿Cuestión de temperamento? ¿Cuestión de doctrina? Sin duda, un poco de los dos. Uno está más o menos dotado para la vida, uno es más o menos sabio; los que están menos dotados tienen más necesidad de filosofar (de eso sé algo). Pero nadie es absolutamente sabio, ni enteramente: todos tienen necesidad de filosofar, aunque no fuera más que para desprenderse de la propia filosofía.
¿Y de la sabiduría? Por supuesto: sólo se alcanza a condición de dejar de creer en ella. Un coágulo o un virus son suficientes para volver demente al hombre más sabio del mundo. O una pena más fuerte que las otras y que su sabiduría. Lo sabe, y de antemano lo acepta. Sus fracasos no son menos ciertos que sus éxitos. ¿Por qué habrían de ser menos sabios?
La sabiduría, la verdadera sabiduría, no es un seguro a todo riesgo, ni una panacea, ni una obra de arte. Es el reposo, pero alegre y libre, en la verdad. ¿Es un saber? Éste es, en efecto, el sentido de la palabra, tanto entre los griegos (sophia) como entre los latinos (sapientia). Pero es un saber muy particular. “La sabiduría no puede ser ni una ciencia ni una técnica”, decía Aristóteles: se fundamenta menos en lo que es verdadero o eficaz que en lo que es bueno, para sí y para los demás. ¿Un saber? Desde luego. Pero un saber vivir...
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04.04.08 @ 18:10:36. Archivado en Mundo Libre
“La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica. La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar. La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. El gobierno fundado en una teoría moral, en un sistema de paz universal, en los invencibles y hereditarios Derechos del Hombre, no interesa a individuos determinados, sino a las naciones en su progreso, y promete una nueva era a la raza humana.”

Cabría aplicar a la razón y la libertad lo que dijo Arquímedes de las fuerzas mecánicas: “Dadme un punto de apoyo”, dijo, “y levantaré el mundo”.
LA LIBERTAD PERSEGUIDA ES CONSIDERADA REBELIÓN Y LA ESCLAVITUD DEL TEMOR PRODUCE EN LOS HOMBRES MIEDO A PENSAR
La revolución de América realizó en la política lo que no era sino teoría en la mecánica. Tan arraigados estaban los gobiernos del viejo mundo, y tan efectivamente se había establecido la tiranía y la antigüedad de la costumbre sobre la mente, que no podía hacerse un comienzo en Asia, África ni Europa para reformar la condición política del hombre. La libertad estaba perseguida en todo el globo, a la razón se la consideraba rebelión, y la esclavitud del temor había hecho que los hombres tuvieran miedo a pensar.
Pero tal es la irresistible naturaleza de la verdad que todo lo que pide, y lo único que necesita, es la libertad de aparecer. El sol no necesita de inscripción alguna para distinguirse de la noche, y bastó con que los gobiernos americanos empezaran a exhibirse al mundo para que el despotismo se sintiera sacudido y el hombre empezara a esperar el desagravio.
La independencia de América, considerada meramente como separación de Inglaterra, hubiera sido cuestión de escasa importancia si no hubiera ido acompañada de una revolución en los principios y en la práctica de los gobiernos. Se irguió no sólo en su propia defensa, sino en la del mundo, y miró más allá de los beneficios que ella misma pudiera recibir. Incluso el mercenario de Hesse, pese a estar contratado para combatir contra ella, puede vivir para bendecir su propia derrota, e Inglaterra, que condena la maldad de su gobierno, celebrar su propio aborto.
Al igual que América era el único lugar del mundo político donde podía comenzar el principio de la reforma universal, también era el mejor del mundo natural. Una concatenación de circunstancias conspiró no sólo para darle nacimiento, sino para añadir una gigantesca madurez a sus principios. El escenario que expone este país a los ojos de un espectador contiene algo que genera y alienta las grandes ideas. La naturaleza se le aparece en toda su magnitud. Los grandiosos objetos que contempla actúan sobre su mente ampliándola, y comparte la grandeza que contempla.
Quienes primero se asentaron en ella fueron emigrantes de diferentes naciones europeas, y que profesaban diversas religiones, que escapaban a las persecuciones gubernamentales del viejo mundo y se reunían en el nuevo no como enemigos, sino como hermanos. Los problemas que necesariamente acompañan al cultivo de tierras nuevas produjeron en ellos un estado de la sociedad que los países tanto tiempo hostigados por las peleas y las intrigas de los gobiernos habían olvidado cultivar. […]
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“La superstición científica conlleva ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que hasta la superstición religiosa resulta ennoblecida. El progreso científico ha hecho nacer la creencia expectante en un nuevo tipo de Mesías que convertirá esta tierra en el país de Jauja; como si las fuerzas de la naturaleza, sin que intervenga la fatiga humana, sino por obra de mecanismos cada vez más perfeccionados, fuera a dar a la sociedad, y en abundancia, todo lo necesario para satisfacer sus necesidades y vivir cómodamente. Hay que combatir esta infatuación, pues la fe abstracta y supersticiosa en la fuerza taumatúrgica del hombre lleva paradójicamente a esterilizar las bases mismas de la fuerza humana y contribuye a destruir todo amor por el trabajo concreto y necesario, como si se hubiera fumado una nueva especie de opio. “
Hay que notar que junto a la más superficial infatuación por la ciencia existe en realidad la mayor de las ignorancias respecto de los hechos y de los métodos científicos, cosas amabas muy difíciles y que cada vez tienden a serlo más por la progresiva especialización en los nuevos campos de investigación.

La superstición científica conlleva ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que hasta la superstición religiosa resulta ennoblecida. El progreso científico ha hecho nacer la creencia expectante en un nuevo tipo de Mesías que convertirá esta tierra en el país de Jauja; como si las fuerzas de la naturaleza, sin que intervenga la fatiga humana, sino por obra de mecanismos cada vez más perfeccionados, fuera a dar a la sociedad, y en abundancia, todo lo necesario para satisfacer sus necesidades y vivir cómodamente.
Hay que combatir esta infatuación, cuyos peligros son evidentes, pues la fe abstracta y supersticiosa en la fuerza taumatúrgica del hombre lleva paradójicamente a esterilizar las bases mismas de la fuerza humana y contribuye a destruir todo amor por el trabajo concreto y necesario, como si se hubiera fumado una nueva especie de opio.
Y hay que combatirla con varios medios, de los cuales el más importante debería ser: facilitar un mejor conocimiento de las nociones científicas esenciales. Para ello lo que conviene es que el trabajo de divulgación de la ciencia lo hagan los propios científicos y estudiosos serios, y no periodistas sabelotodo o autodidactas presuntuosos.
En realidad, como se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una superior hechicería y por eso no se logra valorar de manera realista lo que la ciencia ofrece en concreto.
ANTONIO GRAMSCI, Cuaderno 11. Para la reforma intelectual y moral, selección de Francisco Fernández Buey. Los Libros de la Catarata, 1998.
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28.03.08 @ 12:06:08. Archivado en Rayos de luz
“Simplemente, ¡no puedo entenderlo! ¿Qué dios demente será la causa de esta desatinada orgía? Tal vez, después de todo, haya algo grande más allá de mis hileras de guijarros… Dentro de los confines de mis guijarros está la fea realidad. Y aquello que yo tomaba por algo grande, no es nada más que un sueño.”

He aquí nuestro callejón empedrado. Como si estuviera empeñado en alguna búsqueda, se vuelve ora hacia la derecha, ora hacia la izquierda. Pero, hacia donde sea que doble el callejón, siempre hay una casa enfrente.
Cada vez que mira fugazmente hacia arriba, no ve más que una franja de cielo, tan estrecha y retorcida como él mismo.
Un día, el callejón preguntó a la franja de cielo:
-Hermana, ¿en qué ciudad azul eres una senda?
A mediodía, apenas durante un instante, el callejón ve el sol y dice para sus adentros:
-Simplemente, ¡no puedo entenderlo!
La melancólica sombra de las nubes del monzón se hace más profunda entre las dos hileras de casas. Un torrente de lluvia se precipita a lo largo del empedrado, y los chaparrones de julio tamborilean, como tamborilea un encantador de serpientes para hacer danzar a sus sierpes. El suelo se pone resbaladizo, los paraguas se enmarañan; súbitamente, desde los canalones del tejado, el agua se derrama sobre los paraguas y sobresalta a todo el mundo.
-El tiempo era seco y todo andaba bien; ¿a qué viene este atropello sin sentido?- cuestiona azorado el callejón.
En la primavera, cuando el viento del Sur corre a lo largo de él, desaforadamente, haciendo volar papeles, lo convierte en un perfecto infierno.
Totalmente perplejo, el callejón se pregunta:
-¿Qué dios demente será la causa de esta desatinada orgía?
¡El callejón sabe que todos los desechos que día tras día se amontonan a lo largo de él -escamas de pescado, ceniza de las cocinas, restos de verduras, ratones muertos- son materia, real y sólida! Jamás se le ocurre preguntar por error:
-¿A qué viene todo esto?
Sin embargo, cuando el sol de otoño atraviesa oblicuamente el terrado, y se oye sonar la campana del templo, durante un momento el callejón piensa:
-Tal vez, después de todo, haya algo grande más allá de mis hileras de guijarros.
Entretanto las horas pasan; el reloj da las nueve. La criada vuelve a casa con las cosas que ha comprado para cocinar. El callejón se siente ahogado por el humo y los olores de la cocina. Los que tienen que acudir a sus despachos comienzan a afanarse. Entonces, una vez más, el callejón reflexiona:
-Dentro de los confines de mis guijarros está la fea realidad. Y aquello que yo tomaba por algo grande, no es nada más que un sueño.
RABINDRANAZ TAGORE, Lipika, 1921. Editorial Pomaire, 1981. Traducción de Marta I. Guastavino.
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“No olvide nunca el poder mágico de su nombre, y todo lo que representa para una élite de Europa. Sin duda, os conoce imperfectamente, mediante traducciones insuficientes (¿quién nos conoce verdaderamente, incluso entre los que están más en contacto con nosotros mismos?). Pero hay algo más importante que el efecto directo de las obras, y es su “olor”: esos misteriosos efluvios de un alma impregnada de Dios. Hay una multitud de poetas que son leídos y cuyo arte es admirado. Pero muy pocos irradian esa magia, que despierta y exalta las fuerzas de la Vida. Usted es uno de esos genios buenos. Ojalá pueda usted aún, durante mucho tiempo, ayudar y guiar a los libres peregrinos en el camino difícil de la justicia y de la verdad…, o, como decían los griegos, de lo bello y de lo bueno.”
Querido y gran amigo:
Continúa estando con nosotros. Aunque cada día de viaje le aleje, conservamos aquí el calor de su paso, la luz afectuosa de su mirada y su querida conversación. Le damos tiernamente las gracias por habernos concedido esas doce dellas jornadas. Ahora forman parte del más precioso tesoro de nuestra vida.

Hubiera querido mostrarle mejor nuestro afecto. No poderle hablar directamente en su lengua era una molestia. Por muy fiel y discretamente que la hermana Magdalena tradujera nuestras palabras, no podían tener la misma intimidad que en un tête-à-tête (frente a frente). Este problema de la necesidad de una lengua común domina todos nuestros esfuerzos de acercamiento universal.
Continúo hablando con usted, en silencio. Le sigo en su larga peregrinación en busca de espíritus fraternales. Los mejores son, a menudo, los más difíciles de alcanzar, los que quedan a un lado, silenciosos, concentrados. Su proyecto de regresar, otro año, y de fijar su residencia durante unos meses en un país es, creo yo, lo mejor para hacerlos confluir hacia usted.
No olvide nunca el poder mágico de su nombre, y todo lo que representa para una élite de Europa. Sin duda, os conoce imperfectamente, mediante traducciones insuficientes (¿quién nos conoce verdaderamente, incluso entre los que están más en contacto con nosotros mismos?). Pero Duhamel justamente me decía, hace algunos días, que hay algo más importante que el efecto directo de las obras, y es su “olor”: esos misteriosos efluvios de un alma impregnada de Dios.
Hay una multitud de poetas que son leídos y cuyo arte es admirado. Pero muy pocos irradian esa magia, que despierta y exalta las fuerzas de la Vida. Usted es uno de esos genios buenos. Ojalá pueda usted aún, durante mucho tiempo, ayudar y guiar a los libres peregrinos en el camino difícil de la justicia y de la verdad…, o, como decían los griegos, de lo bello y de lo bueno.
¡Cuídese! Tememos por su salud en el invierno americano. Le expresamos nuestra cordial amistad por todos los que le acompañan: a vuestro hijo, al señor y la señora Mahalonobis. Y a usted, nuestro profundo y agradecido afecto.
Vuestro, Romain Rolland.
Carta a Rabindranaz Tagore. Villeneuve, 8 de julio de 1926.
ROMAIN ROLLAND, Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.
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“No hay rectitud de ideas y de carácter que valga nada, que a la más ligera manifestación no sea combatida en los editoriales, ridiculizada y arrastrada por el fango por los héroes de la pluma, en nombre del amor a la patria y a otros ideales. Cuando contemplo la poesía y la espiritualidad de hoy no me asusta en absoluto su bajo nivel, porque sé: los mejores están callados. Intuyen que no tiene ningún valor intervenir escribiendo y chillando, o siquiera defender sus bienes. Siguen los acontecimientos con el interés que exige a diario su triste grandeza; pero la mayoría no tiene ya la ilusión que un poeta, de pronto politizado, vaya a mejorar esencialmente los asuntos públicos. La politización de los poetas no vale nada. Un poeta no ha de amar al público, sino a la humanidad (cuya parte mejor no lee sus obras, pero las necesita). Un poeta no debe convertirse en periodista o en hombre de partido por amor a la patria; ni debe mezclarse con los abastecedores de material de guerra por muy seductor que pueda ser comercialmente. Ni por él mismo ni por su pueblo está obligado a hacer cosas a las que nada le obliga.”

Cuando usted pide a un poeta que dé noticias de sí mismo, no espera de él un informe. Verdaderamente yo no tengo nada que informar. Mis líneas podrían venir de Sirio o de Berna o de alguna lejana isla perdida.
NO HAY RECTITUD DE IDEAS Y DE CARÁCTER QUE NO SEA COMBATIDA POR LOS HÉROES DE LA PLUMA EN NOMBRE DEL AMOR A LA PATRIA Y A OTROS IDEALES
En estas islas vivimos nosotros ahora, los poetas. No todo el mundo es capaz de hacer oír sus poemas y pensamientos entre cañones y partes de guerra.
A esto se añade la experiencia que casi toda persona decente ha hecho durante la guerra: no hay rectitud de ideas y de carácter que valga nada, que a la más ligera manifestación no sea combatida en los editoriales, ridiculizada y arrastrada por el fango por los héroes de la pluma, en nombre del amor a la patria y a otros ideales. Durante algún tiempo parecía que el odio era la fórmula prescrita, y el salvaje fanatismo el comportamiento actualmente prescrito; quien no era capaz de ambos estaba excluido.
Sé que las cosas ya no son así, y si recuerdo aquellos tiempos de inaudita falta de libertad de expresión y de pensamiento no es por razones sentimentales. Por el contrario, lo poco que entonces arrojaron sobre mi persona no sólo hace tiempo que ya no duele, sino que incluso fue saludable y dio frutos.
Entre ellos, que me deshabitué de la necesidad de hablar. Entre nosotros estaba en boga sobrestimar a los poetas, en el sentido de que se les pedía en todo tipo de ocasiones su apreciada opinión y se creía necesario leer de cuando en cuando sus estimables nombres en los periódicos. Hasta qué punto esta amabilidad correspondía por otra parte a un completo desconocimiento y desprecio de la poesia por parte de la mayoría de nuestros círculos cultos, lo sospechábamos todos un poco, pero ninguno quería admitirlo.
En vez de vivir en buhardillas, comer cortezas de pan y escupir sobre las cabezas de los burgueses, los poetas nos habíamos convertido en señores agradables que casi podían aparecer en sociedad y que formulaban frases ingeniosas sobre las cuestiones del día, algún chiste y alguna leve y graciosa ironía.
Si algo me hubiese podido inducir jamás a participar durante un solo instante en el ridículo y blasfemo sermoneo de los pedantes de biblioteca sobre la grandeza de los tiempos de guerra, sería este despertar, estos remordimientos, esta súbita escisión respecto al mundo de los pedantes, con los que en general me había entendido pasablemente.
Esto valía la pena, era vital y profunda experiencia: reconocer que no habíamos sabido dónde estábamos, que habíamos desempeñado un papel, que con toda inocencia nos habíamos puesto al servicio de una “cultura” que en el fondo nos resultaba despreciable y negrera. Por ejemplo, nos dejamos decir por críticos y redactores lo importante que era nuestra misión de predicar al mundo de los lectores la naturaleza, y al hacerlo apenas notábamos que no sólo éramos engañados, sino que también estábamos a punto de engañar.
En suma, también en nosotros se notaba la “paz podrida”. Pero ahora todo eso está destruido. Cuando contemplo la poesía y la espiritualidad de hoy no me asusta en absoluto su bajo nivel, porque sé: los mejores están callados. Viven en islas perdidas, separados de las masas y del tono del día por las distancias de siglos de desarrollo. Intuyen que no tiene ningún valor intervenir escribiendo y chillando o siquiera defender sus bienes. Siguen los acontecimientos con el interés que exige a diario su triste grandeza; pero la mayoría no tiene ya la ilusión que un poeta, de pronto politizado, vaya a mejorar esencialmente los asuntos públicos.
La politización de los poetas no vale nada. Al contrario, estamos más ávidos que nunca de islas lejanísimas de Robinson, donde florezcan nuestros sueños y pueda desplegarse nuestro amor a los hombres en vez de ser maltratado, en vez de trabajar a medias en otros terrenos, en vez de digerir para el querido lector las experiencias del día vividas. No interesa el querido lector. No interesan los poetas como charlistas amablemente tolerados o como figuras paternales que aleccionan noblemente: son una invención del público.
UN POETA NO HA DE AMAR AL PÚBLICO, SINO A LA HUMANIDAD, Y NO PUEDE CONVERTIRSE EN PERIODISTA U HOMBRE DE PARTIDO
Un poeta no ha de amar al público, sino a la humanidad (cuya parte mejor no lee sus obras, pero las necesita). Un poeta no debe convertirse en periodista o en hombre de partido por amor a la patria; ni debe mezclarse con los abastecedores de material de guerra por muy seductor que pueda ser comercialmente. El poeta debe vivir su época, no intentar explotarla sin haberla vivido aún; ni por él mismo ni por su pueblo está obligado a hacer cosas a las que nada le obliga.
Mientras fuera se suceden las ofensivas, en los países neutrales se celebra un certamen implacable, pero pacífico, cuya meta consiste en ganar simpatías y demostrar la superioridad de la patria. Orquestas y compañías de teatro, directoras de orquesta y actores alemanes y franceses, ballets rusos, exposiciones de pintura y de artesanía son utilizados para impresionar al extranjero.
Si la música alemana que dirige Strauss y los textos que monta Reinhardt en el extranjero no se encontraran muy por encima del nivel de la guerra y de la época, podrían volverse a casa, cubiertos de ridículo. Las cosas buenas que podemos mostrar en el arte y la poesía no han nacido de una capacidad de adaptación barata, ni de un feliz sentido de la oportunidad, sino del carácter y de la necesidad, en su mayor parte en la resistencia y la guerra contra el presente y sus exigencias niveladoras.
Ustedes quizá me escuchen asombrados y por fin pregunten: “Bueno, muy bien, pero ¿por qué decir todo eso? ¿Para qué escribir un artículo literario? ¿Por qué no callar?”
Tienen ustedes razón. Sin embargo, estamos en guerra, y si hoy emprendo alguna cosa pública, siempre estará relacionada con la guerra. Si como poeta rechazo someterme a las exigencias de una época con escasos vuelos intelectuales, puedo a pesar de todo hacer mi trabajo como persona, como número y como soldado. Y este trabajo me importa mucho, no sólo porque es patriótico, sino porque es necesario y vital.
Así como un predicador ambulante, en cada ocasión que reúne gente a su alrededor, repite sus sermones y pasa su hucha, así tengo yo que recordar, en cada ocasión que se me ofrece, el trabajo que me ha impuesto la guerra. Es un trabajo muy pequeño, como la última rama en un gran árbol. Pero es necesario, hace bien y ayuda a salvar hombres.
¡Ayudadnos en esta tarea! Dadnos dinero, dadnos buenos libros… Día a día nos llegan deseos acuciantes de prisioneros, a los que no podemos hacer frente con nuestros medios… Muchos han colaborado y a muchos les estamos agradecidos. También a aquel que sólo mete un par de buenos libros en un paquete y nos lo manda. Pero tienen que colaborar aún más, la necesidad crece…
Y si este ruego logra atraer nueva participación activa, mi saludo desde Berna no habrá sido escrito en vano. El poeta movilizado para el servicio de prisioneros intenta movilizar en la patri nuevos corazones, nuevas bolsas de dinero para sus protegidos. Y así el poeta ha vuelto a establecer una relación intachable con la opinión pública.
HERMANN HESSE, Saludos desde Berna, 1917. Biblioteca Hesse, Alianza Editorial, 2004. Traductor: Anton Dietrich.
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“Es el aislamiento moral, constante e invisible fardo para el espíritu, lo que más me oprime. Me gustaría que fuera posible unir mis manos a las de Mahatma Gandhi y abandonarme así a la corriente de aprobación popular. Pero no puedo ocultarme a mí mismo por más tiempo que nuestro concepto y nuestra búsqueda de la Verdad se oponen totalmente. En la actualidad, no estar de acuerdo con el Mahatma Gandhi y encontrar, no obstante, algún apoyo en la India, es imposible. (R. T.)” “Este es, sin duda, el destino de los que hablan al universo, de los que no se encierran en los límites estrechos de la pequeña patria. Se es demasiado grande para esto. Su simple presencia molesta a los habitantes del cercado. Nosotros, los hombres que estamos “por encima de los combates”, somos los mayores combatientes, los combatientes eternos. Nuestra batalla ignora el compromiso, la tregua o el tratado. No tiene otra victoria, ni otra paz a esperar, que la victoria y la paz interiores. Nuestro universo está en nosotros. Somos nosotros mismos quienes debemos descubrir las leyes de la divina Armonía. (R. R.)”
UNA GRAN SUBLEVACIÓN POLÍTICA HA DESPERTADO LOS ESPÍRITUS, PERO LAS ASPIRACIONES DEL PUEBLO SE HAN MEZCLADO CON MALAS PASIONES
Muy querido amigo:

Hace dos semanas recibí una carta de mi amigo Kalidas Nag, informándome de vuestro encuentro; su carta ha seguido a la de él y me ha causado gran placer. He hablado a menudo de usted a mis amigos, esperando que pudiera venir a ayudarnos en la tarea que acabamos de iniciar.
Nuestro país, como usted sabe, ha sido teatro de una gran sublevación política. Esto, sin ninguna duda, ha despertado los espíritus, pero ha llevado al pueblo a un callejón sin salida; insistiendo sin cesar en los males que nos han sido causados y despreciando las culturas extranjeras, las aspiraciones del pueblo se han mezclado con malas pasiones.
Lo que me hiere profundamente es que ese movimiento no ha conseguido inspirarse en una amplia visión de humanidad, sino que, al contrario, ha tratado deliberadamente de eclipsar esta visión en el espíritu de sus adversarios, con objeto de incitar la ardiente conciencia de la individualidad nacional.
A mi regreso a la India, he comprendido la extrema soledad de mi posición, y he experimentado el deseo de cooperar con hombres como usted, por quienes experimento una especie de parentesco espiritual. Esperaré el momento en que usted tenga la posibilidad de venir aquí y le ruego que no piense que la diferencia de lenguas puede ser un obstáculo insuperable para la comunión de nuestros corazones. […]
Su devoto amigo, R. T. [Carta a Romain Rolland. Santiniketan, 30 de mayo de 1922]
ESTAMOS AISLADOS EN NUESTRO PROPIO PAÍS, PERO LLEVAMOS EN NOSOTROS MISMOS A NUESTRO DIOS Y NUESTRA LIBRE CREACIÓN
Querido amigo:
Acabo de terminar un ensayo bastante largo sobre el Mahatma Gandhi, según los volúmenes de los artículos de Young India. Los haré publicar en la revista “Europa”, así como en varias otras revistas, alemanas y rusas. Sin compartir todas las ideas de Gandhi, que me parecen un tanto demasiado medievales (sobre todo, las de sus discípulos, como el profesor Kalelkar, cuyo “Evangelio de Swadeshdi” quisiera encerrar a la India dentro de las murallas de un claustro) he llegado a concebir, hacia la misma persona de Gandhi, por su gran corazón hirviendo de amor, un amor y una veneración infinitas.
En un capítulo de mi ensayo, me he permitido recordar, según los admirables artículos publicados por usted, la posición que usted adoptó ante Gandhi, y el noble debate de ideas que se cruzó entre ustedes. Los más altos ideales humanos concurren; diríase que se trata de la controversia entre un san Pablo y un Platón. Pero, al transportarse a la India, esos horizontes se han ampliado. Recubren toda la tierra y la humanidad entera toma parte en esta augusta “Disputa” (en el sentido sereno que a esta palabra da el fresco célebre de Rafael en los Stanze del Vaticano). En mi conclusión os muestro unidos en el sentimiento de la Belleza (e incluso de la necesidad fecunda), del sacrificio de sí mismo por el amor.
Espero le será agradable saber que su pensamiento es el que siento más próximo al mío, actualmente, en el mundo, y que el Alma de la India, tal como se expresa a través de su luminoso espíritu y del ardiente corazón de Gandhi, es, para mí, una patria más vasta, cuyos miembros se desligan de las cuerdas que les han inmovilizado, de la fanática Europa.
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“El parasitismo, se base sobre la fuerza o sobre la debilidad, engendra el envilecimiento. Nosotros que, con nuestro ciego orgullo de casta, hemos privado al hombre de los derechos y del respeto que le son debidos, sufrimos ahora el castigo, y en vez de una viva corriente espiritual a través de nuestra sociedad, no hemos conservado más que el árido lecho de arena de costumbres superadas. Y parece que se acerca el tiempo en que el alma de la civilización europea también quedará seca por ese afán del beneficio que aumenta sin cesar en sus comerciantes y sus políticos…, a menos que Europa tenga la sabiduría y la fuerza de cambiar no sólo de sistema, sino sobre todo de espíritu. A ese respecto, debe usted saber que en el Asia actual las cosas del espíritu y todos los medios de expresión están desorganizados. Nuestros espíritus están desunidos, nuestros pensamientos dispersos. Los compatriotas que pueden hablar no se ocupan más que de una política de mendicidad y de periodismo mezquino. La estrechez de sus perspectivas tiende a minimizar la mayor parte de nuestros esfuerzos y a ocuparse de nuestros objetivos demasiado inmediatos. Tenemos una gran necesidad de una llamada exterior que nos haga tomar conciencia de nuestra misión.”
Querido Romain Rolland:

Esperaba poder volver a Europa y encontrarle, pero la atmósfera es turbulenta, y toda clase de sufrimientos se han acumulado sobre nuestro país, por lo que me es difícil abandonarlo justamente ahora.
EL PARASITISMO, SE BASE SOBRE LA FUERZA O SOBRE LA DEBILIDAD, ENGENDRA EL ENVILECIMIENTO
Me aflige pensar que es difícil encontrar, un lugar del vasto continente asiático donde los hombres hayan llegado a experimentar una verdadera amistad por Europa. El gran acontecimiento que fue el encuentro de Oriente y Occidente ha sido viciado por el desprecio del uno y, en respuesta, el odio del otro.
La razón es que fue un sentimiento de lucro lo que atrajo a los europeos hacia Asia, ya que se mantienen aquí por la amenaza de la coacción física. Esto impide que las relaciones entre nosotros lleguen a ser verdaderamente humanas convirtiéndolas en degradantes para unos y otros.
El parasitismo, se base sobre la fuerza o sobre la debilidad, engendra el envilecimiento. Nosotros que, con nuestro ciego orgullo de casta, hemos privado al hombre de los derechos y del respeto que le son debidos, sufrimos ahora el castigo, y en vez de una viva corriente espiritual a través de nuestra sociedad, no hemos conservado más que el árido lecho de arena de costumbres superadas.
Y parece que se acerca el tiempo en que el alma de la civilización europea también quedará seca por ese afán del beneficio que aumenta sin cesar en sus comerciantes y sus políticos…, a menos que Europa tenga la sabiduría y la fuerza de cambiar no sólo de sistema, sino sobre todo de espíritu.
LOS COMPATRIOTAS QUE PUEDEN HABLAR NO SE OCUPAN MÁS QUE DE UNA POLÍTICA DE MENDICIDAD Y DE PERIODISMO MEZQUINO
Su proyecto de una revista de Asia y Europa, en la cual escritores de Oriente y Occidente podrían intercambiar sus tesoros de pensamiento, de arte, de ciencia y de fe, me seduce mucho. Estoy seguro de que despertará el interés de los espíritus cultivados de nuestra parte del mundo.
A ese respecto, debe usted saber que en el Asia actual las cosas del espíritu y todos los medios de expresión están desorganizados. Nuestros espíritus están desunidos, nuestros pensamientos dispersos. Los compatriotas que pueden hablar no se ocupan más que de una política de mendicidad y de periodismo mezquino.
La gran pobreza que dificulta nuestra existencia y la estrechez de sus perspectivas tiende a minimizar la mayor parte de nuestros esfuerzos y a ocuparse de nuestros objetivos demasiado inmediatos. Tenemos una gran necesidad de una llamada exterior que nos haga tomar conciencia de nuestra misión.
Hasta ahora la altanera Europa no ha buscado más que nuestros homenajes y no ha obtenido de los hombres más que lo más insignificante y lo peor. Pero si vuestra revista viene de Europa para apelar a nuestros mejores pensamientos, podemos espera que encuentre buena acogida.
Vuestro, Rabindranaz Tagore.
RABINDRANAZ TAGORE, Carta a Romain Rolland. Bengala, India, 14 de octubre de 1919. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.
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“Se ha hecho costumbre en Alemania que los muchachos, que aún no se han convertido en hombres, que ni siquiera saben leer aún, se pongan una chaqueta y una gorra, se declaren miembros de un partido, y en seguida participen de la vida pública. Gritan y tiran abajo su patria, hacen de sí mismos y de su pueblo objeto de burla del mundo. Cada uno de ellos es un delincuente estatal, pues ha eludido y traicionado el deber de ser alguien, de aprender algo, de convertirse en hombre y aprender a pensar de forma independiente, para correr prematuramente y con altanería tras cometidos que no le incumben. Por su parte, los otros alemanes podrían ayudar a su pueblo si aspirasen en su trabajo y en su ideología a una mayor corrección y responsabilidad en lugar de matarse a golpes entre sí y jugar a los bandidos los domingos. Ya es suficiente, la cosa es muy sencilla. No es menester que sigamos chapuceando a cualquier precio y tratando de componer la falaz república. Nosotros, los pocos individuos pensantes, tenemos una misión harto clara: la de no participar en el engaño y combatirlo, abogar por la sinceridad y la verdad, y por lo pronto boicotear tranquilamente la política.”

Es usted un joven que se pregunta por sus deberes y si le asiste el derecho de preocuparse por su propia persona en lugar de hacerlo por el bien común y la patria. En contraposición a todas las tendencias actuales puedo contestar a su pregunta con harta exactitud:
EL DEBER ESENCIAL DE LOS JÓVENES ES DESARROLLAR UN CARÁCTER Y APRENDER A PENSAR DE FORMA INDEPENDIENTE, NO HACERSE MIEMBRO DE UN PARTIDO
Su deber es convertirse en una persona, en un individuo tan útil, bueno y seguro de sus aptitudes como sea posible. Su deber es desarrollar una personalidad y un carácter, nada más. Cuando lo haya logrado en la medida de sus posibilidades y lo que le está señalado, vendrán por sí solos los cometidos en cuyo cumplimiento podrá aquilatarse, a los cuales podrá dedicar todos sus afanes.
En la actualidad, se ha hecho costumbre en Alemania que los muchachos, que aún no se han convertido en hombres, que ni siquiera saben leer aún, se pongan una chaqueta y una gorra, se declaren miembros de un partido, y en seguida participen de la vida pública. Gritan y tiran abajo su patria, hacen de sí mismos y de su pueblo objeto de burla del mundo. Cada uno de ellos es un delincuente estatal, pues ha eludido y traicionado el deber de ser alguien, de aprender algo, de convertirse en hombre y aprender a pensar de forma independiente, para correr prematuramente y con altanería tras cometidos que no le incumben.
La Alemania de 1950 será conducida por el puñado de hombres que hoy son aún adolescentes, que no participan en este fraude, sino que están desarrollando su personalidad calladamente.
Ya he dicho demasiado. Medite sobre estas cosas. Pero no se le ocurra iniciar un intercambio epistolar. Yo no podría mantenerlo, ni decirle más de lo que hoy le digo.
[Carta a un adolescente, 1932]
LA COSA ES MUY SENCILLA: DEBEMOS DEJARNOS DE COMPONENDAS CHAPUCERAS CON EL FALAZ SISTEMA Y BOICOTEAR TRANQUILAMENTE LA POLÍTICA
Sólo le contestaré en pocas palabras, tanto más cuanto que en varias de mis obras he escrito a menudo sobre el mismo tema. Me es imposible repetirlo a cada lector individualmente. Así pues, veo la cuestión de este modo:
Si va a votar hoy en Alemania, me tiene sin cuidado; y, si yo tuviera que votar, renunciaría a ese derecho. Ni los hombres ni los partidos se merecen que la nación se desangre por ellos. Alemania ha omitido reconocer su enorme complicidad en la guerra mundial y en la situación actual de Europa. No lo ha confesado (sin negar por ello que también “los enemigos” tienen bastante culpa), ha omitido emprender en sí misma una depuración moral y una renovación de la conciencia (como aconteció en Francia durante el proceso Dreyfus).
Alemania utilizó el duro e injusto tratado de paz para excusarse ante el mundo y ante sí misma de toda culpa. En lugar de admitir dónde estuvieron sus yerros y pecados, y enmendarlos, fanfarronea como lo hizo en 1914 acerca de la inmerecida posición de paria que debió adoptar, y echa a otros la culpa de todos los males, ya sea a los franceses, a los comunistas, a los judíos…
En mi opinión, aquellos que creen compartir la responsabilidad por el espíritu de Alemania tienen que señalar una y otra vez a su pueblo el daño causado por ese cáncer y alejarse por completo de la política actual. Por su parte, los otros alemanes podrían ayudar a su pueblo si aspirasen en su trabajo y en su ideología a una mayor corrección y responsabilidad en lugar de matarse a golpes entre sí y jugar a los bandidos los domingos.
Ya es suficiente, la cosa es muy sencilla. No es menester que sigamos chapuceando a cualquier precio y tratando de componer la falaz república. Nosotros, los pocos individuos pensantes, tenemos una misión harto clara: la de no participar en el engaño y combatirlo, abogar por la sinceridad y la verdad, y por lo pronto boicotear tranquilamente la política. Todo el aparato político actual del Reich debe ser desbaratado…
[Carta a la señora E. L., Stuttgart, 1932]
HERMANN HESSE, Cartas escogidas, 1951. Edhasa, 1982. Traducción de María A. Gregor.
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“¿Para qué le sirve a la Humanidad su multiplicación desmedida, su espíritu de competencia que se acrecienta sin límite hasta rayar en lo demencial, el incremento del rearme, cada vez más horripilante, la progresiva enervación del hombre apresado por un urbanismo absorbente, y así sucesivamente? No obstante, si afinamos un poco nuestra observación nos percatamos de que todos estos adelantos erróneos son perturbaciones de unos mecanismos muy concretos del comportamiento, en cuyos comienzos se desarrollaría, como un valor inalterable, la conservación de la especie. Para expresarlo, con otras palabras, se les debe conceptuar como rasgos patológicos“.

Aquí se ha hablado de ocho procesos diferentes entre sí, aunque manteniendo también estrechas conexiones causales que no sólo amenazan con el ocaso de nuestra civilización, sino también de la Humanidad como especie.
Tales procesos son los siguientes:
1) Superpoblación de la Tierra que, mediante una oferta excesiva de contactos sociales, impone a cada ser humano la necesidad de precaverse contra ello en una forma esencialmente “no humana”, y que, por añadidura, desata la agresividad directa con el confinamiento de muchos individuos en un espacio reducido.
2) Devastación del espacio vital natural que no sólo destruye el medio ambiente externo donde vivimos, sino también el respeto mostrado siempre por el hombre a la belleza y grandiosidad de una creación infinitamente superior a él.
3) Competencia de la Humanidad consigo misma que propulsa el desarrollo tecnológico en perjuicio nuestro, ofusca a los hombres en la apreciación de todo valor auténtico y les arrebata el tiempo que deberían dedicar a la genuina actividad de la reflexión.
4) Atrofia de todos los sentimientos y afectos vigorosos mediante el enervamiento. El progreso tecnológico y farmacológico origina una creciente intolerancia contra todo cuanto ocasione el menor desagrado. Con ello desaparece la capacidad humana para el disfrute, que sólo es posible después de haberse superado con gran esfuerzo los impedimentos. El movimiento ondulatorio natural de los contrastes entre pesar y alegría decrece en oscilaciones imperceptibles hasta ocasionar un indecible aburrimiento.
5) Decadencia genética. Dentro de la civilización moderna no hay factor alguno -salvo el “sentido jurídico natural” y muchas tradiciones jurídicas transmitidas- que ejerza una presión selectiva sobre el desarrollo y mantenimiento de las normas sociales del comportamiento, aun cuando esto sea cada vez más necesario con el incremento de la Humanidad. No cabe excluir la posibilidad de que el infantilismo por cuya causa se han convertido en parásitos sociales muchos jóvenes “rebeldes” contemporáneos, tenga condiciones genéticas.
6) Quebrantamiento de la tradición. Por este conducto se llega a un punto crítico en que la generación más joven no consigue entenderse culturalmente con la mayor y, menos todavía, identificarse. Así, pues, trata a ésta como un grupo étnico exótico y la afronta con odio nacionalista. Las causas de ese complejo “identificación-perturbación” obedecen, sobre todo, al deficiente contacto entre padres e hijos, lo que tiene ya consecuencias patológicas en el período de la lactancia.
7) Formación indoctrinada creciente de la Humanidad. La multiplicación de los grupos culturales aislados donde se agrupan los hombres origina, en combinación con el perfeccionamiento de los recursos técnicos, un influjo sobre la opinión pública tendente a uniformar los criterios con una intensidad jamás conocida por ninguna época de la historia humana. Por añadidura, la acción sugestiva de una doctrina firmemente inculcada se acrecienta con el número de adictos, y quizás incluso en proporción geométrica. Hoy día, cuando un individuo se sustrae a la influencia de los medios informativos, por ejemplo la Televisión, se le imputan tendencias patógenas. Los efectos contrarios al individualismo son muy bien acogidos por quienes pretenden manipular las grandes masas humanas. Investigación de la opinión, técnica publicitaria y hábil encauzamiento de la moda favorecen, por un lado, a los grandes, y por otro, a los funcionarios allende el Telón de Acero para obtener un dominio similar sobre las masas.
8) El que la Humanidad se haya provisto de armas nucleares representa para ella unos peligros bastante más fáciles de evitar que los que son resultado de los siete procesos antedichos.
Los procesos de deshumanización descritos en los primeros siete capítulos encuentran apoyo en la doctrina seudodemocrática que, como ya se ha dicho, no determina el comportamiento social y moral del hombre mediante la organización evolutiva e historicogenealógica de su sistema nervioso y de sus órganos sensoriales, sino por conducto del “condicionamiento” al cual se ve sometido en le curso de su ontogenia según sus respectivos medios ambientes culturales.
KONRAD LORENTZ, Los ocho pecados mortales de la Humanidad civilizada, recapitulación, 1972. Plaza&Janés, 1973. Traducción de Manuel Vázquez.
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“Hoy son posibles una crueldad y una injusticia de un género espantoso. Hemos visto cuán sanguinaria puede ser la Iglesia cuando la religión que representa viene del hombre, cómo es posible estafar en gran escala en nombre de un “negocio”, mientras que las responsabilidades de los accionistas queda intacta, cómo gobiernos cuyos miembros tienen modales y tradiciones de caballeros emplean deliberadamente groseras mentiras para envenenar a sus víctimas. Cuando los hombres cometen terribles faltas por lealtad hacia tales instituciones gigantescas, sienten algo así como una exaltación religiosa que acalla su conciencia. Yo confío en esas individualidades que han dado vida a los ideales humanos en su propia personalidad. Pueden parecer pequeñas y débiles al lado de la potencia a la que resisten, como una planta ante una roca enorme y amenazante. Pero la planta posee la pujanza mágica de la vida. Crea gradualmente, por sus propias emanaciones constantes, su propio suelo, y su derrota y su muerte son preludio de una resurrección victoriosa.”

Durante mi estancia en América tuve ocasión de hablar del rápido y enorme crecimiento de organizaciones que alcanzan su irresistible eficacia gracias a la eliminación del hombre personal y a la concentración del hombre mecánico en un inmenso bloque de sistema.
LA MODERNA ADORACIÓN FETICHISTA DE INSTITUCIONES PODEROSAS CONVIERTE EN IRREALES A TODAS LAS DEMÁS RELIGIONES
Hablé de la propagación de la brutalidad y del debilitamiento del sentido moral de responsabilidad como consecuencia de la sustitución del hombre, en la mayor parte de sus actividades, por la máquina. Hoy son posibles una crueldad y una injusticia de un género espantoso, pues pueden ser realizadas por una fuerza elemental organizada que, sin piedad, va directamente al cumplimiento de sus objetivos, pasando por encima de cualquier otra consideración.
Hemos visto cuán sanguinaria puede ser la Iglesia cuando la religión que representa viene del hombre, cómo es posible estafar en gran escala en nombre de un “negocio”, mientras que las responsabilidades de los accionistas queda intacta, cómo gobiernos cuyos miembros tienen modales y tradiciones de caballeros emplean deliberadamente groseras mentiras para envenenar a sus víctimas.
Cuando los hombres cometen terribles faltas por lealtad hacia tales instituciones gigantescas, sienten algo así como una exaltación religiosa que acalla su conciencia. Es la forma moderna de adoración fetichista con sus numerosos ritos de sacrificios humanos, a la sombra de la cual todas las demás religiones se desvanecen en lo irreal.
SURGIRÁN INDIVIDUOS CON UNA FE FIRME EN LA HUMANIDAD QUE CUMPLIRÁN SIN MIEDO SU DESTINO A TRAVÉS DEL INSULTO Y EL AISLAMIENTO
Uno de mis oyentes que simpatizaba con mis pensamientos me preguntó cómo sería posible luchar contra estas organizaciones sin sustituirlas por otras. Mi respuesta fue que yo confiaba en esas individualidades que han dado vida a los ideales humanos en su propia personalidad. Pueden parecer pequeñas y débiles al lado de la potencia a la que resisten, como una planta ante una roca enorme y amenazante. Pero la planta posee la pujanza mágica de la vida. Crea gradualmente, por sus propias emanaciones constantes, su propio suelo, y su derrota y su muerte son preludio de una resurrección victoriosa.
Creo que cuando las fuerzas antihumanas extiendan su dominio, nacerán individualidades con una fe firme en la humanidad y que tomarán conciencia aguda de la amenaza que pesa sobre el hombre y cumplirán sin miedo su destino a través del insulto y el aislamiento. Hemos conocido a un hombre así en Inglaterra en la persona de E. D. Morel, ya fallecido, pero que nunca podrá morir. Cuando encontramos tales hombres, sabemos que la chispa viva del espíritu humano no se ha apagado todavía, y que hay esperanza.
Las civilizaciones humanas extraen su génesis de individualidades y es también en las individualidades donde encuentran a sus protectores. Entre las pruebas de que la época actual no se halla enteramente privada de éstos, está la vida y la obra de Romain Rolland. Y la prueba de que la época actual necesita extraordinariamente de él es que lo ha perseguido; esta persecución expresa el reconocimiento de su grandeza por sus compañeros, los hombres.
RABINDRANAZ TAGORE, Escrito para el Liber Amicorum Romain Rolland, 1926. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.
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“Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas. Hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que las dos fuerzas antagonistas se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.”
Mi muy querido amigo:

Antes de partir para China -y el día se acerca- debo darle las gracias por el placer que me ha causado su última carta.
EL IDEALISMO ES UN FACTOR DE DESORDEN PARA TODA FORMA DE VIDA ESTABLECIDA Y SUSCITA ENTRE LAS GENTES RIGUROSAS SOSPECHAS
Pearson tenía un extraordinario don de simpatía, que prodigaba deliberadamente a todos los que, a causa de su oscuridad, no llamaban la atención de nadie. Eran como un tenebroso trasfondo sobre el cual su amor destacaba a plena luz. Tenía una conciencia muy fina del inmenso valor del individuo, independientemente de sus métodos o de sus costumbres personales; le afectaba mucho que alguien fuera discriminado o humillado por razones de rango social o por la tiranía de alguna organización.
Había llegado a tal punto que desconfiaba de toda organización cuyo ideal tenía un ámbito suficientemente amplio para trascender los límites de la persona concreta. De hecho, su espíritu se inquietó más tarde cuando Santiniketan sobrepasó su inicial vocación de simple establecimiento de enseñanza de la localidad vecina para esparcir, mediante múltiples esfuerzos, lo que yo llamo el gran mensaje de nuestro tiempo. Temía que nuestra atención descuidara a los niños que frecuentaban nuestra escuela, a cambio de la propagación de nuestras ideas y de la organización de nuestra comunidad.
Empecé a preocuparme por él, algún tiempo antes de su muerte, cuando me dí cuenta de que se dejaba ganar por la aprensión de ver un cierto ideal aventurero invadir el reino de sus atribuciones personales. Sin duda, el idealismo es un factor de desorden para toda forma de vida establecida y por tal razón las gentes manifiestan hacia él rigurosas sospechas.
Es algo parecido a la alegría que proporciona cualquier emoción, en la cual nuestro sentimiento personal del amor se nutre constantemente de nuevos estimulantes. Pearson lo descubrió cuando vino aquí por vez primera y cuando su sentido natural del afecto se desarrolló en medio de los niños de nuestra escuela y de los habitantes de los pueblos vecinos.
Más tarde, la idea de Vishva Bharati [Universidad creada por Tagore] sopló como una fuerte brisa, esparciendo los pétalos de las flores de nuestro Ashram [santuario en la selva], y exigiendo sus frutos. Pearson, hasta el fin de sus días, no se reconcilió jamás totalmente con Vishva-Bharati. Su inteligencia no tenía nada que objetar, pero su corazón sufría, pues el espíritu era, en él, parecido a la abeja que no se ocupa del fruto, sino simplemente de la flor.
ESPERO ARDIENTEMENTE ENNOBLECER MI OBRA, EN EL SENO DE LA MULTITUD, CON EL SOPLO NACIDO DE LA SOLEDAD DEL ESPÍRITU CREADOR
Comprendo este conflicto del espíritu, pues hay en mi misma naturaleza una especie de guerra civil entre la personalidad del artista creador -a quien la soledad le es necesaria- y la del idealista que debe realizarse a través de obras de naturaleza compleja, que requieren una vasta colaboración con una gran número de hombres. Así, el conflicto es, en mi caso, entre esas dos fuerzas opuestas de mi carácter, y no como en Pearson, entre mi temperamento propio y las circunstancias exteriores.
Como las dos fuerzas antagonistas son igualmente inherentes a mi naturaleza, no puedo liberarme impunemente de una de ellas para simplificar el problema de mi existencia. Pienso que sería posible alcanzar un justo ritmo en el que se armonizasen, y en el que mi obra, en el seno de la multitud, pudiera encontrarse ennoblecida por el soplo nacido de la soledad del espíritu creador.
Pero desgraciadamente, en este momento, los derechos de la organización se vuelven muy exigentes, y no sé cómo contenerlos en sus justos límites. El poeta que hay en mí está herido, la atmósfera de las horas de ocio se oscurece. No quisiera que el final de mi vida se diluyera así en la atmósfera tenebrosa de un trabajo violento, en este mundo que sin cesar devora sus infinitas posibilidades de paz.
Espero ardientemente poder salvarme a tiempo antes de morir; entretanto, me voy a China, no sé en calidad de qué. ¿Tal vez en calidad de poeta, tal vez como portador de buenos consejos y de sólido sentido común?
Afectuosamente, R. T.
RABINDRANAZ TAGORE, Carta a Romain Rolland, 28 de febrero de 1924. Correspondencia entre dos guerras, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984. Traducción de Joaquín Bochaca.
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“El mundo atraviesa la más feroz de todas las crisis: la de la grandeza humana… Pero ¿qué es grandeza? García Morente la define como el «sentimiento de la personal valía; es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que poseemos». Pues bien, si esto es grandeza, el mundo actual sufre carencia de ella. Es el problema inmenso de la poquedad, del desprestigio. Todo adolece de pequeñez, de mezquindad. Para el hombre masa la vida es algo en que nos hallamos inmersos sin poder alguno para modificarlo. No admite al genio que quiera abrir cauces nuevos, descubrir nuevos horizontes. Por el contrario, trata de absorberlo, de anegarlo en su seno, de matar su chispa de locura. La vida es así y así hay que dejarla. Nuestro ser deja de ser transcendente y se convierte en una humilde pieza más; pero no en una pieza necesaria con luz propia y grandeza interior, sino en una humilde pieza musculada de fuerza puramente material. Estimar lo que se es por encima de lo que se posee; en esta frase se resume todo un catecismo moral y una regla de vida.”

Al entrar en Sierra Morena –después del apaleamiento que le propinaron los galeotes– ocurrióle a nuestro héroe aquella aventura de la maleta abandonada. Parecióle a Sancho bueno el hallazgo, máxime cuando sus ojos pudieron regodearse con el brillo dorado de unos escudos que envueltos en un pañizuelo había.
EL CABALLERO Y EL VILLANO SE DISTINGUEN POR SU DISTINTA SENSIBILIDAD ANTE LOS MISMOS HECHOS
Luego, a fuerza de revolver y entre unas prendas de fina ropa, encontróse también un librillo de memoria que dio mucho gusto a don Quijote. Dice Cervantes, al llegar a esto, que «en tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta». Los dos con atención y devoción. De un mismo sitio y a un mismo tiempo sacaron ambos gozos diferentes. El mundo, una vez más, visto por prismas diversos; y ahora en forma de una maleta maltratada y rota en la que todo se contiene, bueno y malo, ofreciéndose a aquel que en sus entrañas revuelva.
El problema de esta aventura quijotesca –no hay aventura quijotesca sin su problema– quizá consista tan sólo en saber elegir, de entre las sedas y el oro que a nuestra vista se ofrecen, el librillo de memoria que Dios concede, para su consuelo, a toda alma sencilla que lo busque con buena voluntad… El oro y el librillo de memoria. Y ante ellos el gran problema del elegir, del definirnos. Porque según sea nuestra elección así nos habremos definido.
La diferencia entre los seres humanos no radica en una distinta capacidad creadora –de la que todos, en esencia, carecemos–, sino en la diversa aceptación por cada uno de nosotros de las inspiraciones que la vida nos ofrece. El caballero y el villano se distinguen clara y precisamente por la distinta reacción ante un hecho que impresiona la retina delicada de nuestra sensibilidad.
En tanto, mientras contaba Sancho sus dineros, gozábase don Quijote en la lectura de las hojas manuscritas. Tópase luego, al pasar algunas páginas, con una carta de amores y léela en voz alta porque también Sancho «gusta destas cosas». Es la carta galana y comedida. Y sobre todo muy acertada y profunda en uno de sus puntos, una queja amorosa, elegante y concisa, que hace meditar a don Quijote:
—«Desechásteme, ¡oh ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que yo.»
Una frase concisa que sirve para esbozar de una manera clara ese inmenso y lúgubre panorama de la crisis actual que atravesamos, doloridos y cansados, llevando al hombro la carga inmensa de una vida profundamente enferma, ¿Y en qué consiste esta crisis? –preguntarán muchos quizá– ¿Es que hay crisis? ¿Es que el hombre atraviesa realmente un período crítico?… Pero ya otros muchos, más o menos agoreros, están cansados de decir que sí. El mundo atraviesa la más feroz de todas las crisis: la de la grandeza humana… Pero –y vuelta a preguntar– ¿qué quiere decir eso de la crisis de la grandeza humana?
TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL
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"Pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derechos. ¿Son conscientes del daño que hacen a las personas cuyas gestiones se eternizan? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? Y si un funcionario honesto y eficiente, que no quiere lavarse las manos, me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría lo mismo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo". Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido".

Ayer, por teléfono, me decía un piloto que recordaba una frase, tal vez de Cánovas, en la que decía que la revolución pendiente en la Administración española, era derribar las paredes de los despachos para que los papeles pasaran de mano en mano con fluidez. Desde la primera república, esa revolución sigue pendiente. Y unas cuantas más.
LA CONDUCTA DE LOS CIUDADANOS NO ES ASUNTO DE LOS FUNCIONARIOS, SÓLO DE LOS DÉSPOTAS
Pero no me incumbe a mí, como particular, sino al gobierno y a los altos funcionarios de los ministerios, purgar la administración de inútiles y parásitos, y hacer que los empleados útiles funcionen con eficacia, rapidez y lealtad hacia los ciudadanos. Un jefe de sección o de área, o un subdirector general, es responsable de la calidad del servicio que prestan sus subordinados, así como un Director General o un/a ministro/a lo son de los suyos; sólo que a cargo más alto, mayor responsabilidad. Y ¿cómo sabemos que un servicio de la Administración es de calidad? Cuando los clientes, o sea: los ciudadanos, digan que es de calidad. Y ¿cómo sabemos quiénes son los responsables de un desaguisado administrativo como el que vengo denunciando? Me temo que serán los tribunales quienes deberán dirimirlo en cualquier caso.
Y ya es el colmo que un funcionario diga que si "nuestra administración no es modélica, tampoco lo son los administrados." ¿A que la culpa de la ineficiencia de la Administración va a ser nuestra? Pero ¡qué reveladora es esa frase del sentimiento aristocrático de los funcionarios que yo denunciaba en mis primeros artículos! "¡Administrados!" Se creen que porque han hecho una oposición "muy dura", y se consideran pagados por debajo de sus méritos, tienen derecho a censurar a los ciudadanos que, con sacrificios muy por encima de los suyos, pagan con sus impuestos el salario que perciben. No acaban de entender quién está al servicio de quién, ni que el contribuyente es el único que tiene derecho a exigir de la Administración una conducta modélica. El que paga manda. La conducta de los "administrados" no es asunto de los funcionarios, sólo de los déspotas.
Dije en mis primeros comentarios que lamentaba tener que generalizar al acusar de incapacidad o ineptitud a secciones enteras de la Dirección General de Aviación Civil, pues me consta que hay personas competentes y diligentes trabajando en ellas, y no conozco personalmente a ninguno de los altos cargos para evaluar su trabajo. Pero también me preguntaba de qué otra manera se podía denunciar a un sector de la Administración sin generalizar. Yo no estoy allí. No me muevo por los despachos de los funcionarios. No sé quién es operativo y quién no. No soy su jefe. No respondo por ellos.
SI QUIERES COLABORAR, RENUNCIA AL CARGO
Sólo soy uno de los contribuyentes que, junto con otros muchos, pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derecho a una administración eficiente y leal.
Un joven ingeniero aeronáutico de la DGAC reconoce que "a veces "se eternizan. Pues que no lo diga como quien echa pelillos a la mar, porque, ¿son conscientes del daño que hacen a los ciudadanos cuyas gestiones se eternizan? ¿Podrían probar que "a veces" son rápidos? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? En realidad, no creo que sean conscientes de nada, y más les vale que sea así; porque, de lo contrario, los ciudadanos podríamos llegar a pensar que algunos de ellos no son probos funcionarios, como presumen de ser, sino simples bribones que viven a nuestra costa.
Y si un funcionario honesto y eficiente, que trabaja en una sección incapaz de desempeñar sus funciones con eficacia, no quisiera lavarse las manos y me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría algo similar a lo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno americano que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo".
Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido."
Publicado en MEDICINA AERONÁUTICA y AVIACIÓN DIGITAL
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11.03.08 @ 16:51:33. Archivado en Mundo Libre
“Todas estas discusiones –dirán- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables. Y ¿para qué discutir? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero. Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.”

Al escribir estas líneas sabemos las pocas posibilidades que tienen de ser acogidas como quisiéramos. Los partidarios de un conservadurismo social verán en ellas un ataque a las “ideas de izquierda” y las encontrarán justas aún antes de leerlas; quienes desean reformas o una revolución, verán aquí solamente una muestra de incomprensión; por lo general, en este caso, el razonamiento consiste en decir: “¿Está usted contra una aplicación universal del método marxista? Por lo tanto, usted está contra la semana de cuarenta horas”.
LA VERDAD NO ES DE IZQUIERDAS NI DE DERECHAS
Esto no significa que no estemos tratando con gente inteligente; pero dado el grado de temperatura a que se ha llegado en París –comparable al del caso Dreyfus-, no se puede afirmar, por ejemplo, que la teoría cuántica o el principio de indeterminación de Heisenberg no están ni con la izquierda ni con la derecha.
Todas estas discusiones –dirán además- no tienen importancia. Lo que importa es asegurar el bien del pueblo y caminar al lado de los que lo desean. No estamos de acuerdo; si no, no nos hubiéramos expuesto a que nos juzguen mal. Aun cuando estos problemas filosóficos tuvieran importancia solamente para una persona entre mil (es una proporción óptima), no los consideraríamos despreciables.
EVITEMOS LA DICTADURA INTELECTUAL…
No hay tropas sin jefes y no hay jefes sin doctrinas. Ahora bien, estas doctrinas que se imponen a las multitudes pueden tener graves consecuencias, en especial la de arruinar la libertad de pensamiento. Quisiéramos evitar una dictadura intelectual, aunque durase sólo veinte años.
Si mis temores son superfluos, tanto mejor. Demuestran, en todo caso, que tomamos en serio ciertas ideas que hasta sus partidarios adoptan a menudo sin conocer, por el solo hecho de inscribirse en un partido.
Nada podría ser tan penoso para nosotros en este momento como la acusación de diletantismo. Georges Friedmann, buscando las razones profundas de cualquier oposición, ve en ello una negativa ante el compromiso, una antipatía por la acción que procedería de un temperamento inepto para la vida práctica.
Pero quienes poseen un temperamento así, si son de buena fe, tal vez se lancen a la acción, y no estarán del lado de los privilegiados. Pero no se les facilita nada las cosas al proponerles, como condición previa, la aceptación de ideas que les parecen inaceptables.
…Y PERMANEZCAMOS DESPIERTOS
Y ¿para qué discutir? ¿No estamos acaso en el ámbito de los deseos y no en el de las verdades? No obstante, en este conflicto entre el corazón y el espíritu, este último no puede resultar vencido, porque sólo se puede creer lo que se cree verdadero.
Permanezcamos tal como somos sin buscarnos ninguna coartada. Hay que seguir caminando solos en la noche; en esta noche en la que retumba un largo grito de miseria y de sufrimiento; y cierto es que, mientras tanto, tenemos que mantenernos despiertos.
JEAN GRENIER, Sobre el espíritu de ortodoxia, agosto de 1936. [Filosofía Digital, 08/06/2006]
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10.03.08 @ 10:07:25. Archivado en Mundo Libre
“En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo [España] la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas. El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar”.
La información física que nos habéis dado de un país [España], hasta ahora tan vergonzosamente desconocido, ha llegado en el momento más oportuno para guiar nuestro entendimiento en la gran revolución política que ahora la hace ocupar una posición destacada en el escenario mundial. El desenlace de sus forcejeos, por lo que respecta a España, no ofrece ya lugar a dudas.

¿TENDRÁ EL PUEBLO ESPAÑOL SENTIDO COMÚN PARA OPTAR POR EL AUTOGOBIERNO?
En lo que toca a su propia libertad, paz y felicidad, no podemos estar tan seguros. No sabemos si los telones del fanatismo, los grilletes sacerdotales y el brillo deslumbrante del rango y la riqueza darán al sentido común de la masa de su pueblo la oportunidad de optar por el autogobierno. Quizá nuestros deseos sean mayores que nuestras esperanzas.
El primer principio del republicanismo es que la lex majoris partis (ley de la mayoría) es la ley fundamental de toda sociedad de individuos de iguales derechos; la más importante de las enseñanzas y sin embargo la última que se aprende a fondo, es que la voluntad de la sociedad enunciada por mayoría de un solo voto es tan sagrada como si fuera unánime. Si se desprecia esta ley no queda sino la de la fuerza, que conduce necesariamente al despotismo militar.
Esta ha sido la historia de la revolución francesa, y ojalá que el entendimiento de nuestros hermanos del sur llegue a ser lo suficientemente amplio y firme como para comprender que su suerte depende de su sagrada observancia. [Carta al Barón Alexander von Humboldt. Monticello, 13 de junio de 1817]
LA SAGRADA OBSERVANCIA DE LA FUNDAMENTAL LEY DE LA MAYORÍA
Ya conocéis los penosos detalles de París. No estamos informados de los motivos por los que se ha hecho una revolución (la de Napoleón), y aún menos podemos adivinar cuál será su desenlace: si se repetirá la historia de Robespierre, o la de César, o se producirá el novedoso fenómeno de la usurpación del gobierno para liberarlo.
Nuestros ciudadanos, no obstante, deben extraer de ellos algunas lecciones provechosas. Deberían ver en ello la necesidad de arropar firme y estrechamente a su Constitución. De no tolerar jamás que se infrinja uno solo de sus preceptos. De inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de la mayoría; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría. De precaverse de las fuerzas militares, aunque sean de ciudadanos; de precaverse de otorgar demasiada confianza a ningún hombre.
La confianza del pueblo francés en Bonaparte le ha permitido derribar a puntapiés su Constitución y hacerle depender de su voluntad y de su vida. Nunca he visto un momento tan terrible como éste. También las perspectivas en este Estado, importante como es para nuestra unión, son muy desalentadoras. [Carta al Dr. William Bache, vecino de Jefferson en Virginia. Filadelfia, 2 de febrero de 1800]
THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital]
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09.03.08 @ 11:59:22. Archivado en Mundo Libre
“¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes. Creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios”.
No, amigo mío, la forma de tener un gobierno bueno y seguro no es confiárselo todo a uno, sino dividirlo entre todos, atribuyendo a cada uno exactamente las funciones para las que es competente.
EL VERDADERO SISTEMA DE EQUILIBRIO Y CONTROL DEL GOBIERNO
Confíese al gobierno nacional la defensa de la nación, y sus relaciones exteriores y federales; a los gobiernos de los Estados los derechos civiles, las leyes, la policía y la administración de lo que en general concierne al Estado; a los condados los asuntos locales de los condados, y que cada distrito municipal gobierne sus intereses en sus propios límites.

Todo irá mejor dividiendo y subdividiendo estas repúblicas, desde la gran república nacional hasta sus últimas subordinadas, culminando en la propia administración de las tierras de cada uno y sometiendo a cada uno lo que pueda supervisar con sus propios ojos.
¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes en su órgano, ya fuera el de los autócratas de Rusia o los de Francia o el de los aristócratas de un senado veneciano.
Y creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios.
Las repúblicas elementales de los distritos municipales, las repúblicas de los condados, las repúblicas de los Estados y la república de la Unión constituirían una graduación de autoridades, sustentada cada una en una ley como fundamento, poseedora cada una de su porción delegada de poderes, que constituiría a su vez un verdadero sistema de equilibrio y control del gobierno.
HAY PODER DEMOCRÁTICO ALLÍ DONDE CADA UNO PARTICIPA TODOS LOS DÍAS EN EL GOBIERNO DE SUS ASUNTOS
Allí donde cada uno participa en la dirección de la república de su distrito municipal, o de alguna de las más altas, y siente que participa en el gobierno de los asuntos, no simplemente en una elección, un día, sino todos los días, allí donde no exista un solo hombre en el Estado que no sea miembro de alguno de sus consejos, grandes o pequeños, ese hombre se dejará arrancar el corazón antes que permitir que un César o un Bonaparte le arrebate su poder.
¡Cuán poderosamente sentimos la energía de esta organización con ocasión del embargo! Sentí que los fundamentos del gobierno temblaban bajo mis pies sacudidos por los municipios de Nueva Inglaterra. No hubo un solo individuo en sus Estados que no pusiera su cuerpo en acción, con toda su inercia; y, aunque se sabía que todos los demás Estados eran partidarios de la medida, la organización de esta pequeña minoría egoísta le permitió contradecir a la Unión. ¿Qué hacían los condados del centro, el Sur y el Oeste, tan difíciles de administrar?
De convocarse una reunión del condado se habrían juntado los borrachos que merodean por los edificios administrativos y a su alrededor, pues por lo general las distancias eran demasiado grandes para que la gente buena e industriosa pudiera comparecer. La personalidad de los que de hecho hubieran comparecido habría dado la medida del peso que habrían tenido en la escala de la opinión pública.
Por consiguiente, igual que Catón terminaba todos sus discursos con las palabras “Carthago delenda est”, así termino yo cada opinión con el mandato “divídanse los condados en distritos municipales”. Establézcanse con un solo fin; no tardarán en demostrar para qué otros fines son los mejores instrumentos.
Dios os bendiga, y a todos nuestros gobernantes, y les conceda sabiduría, pues voluntad estoy seguro que no les falta, para fortalecernos contra la degeneración de nuestro gobierno y la concentración de todos sus poderes en manos de uno, de unos pocos, de los bien nacidos o de muchos.
THOMAS JEFFERSON, Carta a Joseph C. Cabell, su principal colaborador en la creación de la Universidad pública de Virginia. Monticello, a 2 de febrero de 1816. “Autobiografía y otros escritos”, Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [Publicado en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital]
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LA ACCIÓN BASADA EN LOS PRINCIPIOS DE JUSTICIA CAMBIA LAS COSAS Y LAS RELACIONES, Y ES ESENCIALMENTE REVOLUCIONARIA:

“La acción en base a los principios -la percepción y la práctica de lo que es justo- cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria, y no casa plenamente con lo anterior. No sólo divide estados e iglesias; divide familias. ¡Sí! Divide al individuo separando en él lo diabólico de lo divino. Hay leyes injustas. ¿Nos contentaremos obedeciéndolas o trataremos de corregirlas y seguiremos obedeciendo hasta que lo consigamos o, más bien, las transgrediremos en seguida? No es asunto mío andar con peticiones al Gobernador o la Legislatura, como tampoco de ellos el de mandarme a mí; y si prestaren oídos sordos a mis reclamaciones ¿qué debería hacer yo entonces? Pero ante tal contingencia, el Estado no ha proporcionado consecuencia; es su propia Constitución la que está en falta.”
EL DERECHO A LA RESISTENCIA Y A LA REVOLUCIÓN CUANDO LA TIRANÍA Y LA INCAPACIDAD DEL GOBIERNO SON VISIBLES O INTOLERABLES:

“La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues, así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas. En la mayoría de los casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el privilegio de rehusar adhesión al gobierno y de resistírsele cuando su tiranía o su incapacidad son visibles e intolerables. Pero casi todo el mundo dice que no éste el caso actual, aunque opinan que sí lo fue cuando la Revolución Americana. Pero cuando la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente.”
PERO ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

“¡Ay, si UN HOMBRE HONESTO en este Estado, dejando de guardar esclavos se retirare efectivamente de esta sociedad nacional de la que es consocio, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, la esclavitud daría fin en América. Pues no importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre. Pero nos gusta más hablar de ello: esa, decimos, es nuestra misión. La Reforma cuenta con innumerables periódicos a su favor, pero no tiene un solo hombre. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario público me pregunta, como así ha ocurrido ya, “pero ¿qué he de hacer yo?”, mi respuesta es: “Si en verdad deseas colaborar, renuncia al cargo”. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido. Dad vuestro voto completo, no una simple tira de papel; comprometed toda vuestra influencia. Una minoría es impotente sólo cuando se aviene a los dictados de la mayoría; no es, entonces, siquiera minoría. Pero es irresistible cuando detiene el curso de los eventos oponiéndoles su peso. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta. Y esa es, de hecho, la definición de revolución pacífica, si tal es posible.”
Entradillas de los tres artículos SOBRE LA DESOBEDIENCIA CIVIL, de Henry D. Thoreau, publicados en Mundo Libre Digital y Filosofía Digital.
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03.03.08 @ 20:00:39. Archivado en Mundo Libre
“Los hombres se sienten demasiado inclinados a no preocuparse más que de sus intereses particulares, siempre tentados de no pensar sino en sí mismos y de encerrarse en un individualismo estrecho que ahoga toda virtud pública. El despotismo, lejos de luchar contra esa tendencia, la hace mucho más fuerte; los encierra, por decirlo así, en la vida privada. Ellos tendían ya a alejarse unos de otros: el despotismo los aísla. Sólo la libertad puede combatir eficazmente los vicios que le son propios. Sólo ella puede sacar a los ciudadanos del aislamiento en que les hace vivir la misma independencia de su condición, para constreñirlos a aproximarse unos a otros. Sólo ella es capaz de apartarlos del culto del dinero y del menudo trajín cotidiano de sus negocios particulares para hacerles percibir y sentir en todo momento que a su lado y sobre ellos está la patria. Ni siquiera los déspotas niegan las excelencias de la libertad; sólo que no la quieren más que para sí, y sostienen que todos los demás son indignos de ella”.

Los franceses hicieron en 1789 el mayor esfuerzo realizado jamás por pueblo alguno para cortar, por así decirlo, su destino en dos partes y separar por un abismo lo que hasta entonces habían sido de lo que querían ser en adelante. Con este objeto, tomaron toda clase de precauciones para no arrastrar nada de lo pasado a su nueva condición; se impusieron toda clase de sacrificios para revestirse de una forma distinta a la de sus antepasados; y no olvidaron nada para hacerse irreconocibles. […]
DONDE LA ADMINISTRACIÓN ES PODEROSA NACEN POCAS IDEAS, INTERESES O PASIONES QUE NO TENGAN RELACIÓN CON ELLA
Estaba convencido de que, sin darse cuenta de ello, habían conservado del antiguo régimen la mayoría de los sentimientos, de los hábitos, e incluso de las ideas con cuya ayuda habían realizado la Revolución que lo destruyó. Y, sin proponérselo, habían utilizado sus ruinas para construir el edificio de la nueva sociedad.
Creemos conocer perfectamente la sociedad francesa de esa época porque vemos claramente lo que brillaba en su superficie, porque poseemos hasta en sus más insignificantes detalles la historia de los personajes más célebres que en ella vivieron, y porque críticas ingeniosas o elocuentes nos han familiarizado con las obras de los grandes escritores que lo ilustraron. Pero en cuanto a la manera de dirigir los asuntos, a la práctica verdadera de las instituciones, a la posición exacta de las clases entre sí, a la condición y el modo de pensar y de sentir de aquellos que no se dejaban ver ni oír, al fondo mismo de las opiniones y las costumbres, no tenemos más que ideas confusas y a menudo equivocadas.
En los países donde la administración pública es ya poderosa, nacen pocas ideas, deseos, dolores; apenas se encuentran intereses y pasiones que tarde o temprano no lleguen a relacionarse con ella. Visitando sus archivos, no sólo se adquiere una noción exacta de sus procedimientos, sino que el país entero se revela en ellos. […] En el siglo XVIII la administración pública estaba ya muy centralizada, era poderosísima y prodigiosamente activa. Incesantemente se la veía ayudar, impedir, permitir. Podía prometer y dar mucho. Influía ya de mil maneras no sólo en la marcha general de los asuntos, sino en la suerte de las familias y en la vida privada de cada hombre. Además, la falta de publicidad hacía que no temiese ir a exponerle hasta las enfermedades más secretas. […]
Porque la Revolución ha tenido dos fases totalmente distintas: la primera, aquella en que los franceses parecían querer abolir todo el pasado; la segunda, en la cual quisieron restaurar parte de él. Hay un gran número de leyes y hábitos políticos que desaparecen de repente en 1789 y vuelven a parecer unos años después, como esos ríos que se ocultan bajo tierra para reaparecer un poco más lejos, dejando ver las mismas aguas en las mismas riberas.
YA CASI NO TENEMOS ESPÍRITU DE INDEPENDENCIA, AMOR A LAS GRANDES EMPRESAS, FE EN NOSOTROS MISMOS Y EN UNA CAUSA
Comenzaré recorriendo con los franceses esa primera época de 1789, en la que el amor a la igualdad y el amor a la libertad se reparten su corazón; esa época en que no sólo quieren fundar instituciones democráticas, sino instituciones libres; cuando no sólo anhelan destruir privilegios, sino reconocer y consagrar derechos; tiempo de juventud, de entusiasmo, de orgullo, de pasiones generosas y sinceras; época que, a pesar de sus errores, vivirá eternamente en la memoria de los hombres, y que por mucho tiempo todavía perturbará el sueño de quienes pretendan corromperlos o sojuzgarlos.
Siguiendo rápidamente el curso de esa misma revolución, trataré de exponer los acontecimientos, errores y desengaños que indujeron a esos mismos franceses a abandonar su primer objetivo y a desear sólo ser los siervos iguales del amo del mundo olvidándose de la libertad. Cómo se implanta un gobierno más fuerte y mucho más absoluto que el que la Revolución había derribado, que concentra en su mano todos los poderes, suprime todas aquellas libertades a tan alto precio conquistadas, poniendo en su lugar vanas sombras de ellas; que llama soberanía del pueblo a los sufragios de electores que no pueden ilustrarse, concertarse o elegir, y votación libre de los impuestos al asentimiento de asambleas mudas o sojuzgadas; y que, al mismo tiempo que arrebata a la nación la facultad de gobernarse, las principales garantías del derecho, la libertad de pensar, de hablar, de escribir, es decir, lo más precioso y más noble de las conquistas del 89, se sigue ufanando de ellas. […]
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
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“Somos sociedades de rebaños (masas) que son guiados por un pastor (líder) y ¡ay de aquel que se salga del redil, qué difícil se lo pone el rebaño y su líder desdeñado! Yo sueño con el día en que el pensamiento crítico y diferente sea bienvenido y alabado por la sociedad. Porque ese pensamiento diferente será el que nos haga salir del oscurantismo. El pensamiento crítico será el que nos haga evolucionar de simios a hombres. Y los hombres de verdad no necesitan guiar ni ser guiados. Sólo son compañeros que se apoyan los unos en los otros, para continuar la senda del aprendizaje en busca de la verdad.”

Alguien con esta claridad mental es una excepción hoy día. Es como una gota de agua en medio de un inmenso océano. En la actual sociedad si vas de independiente, si no sigues a un líder, si no quieres guiar, ni ser guiado; si rechazas todo tipo de liderazgo y expones libremente tus ideas, intentando buscar soluciones, intentando buscar otras ideas sin someterse a ellas, otras mentes sin someterse ni someterlas, otros horizontes nuevos y diferentes, te tacharán de “raro”, de asocial, de solitario, tonto o que se yo…
No es nada fácil que los humanos creen sociedades críticas y libres, donde todos aportemos según nuestras posibilidades y donde todos seamos respetados por nuestra individualidad y no por pertenecer a tal o cual grupo. Somos sociedades de rebaños (masas) que son guiados por un pastor (líder) y ¡ay de aquel que se salga del redil, qué difícil se lo pone el rebaño y su líder desdeñado!
Yo sueño con el día en que el pensamiento crítico y diferente sea bienvenido y alabado por la sociedad. Porque ese pensamiento diferente será el que nos haga salir del oscurantismo. El pensamiento crítico será el que nos haga evolucionar de simios a hombres.
Y los hombres de verdad no necesitan guiar ni ser guiados. Sólo son compañeros que se apoyan los unos en los otros, para continuar la senda del aprendizaje en busca de la verdad.
Mª Dolores, comentario en LÍDERES: CIEGOS GUIANDO A CIEGOS
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"¿Qué pasa en la Dirección General de Aviación Civil? Tal vez nada nuevo. Puede que los problemas sean debidos únicamente a la proverbial lentitud y torpeza de la burocracia española. Pero si bien no se puede censurar a una tortuga que sea perezosa, pues está en su naturaleza serlo, sí se puede censurar y denunciar a una Administración que podría ser, por lo menos, tan competente y diligente como las de otros países europeos. La Administración lenta es injusta; la centralista, despótica; y la que, además, pretende institucionalizar su incompetencia, inmoral. No hace falta ser médico para saber que el Estado no tiene conciencia, pero hay que meterse en las tripas de su burocracia para descubrir que algunos funcionarios ni siquiera tienen corazón."
Varios médicos examinadores aéreos y clínicas o centros médicos de Galicia, País Vasco e Islas Baleares, entre otros -autorizados para chequear la salud de pilotos comerciales, controladores aéreos, pilotos privados y tripulantes de cabina de pasajeros (azafatas/os)-, se encuentran en este momento en cierre técnico debido a problemas burocráticos con la renovación de su autorización.

Incomprensiblemente, cuando nunca había habido el menor problema para renovar cada tres años dicha autorización, pagando la tasa correspondiente y justificando las horas preceptivas de congresos o cursos de refresco, algunos centros y médicos nos hemos encontrado, al interesarnos por la tardanza de la autorización, con la prohibición "verbal" de seguir trabajando porque, según una Orden Ministerial del año 2003, la administración impone que se presente dicha solicitud con "al menos tres meses de antelación" a la finalización de la vigencia de la citada autorización.
Puestos al habla con otros compañeros que ejercen sus funciones como médicos examinadores en otros sitios de España, no ha habido ni un solo caso que no haya mostrado su extrañeza (¡y su indignación!) por la aplicación estricta de esta norma de la que nadie tenía conocimiento (aunque fuera publicada en el BOE), y de la que nunca, hasta ahora, la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) había hecho un uso tan inflexible.
No discutiré la claridad de la norma, ni el derecho del Ministerio de Fomento a ejercer sus atribuciones legales, pero sí pongo en duda la eficiencia burocrática de la DGAC española, que precisa, al parecer, de tres meses para resolver una solicitud que en Bruselas, por ejemplo, se resuelve en tres días.
Además quiero denunciar su aplicación injusta en este caso, pues se ha roto, sin que mediara advertencia alguna, la "costumbre" de la Administración de aplicar la renovación casi automática de la autorización. Nosotros somos médicos, no burócratas ni abogados, y no estamos suscritos al BOE.
La Dirección General de Tráfico notifica a los conductores la caducidad de su permiso de conducir, y en cuanto se presentan los documentos obligados, el conductor dispone, al instante, de una prórroga para seguir conduciendo. El Ministerio del Interior renueva el Documento Nacional de Identidad en el día. En cambio, la DGAC exige a los médicos examinadores, inspeccionados cada vez que ella lo estime pertinente, que soliciten la renovación de su autorización, como mínimo, con tres meses de antelación a su caducidad. Y si no, se nos impide trabajar. ¡Como si fuéramos delincuentes!
La DGAC está actuando sin miramiento alguno hacia los perjuicios económicos que inflige a médicos y clínicas que, en muchos casos, se han especializado en prestar este servicio al personal de vuelo de aviación civil y a los controladores de tránsito aéreo; ni muestra el menor escrúpulo por las molestias indudables que se causan a estos profesionales de la aviación, obligándolos a desplazarse, por ejemplo, desde Galicia a Madrid, para un chequeo de aptitud que venían realizando en su Comunidad.
Se da la circunstancia agravante de que nuestra Clínica Aeromédica, ubicada en A Coruña, es el único centro de Galicia autorizado por la DGAC para hacer reconocimientos médicos a pilotos comerciales y controladores de AENA. Enviamos los documentos requeridos, junto con la solicitud de renovación, hace más de un mes. Pero en la Sección de Medicina Aeronáutica, con la que estamos conectados informáticamente y en contacto telefónico casi a diario, ese tiempo no es suficiente, por lo visto, para trasladar los documentos a la mesa donde la autoridad pertinente estampará una firma.
¿Qué pasa, pues, en la DGAC? Tal vez nada nuevo. Puede que estos problemas sean debidos únicamente a la proverbial lentitud y torpeza de la burocracia española, tantas veces satirizada en nuestra literatura. Pero si bien no se puede censurar a una tortuga que sea perezosa, pues está en su naturaleza serlo, sí se puede censurar y denunciar a una Administración que podría ser, por lo menos, tan competente y diligente como las de otros países europeos.
La Administración lenta es injusta; la centralista, despótica; y la que, además, pretende institucionalizar su incompetencia, inmoral. No hace falta ser médico para saber que el Estado no tiene conciencia, pero hay que meterse en las tripas de su burocracia para descubrir que algunos funcionarios ni siquiera tienen corazón.
Y también se debe recordar a todos los funcionarios, altos o bajos, que son ellos los que están al servicio de los contribuyentes y no los contribuyentes al suyo. Porque el Estado, la ley y la norma fueron hechos para el ciudadano; no el ciudadano para el Estado, la ley o la norma.
Aunque no tenga ninguna validez oficial, el resultado del chequeo realizado por un servidor a la sección de Medicina Aeronáutica y la Dirección General de Aviación Civil, pertenecientes ambos al Ministerio de Fomento, es: NO APTOS para el servicio a los ciudadanos. ¿O debería decir INEPTOS?
Fuente: MEDICINA AERONÁUTICA
Ecos: AVIACIÓN DIGITAL y CINE DIGITAL
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-Comentario-
No quiero discutir el tema de la igualdad porque ya lo hemos tocado aquí y no pensamos igual. Otra cosa, no te admito, ni que siquiera insinúes lo que somos o no capaces de hacer en la calle algunos, cuando no me conoces ni de vista. Tercera cuestión, tampoco permito que te intentes apropiar del significado -que tú le das, distinto al que le doy yo- a la palabra democracia. Incluir en ella la igualdad, aparte de demagógico, es ideológico; por una razón muy sencilla, para llegar a esa supuesta igualdad hay muchos caminos, los comunistas proponen el suyo, los socialistas tenían otro, hay otros que no quieren igualdad, etc…de ahí las distintas ideologías.
Nosotros proponemos libertad política para todos. Y libertad política es que podamos elegir y deponer a nuestros gobernantes libremente. ¿Hay alguien que esté en contra de eso? Pues eso es por lo que luchamos, ¡y se puede conseguir!
Lo tuyo, la igualdad, dices que es posible tenerla algún día…pues si tienes la fórmula que la consiga y -más importante- la garantice, me encantaría conocerla. Nosotros sí tenemos la Teoría que garantiza la libertad de TODOS para elegir y deponer a nuestros representantes. Te ruego me contestes a este último párrafo, e intenta no enrollarte demasiado con otras cosas… si puede ser.

-Respuesta-
En realidad no estaba pensando en ti cuando dije que muchos son leones en Internet y gallinas en la calle. En efecto, no te conozco de nada, y no es mi costumbre juzgar el coraje de los desconocidos.
Creo no enrollarme demasiado si repito, con Tocqueville, Montesquieu, Jefferson o Paine, que quien no ama la igualdad ni lucha por ella, ni ama ni quiere la democracia. ¿Cómo se puede garantizar la igualdad? Pues, por ley, por supuesto; del mismo modo que la propiedad, y la vida sencilla y sobria. Y el único sistema que garantiza la libertad, la equidad y la justicia para todos es la democracia integral, es decir, formal y material, política y social, de derecho y de hecho.
Tú lo dices, vosotros tenéis la teoría que garantiza la libre elección de representantes y la separación de poderes. ¿Y qué? Por supuesto que comparto ese objetivo. Pero siempre y cuando vaya PRECEDIDO de una democracia real en la base, entendida al estilo de los atenienses, como autogobierno de la sociedad por sí misma hasta donde sea posible, y por medio de representantes allí donde no pueda estar presente. Votar y elegir es un juego que no compromete a nada. “Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello” (Thoreau). ¡Qué idea tan pobre, seca y avellanada tenéis de la libertad!
Dejar la democracia social al albur de las ideologías es volver a la misma historia de siempre: a las guerras civiles, si las diferencias sociales son escandalosas, o a la opresión de la mayoría indefensa (sobre todo allí donde hay un ejército permanente) por una minoría de espabilados y acaudalados, o que asaltarán la caja de caudales de la nación en cuanto tengan la llave. Y eso no lo evitará una nueva ley electoral, con elecciones uninominales y con mandato imperativo. Lee, por favor, a Andrés de Francisco, donde resalta el hecho de que el sistema representativo, con sufragio universal e igualdad de derechos políticos, fue usado siempre por las oligarquías, nunca por las democracias.
Hasta que llegó la revolución americana, que injertó -como diría Paine- el sistema representativo en la democracia social preexistente en América, la que tanto deslumbró a Tocqueville, y que tan bien describió y analizó. Esa es la razón por la que la revolución americana fue una lucha por la independencia y la libertad, porque la igualdad democrática ya estaba firmemente asentada en las mentes de los pioneros y en la vida municipal de las colonias.
La “dulce igualdad”, como la llamaba Jefferson, fue el punto de partida de la búsqueda de la “amada libertad”. ¡Qué orgulloso estaba este campeón de la libertad del pueblo de que nadie vería en todo el Estado a un solo mendigo! La democracia americana fue una democracia de propietarios, pero ¿cómo conseguir una democracia para proletarios o asalariados? Ese es el desafío en países desarrollados como España. Para la mayor parte del mundo el reto es conseguir un poco de pan para la cena. ¿Los alimentaréis vosotros con teorías sobre la representatividad, elecciones uninominales y separación de poderes?
Hablar de libertad política, al estilo con que lo hacéis vosotros, es una abstracción intelectual, una teoría sin sustancia y una burla para las clases más modestas. Porque, si insistís en ese punto, seréis liberales, pero no demócratas. No lo digo yo, lo dicen todos los tratadistas de la democracia, incluyendo a los que no eran demócratas. Sin soberanía popular, igualdad ante la ley y autogobierno no hay democracia. Y si crees que esto es ideológico, sea: la democracia social, no la meramente política, es mi ideología.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en EL DESPOTISMO Y LA CORRUPCIÓN SE EXTIRPAN CON REFORMAS O REVOLUCIONES
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23.02.08 @ 15:12:00. Archivado en Mundo Libre
“Al contemplar las revoluciones resulta fácil percibir que puedan surgir por dos causas distintas: una, evitar una gran calamidad o superarla; la otra, obtener un bien grande y positivo. En las que se deben a la primera causa, el ánimo se enciende y se inflama, y la reparación, que se obtiene con peligro, se ve demasiadas veces mancillada por la venganza. Pero en las que se deben a la segunda, el ánimo, más bien animado que agitado, se concentra serenamente en el objeto. La razón y el debate, la persuasión y la convicción, se convierten en las armas del enfrentamiento, y no es sino cuando se intentan reprimirlas cuando se recurre a la violencia. Cuando los hombres se unen para ponerse de acuerdo en que algo es bueno, si se pudiera obtener, como el alivio de la carga de las contribuciones y la extinción de la corrupción, ya ha alcanzado más de la mitad del objetivo. Lo que aprueban como fin lo promoverán por sus medios.”
Jamás se ha ofrecido a Inglaterra y a toda Europa una oportunidad tan grande como la que brindan las revoluciones de América y de Francia. Gracias a la primera, la libertad tiene un campeón en el mundo occidental, y gracias a la segunda, en Europa. Cuando se sume a Francia otra nación, apenas si el despotismo y el mal gobierno osarán presentarse en público.

EL ESPAÑOL ESCLAVIZADO Y EL ALEMÁN INSULTADO ESTÁN EMPEZANDO A PENSAR: CUANDO UN PUEBLO ESTÁ IMBUIDO DE LA LIBERTAD TODO RECUPERA UN ORDEN
Por utilizar una frase hecha, las cosas se están calentando en toda Europa. El alemán insultado y el español esclavizado, el ruso y el polaco están empezando a pensar. En adelante, la era actual merecerá que se la llame Edad de la Razón, y la generación actual aparecerá ante el futuro como el Adán de un mundo nuevo.
Cuando todos los gobiernos de Europa estén basados en el sistema representativo, las naciones se conocerán mutuamente, y cesarán las animosidades y los prejuicios fomentados por la intriga y el artificio de las cortes. El soldado oprimido pasará a ser un hombre libre, y al marinero torturado ya no volverán a llevárselo a rastras por la calle, como un delincuente, sino que continuará tranquilo su viaje mercantil.
Mejor sería que las naciones siguieran pagando a sus militares todas sus vidas, y les dieran su licencia, y les devolvieran a la libertad y a sus amigos y cesara la recluta, en lugar de mantener tamañas multitudes al mismo costo en una condición de inutilidad para la sociedad y para sí mismos. Tal como han venido tratando a sus soldados hasta ahora la mayoría de los países, cabría decir que los soldados no tienen ni un amigo.
Rechazados por los ciudadanos que temen se trate de enemigos de la libertad, y demasiado a menudo insultados por quienes los mandan, su condición era la doble opresión. Pero cuando un pueblo está imbuido de los principios de la libertad, todo recupera un orden, y el soldado, tratado civilmente, corresponde a este trato. [...]
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
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“Es buena toda religión que enseñe al hombre a ser bueno. Pero como se procede a transformar la religión, sin ningún derecho, en un instrumento político, con lo cual se destruye su realidad, concluiré exponiendo bajo qué luz se me aparece a mí la religión. Estoy plenamente convencido de que lo que estoy haciendo ahora, como tentativa de conciliar a la humanidad, de hacer que su condición sea feliz, de unir a naciones que hasta ahora han sido enemigas, y de extirpar la horrorosa práctica de la guerra y romper las cadenas de la esclavitud y la opresión, le resulta aceptable [a Dios], y como es el mejor servicio que puedo prestar, lo hago de buen grado. No creo que haya dos hombres que, si son capaces de pensar, piensen exactamente lo mismo acerca de eso que llaman cuestiones de doctrina. No parecen pensar lo mismo sino quienes no piensan.”
A lo largo de esta obra, pese a lo variado y lo múltiple de los temas, de que me he ocupado y he estudiado, no hay más que un párrafo sobre la religión, y es: “que es buena toda religión que enseñe al hombre a ser bueno”.
SE HA TRANSFORMADO, SIN NINGÚN DERECHO, LA RELIGIÓN EN UN INSTRUMENTO POLÍTICO, DESTRUYENDO SU REALIDAD
He evitado cuidadosamente extenderme sobre el tema, pues me siento inclinado a creer que el llamado ministerio actual desea que se mantengan los enfrentamientos acerca de la religión, para impedir que la nación dedique su atención a las cuestiones de gobierno. Es como si dijeran: “Mirad allí, o donde queráis, pero no aquí.”

Pero como se procede a transformar la religión, sin ningún derecho, en un instrumento político, con lo cual se destruye su realidad, concluiré esta obra exponiendo bajo qué luz se me aparece a mí la religión.
Si suponemos una familia con muchos hijos, que en cualquier día determinado, o en circunstancias concretas, tienen la costumbre de presentar a su padre un símbolo de su afecto y su gratitud, cada uno de ellos haría un ofrenda diferente y, lo que es más probable, de forma diferente.
Algunos expondrían su felicitación con temas en verso o en prosa; otros con pequeños mecanismos, según dictara su genio o conforme a lo que pensaran que resultaría más agradable; y quizás los más pequeños, al no saber hacer ninguna de esas cosas, saldrían al jardín o al campo a buscar la flor que les pareciera más bonita, aunque sólo fuera una simple hierba.
Al padre le agradaría más esa variedad que si todos hubieran actuado conforme a un plan concertado y cada uno hubiera traído la misma ofrenda. Esto tendría el efecto frío de lo urdido, o el severo del control. Pero de todas las cosas desagradables, nada podrían afligir más al padre que el enterarse de que después todos ellos se habían agarrado de las orejas, y que sus hijos e hijas se habían peleado, arañado, insultado y ofendido en torno a cuál era el mejor o el peor de los regalos.
¿Por qué no hemos de suponer que al gran Padre de todos le agrada la diversidad en la devoción? ¿Y que la forma más ofensiva en que podemos actuar es aquella en la que tratamos de atormentarnos y hacer que los otros se sientan desgraciados?
UNIR NACIONES, EXTIRPAR LA GUERRA, ROMPER LAS CADENAS DE LA OPRESIÓN Y CONCILIAR A LA HUMANIDAD, HACIÉNDOLA MÁS FELIZ, ES EL MEJOR SERVICIO QUE PUEDO PRESTAR
Por mi parte, estoy plenamente convencido de que lo que estoy haciendo ahora, como tentativa de conciliar a la humanidad, de hacer que su condición sea feliz, de unir a naciones que hasta ahora han sido enemigas, y de extirpar la horrorosa práctica de la guerra y romper las cadenas de la esclavitud y la opresión, le resulta aceptable, y como es el mejor servicio que puedo prestar, lo hago de buen grado.[...]
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“¿Qué mejor careta ha menester don Braulio que su hipocresía? Pasa en el mundo por un santo, oye misa todos los días, y reza sus devociones; a merced de esta máscara que tiene constantemente adoptada, mirad cómo engaña, cómo intriga, cómo murmura, cómo roba… ¡Qué empeño de no parecer Julianita lo que es! ¿Para eso sólo se pone un rostro de cartón sobre el suyo? ¿Teme que sus facciones delaten su alma? Viva tranquila; tampoco ha menester careta. ¿Veis aquel hombre tan amable y tan cortés, tan comedido con las damas en sociedad? ¡Qué deferencia! ¡Qué previsión! ¡Cuán sumiso debe ser! No le escoja sólo por eso para esposo, encantadora Amelia; es un tirano grosero de la que le entrega su corazón. Su cara es también más pérfida que su careta; por ésta no estás expuesta a equivocarte, porque nada juzgas por ella; ¡pero la otra…! El mundo todo es máscaras: todo el año es carnaval.”
No hace muchas noches que me hallaba encerrado en mi cuarto, y entregado a profundas meditaciones filosóficas, nacidas de la dificultad de escribir diariamente para el público. ¿Cómo contentar a los necios y a los discretos, a los cuerdos y a los locos, a los ignorantes y los entendidos que han de leerme, y sobre todo a los dichosos y a los desgraciados, que con tan distintos ojos suelen ver una misma cosa?

Animado con esta reflexión, cogí la pluma y ya iba a escribir nada menos que un elogio de todo lo que veo a mi alrededor, el cual pensaba rematar con cierto discurso encomiástico acerca de lo adelantado que está el arte de la declamación en el país, para contentar a todo el que se me pusiera por delante, que esto es lo que conviene en estos tiempos tan valentones que corren; pero tropecé con el inconveniente de que los hombres sensatos habían de sospechar que el dicho elogio era burla, y esta reflexión era más pesada que la anterior. […]
Ya que sin respeto a mis lectores me he metido en estas reflexiones filosóficas, no dejaré pasar en silencio antes de concluirlas la más principal que me ocurría.
¿QUÉ MEJOR CARETA QUE LA HIPOCRESÍA?
¿Qué mejor careta ha menester don Braulio que su hipocresía? Pasa en el mundo por un santo, oye misa todos los días, y reza sus devociones; a merced de esta máscara que tiene constantemente adoptada, mirad cómo engaña, cómo intriga, cómo murmura, cómo roba…
¡Qué empeño de no parecer Julianita lo que es! ¿Para eso sólo se pone un rostro de cartón sobre el suyo? ¿Teme que sus facciones delaten su alma? Viva tranquila; tampoco ha menester careta. ¿Veis su cara angelical? ¡Qué suavidad! ¡Qué atractivo! ¡Cuán fácil trato debe de tener! No puede abrigar vicio alguno. Miradla por dentro, observadores de superficies: no hay día que no engañe a un nuevo pretendiente; veleidosa, infiel, perjura, desvanecida, envidiosa, áspera con los suyos, insufrible y altanera con su esposo: ésa es la hermosura perfecta, cuya cara os engaña más que su careta.
¿Veis aquel hombre tan amable y tan cortés, tan comedido con las damas en sociedad? ¡Qué deferencia! ¡Qué previsión! ¡Cuán sumiso debe ser! No le escoja sólo por eso para esposo, encantadora Amelia; es un tirano grosero de la que le entrega su corazón. Su cara es también más pérfida que su careta; por ésta no estás expuesta a equivocarte, porque nada juzgas por ella; ¡pero la otra…! Imperfecta discípula de Lavater, crees que debe ser tu clave, y sólo puede ser un pérfido guía, que te entrega a tu enemigo.
Bien presumirá el lector que al hacer estas metafísicas indagaciones algún pesar muy grande debía afligirme, pues nunca está el hombre más filósofo que en sus malos ratos; el que no tiene fortuna se encasqueta su filosofía, como un falto de pelo su bisoñé; la filosofía es, efectivamente, para el desdichado lo que la peluca para el calvo; de ambas maneras se les figura a entrambos que ocultan a los ojos de los demás la inmensa laguna que dejó en ellos por llenar la naturaleza madrastra. [...]
TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL
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16.02.08 @ 13:38:48. Archivado en Mundo Libre
UN PROPÓSITO SUPERIOR NADA FÁCIL DE ALCANZAR:
“Así que esto no va a ser fácil. No subestimemos aquello a lo que nos estamos enfrentamos.
Nos enfrentamos a la creencia de que es normal que grupos poderosos dominen a los que nos gobiernan, que estos grupos son parte del sistema en Washington. Pero sabemos que la indebida influencia de éstos es parte del problema; y estas elecciones son nuestra oportunidad para decir que no vamos a dejar más que se pongan en medio de nuestro camino.

Nos enfrentamos a la idea común de que tu habilidad para liderar como Presidente proviene de la longevidad en Washington o la proximidad a la Casa Blanca. Pero sabemos que el verdadero liderazgo es sinceridad, es buen juicio, y habilidad para convocar a todo tipo de estadounidenses alrededor de un mismo propósito: un propósito superior.
Nos enfrentamos a décadas de amargo partidismo que hacen que los políticos satanicen a sus oponentes en vez de unirse para hacer que las universidades sean mas accesibles económicamente o que la energía sea más limpia; es el tipo de partidismo en el que ni siquiera se permite decir que un republicano ha tenido una idea, incluso una con la que nunca estuviese de acuerdo. Ese tipo de política es mala para nuestro partido, es mala para nuestro país, y ahora llega nuestra oportunidad para que esto termine de una vez y para siempre.
Nos enfrentamos a la idea de que se puede decir lo que sea o hacer lo que sea para ganar unas elecciones. Sabemos que es precisamente esto lo que no funciona en nuestro sistema político, esta es la razón de que la gente no se crea más lo que dicen sus líderes; es por esto por lo que no sintonizan con el pueblo. Y estas elecciones son nuestra oportunidad para darle a los estadounidenses una razón para creer de nuevo.
Y lo que también hemos visto en estas últimas semanas es que nos enfrentamos a fuerzas ajenas a la campaña que alimentan los hábitos que nos impiden llegar ser ser lo que queremos como nación. Es la política que utiliza la religión como muro separador y el patriotismo como maza. Una política que nos dice qué es lo que tenemos que pensar, cómo actuar, e incluso cómo votar en el marco de las categorías que supuestamente nos definen. La asunción de que los republicanos nunca votarían de otra forma. La asunción de que a los ricos no les importan nada los pobres, y que los pobres no votan. La asunción de que los afroamericanos no pueden apoyar a un candidato blanco, que los blancos no pueden apoyar a un afroamericano; que los negros y los latinos no pueden aunar fuerzas.
Pero aquí estamos esta noche para decir que estos no son los Estados Unidos en los que creemos.” BARACK OBAMA
VÍDEO DEL DISCURSO Y TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL EN PERIODISTA DIGITAL.
Publicado simultáneamente en Filosofía Digital y Mundo Libre Digital
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-Comentario-
Qué hermosas palabras, que hacen de la sombra brotar la luz y que quiero destacar por elevar mi espíritu a las alturas:
“No hay espacio ni tiempo para los espíritus que aman sinceramente la sabiduría, porque ese amor a lo eterno hace de ellos uno. Y ya ves, aunque los lobos no formen manada, su raza no se extingue.”
Hoy, gracias a usted, una pequeña ilusión cargada de esperanza ha iluminado este pequeño sendero de mi vida y quien sabe si el eco habrá llegado a otras mentes….
Me ha llamado poderosamente la atención esta frase del fragmento que usted destaca del señor Thoureau:
“¿Para qué ha enraizado el hombre tan firmemente en la Tierra, sino para elevarse hacia los cielos en igual medida?”
Buenos días y muchas gracias por existir.

-Respuesta-
Gracias a ti, alma sensible, por estar ahí y arrimar tu corazón al eco de lo que, desde aquí, se susurra más que se grita. Por eso, los sordos -¡qué desgracia ser sordo para la sinfonía que compone cada día la Vida- ni oyen la voz ni el eco.
Pero vamos a lo nuestro, que los necios pueden pensar que nos adulamos mutuamente.
¿Te das cuenta de la similitud entre la frase de Thoreau que tú resaltas y la afirmación de Madariaga en ese fragmento suyo que he titulado La evolución vertical? Las pondré juntas:
“¿Para qué ha enraizado el hombre tan firmemente en la Tierra, sino para elevarse hacia los cielos en igual medida? Pues las plantas más nobles son valoradas por el fruto que sacan al fin al aire y a la luz, lejos del suelo…” (Thoreau)
“El espíritu del hombre, mientras la vaca pace a sus pies, seguirá por los siglos de los siglos elevando y tendiendo al cielo sus brazos como ramas de árbol, ansiando y anhelando aunque no sea más que rozar con las puntas de los dedos, las yemas de las ramas, el velo azul que cubre el misterio.” (Salvador de Madariaga)
Ambos autores, mediante la metáfora de la planta que se abre en flor, al aire y a la luz, lejos del suelo, o la del árbol cuyas ramas tienden sus brazos al cielo, anhelando rozar con la yema de sus dedos el velo del misterio -y rasgarlo, diría yo-, señalan hacia ese ímpetu espiritual que tantos científicos, filósofos y escritores soslayan, y que revela una evolución vertical, creadora de infinitas formas y modos de vida, mil veces más importante y trascendental que la evolución darwiniana, horizontal y pedestre.
Cuando tenga tiempo para ordenar mis ideas arremeteré contra el evolucionismo biológico, una hipótesis absurda donde las haya, que no ha hecho mérito alguno para convertirse en teoría, pero que pretende convertirnos a todos en parientes del mono y de la ameba. Semejante patraña sólo la pueden creer los científicos e intelectuales que, en vez de aprender a pensar con los escritores o filósofos -como Einstein, Goethe o Spinoza- que piensan por sí mismos, nos explican la Vida y nos ennoblecen a todos, se limitan a seguir a poetas populares y naturalistas despistados.
Los profesionales de la filosofía -esos filisteos que no viven la sabiduría filosófica, pero medran a su costa, explicando lo que ellos mismos ignoran- y los eruditos a la violeta -muy bien descritos por Thoureau cuando los compara con los cortesanos, conformistas que tendrán éxito, pero no son en modo alguno progenitores de una raza más noble-, todos esos, no se enteran de nada.
Son pozos de sabiduría, sí, pero pozos secos que, en el desierto de la vida, a los que arden de sed de saber y anhelos de ver, no les meten en la boca ni les lanzan a los ojos más que puñados de arena ¡tan seca como su sesera! ¡Desdichados!
Por eso, aquí, en Filosofía Digital, prefiero publicar los pensamientos de foráneos como Thoreau, un desconocido en España, pero sobradamente conocido por todos los espíritus libres del mundo, antes que los de los autóctonos profesores de filosofía -pero no filósofos-, que compiten en fama con la de los famosillos y personajes faranduleros que salen en televisión despotricando. ¡Qué país éste, amiga mía!
Ahora que empieza la campaña de propaganda indecente de los partidos para ver quién ocupa la poltrona, ¡cómo me acuerdo de las palabras de Montesquieu! Aquellas en las que dice que “los políticos de hoy no nos hablan más que de fábricas, de comercio, de finanzas, de riquezas e incluso de lujo”; y las otras, donde dice que un pueblo que, al no tener democracia, no participa en el Gobierno, “se apasionará por un actor como lo hubiera hecho por los asuntos públicos”.
¡Cómo se aplica esto a la telebasura, la telecultura y la telepolítica españolas!
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en LA VIDA DE LOS MÁS SABIOS
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“En lo que se refiere a lujos y comodidades, la vida de los más sabios ha sido siempre más sencilla y sobria que la de los pobres. Los antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos fueron una clase de gente jamás igualada en pobreza externa y riqueza interna. Igual reza para con los más modernos reformadores y bienhechores de la raza. Nadie puede ser observador imparcial y certero de la raza humana, a menos que se encuentre en la ventajosa posición de lo que podríamos llamar pobreza voluntaria. Hoy hay profesores de filosofía, pero no filósofos. Y, sin embargo, es admirable enseñarla, porque en un tiempo no lo fue menos vivirla. Ser un filósofo no consiste meramente en tener pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una escuela, sino en amar la sabiduría hasta el punto de vivir conforme a sus dictados una vida sencilla, independiente, magnánima y confiada. Estriba en resolver algunos de los problemas de la vida, no sólo desde el punto de vista teórico, sino también práctico. El filósofo va por delante de su época incluso en su forma externa de vivir.”
La mayoría de lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino obstáculo cierto para la elevación de la humanidad.
LA VIDA DE LOS MÁS SABIOS Y LOS MAYORES BIENHECHORES DE LA HUMANIDAD HA SIDO MÁS SENCILLA Y SOBRIA QUE LA DE LOS POBRES

En lo que se refiere a estos lujos y comodidades, la vida de los más sabios ha sido siempre más sencilla y sobria que la de los pobres. Los antiguos filósofos chinos, hindúes, persas y griegos fueron una clase de gente jamás igualada en pobreza externa y riqueza interna. No es mucho lo que sabemos de ellos, pero es notable que sepamos tanto.
Igual reza para con los más modernos reformadores y bienhechores de la raza. Nadie puede ser observador imparcial y certero de la raza humana, a menos que se encuentre en la ventajosa posición de lo que podríamos llamar pobreza voluntaria. El fruto de una vida de lujo no es otro que éste, ya sea en la agricultura, en el comercio, en la literatura o en el arte.
Hoy hay profesores de filosofía, pero no filósofos. Y, sin embargo, es admirable enseñarla, porque en un tiempo no lo fue menos vivirla. Ser un filósofo no consiste meramente en tener pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una escuela, sino en amar la sabiduría hasta el punto de vivir conforme a sus dictados una vida sencilla, independiente, magnánima y confiada. Estriba en resolver algunos de los problemas de la vida, no sólo desde el punto de vista teórico, sino también práctico.
El éxito de los grandes eruditos y pensadores es como el de los cortesanos, distinto del que disfruta el rey y aun el hombre cabal; aquellos se suceden en su conformismo, para vivir prácticamente como lo hicieran sus padres, y no son en modo alguno progenitores de una raza más noble. Pero ¿por qué degeneran los hombres? ¿Qué hace que las familias se extingan? ¿Cuál es la naturaleza de esa abundancia que enerva y destruye las naciones? ¿Estamos seguros acaso de que no se ha introducido ya en nuestra vida?
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-Comentario-
Me han llamado la atención estas frases:
“El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones.” ¿Cómo es posible poner en acción los pensamientos si posiblemente son percepciones de un futuro lejano? ¿Cómo podría haber hecho realidad Julio Verne sus novelas en el siglo en que fueron escritas? Sin embargo, siglos después, han dejado de ser ciencia ficción para convertirse en realidades normales.
Los filósofos son visionarios sociales, sienten y piensan un mundo que es imposible materializar en la propia época en la que viven, pero gracias a sus mentes prodigiosas se está empezando a manifestar una realidad venidera, saludable y necesaria para la evolución social de la humanidad y la vida en todas sus manifestaciones. (Jesucristo fue un gran filósofo incomprendido en su tiempo).
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los filósofos pasados, presentes (gracias, señor Nava) y futuros, porque gracias a sus maravillosas mentes puedo intuir un futuro esperanzador y una realidad digna de ser recreada.
“La principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia.” Si fuéramos conscientes de la realidad de esa afirmación posiblemente no nos creeríamos por encima, ni por debajo de nada ni nadie, sino que caminaríamos como hermanos, como iguales, intentando apoyarnos los unos en los otros. No habría jefes ni súbditos, solo compañeros de camino. Donde todos tendríamos la importancia de no tener ninguna importancia y la valía de reconocer sabernos necesarios todos a la par.
Pero es difícil de conseguir, ¡cuántas veces nos menospreciamos a nosotros mismos comparándonos con otros a los que consideramos mejores y viceversa! El enemigo no siempre es el otro, sino el propio y soberbio diablo interior.
Quizá el sentido de esta vida sea solo conseguir la superación personal. O quizás el sentido de esta vida es que no tiene sentido…
Saludos cordiales.

-Respuesta-
La antología de aforismos de Santayana, realizada por Ira Cardiff en 1950, no me parece representativa del ingenio filosófico de este español universal. A decir verdad, me parece detectar, aquí y allá, un poso de escepticismo, incluso de cinismo, que no me agrada. Pero, al parecer, es así como pensaba Santayana, tal vez un filósofo un poco irregular en su brillantez intelectual, y que nunca ideó, que yo sepa, un sistema propio. Pero, aún así, le tengo admiración y respeto.
Diferente es el caso de Jesucristo, un hombre de fuego, todo corazón y pureza, al que amo con amor inalterable, pues, en mi adolescencia, me enseñó que sólo el amor nos justifica y nos salva. Atribuyo, en cambio, a un error de tu afecto que me incluyas entre los filósofos; a menos que pienses, como yo, que todos cuantos reflexionamos, filosofamos. También tú.
Volviendo a Santayana, decir, por ejemplo, que “la existencia no tiene base, es esencialmente gratuita; porque si yo creyese ver una base para la existencia, tendría que buscar una base para esa base, y así hasta el infinito”, me parece una ordinariez filosófica impropia de un verdadero pensador. El no podía ignorar que la Causa es incausada y que no tiene sentido, por tanto, remontarse en una cadena de causas hasta el infinito.
Y por referirme a los dos fragmentos que comentas, te diré, en primer lugar, que un pensamiento que no está cierto de sus contactos con la realidad es un pensamiento de tercera categoría, inseguro y que no ha rozado siquiera la certeza del conocimiento verdadero. Una idea verdadera no necesita materializarse para ser verdad, pues eso significaría confundir la esencia eterna de las cosas con su existencia temporal, y atribuir realidad únicamente a las cosas que existen en el espacio-tiempo, precisamente las menos reales de todas. Mi amor siempre sería verdadero, aunque no encontrara a nadie en el mundo a quien poder expresarlo.
Más que hablar de ideas posibles e imposibles, sería más correcto hablar de ideas verdaderas o falsas. Las verdaderas son posibles, pues sólo faltan las causas intermedias que determinen su existencia fuera del entendimiento; las falsas, en cambio, son imposibles, porque implican una contradición en sí mismas o con las leyes naturales. Las ideas de Julio Verne y las de Leonardo da Vinci eran, en lo esencial, verdaderas ya en su tiempo, pero tuvieron que esperar a que las condiciones materiales las hicieran posibles y las dotaran de existencia real fuera de las mentes de sus creadores.
Respecto a que “la principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia”, estoy de acuerdo siempre que no quiera decir que el espíritu no pueda alcanzar la certeza absoluta de su propia eternidad esencial, y se refiera, más bien, tal como tú oportunamente señalas, a la mera arrogancia del narcisista y a la autoimportancia que se otorga el egoísta, vicios que el modesto y generoso compañero de sus semejantes desconoce.
No obstante, no creo que la igualdad democrática de derechos, oportunidades y condiciones, nos convierta a todos en seres sin importancia, ni siquiera igualmente importantes o necesarios. Ese sería un mundo tan estéril, triste y pálido como un tórrido desierto en el que ni siquiera se hallaría, de tanto en tanto, un reconfortante oasis.
Más bien concibo la democracia como un inmenso jardín donde el pleno desarrollo y crecimiento de cada flor sea la condición y el fundamento del libre desarrollo de todas las flores. Y donde, por supuesto, ningún jardinero tendrá derecho a podar a las que, por gracia de la naturaleza, descuellen sobre otras, ni éstas a ahogar a las más pequeñas. En ser cada uno fiel a sí mismo radica la garantía democrática para ser originales, creativos e igualmente diferentes.
La vida, amiga mía, no tiene significado ni propósito, pero está preñada de sentido. Un sentido que yace enterrado en nuestro propio corazón bajo montañas de decepciones y prejuicios. Ni siquiera hay que cavar. Basta con limpiar nuestro pozo espiritual, y de su manantial subterráneo brotarán ríos de agua viva. Porque hasta en el interior de un desierto siempre hay algún oasis.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en NO QUISIERA SER UN FILÓSOFO
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11.02.08 @ 08:48:39. Archivado en Mundo Libre
“Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Carlos Marx es para nosotros maestro de vida espiritual y moral, no pastor con báculo. Es estimulador de las perezas mentales, es el que despierta las buenas energías dormidas que hay que despertar para la buena batalla. Es un ejemplo de trabajo intenso y tenaz para conseguir la clara honradez de las ideas, la sólida cultura necesaria para no hablar vacuamente de abstracciones. Es bloque monolítico de humanidad que sabe y piensa, que construye silogismos de hierro que aferran la realidad en su esencia y la dominan, que penetran en los cerebros, disuelven las sedimentaciones del prejuicio y la idea fija y robustecen el carácter moral. Carlos Marx no es para nosotros ni el infante que gime en la cuna ni el barbudo terror de los sacristanes. Es una parte necesaria e integrante de nuestro espíritu, que no sería lo que es si Marx no hubiera vivido, pensado, arrancado chispas de luz con el choque de sus pasiones y de sus ideas, de sus miserias y de sus ideales.”
¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres.
MARX NO HA ESCRITO UN CREDILLO NI ES UN MESÍAS QUE HUBIERA DEJADO UNA RISTRA DE PARÁBOLAS CARGADAS DE IMPERATIVOS CATEGÓRICOS
Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?

Y, sin embargo, así son las cosas: todos son un poco marxistas sin saberlo. Marx ha sido grande y su acción ha sido fecunda no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía una original visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, consciencia. Su consciencia personal puede convertirse en la de todos, y es ya la de muchos; por eso Marx no es sólo un científico, sino también un hombre de acción; es grande y fecundo en la acción igual que en el pensamiento, y sus libros han transformado el mundo así como han transformado el pensamiento.
Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, significa el reino de la consciencia.
Su obra cae precisamente en el mismo período en que se desarrolla la gran batalla entre Thomas Carlyle y Heriberto Spencer acerca de la función del hombre en la historia.
Carlyle: el héroe, la gran individualidad, mística síntesis de una comunión espiritual, que conduce los destinos de la humanidad hacia orillas desconocidas, evanescentes en el quimérico país de la perfección y de la santidad.
Spencer: la naturaleza, la evolución, abstracción mecánica e inanimada. El hombre: átomo de un organismo natural que obedece a una ley abstracta como tal, pero que se hace concreta históricamente en los individuos: la utilidad inmediata.
Marx se sitúa en la historia con el sólido aplomo de un gigante: no es un místico ni un metafísico positivista; es un historiador, un intérprete de los documentos del pasado, pero de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos.
Éste era el defecto intrínseco a las historias, a las investigaciones acerca de los acaecimientos humanos: el no examinar ni tener en cuenta más que una parte de los documentos. Y esa parte se escogía no por la voluntad histórica, sino por el prejuicio partidista, que lo sigue siendo aunque sea inconsciente y de buena fe. Las investigaciones no tenían como objetivo la verdad, la exactitud, la reconstrucción íntegra de la vida del pasado, sino la acentuación de una determinada actividad, la valoración de una tesis apriórica.
CON MARX LA HISTORIA SIGUE SIENDO DOMINIO DEL ESPÍRITU, PERO LAS IDEAS SE REALIZAN Y DEJAN DE SER FICTICIAS ABSTRACCIONES RELIGIOSAS O SOCIOLÓGICAS
La historia era dominio exclusivo de las ideas. El hombre se consideraba como espíritu, como consciencia pura. De esa concepción se derivaban dos concepciones erróneas: las ideas acentuadas eran a menudo arbitrarias, ficticias. Y los hechos a los que se daba importancia eran anécdota, no historia. Si a pesar de todo se escribió historia, en el real sentido de la palabra, ello se debió a la intuición genial de algunos individuos, no a una actividad científica sistemática y consciente.
Con Marx la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos aislados o asociados. Pero las ideas, el espíritu, se realizan, pierden su arbitrariedad, no son ya ficticias abstracciones religiosas o sociológicas. La sustancia que cobran se encuentra en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas y las relaciones de producción y de cambio.
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10.02.08 @ 11:18:00. Archivado en Mundo Libre
“Entrar en política es un acto de generosidad, salvo para quienes lo hacen con finalidad de corrupción. Por eso, la sociedad civil debe seguir movilizándose, salir del permanente espíritu de crítica y entrar en política partidista para hacer cosas con generosidad, incluso mientras sea imposible cambiar el vigente sistema electoral de listas cerradas, y la actual ley de partidos, y salir un día por solidaridad con los demás ciudadanos que tienen algo que aportar. La libertad política debe ser previa a la formación de un Estado en reconstrucción democrática, no sólo para que no vuelvan los fantasmas del pasado dictatorial, sea nacionalsindicalista o comunista, sino porque si no el nuevo Estado democrático monopolizaría todo la actividad política, de la misma forma que todo gobierno tiende a oligarquizarse. El consenso de partidos, constituido predemocráticamente, como se hizo en España hace treinta años, es antidemocrático, incluso por no incluir el disenso”.
Se ha dicho que la historia la escriben los vencedores y la historia “oficial” española desde la derrota militar de la IIª República, ciertamente la han escrito, mal escrito, los vencedores de 1939, con la cultura de la victoria que dominó todo el Estado de la dictadura posterior y ha seguido dominando mayoritariamente con la cultura de la transición hacia el postfranquismo monárquico parlamentario autonomista, desde 1977, el Estado actual.
SE PRETENDE RECUPERAR LA MEMORIA HISTÓRICA DE LA REPÚBLICA Y LA DICTADURA, PERO SE IGNORA LA DE LA TRANSICIÓN
Curiosamente, ahora que empieza a aparecer, con setenta y cinco años de retraso, algo de recuperación de la memoria histórica española de la guerra y la dictadura, para la salud mental de la sociedad, se está ignorando la historia de después de la dictadura, la historia de la transición que no fue, pero que pudo haber sido diferente.

La historia de la transición la están escribiendo hoy los victoriosos de 1977, ignorando la de los que perdieron hace treinta años, tanto franquistas no reformistas, por un lado, como liberales demócratas por otro; tanto monárquicos donjuanistas como republicanos legitimistas. Es la memoria confiscada, en los últimos treinta años, de lo que pasó y pudo pasar en 1977. Quizás cuando pasen setenta y cinco años desde 1977, hacia 2052, alguien quiera recuperar la memoria histórica de entonces, para la salud mental de la sociedad. Por eso, quizás, vale la pena recordarla.
Pero, como diría Campoamor, “nada es verdad ni mentira”, también la historia es una u otra, depende de desde donde se cuente y quien la cuente. La victoria aliada de las democracias en 1945, trastocó la cruenta victoria militar peninsular de 1939, y se ha podido escribir la historia de España, desde fuera, desde el exilio unos, y desde el conocimiento que de España tienen ciudadanos europeos de otras naciones de la Unión, o de las Américas.
También algunos españoles del interior, que no terminaron de aceptar los términos en que se negoció la transición, y menos aún en cómo se ha consolidado y evolucionado después. José Vidal Beneyto es uno de ellos, y de su memoria histórica de la transición ha escrito recientemente y organizado una reunión con muchos de los protagonistas, menos con los verdaderamente importantes. Los que traicionaron la dictadura a que habían servido y los que traicionaron la república en el exilio.
El futuro no podrá culpar a algunos de los servidores actuales de la monarquía, a la que han jurado lealtad, si algún día la traicionan. Otros juraron los principios del Movimiento Nacional y luego lo traicionaron. […]
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“El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones. No quisiera ser un filósofo, si lo que esto significa es ser un profeta portador de un mensaje. Y es ahora cuando la multiplicación del mecanismo se ha convertido en una pesadilla, los omnipresentes anuncios en una plaga, el supercrecido proletariado en arenas movedizas bajo los pies del capital, y la jerarquía de los empleos en un retorno a una especie de esclavitud. Esta tragedia del comercialismo es apreciable en Europa. El mundo contemporáneo ha vuelto las espaldas a la tentativa, e incluso al deseo, de vivir razonablemente.”
El que seamos mortales tiene sus compensaciones: una de ellas es el que todos los males son transitorios, la otra el que es posible que lleguen tiempos mejores.

El afirmar que la guerra es abono para el desarrollo del valor y de la virtud es lo mismo que afirmar que el libertinaje fomenta el amor.
La sociedad es como el aire, necesario para respirar, pero insuficiente para vivir del mismo.
Cuál ha de ser la religión de un hombre determinado es un accidente histórico, ni más ni menos que el idioma que está llamado a hablar.
La moda es una cosa bárbara, porque produce novedades sin razón e imitaciones sin beneficio alguno.
¿Son esos que llamamos museos -y que resultan mausoleos en los que se amontonan los restos de un arte muerto- lugares en los que las musas tuvieron el propósito de habitar? Nosotros no conservamos en vitrinas las monedas que son en el mundo de circulación corriente. El arte vivo no produce curiosidades de coleccionistas, sino cosas necesarias espirituales destinadas a ser difundidas.
La ciencia sólo difiere del conocimiento común en su alcance, no en su naturaleza.
La risa constituye la defensa adecuada contra los daños que nacen de la simple vanidad y engaño voluntario de sí mismo, contra el palabrerío mediante el cual el hombre se convence a sí mismo de que él es la finalidad y el vértice del universo.
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“Los escritores le han dado mucha importancia a ideas como la inspiración, el hallazgo, el modelo. Los movimientos literarios ponen en circulación temas, motivos, formas expresivas, que están pre-ahormando el discurso. En los momentos de negación de las formas anteriores la ”inventio” se convierte en una búsqueda colectiva de nuevas soluciones, hay que redefinir los temas y problemas. A veces estos momentos de crisis son proclives a la aparición de visionarios, profetas, utopistas que sueñan una visión dogmática e integrista del mundo y la sociedad. Estos profetas han demostrado la falsedad de sus propuestas y el efecto dañino que acarrean.”
Este cuadro de G. De Chirico El profeta nos muestra muchos de los elementos simbólicos de su pintura metafísica. Los espacios públicos, la sombra de la estatua, la arquitectura monumental, la iluminación lateral. Este ofrece además esa especie de figurín sin manos y sin rostro, el “profeta”, que parece contemplar un diseño en perspectiva.

Ya la retórica clásica había concebido el desarrollo del discurso a partir de una serie de fases: la búsqueda de ideas (inventio), su organización (dispositio) y su articulación (elocutio). El discurso es un proyecto antes que una realización. En su fase de genotexto, el texto en gestación, que se plasma en esquema o borrador, el discurso va adquiriendo lineamientos, perspectivas.
Los escritores le han dado mucha importancia a ideas como la inspiración, el hallazgo, el modelo. Los movimientos literarios ponen en circulación temas, motivos, formas expresivas, que están pre-ahormando el discurso. En los momentos de negación de las formas anteriores la ”inventio” se convierte en una búsqueda colectiva de nuevas soluciones, hay que redefinir los temas y problemas.
A veces estos momentos de crisis son proclives a la aparición de visionarios, profetas, utopistas que sueñan una visión dogmática e integrista del mundo y la sociedad. Estos profetas han demostrado la falsedad de sus propuestas y el efecto dañino que acarrean. Este Profeta de De Chirico carece de vestíbulos en su rostro, es un puro fantoche.
MANUEL CEREZO ARRIAZA, Inventio. Tomado de su weblog.
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-Comentario-
Es cierto, opino casi lo mismo pero solo me atrevo a un casi, porque he reconocido algo de “fingidora” en mí. ¿De verdad está usted fuera de todas esas descripciones?
La pregunta no es tanto porque dude de la posibilidad, como por la búsqueda de una confirmación de que es posible llegar a ese estado, al que desde luego aspiro aunque no consigo: atea, filosofastra, revolucionaria de boquilla, pobretones…
-Respuesta-
No te serviría de nada que dijera, por modestia verdadera o falsa, que yo también tengo un toque de hipocresía, pues mal de muchos consuelo de tontos. Pero no, no soy un hipócrita. Lo cual, por otra parte, no tiene mérito alguno, pues es mi manera de ser, es decir, soy honesto por necesidad.

Además, el hipócrita es, en el fondo, estúpido, pues desperdicia las energías que podría usar para decir la verdad, y vivir en ella, en mantener una fachada de respetabilidad imposible para alguien que piensa mal, es decir, que tiene malas intenciones y obra de mala fe. Como dice Victor Hugo en Los trabajadores del mar (edición de 1866), “el pasar por hombre honrado es duro. Mantener siempre en equilibrio el pensar mal y el hablar bien, ¡qué trabajo!”
Pero no me hago ilusiones, puesto que no padecer el detestable mal de la hipocresía, no garantiza que no se posean otros muchos defectos. Es muy cierto que, aunque uno “carezca” de hipocresía, hacen falta muchas más cualidades “positivas” para ser virtuoso. “Y si la verdadera virtud es la que se ignora a sí misma” (Nietzsche), si fuera virtuoso de veras, no lo sabría.
El hipócrita juzga y condena a otros por lo mismo que él también hace; aunque, por supuesto, con disimulo o en secreto. Es más, pretende mejorar el mundo antes de hacerse bueno a sí mismo. Por eso, decía Chuang Tzu, reformistas y altruistas, gobernantes y filántropos, que “no conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse”, son las dos pestes más graves cuyo azote viene sufriendo el género humano.
No nos conocemos a nosotros mismos sino en la acción y en la relación. Como digo con frecuencia a mis jóvenes alumnos, no sabremos cómo somos realmente hasta que las circunstancias pongan a prueba nuestro carácter.
Uno es “humilde” sólo cuando le han susurrado al oído “eres un líder”, y se ha negado, escandalizado, a mandar sobre otros, aunque ellos mismos se lo pidieran con insistencia.
Uno es “justo” cuando, forzado a dirimir en un juzgado -¡qué vergüenza, para dos que se han amado, no saber entenderse!- qué es suyo y qué de “la otra” parte, se niega a mentir recíprocamente, aunque sea para retener lo que legítimamente le pertenece, y dice la verdad que le perjudica.
Uno es ”religioso” cuando renuncia a convencer a los demás, o a ser un ejemplo para ellos, y se limita a vivir sumergido en el mar sereno de la eternidad, incitando así a muchos, sin pretenderlo, a que hagan lo mismo.
Uno es “sociable” -que no socialista- cuando se siente administrador de todo lo que le viene a la mano, sin creerse propietario de nada, y lo comparte liberalmente con el que tiene más necesidad.
Uno es “casto” cuando da la bienvenida a esa “pequeña castidad” que se presenta de improviso -como decía Nietzsche- y, ofreciendo a tal huésped amor y hospitalidad, la invita a que siga con él todo el tiempo que guste.
Uno es “pobre” cuando, aunque no tenga en propiedad ni una almohada sobre la que reclinar su cabeza, gusta de la vida sencilla -esa “pequeña pobreza”- y sabe disfrutar con gratitud de todos los placeres que la vida le ofrece, entre los cuales, los mejores son gratis.
Uno es “rico” cuando, habiendo gastado todo su tiempo en encontrar la verdad, en vez de perseguir obscenas riquezas, por fin la halla, y con dicha incontenible se dedica a sembrarla a voleo y a enriquecer al mundo con su alegría.
Uno “ama” de veras no cuando da lo que otros le piden, sino cuando despierta el amor en ellos de forma que nunca más tengan que mendigar cariño, pues el Amor -la verdad de la vida- nos hace verdaderamente libres.
En fin… ¿Que si se puede llegar a ese estado? Por supuesto, pero cuando llegues, no lo sabrás. Simplemente, estarás.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en A LOS ETERNOS FINGIDORES
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“En todas partes las iglesias han debido renunciar al poder civil que ejercieron durante muchos siglos y que reforzaba hábilmente su poderío. Se han visto retirar uno a uno sus privilegios, y excluir sin piedad del dominio temporal. De hecho, puede decirse que ya no hay religiones nacionales: por doquier el Estado es laico, y afirma su neutralidad entre las creencias cuyos cultos tolera. La Iglesia católica, que pretende estar por encima de toda ley humana, no se ha dejado someter al derecho común sin viva resistencia. Sin embargo, ha debido capitular y volcar al dominio espiritual toda la influencia que aún conserva: última trinchera, cuyos cimientos, a pesar de todas las apariencias momentáneas, corroe activamente la marea que sube… Sólo ha podido durar tantos siglos adormeciendo, con sus mentiras, el alma asustada de los hombres, atenuando con promesas su temor a la muerte, y embotando su instinto de investigación con afirmaciones gratuitas e inverificables.”
Todos los pueblos civilizados sufren actualmente la misma crisis religiosa: en todos los rincones del mundo donde la cultura, donde el pensamiento, tienen alguna autoridad, un mismo movimiento subleva la conciencia humana, una misma corriente de reflexión y de incredulidad rechaza las fábulas de las iglesias, un mismo ademán de manumisión repele la tutela dogmática de todos los dioses.
YA NO HAY RELIGIONES NACIONALES: POR DOQUIER EL ESTADO ES LAICO Y NEUTRAL FRENTE A LAS CREENCIAS CUYOS CULTOS TOLERA
Francia, que, por su equilibrio intelectual, su apetito de libertad, su necesidad de verificación positiva, es, desde hace doscientos años, el verdadero foco del pensamiento libre en el mundo, Francia parece haber dado la señal de ese movimiento. Italia, España, América del Sur, todos los países latinos donde dominaba el catolicismo, han seguido su ejemplo.

Una transformación paralela manifiestan los países protestantes: Inglaterra, Norteamérica, Sudáfrica. Y ese movimiento es tan general, que hoy alcanza los centros instruidos del Islam y del budismo, las partes civilizadas de África, de la India, y todo el Japón.
En todas partes las iglesias han debido renunciar al poder civil que ejercieron durante muchos siglos y que reforzaba hábilmente su poderío. Se han visto retirar uno a uno sus privilegios, y excluir sin piedad del dominio temporal.
De hecho, puede decirse que ya no hay religiones nacionales: por doquier el Estado es laico, y afirma su neutralidad entre las creencias cuyos cultos tolera.
Ese inmenso salto del pensamiento contra el bloque de las religiones es demasiado complejo para que se le estudie en detalle: pero he querido recordar que es universal, para que no caigáis en la tentación de considerar la evolución irreligiosa de nuestro país como un acontecimiento local y sin repercusión; se halla estrechamente vinculado al estremecimiento paralelo de todos los pueblos. […]
LA IGLESIA CATÓLICA, QUE SE CREE POR ENCIMA DE TODA LEY HUMANA, NO SE HA DEJADO SOMETER AL DERECHO SIN VIVA RESISTENCIA
La Iglesia católica, que pretende estar por encima de toda ley humana, no se ha dejado someter al derecho común sin viva resistencia. Sin embargo, ha debido capitular y volcar al dominio espiritual toda la influencia que aún conserva: última trinchera, cuyos cimientos, a pesar de todas las apariencias momentáneas, corroe activamente la marea que sube…
Pues la insuficiencia de la teodicea para satisfacer los espíritus actuales aumenta, en proporciones colosales, a medida que se suceden las generaciones: cada descubrimiento nuevo agrega invariablemente una objeción más a las afirmaciones dogmáticas de la religión, que, por el contrario, ya no recibe, desde hace tiempo, el menor refuerzo de los estudios contemporáneos.
En su lucha contra esa irresistible corriente, sólo habría para la Iglesia una probabilidad de salvación: evolucionar, para que sus fórmulas fueran aceptables a las conciencias modernas. Para ella es cuestión de vida o muerte. Si no se transforma, provocará infaliblemente, en pocas generaciones, una deserción general y definitiva. [...]
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-Comentario-
Me han llamado la atención estos párrafos, que le comento, para conocer, cuando tenga tiempo, su opinión:
“Cada ciudadano no es autónomo, sino que depende jurídicamente de la sociedad, cuyos preceptos tiene que cumplir en su totalidad, y no tiene derecho a decidir qué es justo o inicuo, piadoso o impío.” Desde mi punto de vista, si un ciudadano individualmente no puede decidir que es justo o no de una sociedad. Si no tiene el poder de discriminar lo que esta bien o lo que está mal de una sociedad, desde su punto de vista , se perdería el espíritu crítico y libre, que es a fin de cuentas lo que hace avanzar a las sociedades.
“Cabe, sin embargo, cuestionar si no es contra el dictamen de la razón someterse plenamente al juicio de otro y, en consecuencia, si el estado político no es irracional.” Someterse plenamente al juicio de otro , sin discriminar, sin resistencia ni oposición es lo más humillante que le puede suceder al ser humano y por supuesto, desde mi punto de vista, que va contra del dictamen de la razón.

“Por otra parte, los hombres, en cuanto gozan, en virtud del derecho civil, de todas las ventajas de la sociedad, se llaman ciudadanos; súbditos, en cambio, en cuanto están obligados a obedecer los estatutos o leyes de dicha sociedad.” De lo que deduzco que actualmente todos somos súbditos, aunque nos creamos ciudadanos. Lo ideal sería ser las dos cosas simultáneamente. Servirnos y servir a la sociedad de la que formamos parte. Pero en nuestra sociedad actual, por desgracia solo somos súbditos. Y ciudadanos cada 4 años por unos breves segundos de tiempo, el que dura meter una papeleta en una urna.
“En la medida, pues, en que quienes nada temen ni esperan, son autónomos, son también enemigos del Estado y con derecho se les puede detener.” No acabo de entender que quiere decir esto. Si alguien nada espera ni teme, simplemente es un ser libre. No entiendo por qué dice que un ser así es un enemigo del Estado y se le puede ¿detener?
Saludos cordiales.
-Respuesta-
Me alegra comprobar que estás ojo avizor y que no se te escapa ni una. Esperaba que los espíritus críticos encontraran extrañas algunas de las afirmaciones de Spinoza contenidas en este fragmento. A mí también me chocaron bastante, sobre todo en una primera lectura, y me parecieron incluso duras.
Respecto al uso que Spinoza hace de los términos ciudadano y súbdito, no hay que darle ninguna importancia. Algunas personas que han entrado a debatir en el blog de la extinta ALCD eran contrarios incluso al uso del término “ciudadano”, y preferían el de “soberano”, que procede de las monarquías absolutas, olvidando que el derecho de uno solo no es derecho alguno.
Lo que importa no son las palabras, sino lo que queremos significar con ellas. Spinoza viene a decir que somos ciudadanos en cuanto disfrutamos de todas las ventajas de la vida civil; y súbditos en cuanto que estamos obligados a obedecer las leyes comunes del Estado.
La obediencia no nos convierte en esclavos; de otra manera, los hijos, en cuanto observan las reglas paternas, serían esclavos y no hijos. No es la obediencia, sino su fin, lo que nos hace libres o esclavos. Si yo obedezco a alguien en beneficio suyo, soy su esclavo; si me someto a las reglas comunes de la convivencia, en esa medida, soy libre; pues las leyes del Estado velan por el bien común, y por lo tanto por el mío, mejor incluso de lo que yo, en la soledad de la vida natural, podría velar por él.
Sin que acabe de estar completamente de acuerdo con Spinoza, trataré de explicar lo quiso decir y en qué contexto hizo las otras afirmaciones que citas. Él mismo aplicó a los antiquísimos libros de la Biblia este método de interpretación, que tan buenos resultados le dio, y que aún hoy en día se aplica bajo el nombre de crítica histórico-textual. Veamos.
“Cada ciudadano no es autónomo, sino que depende jurídicamente de la sociedad, cuyos preceptos tiene que cumplir en su totalidad, y no tiene derecho a decidir qué es justo o inicuo, piadoso o impío.” Spinoza afirma que, en el momento de constituir una sociedad y entregarle el poder de decidir lo que es justo o injusto para todos, cesa el poder de decidir por cuenta de cada particular, la justicia o injusticia de las leyes concernientes a la “res publica”, o sea, a los asuntos públicos. En el estado de naturaleza no hay nada que pueda decirse justo o injusto, pues todo es de todos, y es la sociedad quien, por común consenso, decreta lo que es de cada uno. Antes de la ley, no hay delito. Y en el estado natural sólo rige la suprema ley de la supervivencia.[...]
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30.01.08 @ 17:48:59. Archivado en Mundo Libre
“En cuanto a los prejuicios que tienen los hombres debido a la educación y la costumbre, favorable a una forma o a un sistema de gobierno determinados, esos prejuicios tiene todavía que pasar por la prueba de la razón y la reflexión. De hecho, esos prejuicios no son nada. Ningún hombre tiene prejuicios favorables a algo que sabe que está mal. Siente apego a ello porque cree que está bien y, cuando ve que no es así, desaparece el prejuicio. Cabría decir que hasta que los hombres piensen por sí mismos, todo es prejuicio y no opinión, pues no es opinión sino aquello que es resultado de la razón y la reflexión. No creo que jamás se haya tratado al pueblo de Inglaterra con justicia y honestidad. Le han engañado partidos y hombres que se ha arrogado el carácter de dirigentes. Basta con que los hombres piensen sobre estos temas y no actuarán mal ni se dejarán dirigir mal. El decir que cualquier pueblo no está capacitado para la libertad, si pudiera demostrarse eso, probaría por igual que quienes gobiernan no están capacitados para gobernarlo, dado que forman parte de la misma masa nacional.”
En su última obra, su Llamamiento de los Whigs nuevos a los viejos, ha citado unas diez páginas de Derechos del hombre y, tras tomarse esa molestia, dice que no va a “hacer la menor tentativa de refutarlos”, refiriéndose a los principios que en ellas figuran. Conozco lo bastante bien al Sr. Burke para saber que lo haría si pudiera. Pero, en lugar de discutirlos, inmediatamente después se consuela diciendo que “él ya ha hecho su parte”.
CUALQUIER COSILLA PUEDE CONMOVER A UN PARTIDO, PERO TIENE QUE SER ALGO GRANDE PARA PODER CONMOVER A UNA NACIÓN
No ha hecho su parte. No ha cumplido su promesa de comparar las constituciones. Inició la controversia, lanzó el desafío y ahora huye de él, de modo que se convierte en un caso ejemplar de su propia opinión de que “¡Ha terminado la era de la caballería!”.

El título, tanto como el fondo, de su última obra, su Llamamiento, es su condena. Los principios tienen que defenderse por sí solos, y si son buenos no cabe duda de que lo lograrán. El ponerlos al abrigo de la autoridad de otros hombres, como ha hecho el Sr. Burke, hace que infundan sospechas. El Sr. Burke no es muy aficionado a compartir sus honores, pero en este caso está compartiendo arteramente sus errores.
Pero ¿quiénes son esos a quienes el Sr. Burke hace su llamamiento? Un grupo de pensadores pueriles, de políticos a medias nacidos el siglo pasado, hombres que no han llegado más allá con ningún principio de lo que les iba bien para sus fines como partido; la nación nunca importaba, y ése ha sido el carácter de todos los partidos, desde aquella época hasta hoy. La nación no advierte en esas obras, en esa política, nada que merezca su atención. Cualquier cosilla puede conmover a un partido, pero tiene que ser algo grande para conmover a una nación. […]
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-Comentario-
Realmente la vida es un complicado laberinto en la que no siempre las acciones están en línea con las necesidades, con los sentimientos o con las ideas. Como decía Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias…”.
En principio la guerra no es el medio que elegiría una inmensa mayoría de ciudadanos para dilucidar sus diferencias con sus prójimos, pero si esos prójimos le declaran la guerra y les agreden, no podrán evitarla. Una cosa es amar la paz y otra muy distinta ser un cobarde que permite el abuso y la agresión sin ejercer el derecho a legítima defensa.
Las guerras nunca se producen solas, siempre hay alguien que las empieza arrastrando a la muerte, al sufrimiento y a la desolación, a millones de personas que jamás habrían iniciado una guerra ni habrían hecho daño ni a una mosca. Por lo que hay que aceptar el hecho, puntualmente ineludible, de tener que “usar el fusil para acabar con el fusil”, o al menos para defenderte de él. Ahora bien, una cosa es no poder eludir ese menester y otra muy distinta justificarlo como algo rutinario, vendiendo guerras a destajo, inventando enemigos por interés, bajo la excusa del “derecho a defenderse”. A “Usar el fusil para acabar con el fusil”, cuando realmente convierten la guerra, la muerte y la destrucción en un gran negocio.

No creo en ninguna guerra justa. Creo que todas las guerras las empieza un agresor que obliga a gente pacífica, que odia las guerras, a involucrarse en ellas hasta deshumanizarlos. El único resultado claro de las guerras es que los muertos, tanto de un lado como del otro, siempre son inocentes, por ajenos a los trapicheos de los que viven y se forran con ellas, o de los iluminados que la justifican como instrumento para su vana gloria.
Saludos cordiales.
-Respuesta-
Comprendo tu postura. Yo también acepto la legitimidad de la defensa propia de los pueblos frente a las agresiones criminales de otros países. Sería, como diría Montesquieu, en uno de los fragmentos sobre su utopía de los trogloditas publicada aquí, la guerra de la virtud contra la injusticia.
Es propio de gente ruin y cobarde no dar la vida en defensa de los suyos. La verdadera patria es el hogar donde nuestro corazón se ha criado con ternura. Luchar -y morir, si es preciso- por ella es un honor. Me gusta tan poco como a ti la paz cobarde, la paz sin alma, que es en realidad una rendición ante los últimos bárbaros que aún viven entre nosotros, para nuestra vergüenza lo digo.
Pero mi anhelo de paz finita -sólo un falsario pedante puede afirmar que ansía una paz infinita- permanece en mi mente como una utopía, no un imposible, que no debe estar muy lejos. Del beso entre la justicia y la libertad surgirá un nuevo mundo que todos los profetas previeron con claridad: aquel en que los pueblos martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; entonces no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.
Sería partidario, mientras en el mundo sigan campando a sus anchas los países piratas, ladrones de tierras, que cada español tuviera un fusil en casa, como los suizos, y que el pueblo armado fuera el ejército nacional. Pero no me gusta la idea de acabar con los fusiles empuñando el fusil. El que con fusil hiere, con fusil muere.
Y, desde luego, me parece el colmo del cinismo maoísta afirmar que sólo son legítimas, ¡faltaría más!, las guerras progresistas, es decir: las que hacen ellos. Así nos hemos metido de lleno en esta ceremonia de la confusión política moderna en que las derechas proponen revoluciones y las izquierdas tiranías.
Sembremos la idea justa de libertad -la democrática- en el mundo y la paz crecerá como la hierba en campo fértil. Entonces podremos permitir que los fusiles se oxiden en nuestros armarios. Porque, como tú bien dices, no hay ninguna guerra justa, excepto las emprendidas en defensa de la vida o la libertad.
La guerra no podría acabar con la guerra, porque el odio se alimenta con el odio recíproco. Y, como todo el mundo sabe, sin leña se apaga el fuego.
Salud y libertad.
Comentario y respuesta en EL PODER NACE DEL FUSIL
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-Comentario-
Del artículo que me recomendó leer, me gustaría comentar los siguientes párrafos, por haberme llamado la atención especialmente:
“Después de tomar de este modo uno tras otro a cada individuo en sus poderosas manos y de moldearlo a su gusto, el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera; cubre su superficie con una malla de pequeñas reglas complicadas, minuciosas y uniformes, entre las que ni los espíritus más originales ni las almas más vigorosas son capaces de abrirse paso para emerger de la masa; no destruye las voluntades, las ablanda, las doblega y las dirige; rara vez obliga a obrar, se opone constantemente a que se obre; no mata, impide nacer; no tiraniza, pero mortifica, reprime, enerva, apaga, embrutece y reduce al cabo a toda nación a un rebaño de animales tímidos e industriosos cuyo pastor es el gobierno.”
Este tipo de sociedad se parece mucho a la actual. Donde las voluntades se han doblegado de tal manera que la mediocridad reina en las mentes y los corazones.

“Creo que si el despotismo se estableciera en las naciones democráticas contemporáneas, tendría otras características; sería más amplio y más benigno, y degradaría a los hombres sin atormentarlos.”
El despotismo está instaurado, en las democracias contemporáneas, se llama corrupción. Se compra de forma suave corrompiendo el alma de los seres en cosas pequeñas primero, después pasa a mayores y de esa forma gradual y sin darse cuenta el ser humano ha caído en las garras del déspota. Se corrompen instituciones enteras de esta forma. Cuando los hombres son despojados de su alma, de sus principios, de su honor, se convierten en sombra manipulada “degradada sin atormentarse”. Esclavos del déspota.
“En efecto, se hace más difícil concebir cómo hombres que han renunciado enteramente al hábito de dirigirse a ellos mismos podrían elegir acertadamente a quienes han de conducirles; y no es posible que un gobierno liberal, enérgico y sabio, se establezca con los sufragios de un pueblo de esclavos.”
He observado como la mayoría de los hombres y las mujeres necesitan de un líder. No saben actuar correctamente sin ser guiados. Cuando encuentran a ese líder, o mejor dicho cuando ese líder les encuentra a ellos, se dejan dominar por él, no se cuestionan sus órdenes, solo le siguen y punto.
¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas con gente que no sabe andar el camino con compañeros, con iguales, que necesitan sentirse por debajo o por encima de los demás?
¿Cómo podríamos conseguir sociedades democráticas sin espíritus críticos y libres? Una sociedad democrática implicaría un cambio de mentalidad individual de los seres humanos, una revolución interior y profunda de que todos somos iguales, que todos podemos aportar, de que todos somos necesarios, que nadie es más que nadie.
¿Estamos acaso preparados para andar ese camino? ¿Hemos dejado de ser esclavos que buscan a amos que los dirijan?
VER TEXTO COMPLETO EN EL BLOG DE LA ASOCIACIÓN LIBRE DE CIUDADANOS POR LA DEMOCRACIA (ALCD)
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-Comentario-
De rodillas.
-Respuesta-
No se puede llegar muy lejos de rodillas. Y la humillación ante los poderosos nos convierte en menos que hombres.

La libertad democrática en España tiene dos adversarios imponentes: la corrupción de los gobernantes y la imbecilidad de los gobernados.
La primera es un cáncer que corroe las entrañas del país, pero no la temo en absoluto, la desprecio.
Para la segunda no se me ocurre otra cura que echarle encima al pueblo, cual jarro de agua fría, a ver si se despierta de su eterna siesta, todos los derechos de la democracia. Sólo así los españoles se harán adultos y responsables de su propio destino.
Porque están tan mal educados que creen que democracia es hacer lo que les da la gana. Ya va siendo hora de que alguien les diga que democracia es autogobierno, es decir, ocuparse de los asuntos que les competen y dejar de mirar hacia otro lado, mientras esta plaga de políticos que tenemos, déspotas y ladrones, les quitan el fruto de su trabajo -para repartirlo entre sus compinches de partido y sus votantes cómplices-, y arruinan el futuro de sus hijos.
¿De rodillas? Ni para rezar. Yo ya no me arrodillo ni ante Dios.
Saludos.
Comentario y respuesta en ¿CUÁL ES EL CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA?
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-Comentario-
El psicoanálisis es auténtico onanismo mental.
-Respuesta-
Yo no diría tanto. Pero Freud -un neurótico de cuidado, a juzgar por ciertos detalles de la biografía de Jones, uno de los suyos- ha sido mitificado. Y sus “descubrimientos” han pasado al acervo del hombre común causando unos estropicios psicológicos y educativos monumentales.

El inconsciente, por ejemplo, no existe, pues no podemos llamar así a la ignorancia de nosotros mismos. Por decirlo con una frase rotunda de Spinoza: “No hay en nosotros absolutamente nada de lo que no podamos ser conscientes”.
Pero no cabe duda de que Freud puso sobre el tapete la capacidad castradora y represora de una cultura pacata con una moral inhumana. Como ha ocurrido en España durante siglos, donde la moral de los curas ha neurotizado sin misericordia a generaciones enteras.
No estoy del todo de acuerdo con Szasz en algunas cosas, aunque concuerdo con él en muchas más. Es un psiquiatra radical que niega la existencia de la enfermedad mental por el simple hecho de que la psiquiatria “policial” ha cometido todo tipo de desmanes con los pobres histéricos o psicóticos. Y puede que la introspección no cure, pero la reflexión y la intuición, sí. Curan la mente de sus errores y prejuicios, verdaderas enfermedades del alma, y le enseñan a percibir o entender las cosas clara y distintamente.
Por otro lado, los efectos del entendimiento (fuerza esencial de la mente), sea racional sea intuitivo, sobre las emociones es realmente “curativa”, en el sentido de que pone orden y armonía donde había desorden y conflicto. Es reduccionista interpretar la palabra “enfermedad” como referente exclusivamente a las enfermedades del cuerpo.
Una vez aclarado que tenemos una mente inmaterial, que está dotada de propiedades y funciones infinitamente distintas a las del cuerpo material (aunque ambas partes de nuestro ser estén unidas por naturaleza), quedaría claro que empleamos el término “enfermedad” de una manera metafórica, pero legítima. En este punto creo que Szasz es bastante confuso como escritor, y maximalista, por no decir extravagante, como médico.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en LA NEUROSIS ES UNA RELIGIÓN Y EL PSICOANÁLISIS UN CULTO
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“Freud dijo que la religión era una neurosis. Se ajustaría más a la verdad decir que la neurosis es una religión. Actualmente, el psicoanálisis funciona como una religión disfrazada de ciencia y método de tratamiento. Del mismo modo que Moisés recibió las Leyes de Dios de Jehová, a quien, según él, tenía acceso especial, Freud recibió las Leyes de la Psicología del Inconsciente, al que, también según él, tenía acceso especial. 'Las palabras que están saturadas de mentiras o atrocidades -escribe George Steiner- no resumen fácilmente la vida'. Por esto el lenguaje de la locura y el de los médicos de los locos son lenguas muertas. Cada uno de ellos trata de negar su propia mendacidad: el loco, por medio de la retórica fraudulenta de sus 'síntomas'; el médico de los locos, mediante la retórica fraudulenta de sus 'diagnósticos' y 'tratamientos'.”
El psicoanálisis es un intento de examinar las autojustificaciones de una persona. Por lo tanto, sólo puede emprenderse con la cooperación del paciente, y únicamente puede dar buen resultado cuando el paciente gana algo abandonando o modificando sus sistema de autojustificación.

Los primeros freudianos creían que la percepción interior “curaba”. Más adelante se vio que no era así, pero los psicoanalistas nunca explicaron qué era lo que curaba. En primer lugar, no tiene sentido hablar de una cura donde no hay ninguna enfermedad. En segundo lugar, entre la percepción interior y el cambio de personalidad existe la misma relación que entre el “es” y el “debería”, el hecho y el valor, o la ciencia y la política. Esto explica por qué la percepción interior no basta para cambiar a nadie, y también por qué los que afirman que es innecesaria en la psicoterapia están tan equivocados como los que la califican de indispensable.
Filósofos, psiquiatras y otros han debatido largamente sobre la cuestión de si el psicoanálisis es bueno, verdadero o válido. Los que abogan por la base científica del psicoanálisis afirman que es “bueno”, mientras que los que niegan dicha base dicen que no lo es. Es una confusión irónica, en primer lugar porque se apoya en el supuesto tácito de que lo que es científico es bueno; y, en segundo lugar, porque, si bien el psicoanálisis no es una ciencia, algo bueno hay en él.
Freud dijo que el histérico “sufre de reminiscencias”. No es cierto. Sufre porque no puede o no quiere afrontar y ocuparse de sus reminiscencias. ¿De qué otra forma podría ayudarle el psicoanalista?
Freud dijo que la religión era una neurosis. Se ajustaría más a la verdad decir que la neurosis es una religión.
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-Comentario-
Creer en dios es no opinar por ti mismo, la espiritualidad es una farsa psikologika para evadirte de tu mierda de vida, y lo que te hace encerrarte y poner a parir a la humanidad demuestra que eres un cobarde que vivirá siempre escondido. Encuentra el lado bueno de la humanidad, que hay muchos, y simplemente rechaza el malo. La humanidad es genial. No te margines, sé feliz, habla con tus amigos, ellos son la humanidad.
-Respuesta-

Oye, Kako, en primer lugar, ¿a quién te diriges con expresiones tan elegantes? ¿A Jardiel Poncela, autor del fragmento, fallecido en 1952 a los 51 años? ¿Quién es el que lleva una “mierda de vida” y es “un cobarde que vivirá siempre escondido”? ¿Por qué los valentones como tú, devotos comecreyentes, no dais nunca vuestro verdadero nombre? ¿Te crees ingenioso soltando esa memez de que la humanidad es genial? Si tú eres un representante de ese “lado bueno” que tanto exaltas, ¿cómo será el malo? Teniendo en cuenta la violencia verbal y la cobarde grosería de tu e-mail: mekagoendios@suputamadre.com, será harto difícil que logres convencer a un sólo pesimista o escéptico -yo no lo soy, en absoluto-, de esos que piensan que la humanidad no tiene arreglo.
Respecto a que la espiritualidad es “una farsa para evadirte de tu mierda de vida”, ¿qué quieres que te diga? Yo opino todo lo contrario: la única forma de salir de la mierda es despertando la parte espiritual de tu ser, amordazada por tus prejuicios, y cultivándola. Sin espiritualidad no serás más que un patético animal herido que irás por la vida revolviéndote contra el primero que te encuentres, sin importarte si representa el lado bueno o malo de la humanidad.
Mucho me temo que tú seas un jovenzuelo resentido -no sé contra qué o contra quién- que no ha aprendido a distinguir el bien del mal, o un vejete que lo ha olvidado, caso de que alguna vez lo haya sabido.
Precisamente porque tú eres uno de esos que ha abjurado del espíritu se te puede aplicar de lleno la moraleja divertida e irónica de Jardiel Poncela: estás como una cabra.
Sacúdete tu propia mierda, amigo, pero haz el favor de no venir a salpicarnos aquí. Te deseo una pronta recuperación. Cuídate.
Comentario y respuesta en LA HUMANIDAD HA ABJURADO DEL ESPÍRITU
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13.01.08 @ 17:19:30. Archivado en Mundo Libre
“La suerte general de la humanidad me parece aquí [Europa] deplorable en grado máximo. Por todas partes se muestra la verdad de la observación de Voltaire, según la cual todo hombre ha de ser martillo o yunque. Mientras la gran masa del pueblo sufre bajo la opresión física y moral, intrigas amorosas ocupan al sector joven e intrigas de ambición al sector menos joven de los grandes. Como el amor conyugal no existe entre ellos, la felicidad doméstica -que constituye su base- es radicalmente desconocida. En su lugar hay aventuras que alimentan y fortalecen todas nuestras malas pasiones, dando sólo momentos de éxtasis a cambio de días y meses de tormento y desasosiego. Inferior, muy inferior es esto a la dicha tranquila y permanente con que bendice a la mayoría de sus habitantes la sociedad doméstica en América, permitiéndoles perseguir las empresas aprobadas por la salud y la razón, y haciendo los intervalos libres verdaderamente deliciosos”.

¡Heme aquí, al fin, en el aparatoso escenario de Europa! No es necesario para vuestra información que entre en detalles. Pero quizá sintáis curiosidad por saber cómo este nuevo escenario ha afectado a un salvaje de las montañas de América. Os aseguro que no para mejor.
La suerte general de la humanidad me parece aquí deplorable en grado máximo. Por todas partes se muestra la verdad de la observación de Voltaire, según la cual todo hombre ha de ser martillo o yunque. Es un cuadro verídico del país que dicen que seremos en el futuro, donde cabrá ver a Dios y sus ángeles en la gloria, pisoteando a muchedumbres de condenados.
Mientras la gran masa del pueblo sufre bajo la opresión física y moral, he tratado de examinar más de cerca la condición de los grandes, para sopesar el verdadero valor de las circunstancias en su situación, que deslumbran al grueso de los espectadores, y especialmente para compararla con ese grado de felicidad que disfrutan en América toda clase de gentes. […]
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“Las revoluciones llevan a látigos de acero, trabajos forzados y a encarcelar a grandes escritores. Sin embargo, el término, revolucionario sigue gozando de las más nobles connotaciones; el término reaccionario tiene, tanto en arte como en política, el monopolio de lo malo. Se ha dicho que los revolucionarios en literatura han sido por lo general reaccionarios en política. Creían que el arte tiene que decaer sin una élite o aristocracia que lo sostenga; por consiguiente, en política tenían que inclinarse hacia el autoritarismo. No obstante, si la postura política reaccionaria de un escritor implica la voluntad de aceptar el fascismo en vez de un liberalismo tolerante, ello arroja dudas sobre la humanidad de su arte. Porque el arte -y ciertamente la literatura- tiene que ser juzgado en términos de valores humanos; el arte promociona valores como el amor, la tolerancia, la redención. Es imposible imaginar una literatura basada en el odio y la condena.”
Las revoluciones llevan a látigos de acero, trabajos forzados y a encarcelar a grandes escritores. Sin embargo, el término, revolucionario sigue gozando de las más nobles connotaciones; el término reaccionario tiene, tanto en arte como en política, el monopolio de lo malo. Se ha dicho que los revolucionarios en literatura han sido por lo general reaccionarios en política.

LOS REVOLUCIONARIOS ARTÍSTICOS FUERON FRECUENTEMENTE REACCIONARIOS POLÍTICOS
Mis recientes reflexiones sobre el centenario de T. S. Eliot me llevan a preguntarme si esta afirmación puede aplicársele, y, de ser así, si ello, debe afectar a nuestra actitud ante su obra como poeta. Detrás de la revolución literaria iniciada en Londres por T. S. Eliot y Ezra Pound, se encuentra una eminencia gris cuya carrera filosófica y poética fue cortada en seco por una bala en Flandes, durante la I Guerra Mundial. Esta eminencia gris era T. E. Hulme, quien nos enseñó que “la creencia humanista en la perfectibilidad del hombre es falsa… y la razón de esta falsedad es el fallo en no reconocer el pecado original. La vida es esencialmente trágica y fútil…”.
Por supuesto, hubo otros pesimistas más antiguos y distinguidos que Hulme (San Agustín y Schopenhauer, por ejemplo), pero el mentor de los humanistas fue Hulme. En Inglaterra, la gran visión progresista había sido difundida por H. G. Wells y Bernard Shaw y por los socialistas, pero Eliot y Pound, como también W. B. Yeats, la rechazaron. Al rechazarla parecían dispuestos a abrazar doctrinas tan viles como el fascismo y a aceptar prácticas tan viles como el genocidio. T. S. Eliot, que, como el generalísimo Franco, fue un caballero cristiano, estuvo del lado equivocado en la guerra civil española. Ezra Pound, que adoraba a Mussolini, estuvo en el lado equivocado en la guerra mundial que siguió a aquélla, y esto fue un crimen mucho más grave. [...]
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-Comentario-
Muchas gracias por la respuesta, ya que, personalmente, me ha resultado muy interesante la matización de que, para ir más allá de nuestro entendimiento ordinario es importante el atender no tanto al contenido de la conciencia como al funcionamiento de ésta. Veo que la práctica de esta actitud de observación, que debe ser compasiva-creo yo-, de este torpe y confuso animalito programado que a la mayoría de nosotros parece que nos ha tocado habitar, parece ser una fuente de mayor naturalidad y ecuanimidad. Continuaremos practicando.
Saludos.
-Respuesta-
Gracias a ti por continuar prestando atención a los movimientos de nuestra propia conciencia, “programada” por la experiencia y la cultura como una vulgar computadora, porque “cuanto más busca cada hombre su propia utilidad, tanto más útiles son los hombres mutuamente” (Spinoza). Sólo el que está libre de condicionamientos externos puede ayudar a otros a liberarse de ellos.

La observación atenta de la realidad, especialmente, de esa realidad interior que es nuestra propia mente o conciencia, no “debe” ser compasiva, “es”, por su propia naturaleza, compasiva, es decir, afectiva. La mayoría de los filósofos confunden la razón con una determinada lógica del pensamiento, y la lógica ya se sabe que es fría y distante, por ser abstracta y superficial, y no llegar nunca al corazón de las cosas. Pero la razón, en buena filosofía, no es un conjunto de razonamientos, sino una “percepción del orden” en la naturaleza, es decir, una visión clara y adecuada de las cosas contempladas.
Cuando la razón o reflexión se aplica a nuestra propia mente, entendemos claramente cómo la memoria sigue el orden con que el cerebro registra las experiencias y que, por lo tanto, el contenido de nuestra conciencia no explica la realidad de nada (únicamente la implica), sino únicamente el modo en que se nos van presentando las cosas (sin orden ni concierto, respecto al orden y conexión verdadero de la naturaleza). Por eso, el estado natural de la mente es la fragmentación, la confusión y el condicionamiento.
Pero, el entendimiento, además de comprender el “desorden” intrínseco de la imaginación y la memoria (género ínfimo de conocimiento), capta con total claridad (conocimiento verdadero y adecuado), desde una “cierta perspectiva de eternidad”, el orden natural de causa y efecto, junto con las concordancias, diferencias y oposiciones entre las cosas. Por lo tanto, ve lo que hay de común (necesidades, emociones, temores, etc.) entre todos los seres humanos, y eso produce un sentimiento de generosidad y afecto hacia los que no sólo son semejantes nuestros, sino partícipes de la misma naturaleza humana.
Por eso, la razón o entendimiento racional es afectivo y afectuoso. Y cuanto más “entendido” o sabio es el hombre, más afectuoso se muestra hacia el prójimo, pues “no obra por impulso, sino con humanidad y benignidad, y es del todo consecuente consigo mismo” (Spinoza). En el corazón de la sabiduría hasta los gorrioncillos podrían anidar confiados.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en HACIA LA ETERNIDAD, PASO A PASO
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“El marxista se considera científico, y a esta pretensión el fascista añade otra: es el poeta, el poeta científico de una nueva mitología. Ambos tienen justificación en sus pretensiones; porque ambos aplican a situaciones humanas los procedimientos que han resultado eficaces en el laboratorio y la torre de marfil. Simplifican, abstraen, eliminan todo lo que es impertinente para su propósito, y pasan por alto todo lo que les place considerar no esencial; imponen un estilo, fuerzan los hechos para lograr verificar una hipótesis elegida, consignan al cesto de los papeles todo lo que, según ellos, no alcanza la perfección. Y gracias a su actuación como buenos artistas, sólidos pensadores y expertos experimentadores, las cárceles están llenas, se hace trabajar como esclavos a los herejes políticos, se desconocen los derechos del mero individuo, se asesina a los Gandhis y, de la mañana a la noche, un millón de maestros de escuela y locutores de radio proclaman la infalibilidad de los amos que ocupan el poder en ese momento.”
Era el día del asesinato de Gandhi; pero en el Calvario los visitantes se interesaban más en el contenido de las cestas en que llevaban sus meriendas que en el posible significado del acontecimiento, al fin y al cabo harto ordinario, que habían acudido a presenciar.

Pese a todo lo que puedan decir los astrónomos, Tolomeo tenía toda la razón: el centro del universo está aquí, no allá. Gandhi podía estar muerto; pero, sentado ante su mesa en su despacho, sentado a la mesa en el comedor del estudio de producción, Bob Briggs sólo se preocupaba de hablar de sí mismo.
-¡Tu ayuda me ha sido siempre tan preciosa! -me aseguró Bob mientras, no sin fruición, se disponía a contarme la última entrega de su historia.
No obstante, en el fondo, como yo sabía muy bien y Bob aún mejor, no deseaba realmente ser ayudado. Le agradaba hallarse en un lío y todavía le agradaba más hablar de sus apuros. El lío y su dramatización verbal le permitían verse como todos los poetas románticos combinados en uno: Beddoes suicidándose, Byron fornicando, Keats muriendo por Fanny Brawnue, Harriet muriendo por Shelley. Y viéndose como todos los poetas románticos, podía olvidar por un rato las dos fuentes principales de su angustia: el hecho de no tener nada del talento que aquéllos poseían y muy poco de su potencia sexual. […]
Así, pues, estaba ligado y comprometido al adulterio, no menos irrevocablemente que Gandhi había estado ligado y comprometido a la no violencia, prisión y muerte; pero, según puede sospecharse, con más y más profundo recelos. […] Y, mientras, él debía treinta y tres mil dólares al Gobierno por atrasos del impuesto sobre la renta. Pero, cuando pidió a su productor el aumento de doscientos cincuenta dólares semanales que casi le habían prometido, la respuesta fue un largo y grávido silencio. […]
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“Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a un negocio o a afán de notoriedad y ansia de singularizarse. No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que lo será por tenerle su cuenta y razón. Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo hace por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, de locura, a todos estos estúpidos bachilleres, curas y barberos de hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.
Me preguntas, mi buen amigo, si sé la manera de desencadenar un delirio, un vértigo, una locura cualquiera sobre estas pobres muchedumbres ordenadas y tranquilas que nacen, comen, duermen, se reproducen y mueren. ¿No habrá un medio, me dices, de reproducir la epidemia de los flagelantes o la de los convulsionarios? Y me hablas del milenario.
ESTO ES UNA MISERIA, A NADIE LE IMPORTA NADA DE NADA
Como tú siento yo con frecuencia la nostalgia de la Edad Media; como tú quisiera vivir entre los espasmos del milenario. Si consiguiéramos hacer creer que un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario del grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en este día nos repartían como a borregos, creo que el 3 de mayo de 1908 sería el más grande de nuestra historia, el amanecer de una nueva vida.

Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a un negocio o a afán de notoriedad y ansia de singularizarse.
No se comprende aquí ya ni la locura. Hasta del loco creen y dicen que lo será por tenerle su cuenta y razón. Lo de la razón de la sinrazón es ya un hecho para todos estos miserables. Si nuestro señor Don Quijote resucitara y volviese a esta su España, andarían buscándole una segunda intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos: ¿qué irá buscando en eso? ¿A qué aspira? Unas veces creen y dicen que lo hace para que le tapen la boca con oro; otras que es por ruines sentimientos y bajas pasiones de vengativo o envidioso; otras que lo hace no más sino por meter ruido y que de él se hable, por vanagloria; otras que lo hace por divertirse y pasar el tiempo, por deporte. ¡Lástima grande que a tan pocos les dé por deportes semejantes!
Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, de locura, a todos estos estúpidos bachilleres, curas y barberos de hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto creen haber descubierto la razón del acto -sea o no lo que ellos suponen- se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen perdió todo su valor la cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.
Comprender es perdonar, se ha dicho. Y esos miserables necesitan comprender para perdonar el que se les humille, el que con hechos o palabras se les heche en cara su miseria, sin hablarles de ella. [...]
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-Comentario-
¿Spinoza es deísta?
-Respuesta-
Yo diría, en principio, que no.
Spinoza, desde luego, no era ateo (de nada estaba más cierto que de la existencia del ser eterno e infinito, al que no se recataba de llamar Dios), ni materialista (la Naturaleza absolutamente infinita consta de infinitos atributos: extensión o materia, sí, pero también inteligencia o pensamiento, e infinitos atributos más que desconocemos), ni monista (la sustancia es una, pero sus atributos infinitos; luego, ni monismo ni dualismo, sino pluralismo), digan lo que digan los profesores y acólitos spinozistas. Porque o han leído mal a Spinoza o no lo han entendido. Otro día lo demostraremos.

Pero tampoco era panteísta, porque a él eso le parecería una insensatez romántica (”las cosas creadas no tienen poder de CONSTITUIR un atributo”), ni teísta, pues, cuando los teólogos más racionales siguen atribuyendo “personalidad” a Dios, el confiesa no saber de qué están hablando.
¿Era, pues, deísta? Tampoco, si por deísmo se entiende la afirmación de un Dios trascendente, ajeno e indiferente a los asuntos del mundo, es decir, “como si dejara al hombre correr solo”. Un Dios semejante tanto daría que existiera como si no, pues indiferencia con indiferencia se paga.
No obstante, Spinoza, refiriéndose a la creencia en un Dios personal que tuviera sentimientos y persiguiera fines, como cualquier mortal, escribió esto: “Confieso que la opinión que somete todas las cosas a una cierta voluntad divina indiferente y que sostiene que todo depende de su capricho, me parece alejarse menos de la verdad que la de aquellos que sostienen que Dios actúa en todo con la mira puesta en el bien, pues estos últimos parecen establecer fuera de Dios algo que no depende de Dios, y a lo cual Dios se somete en su obrar como a un modelo, o a lo cual tiende como a un fin determinado. Y ello, sin duda, no significa sino el sometimiento de Dios al destino, que es lo más absurdo que puede afirmarse de Dios”.
Es decir: a Spinoza le parece que los deístas se alejan menos de la verdad que los teístas o creyentes en dioses antropomórficos. Sin embargo, hay que leer y entender, es decir, sentir y experimentar, lo que dice el libro V de su Ética, donde la unión intuitiva con Dios es gloria, salvación, libertad, amor y felicidad, para comprender la distancia que separa a Spinoza del deísmo, conocido como “ateísmo cortés”. Y todo eso sorteando los escollos que ponen el fideísmo (la fe), el misticismo (el sentimiento) y el racionalismo (la lógica) en el camino del que busca la verdad sobre las cosas últimas. El ateísmo, en cambio, no supone ningún escollo, pues se reduce a una simple negación, y la negación es pura nada.
En fin, amigo, Spinoza, como la verdad, es inclasificable, sea en religión, sea en filosofía, sea en ética. Como decía Feuerbach, “la filosofía de Spinoza era religión; él mismo era un carácter.” Y a eso, si me lo permites, deberíamos aspirar todos, aunque todo lo excelente sea dan difícil como raro.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en ATEÍSMO Y PANTEÍSMO
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05.01.08 @ 13:31:10. Archivado en Mundo Libre
“Acabo de oír el necrófilo e insensato grito, “Viva la muerte”. Y yo, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los mutilados a su alrededor.” En este momento, Millán Astray no se pudo detener por más tiempo, y gritó: “¡Abajo la inteligencia!” ¡Viva la muerte!”, clamoreado por los falangistas. Pero Unamuno continuó: “Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.”

Otro hecho notable que conmovió las líneas de batalla fue el cambio de actitud de los más eminentes intelectuales de la España anterior a la guerra. En su mayor parte se encontraban en la España republicana al ocurrir el alzamiento. Firmaron un manifiesto en el que se pedía apoyo para la República. Las firmas de este manifiesto incluían las del médico y biógrafo doctor Marañón, el embajador y novelista Pérez de Ayala, el historiador Menéndez Pidal y el prolífico escritor y filósofo José Ortega y Gasset.
A VECES QUEDARSE CALLADO EQUIVALE A MENTIR
Sin embargo, el efecto de las atrocidades republicanas y de la creciente influencia de los comunistas hizo que estos hombres, que habían tenido una parte tan importante en la creación de la República en 1931, aprovecharan cualquier oportunidad que tuvieran a su alcance para marchar al extranjero. Una vez allí, retiraron su apoyo a la República”.
Un camino enteramente contrario fue el seguido por el filósofo vasco Miguel de Unamuno, autor de “El sentido trágico de la vida” y portaestandarte de la generación del 98. Como rector de la Universidad de Salamanca, se encontró al principio de la guerra civil en territorio nacionalista. Todavía el 15 de Septiembre, continuaba apoyando el movimiento nacionalista en su “lucha por la civilización contra la tiranía”.
Pero el 12 de Octubre había cambiado. En esta fecha, día de la Fiesta de la Raza, se celebró una gran ceremonia en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Estaba presente el obispo de Salamanca, se encontraba allí el gobernador civil. Asistía la señora de Franco. Y también el general Millán Astray. En la presidencia estaba Unamuno, rector de la Universidad. [...]
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
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Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.
MIGUEL DE UNAMUNO, Poemas. Antología de la generación del 98, Santillana 1997.
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PREGUNTITAS SOBRE DIOS, por Atahualpa Yupanqui

Un día yo pregunté:
Abuelo, ¿dónde está Dios?
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.
Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.
Al tiempo yo pregunté:
¿Padre, qué sabes de Dios?
Mi padre se puso serio
y nada me respondió.
Mi padre murió en la mina
sin doctor ni protección.
¡Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!
Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria, serpientes,
la vida del leñador.
Y que nadie le pregunte
si sabe dónde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.
LETRA COMPLETA, MÚSICA Y VÍDEO EN:
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-Comentario-
Hola, saludos.
“Algo eterno en nosotros que, por no haber nacido nunca, jamás perecerá”. ¿Cuál es el camino?, ¿puede ser “la atención sin elección” de la que habla Krishnamurti (entre otros): atender ecuánimemente a todos los contenidos de la conciencia? A esto es a lo más que llego. Si tú, con tu experiencia, puedes concretar un poco más, te lo agradecería.
-Respuesta-
En efecto, la atención sin elección, es decir, sin deseos determinados, que desvíen esa lectura atenta que debemos hacer, no tanto del contenido como del funcionamiento de nuestra conciencia, es el primer paso para adentrarnos, más allá de nuestra mente ordinaria, que es imaginación y memoria, hacia algo eterno que está en nosotros y que, como la misma naturaleza eterna de la que forma parte, ni nace ni muere.

Ese es el camino: prestar una atención constante y rigurosa, muy difícil de conseguir, para acostumbrarse a reflexionar y meditar desde el punto de vista de esa “perspectiva de eternidad” esencial que nos constituye. La meditación nos permitirá así ver el mundo y a nosotros mismos con el entendimiento infinito y eterno de Dios, que es la verdad misma, o sea, verdadera inteligencia y supremo amor.
En llegar a percibir nuestra íntima unión con el Eterno y sentirnos “atados con las amables cadenas de su amor” consiste la verdadera libertad, la auténtica felicidad y nuestra salvación verdadera. Todo lo demás, incluyendo la ciencia, la cultura y la política, sirven para hacer más habitable y más amable este mundo en que vivimos, cuando aprendemos a hacer de ellas un uso razonable.
El camino, de este modo, se convierte en método: comprender el poder y las propiedades del entendimiento, para ir captando las ideas verdaderas de todo cuanto nos afecta de veras.
Esto hay que hacerlo paso a paso, con paciencia y perseverancia. Esperamos poder mostrarlo en este modesto blog, en un lenguaje accesible a todo el mundo, en cuanto acabemos de perfilar nuestro proyecto político democrático.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en LA CONFUSIÓN POR LO ETERNO
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