La confusión por lo eterno
27.12.07 @ 22:35:49. Archivado en Falacias, sofismas y soflamas
“Aturdido se aleja lleno de confusión por lo eterno. La senda no tiene fin -exclama. Acaso a las estrellas se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza me impedirá llegar. No hay que pensar en ellas.” F. GARCÍA LORCA
En el poema titulado Los encuentros de un caracol aventurero, Federico García Lorca vertió su exquisita sensibilidad juvenil en una fábula que, en mi opinión, deja entrever ya su preferencia por los etéreos sueños de la imaginación frente a la suprema realidad de lo eterno.

Cosa natural en un poeta, ya que la religión de los artistas es la belleza, a la que adoran con deleite no exento del sufrimiento de toda idolatría, muy lejos de esa mentalidad genuinamente filosófica para la que sólo la verdad, siempre gozosa, puede ser divina.
EL ESPÍRITU BURGUÉS, ATURDIDO, SE ALEJA LLENO DE CONFUSIÓN POR LO ETERNO
El poeta se exalta ante la emoción desbordante que inunda su fantasía sensorial y cree tener más claro aquello que imagina o siente más fácilmente. Meditar, siquiera sea un solo instante, en todo cuanto trasciende lo inmediatamente percibido a través de los sentidos, le fatiga y, “aturdido, se aleja lleno de confusión por lo eterno”.
De ahí que los artistas no estén más cerca de sentir la verdadera bondad de la vida, indisociable de la percepción de su eternidad inmanente, que los espíritus más adocenados, los cuales, con una afectada confesión de “gran torpeza”, disimulan malamente su pereza intelectual ante el misterio que evocan, de algún modo, las estrellas. La conclusión a que llega una mente conformista, sea vulgar sea poética, es: “no hay que pensar en ellas”.
Lástima, porque, ciertamente, la verdad no se oculta en insondables abismos ni reside en inaccesibles regiones celestes, de modo que tengamos necesidad de suplicar ¿quién nos la traerá?, ya que muy cerca de nosotros, en nuestro mismo corazón, está esa enseñanza sin palabras, que podemos sentir vivamente y no necesita de intérpretes que nos la descifren.
Pero debemos aprender a leer en nosotros mismos, atentamente, para no confundirnos. Pues, como decía Spinoza, con su pulido lenguaje filosófico, “si nos fijamos en la común opinión de los hombres, veremos que tienen consciencia, ciertamente, de la eternidad de su alma, pero la confunden con la duración, y atribuyen eternidad a la imaginación o la memoria, por creer que éstas subsisten después de la muerte” (Spinoza, Ética V, escolio de la proposición 35).
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Comentarios:
Jn. 5:39-40
Así, el buscador es hombre grande, pero, si no encuentra, de qué sirve?
Quien no naciere de nuevo al Espíritu quedará abismado como el gran García Lorca, el buscador, ante la eficiencia del fenómeno de lo existente que se
pretende aprehender todo por sus cinco sentidos, y el religioso, porque no está en la Religión la presencia del Dios vivo, sino en su corazón, el cual se estremece cuando ún HOMBRE se yergue en su ensayo, y le dice: esto sólo se de ti: que deseo amarte con toda mi alma como si fuera el primer día. Pues el Árbol de la Vida tiene sólo un fruto: el Sentimiento, sí, eso por lo que un hombre es capaz de hacer la fusión con el Alma del Dios vivo, aquel que conoce, tan bien como la tiene un hombre erguido, la soledad.
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Jesús Nava
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