La verdadera felicidad, continua y suprema
11.09.07 @ 12:46:46. Archivado en Filosofía cordial
-Comentario-
“El universo de los sentimientos es el universo de la ilusión.
Creo que fué a partir de los 5-7 años cuando fuí dándome cuenta de que lo que acurría a mi alrrededor era un espéctaculo casi contínuo. Mis sentidos me transmitían imágenes y ruidos que me maravillaban por que todo eso ocurría fuera de mí.
Yo los hacía míos y cuando me producían un gran placer el hecho de recordarlos era como si volviesen a realizarse de nuevo.
Lo más maravilloso que he encontrado en la vida ha sido el enigma de como un objeto pasa a sujeto. He tenido la suerte de haberlo conocido en mí. En ésas sigo cada día como premisa para la acción diaria.
Cuando duerma el sueño eterno todo habrá terminado y los que me conocen dirán que “mientras vivió fué moderadamente feliz”.”
-Respuesta-
“Los sentimientos son reales, no son una ilusión. La ilusión consiste en creer que las cosas son realmente tal como las sentimos.

El modo en que nos afectan las cosas depende más bien de nosotros, de nuestra constitución psicofísica, que de las cosas mismas. Por eso hay tantas versiones de la vida y opiniones sobre cualquier asunto como experiencias subjetivas tiene cada individuo en particular.
Sobre gustos, experiencias u opiniones no hay nada escrito, es decir, no se debe discutir. Porque nuestra imaginación está condicionada por el pasado, que es lo que registra en su memoria, y sólo el pasado nos puede volver a “representar”, cuando recuerda. Y también es ilusorio pensar que esas sensaciones se producen “fuera” de nosotros, pues es nuestro cerebro/mente el que percibe y siente cómo nos afectan las cosas.
Tampoco el objeto se convierte en sujeto, puesto que ambos son la misma cosa. Mente y cuerpo, percepción y sensación, idea y sentimiento son dos aspectos diferenciables, pero inseparables, que constituyen el mismo fenómeno.
Mientras la base de nuestras acciones sea la memoria y la imaginación, o sea, la experiencia del ayer, estaremos condicionados por el pasado y seremos, por lo tanto, prisioneros del tiempo. Es decir: no seremos libres.
Y es imposible que así seamos felices, porque la felicidad es un estado permanente del espíritu que no depende en absoluto del tiempo. No debemos confundir la felicidad con el placer, discontinuo y superficial por su propia naturaleza.
Pasar de la experiencia del tiempo al sentimiento y percepción de la eternidad, es en esencia, la experiencia religiosa, y la única salvación posible. Entonces no seremos “moderadamente” felices, sino “verdaderamente” felices, con una felicidad, como diría Spinoza, “continua y suprema”.
Un cordial saludo.”
[Comentario y respuesta -Jul 11 y 12, 2006- en el post EL DIÁLOGO INDISPENSABLE]
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Jesús Nava
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