Tomo partido por la felicidad del pueblo
03.06.07 @ 00:02:45. Archivado en La sagrada batalla
“En nuestros días hay que saber tomar partido y atreverse a elegir entre el patriotismo de todos y el gobierno de unos pocos, pues no se puede reunir a la vez la fuerza y la actividad sociales que da el primero con las garantías de tranquilidad que suele proporcionar el segundo” (Tocqueville).
He estado reflexionando con tranquilidad antes de anunciar, a mis compañeros de la ALCD y a los lectores de FD, la decisión que finalmente he asumido: tomo partido por la felicidad del pueblo, de mi país y del mundo. Creo que es lo que debo hacer.
Sé cuán extraña y pretenciosa les parecerá a muchos semejante declaración, pues se preguntarán, con razón, qué he estado haciendo entonces hasta ahora. La respuesta es fácil: tratando de hacerme sabio y feliz, y enseñando sabiduría al pueblo para contribuir a su felicidad.
La única novedad reciente en mi vida intelectual es que he llegado a comprender, con mayor claridad, cuán dichoso puede hacer a un pueblo un gobierno bueno y cuán desdichado puede hacerlo un gobierno malo. No obstante, la importancia de la política en la vida cotidiana de la gente nunca se me ha ocultado, ni tampoco la relación íntima de la libertad filosófica con la ética y la vida social.
Cuando empecé a publicar mis pensamientos en FD, y pergeñaba mi modesto proyecto filosófico, ya expresaba mi convicción de que “sólo bajo la guía e inspiración de una sana espiritualidad podremos encontrar los sabios preceptos de una ética racional y las reglas prudentes de una política realista que nos alumbren el camino hacia una nueva sociedad; aquella que todas las almas nobles presienten como posible, y anticipan como real, cuando son capaces de vivir felices, entre otros hombres, obrando con generosidad, justicia y lealtad".
“Es cierto -decía entonces- que el camino que lleva a la verdadera felicidad es muy difícil de alcanzar; pero, si raramente se encuentra, y no se consigue sin “gran trabajo”, es posible hallarlo, sin embargo. Aunque entrar por esta estrecha vereda es decisión de cada particular, podemos lograr una sociedad, organizada de tal modo, que facilite la consecución de tan alto grado de perfección para el mayor número posible de individuos. Se trata, pues, de poner la política y todas las ciencias al servicio de la felicidad". SIGUE-->
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Jesús Nava
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