El poeta, entusiasta soñador
19.05.07 @ 20:33:24. Archivado en Rayos de luz
“¡Ah! ¿Cómo resistir el ver hermanos y hermanas, hijos de Dios, errantes en las sombras, dudosos de todo, ignorantes de tantas cosas, ajenos a tantos divinos pensamientos, ahogados en sensaciones groseras, privados de adoraciones universales, que deberían unirles en una bienaventurada familia, sin sentir un deseo casi invencible de hablarles y enseñarles? ¿Por qué no dejar toda mi alma impregnarse y llenarse de este inmenso amor hacia mis hermanos? ¿Por qué no evocar mis fuerzas y ponerme a buscar con ellos? Que los dichosos, los triunfadores y los dominadores abandonen y odien al poeta. ¡En buena hora! Pero ¿es ésta una razón para que él abandone a los desgraciados y deje en la noche ojos que pudiera abrir?”
-Hablemos de otra cosa y vamos a dar la sagrada batalla. Para nosotros la batalla es la discusión filosófica.
-Conforme. La noche ha vuelto; comienza su reino tenebroso. En ella renazco; en ella se ilumina mi frente cual una estrella e irradia su luz a todas las cosas. ¿Qué buscáis en esa multitud y qué motivos tenéis para mirarla con suspicacia? Por mi parte, cuanto más la miro, más piedad siento hacia ella. ¿No os parece estar viendo la marcha fúnebre de los cuerpos que han de despertar en Josafat y que han de ir, sin saber adónde, con ojos ciegos y entreabiertos? ¡Oh! ¡Qué fiestas sin alegría! ¡Qué miradas sin esperanza! ¡Qué movimientos sin sentido! ¡Qué digno es todo esto de conmiseración!
LA VIDA SERÍA AÚN DEMASIADO BELLA SI LOS POLÍTICOS FUESEN LOS ÚNICOS ENEMIGOS DEL ENTUSIASMO
-Lo que decís no prueba nada, o a lo sumo, que el entusiasmo sólo sirve para ser guardado en lo más profundo del alma, como un mal pensamiento, en este siglo frío en que vivimos.
-¡Ah! ¿Cómo resistir el ver hermanos y hermanas, hijos de Dios, errantes en las sombras, dudosos de todo, ignorantes de tantas cosas, ajenos a tantos divinos pensamientos, ahogados en sensaciones groseras, privados de adoraciones universales, que deberían unirles en una bienaventurada familia, sin sentir un deseo casi invencible de hablarles y enseñarles?
-¡Enseñar! ¡Ah! ¡Qué admirable palabra y qué vacía de sentido! Nadie enseña nada, puesto que nadie sabe nada. ¡Entusiasta soñador! Y al menos, como poeta, vuestro entusiasmo es inactivo y por suerte inaplicable. CONTINÚA-->
ALFREDO DE VIGNY, Dafnis, 1835. Espasa-Calpe, 1969. Traducción del francés por A. Centeno Rilova.
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Jesús Nava
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