¿Nacionalismo o patriotismo?, por Jesús Nava
14.03.07 @ 17:46:22. Archivado en Política y democracia
“No hay nada más absurdo y más hostil al pueblo que poner como ideal de todas las aspiraciones del pueblo el llamado principio de la nacionalidad. La nacionalidad no es un principio humanitario; es un principio histórico, un hecho local que tiene, ciertamente, el derecho a ser generalmente reconocido lo mismo que cualquier otro hecho real e inofensivo.
Todo pueblo es involuntariamente lo que es y tiene derecho indudablemente a ser él mismo. Es lo que constituye el derecho nacional. Pero si existe de un cierto modo y no puede existir de otro, no se deduce de ello en modo alguno que tenga el derecho o que le sea útil considerar su nacionalidad y que habría que ocuparse de ella eternamente.
Al contrario, cuanto menos se ocupe de sí mismo y más impregnado esté de la idea general de la humanidad, más se revivificará y obtendrá un sentido interior de la nacionalidad” (Bakunin).
Ya que yo mismo he mentado “la bicha”, es decir, el problema del nacionalismo en España, sea central o periférico, me animo a trasladar aquí, para debatir entre nosotros y con nuestros visitantes, el enlace a un post de Bakunin que había publicado en Filosofía Digital con motivo del referéndum sobre el Estatuto catalán: NACIONALIDAD, UN HECHO HISTÓRICO INOFENSIVO. Allí se incluye un breve intercambio que mantuve con Ferrancab, un amigo bloggero catalán, que se había definido como “nacionalista no patriótico”.
Suscribo por completo el fragmento de Bakunin. Nunca he leído una exposición e interpretación tan sensata de la naturaleza de la nacionalidad. Los pueblos que se enredan en nacionalismos separatistas o centralistas no sólo no participan, sino que más bien reniegan, de ese principio de fraternidad que se desarrolla en el mundo y que acabará convirtiendo, por fin, este pedrusco terrícola que gira en el espacio a una velocidad de vértigo, en una aldea global habitada por innumerables y variopintos pueblos con cultura, lengua y costumbres propias, pero sujetos a la ley común de la humanidad civilizada.
Pero el río de la política, es decir, la historia en acto, como diría Gramsci, ha discurrido siempre muy agitado en España. Y sus aguas están turbias. Se perdió una oportunidad histórica, durante la Transición del Antiguo Régimen al Nuevo (en realidad, unos simples retoques del Antiguo) de implantar la democracia y restaurar los Estatutos de autonomía que la Segunda República había otorgado a Cataluña, País Vasco y Galicia, tal como propugnaba la oposición clandestina al franquismo. La guerra civil, y la posterior dictadura, yuguló el atisbo de democracia republicana recién nacida, e implantó un nacionalismo centralista y españolista que aún perdura. El Estado de las Autonomías fue un bodrio legal concebido para intentar contentar a los franquistas y a los nacionalistas al mismo tiempo (el célebre “café para todos”, incluso para quienes no lo habían pedido), pero que lo único que ha conseguido es cultivar y hacer surgir nacionalismos por doquier, como quien cultiva champiñones.
El problema nacionalista en España no se solucionará sólo con elecciones presidenciales directas, sino con una democracia constitucional que “desparrame el poder”, como propugnaba Tocqueville, entre los municipios y las provincias. España es una nación, pero aún no es una patria, excepto para los patrioteros reaccionarios. La falta de democracia nos ha privado del legítimo y conveniente sentimiento patriótico, sea instintivo o reflexivo, que ha acabado desnaturalizado en nacionalismo, sea centralista o separatista. La nación es una abstracción política, que cada cual concibe a su manera, pero la patria es nuestro hogar común.
El patriotismo es un sentimiento; el nacionalismo, una ideología. Si logramos despertar el sentimiento en los españoles, la ideología se adormecerá, tal vez para siempre. Pero, por supuesto, es posible que yo esté equivocado, y que los pueblos de España estén condenados, por alguna ciega fatalidad que se me oculta, a seguir enfrentándose y odiándose por los siglos de los siglos, por un real, pero simple e inofensivo, principio histórico local, que unos exageran hasta el delirio y otros desprecian olímpicamente.
Publicado originalmente en el blog de la ALCD:
http://www.democraciaconstitucional.org/
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Jesús Nava
autor
Contacto


