La dignidad de nuestra democracia
08.03.07 @ 13:45:27. Archivado en La sagrada batalla
“El próximo 10 de marzo pido a los españoles que acompañen al Partido Popular en lo que es un acto de reparación de la dignidad de nuestra democracia” (Mariano Rajoy).
Así dice Mariano Rajoy. Si no hubiera dicho eso, precisamente eso, tal vez yo sí iría a esa manifestación, como fui, por primera vez bajo este régimen, a la que convocó el gobierno contra el terrorismo tras el 11-M. En esta ocasión, Rajoy y su partido organizan el acto, luego es un acto partidista. En aquélla ocasión quise acompañar a las víctimas del terror de los últimos bárbaros que aún habitan en nuestras cloacas; ahora, en cambio, se trata de acompañar al Partido Popular.
Por otro lado, el líder conservador habla de reparar la dignidad de la democracia española. Pero ¿qué democracia? ¿Qué dignidad? ¿Quién ha infligido a España esa herida? Y ¿quién la puede reparar?
EN ESPAÑA NO HAY DEMOCRACIA NI LIBERTAD POLÍTICA
En España no hay democracia ni libertad política. No la ha habido nunca, exceptuando tal vez el breve período de la tristemente célebre Segunda República (pero como no soy un estudioso de la historia y sólo me interesa la filosofía política, tampoco lo afirmo con mucha rotundidad), experiencia esperanzadora que se cargaron al alimón entre reaccionarios y revolucionarios. De una cosa, en cambio, estoy seguro: esta monarquía parlamentaria no es una democracia auténtica. Por una sencilla razón: el poder no emana del pueblo ni ha sido constituido por el pueblo ni está al servicio del pueblo. El poder político en nuestro país, como en casi todo el mundo, está en manos de los grandes partidos políticos y de instituciones estatales que no son libres.
Así pues, en España, ni tenemos una constitución libre ni es libre el ciudadano. Quien tenga dudas al respecto que se lea a Montesquieu y a Tocqueville (al menos, los fragmentos publicados en Filosofía Digital), en vez de prestar oídos a los cínicos ignorantes de todos los partidos que piensan que sólo hay democracia cuando gobiernan ellos y pueden hacen uso del gobierno para tomar medidas “políticas” que beneficien a los suyos (¿para qué otra cosa si no han inventado los hombres el gobierno?). La constitución de 1978 no es libre porque cuando un parlamento compuesto por candidatos “elegidos” por los partidos y “votados” por los electores, elige a su vez al poder judicial y al gobierno no puede haber libertad, y sólo se garantiza la corrupción descontrolada y los abusos de poder sin cuento. Sin independencia y equilibrio de poderes separados no hay libertad política.
LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES TAMPOCO SON LIBRES
Por otro lado, la libertad del ciudadano, además de radicar en poder elegir, entre los concurrentes, a los candidatos unipersonales que considere mejores para aquellas tareas en las que no sabe o no puede autogobernarse directamente, depende sobre todo del código penal. Si las leyes son malas o injustas, si los jueces no son independientes, si el gobierno de partido instalado en el poder puede hacer y desahacer a su antojo, puesto que tiene en sus manos los tres poderes del Estado y nadie lo controla ¿de qué nos extrañamos?
¿De qué se escandaliza el señor Rajoy y sus votantes, si el Parlamento legisla de espaldas al pueblo o si el Gobierno manipula la justicia y los altos tribunales? ¿Son tan torpes los dirigentes de la derecha y de la izquierda como para no entender qué es democracia y cuándo un país tiene libertad política? No. Torpe es el pueblo cuya escasez de luces no le permite comprender estas evidencias. Los políticos, sean de derechas o de izquierdas, son sencillamente maliciosos, déspotas, cínicos, sectarios y demagogos.
Así que el señor Rajoy es cómplice, como el resto de la clase política y dirigente a la que pertenece, del sistema partitocrático que padecemos los que queremos un sistema democrático; la mayoría de la población, yo no me quiero engañar, está tan encantada ahora como lo estaba con Franco. La escasez de demócratas en España siempre ha sido alarmante. Rajoy, por muy liberal y centrista que se considere, dirige un partido de renegados de la derecha franquista que pactó con los traidores de la izquierda clandestina la gran transacción de la transición. Que no nos hable de dignidad. Porque el señor Rajoy no ha apostado por ella por montarle legítimamente una bronca al gobierno de Rodríguez Zapatero en la calle, como antes hicieron éste y la izquierda contra el gobierno de Aznar (gobernantes y gobernados deberían meditar en qué clase de sistema político es éste donde los diputados tienen que manifestarse en la calle en vez de hacerse oír en el Parlamento).
LA DIGNIDAD SE GANARÁ ASOCIÁNDOSE, AL MARGEN DE LOS PARTIDOS, PARA INSTAURAR LA DEMOCRACIA
Contribuirá a reparar la dignidad herida de los demócratas españoles que hay, y no de la democracia que no hay, cuando apueste, contra su partido y hasta contra sus bases, si es preciso, por la instauración de una democracia y una libertad auténticas, donde no manden los suyos, sino el pueblo, y donde no sean unos cuantos señores reunidos, como ocurrió durante la elaboración de la Constitución de 1978, los que decidan lo que España quiere ser. Pero si los políticos ni siquiera respetan la democracia interna en sus partidos, ¿cómo pueden tener la osadía de postularse para traer la democracia a su país?
Recurrir a los ciudadanos, cuando siempre se les ha ignorado olímpicamente a lo hora de hacer política, tanto por la derecha como por la izquierda, es un desvergonzado ejercicio de demagogia, que es lo que realmente gobierna en España desde hace treinta años (antes lo hizo un dictador), ya estén los liberalconservadores en el poder ya lo estén los socialprogresistas. Porque mientras no tengamos una democracia constitucional jamás tendremos un gobierno democrático, es decir: de todos, sino un gobierno de partido.
Lástima. ¡Cuántas oportunidades dejan pasar los socialistas y los populares, no digamos ya los nacionalistas, cada día para demostrar lo demócratas y democráticos que son! El tiempo de los partidos en el poder se les está acabando. Ha empezado el de los ciudadanos, pero eso sí, siempre que los ciudadanos no se dejen manipular ni por unos ni por otros. Abramos bien los ojos. Como diría Jean Grenier, ni con la derecha ni con la izquierda: despiertos.
Asociación Libre de Ciudadanos por la Democracia (ALCD)
http://www.democraciaconstitucional.org
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Jesús Nava
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