11-M: LA MUERTE SIN LÁGRIMAS, por Jesús Nava
18.02.07 @ 20:38:34. Archivado en Política y democracia
“Ante mi casita que es mi patria y mi corazón, pues todo aquí se le parece, -la Muerte sin lágrimas, nuestra activa hija y criada, un Amor desesperado y un lindo Crimen lloriquean en el barro de la calle” (Arthur Rimbaud).
Yo también pienso, como muchos españoles de bien, que lo importante es que los culpables -los verdaderos culpables y todos los culpables- de tan horrendo crimen den con sus huesos en la cárcel y se pudran en ella.
Digo más: por mi parte, que procuro sacudirme el sentimentalismo aunque con mucha dificultad, pues la compasión casi siempre vence a mi razón, sería partidario de la pena de muerte para delitos de tal gravedad; o, en su defecto, de la condena a cadena perpetua. A los condenados les daría a elegir entre una y otra, pues me parece mucho más cruel la prisión de por vida que la muerte. Hasta ahí llega mi piedad para con los criminales, la restante la reservo para sus víctimas.
La sociedad tiene derecho a defenderse de semejantes alimañas. No son humanos. Es verdad que son semejantes nuestros, es decir, físicamente se nos parecen. Pero no son humanos. Ningún ser humano sería capaz de hacer algo así. Y tampoco están locos. Son bestias salvajes y embrutecidas, los últimos bárbaros que habitan en nuestras cloacas, a las que hay que erradicar sin miramientos. Son malvados.
Pero ya nadie cree en la maldad, ni de algunos individuos ni de ciertas ideologías o creencias, tal vez porque, como hemos abjurado de la bondad, somos incapaces de concebirla en otros. Y puesto que bien y mal son correlativos, quien no cree en el bien tampoco cree en el mal, lo que facilita enormemente su expansión. Lástima. Porque, al multiplicarse la maldad, el amor de muchos se enfriará.
Tendría un atisbo de esperanza de que se haga justicia, en este lindo Crimen, con un sistema judicial independiente del gobierno y dependiente del mandato popular. Es decir, capaz de hacer justicia a los ciudadanos que legítimamente se la demanden al Estado. Esa circunstancia no se da en España. Por eso, no tengo la menor esperanza de que se haga justicia a los vilmente asesinados ni a sus familias rotas por el dolor y la desaparición de sus seres queridos para siempre. ¡Dios mío! ¡Qué pronto olvidamos! ¡Qué solos se quedan los muertos! CONTINÚA-->
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