La biblia política del Estado
28.12.06 @ 14:09:51. Archivado en Política y democracia
Invito a los visitantes de Filosofía Digital a que lean detenidamente y reflexionen, con la calma a que invitan estas fechas del año, sobre el último texto de Thomas Paine que hemos publicado.
El título LA BIBLIA POLÍTICA DEL ESTADO lo he tomado de una expresión afortunada de Paine para referirse a la Constitución de los Estados Unidos, en un país donde el pueblo tenía la Biblia como su libro de cabecera.
El autor, en este fragmento extraído de su obra LOS DERECHOS DEL HOMBRE, nos describe con detalle la gestación de la constitución democrática de los Estados independientes americanos y de su posterior constitución federal. Como él mismo dice:
"Todo poder que se ejerza sobre una nación ha de tener un origen. Ha de ser delegado o tomado. No existen otras fuentes. Todo poder delegado está en depósito, y todo poder tomado constituye una usurpación. El tiempo no altera la naturaleza ni la calidad de ninguno de ellos.
Al contemplar este tema, el caso y las circunstancias de América se nos presentan como el principio de un mundo, y nuestra investigación del origen del gobierno se ve abreviada si nos remitimos a los hechos que han ocurrido en nuestros propios días. No tenemos oportunidad de vagabundear en busca de información por el campo nebuloso de la antigüedad, ni de aventurarnos en conjeturas.
Llegamos inmediatamente al punto en que se ve cómo comienza el gobierno, como si hubiéramos vivido al principio de los tiempos. Tenemos directamente ante nosotros el volumen real, no de la historia, sino de los hechos, sin mutilar por artilugios ni por los errores de la tradición.
Expondré aquí, concisamente, el comienzo de las constituciones americanas, mediante lo cual aparecerá de forma suficiente la diferencia entre constituciones y gobiernos."
En fin, el texto no tiene desperdicio para los que anhelan que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no sólo no desaparezca de la tierra, como deseaba Lincoln, sino que también aspiran a verlo constituido en su propio país.
En España no tenemos democracia ni por asomo. Ni siquiera la constitución vigente fue elaborada por el único poder constituyente legítimo: el del pueblo. Pero mañana mismo podríamos entrar en un período constituyente, como en América, sin alteraciones de ningún tipo, con alegría y cordialidad entre la población, la única que tiene derecho a "consensuar" entre sus partes, una constitución democrática y un gobierno constitucional.
En palabras de Paine: "En la formación de esas constituciones, o en su modificación, no hubo problemas, o muy pocos. No se interrumpió el curso normal de las cosas, y los beneficios han sido muchos. Siempre interesa a un número mucho mayor de personas de una nación hacer que las cosas estén bien que dejar que estén mal, y cuando los asuntos públicos se abren a debate, y el juicio público es libre, no decidirá mal, salvo que decida apresuradamente."
El gobierno no tiene arte ni parte en este asunto. Y los partidos políticos tampoco. Ni ningún otro poder. Sólo los ciudadanos tienen derecho natural a configurar su estado político; por supuesto, después de un largo y tranquilo período de debate en todos los foros, donde el pueblo pueda participar libremente.
Pero para qué seguir. Lean, por favor, a Thomas Paine. En directo, ante nuestros ojos, un pueblo en marcha hacia su libertad política. ¿Aprenderemos algo los españoles?
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Jesús Nava
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