Dios o Naturaleza
30.11.06 @ 00:46:26. Archivado en Catecismo filosófico
Spinoza nunca fue ateo, pero tampoco teísta, deísta, panteísta o místico. Salvando las distancias, yo, por supuesto, tampoco lo soy.
NI TEÍSMO...
Que los creyentes en dioses antropomórficos (judíos, cristianos o musulmanes) lo tuvieran por tal, no me extraña en absoluto. Todos ellos conciben a Dios a semejanza de un hombre (varón casi siempre) y dotado de sentimientos e intenciones humanos. No todos son tan torpes como para atribuir a Dios un cuerpo, o sea, una pequeña porción de materia organizada componiendo una figura tridimensional; pero, otros, pretendiendo ser más sutiles, le atribuyen un alma con sentimientos y todo. Estos ignoran completamente cómo se producen los sentimientos en el alma, lo que prueba que no saben lo que dicen y que ninguno de ellos tiene el menor conocimiento de Dios.
NI ATEÍSMO...
Pero los ateos, no lo hacen mejor, sino peor si cabe, que los creyentes. Pues mientras estos intentan suplir con la imaginación su ignorancia de la naturaleza divina, aquellos, incapaces de imaginárselo, niegan su existencia. Y se quedan tan anchos.
NI PANTEÍSMO...
Por otro lado, los panteístas, al llamar Dios al mundo, atribuyen a las cosas finitas una infinitud que no poseen; lo mismo vale para el antropoteísmo de Feuerbach. Ni las cosas son Dios ni lo es el hombre, aunque Dios sea origen, camino y meta del universo.
DIOS, O SEA, LA NATURALEZA INFINITA Y ETERNA
Spinoza, contra unos y otros, afirmó la existencia del ser eterno e infinito y lo llamó DIOS O NATURALEZA.
Pero distinguió, sin separarlas, dos "naturalezas" en la Naturaleza: la naturaleza naturante o creadora y la naturaleza naturada o creada. La primera es la esencia productora de todas las cosas, está dotada de infinitud y eternidad absolutas, y es la única a la que Spinoza da el nombre de Dios; la segunda es producida o creada, e incluye un universo ilimitado y los incontables mundos que lo conforman, así como todas las cosas finitas que habitan en ellos.
Por eso censura Spinoza a unos y otros por no seguir el orden natural a la hora de filosofar. El conocimiento de Dios es prioritario, tanto para entender la vida como para explicarla.
De ahí que los científicos y filósofos vulgares -hay notables excepciones que mencionaremos en Filosofía Digital- contemplen el mundo al revés, lo que hace a sus teorías e hipótesis sobre la realidad sumamente enrevesadas y erróneas.
¿Y los místicos, a todo esto? Pues, en su ingenuidad, alucinando en colores y esperando vida tan alta que se mueren de ganas de morirse. Eso sí que es instinto de muerte; y lo demás, cuentos.
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Jesús Nava
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