¿Has hecho el viaje?
06.11.06 @ 22:13:34. Archivado en Catecismo filosófico
No, amigo, no puedo asumir lo que no soy ni tengo. Ni “soy” esquizofrénico (mi mente no está escindida ni fragmentada) ni “tengo” esquizofrenia (caso de que se admita como una enfermedad cerebral, o sea, orgánica).
Yo ya he hecho el viaje interior -el que nos lleva a sentir y experimentar la infinitud, eternidad y unidad esencial de la Vida, de la que formamos parte inseparable-, ése que Laing, inventor de la antipsiquiatría, recomendaba a todos para superar la locura y la neurosis. El problema es que todo el mundo viaja sin parar, pero como tú dices, “a ninguna parte”. Y el único viaje que importa no lo emprenden jamás.
Mira, he abandonado un poco la filosofía porque ahora tocaba tratar de política. Pero en mente tengo varios artículos que irán dirigidos contra el racionalismo y el fideísmo, contra el espiritualismo y el materialismo, contra el teísmo y el ateísmo, no por afán “equilibrista” o ecléctico, sino porque estoy persuadido de que todas estas doctrinas son erróneas (el error no es una falsedad absoluta), y que la parte de verdad que encierran está integrada adecuadamente en una visión superior y completamente verdadera.
Esas percepciones intuitivas y sintéticas ya las alcanzó Spinoza, y las expuso magistralmente. Y Khrishnamurti. Pero la gente prefiere seguir a poetas populares, esos que dicen cosas tan bellas que nos encandilan y nos impiden ver, como dijo Platón, que “mienten muchas veces”. No siempre, pero muchas veces.
Quiero decir que no somos producto de una ilusión (como no sea la de los padres que nos engendraron de su amor)y que nuestra mente puede liberarse de todas las ilusiones vanas y esperanzas quiméricas. La Vida es trascendente e inmanente a la vez. Aunque reconozco, ¡cómo no!, que causas exteriores, unas veces manifiestas otras ocultas, condicionan las mentes débiles -la sociedad y la cultura son más fuertes- hasta tal punto que prefieren morir a vivir.
Te pido, si me permites, que seas fuerte, que saques fuerzas de flaqueza y te liberes de todos tus condicionamientos. Es difícil, pero posible. Del camino que allí conduce hablaremos aquí. Lo mostraremos, como Spinoza, paso a paso, hasta la cumbre. Pero el camino hay que andarlo. Con la imaginación no llegaremos a ninguna parte, porque es cobarde y traicionera, “la loca de la casa”, como la llamaba Teresa de Ávila.
Pensamiento es memoria, a veces pasado opresor que no se olvida, representación de lo muerto, mentira embellecida. El entendimiento, racional e intuitivo, es visión cierta y verdadera, dichosa y libre. Por ese camino se llega a algo, desconocido para el pensamiento ordinario, que no tiene nombre, aunque se le han puesto mil, y que es supremamente real e inteligente.
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Jesús Nava
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