
“Saint-Just, contemporáneo de Sade, llega a la justificación del crimen, aunque parte de principios diferentes. Ambos, sin embargo, legitiman un terrorismo, individual en el libertino, y de Estado en el sacerdote de la virtud.
Si se pone en el bien absoluto y en el mal absoluto la debida lógica, uno y otro exigen el mismo furor. Saint-Just ha inventado la clase de seres que hacen de la historia de los dos últimos siglos una pesada novela negra.
“El que gasta bromas estando a la cabeza del gobierno -dice- tiende a la tiranía.” Máxima asombrosa, sobre todo si se piensa cómo se pagaba entonces la sencilla acusación de tiranía, y que prepara en todo caso el tiempo de los Césares pedantes.
Saint-Just da el ejemplo; su tono mismo es definitivo. Esa cascada de afirmaciones perentorias, ese estilo axiomático y sentencioso, le pintan mejor que los más fieles retratos. Las sentencias ronronean , como la prudencia misma de la nación; las definiciones, que fundan la ciencia, se suceden como mandamientos fríos y claros. “Los principios deben ser moderados; las leyes, implacables; las penas, sin remisión posible.”
Es el estilo guillotina.” ALBERT CAMUS
EDICIÓN COMPLETA DEL TEXTO EN FILOSOFÍA DIGITAL
|
“Unos principios eternos ordenan nuestra conducta: la Verdad, la Justicia; finalmente, la Razón. Ese es el nuevo dios.
El dios de los filósofos y de los abogados no tiene más que el valor de una demostración. En verdad, es muy débil, y se comprende que Rousseau, que predicaba la tolerancia, haya creído, sin embargo, que era preciso condenar a muerte a los ateos.
Para adorar durante un largo tiempo un teorema, no basta la fe, se necesita también una policía. Vicio, virtud, corrupción, estos términos vienen constantemente a la retórica de los tiempos y, todavía más, a los discursos de Saint-Just, haciéndolos cada vez más pesados.
La Revolución francesa, al pretender edificar la historia sobre un principio de pureza absoluta, inaugura los tiempos modernos al mismo tiempo que la era de la moral formal. La moral, cuando es formal, devora.
La virtud absoluta es imposible, la república del perdón trae mediante una lógica implacable la república de las guillotinas. Montesquieu había denunciado ya esta lógica como una de las causas de decadencia de las sociedades, diciendo que el abuso del poder es mejor cuando las leyes no lo prevén.” ALBERT CAMUS
EDICIÓN COMPLETA DEL TEXTO EN FILOSOFÍA DIGITAL
|
“Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano.
Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio.
No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores. Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica.
Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.” RICHARD WILHELM
TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL
|
02.07.08 @ 19:59:15. Archivado en Mundo Libre
“Por muy necesario que sea contener a los magistrados, no lo es menos el escogerlos bien: la libertad debe fundarse en esta doble base. No perdáis de vista que, en el gobierno representativo, no hay leyes constitutivas más importantes que las que garantizan la pureza de las elecciones.
Ahí están los principios conservadores de la libertad que la constitución debe mantener. Todo el resto no es más que charlatanería, intriga y despotismo. Haced de manera que el pueblo pueda asistir a las asambleas públicas, ya que es el único apoyo de la libertad y de la justicia. Los aristócratas, los intrigantes son las plagas de la libertad.
¡Qué importa que la ley rinda un homenaje hipócrita a la igualdad de derechos si la más imperiosa de todas las leyes, la necesidad, fuerza a la parte más sana y numerosa del pueblo a renunciar a ella! Que las reglas de las elecciones, que las formas de las deliberaciones sean tan simples y resumidas como sea posible.
Que se delibere en voz alta: la publicidad es el apoyo de la virtud, la salvaguardia de la verdad, el terror del crimen, el azote de la intriga. Dejad las tinieblas y el voto secreto a los criminales y a los esclavos: los hombres libres quieren tener al pueblo como testigo de sus pensamientos.
Este método forma a los ciudadanos y las virtudes republicanas. Conviene a un pueblo que acaba de conquistar su libertad y que combate por defenderla. Cuando deja de convenirle, ya no hay República.”
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
|
01.07.08 @ 11:00:33. Archivado en Mundo Libre
“La nación entera tiene el derecho de conocer la conducta de sus mandatarios. Sería necesario, si fuera posible, que la asamblea de delegados del pueblo deliberase en presencia del pueblo entero. Ante la mirada de un número tan grande de testimonios, ni la corrupción, ni la intriga, ni la perfidia osarían mostrarse. Sólo se consultaría a la voluntad general; sólo se atendería a la voz de la razón y del interés general.
Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gestión a nadie no tiene constitución. Un pueblo cuyos mandatarios sólo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene constitución. Si éste es el sentido que se le confiere al gobierno representativo, confieso que adopto todos los anatemas pronunciados contra él por Jean-Jacques Rousseau.
La posteridad se asombrará de la despreocupación con la que una gran nación ha soportado estas cobardes y groseras maniobras que comprometen a la vez su dignidad, su libertad y su salvación.”
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
|
30.06.08 @ 20:42:18. Archivado en Mundo Libre
“¿Qué nos importan las combinaciones que equilibran la autoridad de los tiranos? Lo que hay que hacer es extirpar la tiranía. No es precisamente en las querellas entre sus amos donde los pueblos deben buscar el beneficio de respirar unos instantes. Es en su propia fuerza donde deben cifrar la garantía de sus derechos.
Sólo hay un tribuno del que yo pueda ser devoto: es el propio pueblo. A cada sección del pueblo de la República precisamente encomiendo yo el poder tribunicio, y es fácil organizarlo de una manera igualmente alejada tanto de las tempestades de la democracia absoluta como de la perfecta tranquilidad del despotismo representativo.
Huid de la manía antigua de los gobiernos de querer gobernar demasiado. Dejad a los individuos, dejad a las familias el derecho de hacer lo que no perjudica a su prójimo. Dejad a las comunas el poder de regular ellas mismas sus propios asuntos, en todo aquello que no se refiere a la administración general de la república.
En una palabra, devolved a la libertad individual todo aquello que no pertenece naturalmente a la autoridad pública, y habréis dejado mucha menos presa a la ambición y a lo arbitrario.”
TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL
|
“La atracción por lo electivamente afín constituye una ley general de la naturaleza. Mediante una atracción de esta índole influye el sabio sobre los corazones de los hombres y el mundo logra la paz.
Uno debe aguardar, tranquilamente, hasta que un verdadero influjo lo mueva a actuar, y entonces quedará libre de daños. Se ha alcanzado aquí el sitio del corazón. La incitación, el estímulo que parte de este punto es el más importante. Allí donde actúa la propia fuerza tranquila de la naturaleza de uno, los efectos son normales.
Todos los hombres sensibles a las vibraciones de un espíritu semejante recibirán su influjo. Este influjo sobre los demás no ha de manifestarse como una acción deliberada y consciente ejercida sobre ellos, pues semejante agitación consciente, con su perpetuo vaivén, excita y desgasta.
Por otra parte, en ese caso los efectos se limitarán a aquellos hombres hacia los cuales dirige uno conscientemente sus pensamientos. La forma más exterior de empeñarse en adquirir influencia sobre otros es la de conseguirlo mediante la mera locuacidad, sin que nada real sostenga a las palabras. Semejante estímulo, ejercido por el sólo movimiento de los instrumentos del habla, será necesariamente insignificante.”
TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA DIGITAL
|
“El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo. Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente.”

Los trastornos del cuerpo animal, y los síntomas que los indican, son tan variados como los elementos que componen el cuerpo. Además, las combinaciones de esos síntomas son tan infinitamente diversas que muchas asociaciones de ellos se manifiestan tan rara vez que no permiten diagnosticar una enfermedad determinada; y para una enfermedad desconocida no puede haber remedio conocido. Ahí debe detenerse, por consiguiente, un médico juicioso, moral y humano.
Tras ser tantas veces testigo de los saludables esfuerzos de la naturaleza para restablecer las funciones trastornadas, antes debería confiar en su acción que arriesgarse a interrumpirla y a perturbar aún más el sistema, con experimentos hipotéticos con una máquina tan complicada y desconocida como el cuerpo humano y un objeto tan sagrado como la vida humana. O, cuando para mantener vivos la esperanza y el ánimo del paciente, es necesario que parezca que se hace algo, ese algo debe ser de naturaleza del todo inocua.
Uno de los mejores médicos que he conocido me aseguró que utilizaba las píldoras de pan, las gotas de agua coloreada y los polvos de ceniza de nogal más que todas las demás medicinas juntas. Era, ciertamente, un engaño piadoso.
Pero el médico propenso a la aventura no se detiene ahí, y sustituye el conocimiento por la presunción. Del pequeño campo de lo conocido se lanza a la ilimitada región de los desconocido. Establece como guía alguna teoría fantasiosa de atracción corpuscular, acción química, potencias mecánicas, estímulos, irritabilidad acumulada o agotada, vaciamiento por lanceta y relleno por mercurio, o cualquier otro sueño ingenioso que le da acceso inmediato a todos los secretos de la naturaleza.
Una vez propuesto este principio, construye sobre él su cuadro gnoseológico, distribuye sus enfermedades por familias, y extiende su tratamiento curativo, por analogía, a todos los casos que tan arbitrariamente ha congregado.
He vivido para ver a los discípulos de Hoffman, Boerhaave, Stahl, Cullen, Brown, sucederse unos a otros como figuras que se desplazan en una linterna mágica, y a sus fantasías convertirse, por su novedad, en la moda del día como los vestidos de los figurines anuales de París, hasta ceder a la novedad siguiente su efímera hegemonía.
El paciente, tratado conforme a la teoría de moda, a veces se repone a pesar de la medicina. La medicina, por consiguiente, le ha curado, y el joven doctor se arma nuevamente de valor para proseguir sus experimentos con la vida del prójimo.
Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la cuadrilla de médicos principiantes, inexpertos y presuntuosos que anda suelto por el mundo destruye más vidas humanas en un año que todos los Robinhoods, Catouches y Macheaths en un siglo. Es en esa parte de la medicina donde me gustaría ver una reforma, un abandono de las hipótesis en favor de los hechos desnudos, el otorgamiento del más alto valor a la observación clínica, y el más bajo a las teorías visionarias.
Desearía especialmente que el joven médico tuviera profundamente grabados en su mente los verdaderos límites de su arte, y supiera que su función, cuando el estado del paciente traspasa esos límites, es ser un observador atento, pero callado, de las operaciones de la naturaleza, y facilitar su trabajo con un régimen bien regulado y con toda la ayuda que puedan obtener de la estimulación del buen humor y la esperanza en el paciente. […]
Al doctor Casper Wistar, profesor de anatomía y cirugía en la Universidad de Pennsylvania, que en 1815 sucedió a Jefferson como presidente de la Sociedad Filosófica Americana. Washington, 21 de junio de 1807.
THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.
|
“Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola… Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.”

Bellos poemas de Borges: “El remordimiento”, “El cómplice” y “Los justos”. Lamento que no fuera feliz. No acepto ser cómplice de lo que me daña. Y estoy totalmente de acuerdo en que “esas personas que se ignoran, están salvando el mundo”.
¡Cuánta pleitesía irresponsable y servil rindes, hombre civilizado, al poder, a las riquezas y al placer! ¡Siempre buscando un rey que te gobierne, algún líder que te guíe, un maestro que te enseñe, algún gurú que te ilumine, un poeta que te deleite, algún placer que te extasíe, un negocio que te encumbre, alguna ideología que te libere…!
¡Siempre aprendiendo, engañando y siendo engañado, sin llegar nunca al conocimiento de la verdad esencial, aquella que afirma que todo lo que necesitas para ser feliz y libre está en tí!
Y los que viven como si lo supiesen, pero sin ser conscientes de ello, son esas personas humildes, anónimas, que se ignoran a sí mismas, pero que están salvando el mundo. Alguien que acaricia un perro; el ceramista que da forma y color; una pareja que lee un poema; los que agradecen que haya música y literatura; los que piensan sólo por ganas de saber; los que no sienten placer si no lo dan; los que cultivan un huerto sin codiciar la cosecha; los que crían niños y los educan hasta hacer de ellos hombres y mujeres; el soldado que ama a la patria, pero odia su oficio; los que prefieren sufrir cien injusticias antes que cometer una sola…
Son la gloria de la humanidad, sí, precisamente porque no saben que lo son. Cumplen con lo que sienten que es su deber natural, ignorando, en su magnífica inocencia, que su modesto quehacer cotidiano constituya un mérito que deba ser reconocido o premiado por otros.
Por eso mismo, los poetas y los sabios les rinden homenaje. Y yo me sumo a él. Es de justicia.
Filosofía Digital, 16/01/2007
|
“Yo soy más sabio que este hombre; es posible que ninguno de los dos sepamos cosa que valga la pena, pero él cree que sabe algo, pese a no saberlo, mientras que yo, así como no sé nada, tampoco creo saberlo. Yo no tengo conciencia de saber nada.”

La frase “sólo sé que no sé nada”, atribuida a Sócrates por sus discípulos (Platón, en “Defensa de Sócrates”), es considerada por los inexpertos y los esnobs del pensamiento, sin madera de auténticos pensadores, como el colmo de la sabiduría y la modestia filosófica.
EL ESCEPTICISMO Y LA FALSA MODESTIA
A mí, sin embargo, nunca me impresionó, pues albergo el máximo recelo hacia los aforismos filosóficos agradables, especialmente hacia las paradojas verbales. Lao Tsé lo dijo muy bien: “Las palabras verdaderas no son hermosas; las palabras hermosas no son verdaderas”.
Una frase bella puede fácilmente deslumbrar, y cegar al desprevenido, por su aparente profundidad, cuando tal vez no sea más que música compuesta con palabras. Alerta, pues, contra la belleza; no vayamos a confundirla con la verdad. La belleza puede seducir los sentidos, es decir, la imaginación, hasta el punto de dejar confuso el entendimiento.
Con franqueza y sin ambages: la frase de Sócrates, a la luz de la razón, me parece un dicho sin sustancia inspirado por la falsa modestia. Todos los ignorantes podrían decir lo mismo, si fueran honestos. Pues Heráclito afirmaba que “el mejor de ellos no conoce sino opiniones y las retiene firmemente”.
Darse cuenta de eso es una prueba de sensatez y comprenderlo está al alcance de cualquiera que no se obstine en aparentar que sabe lo que a sabiendas ignora. Es decir, que además de insensato no sea hipócrita.
Pero si el que finge saber, cuando no tiene conciencia de saber nada, está tocado de soberbia, no le sigue muy de lejos el que sabiendo, finge que ignora. El falso modesto, se encumbra aparentando humillarse, y está próximo al soberbio.
Me inclino a creer que Sócrates simulaba su ignorancia, porque al verdadero ignorante, cuando el vulgo le atribuye una sabiduría que no tiene, si es sondeado con habilidad, se le reconoce porque podría pasar por tonto. Pues según Heráclito, que de “oscuro” no tenía nada, “los tontos, cuando oyen, son semejantes a los sordos: sobre ellos es la sentencia de que están ausentes cuando presentes”.
LOS TÁBANOS, TORMENTO DEL GANADO
Y si, realmente, Sócrates se consideraba ignorante, ¿a qué venía tanta ironía y empeño para demostrar que los demás no sabían nada? ¿Con qué derecho se entrometía en las vidas de sus conciudadanos ejerciendo de tábano de sus conciencias y presumía de no dejar a nadie en paz? ¿Tendría al final Xantipa, su malhumorada esposa, su parte de razón al tirarle baldes de agua a la cabeza, mientras le llamaba vago y charlatán? Sócrates era un tábano inteligente, eso es todo.
Y un poco sofista. Pues para alguien que blasonaba de poder demostrar que todo el mundo, incluso los filósofos, desconocía la verdad sobre casi todo, se afianzaba bastante, por no decir excesivamente, en simples “verosimilitudes hermosas”. Como afirmó Descartes, “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente. Un hombre que duda de muchas cosas no es más sabio que el que nunca ha pensado en ellas”.
Sería insensato negar que, en la vida cotidiana, a falta de pan buenas son tortas; y que, a falta de certezas, debemos seguir lo que barruntamos más probable. Pero en la reflexión, por el contrario, nos advierte Spinoza, “debemos evitar el admitir como verdadero lo que es tan sólo verosímil, ya que, una vez admitida una falsedad, se siguen infinitas”.
Véase, si no, cómo desbarra Sócrates sobre el más allá, en “Fedón o del Alma”, una vez admitida la fantasiosa doctrina de la inmortalidad del alma, estimando que “conviene creerlo, y que vale la pena creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo”. He aquí cómo el encantador de serpientes acaba por encantarse a sí mismo al dulce son de su flauta filosófica. Ya que no puede saber, se conforma con creer.
Por eso, frente a su afectada ignorancia, y a despecho de todos los escépticos, me uno a Spinoza para expresar, con legítimo orgullo filosófico, pero sin el menor asomo de inmodestia, nuestra jubilosa profesión de fe filosófica: “Nosotros, al menos, sabemos que algo sabemos”.
Filosofía Digital, 18/12/2005
|
20.06.08 @ 16:43:14. Archivado en Palabras mayores
"No presumo de haber hallado la mejor filosofía, pero sé que entiendo la verdadera"(Spinoza).
Muchos pensadores han hablado de la sabiduría con desigual fortuna y han señalado el camino empinado que conduce hasta ella. Pero sólo uno entre mil he hallado que, con benevolencia y dulzura, dirija a sus lectores un solícito "ruego" de "avanzar" con él "a paso lento", por la vía del entendimiento, hacia el conocimiento del alma humana y su suprema felicidad.
EL CRISTO DE LOS FILÓSOFOS
Quien tenga el coraje de acompañar a este hombre, por el camino interior que él transitó primero, no sólo logrará conocerse, sino que podrá sentir y experimentar con absoluta certeza que somos eternos. Su nombre: Baruch de Spinoza.
En ninguna otra filosofía hay salvación. El es el Cristo de los filósofos, según Gilles Deleuze, y el Moisés de los librepensadores, a juicio de Feuerbach. A sus pies he educado mi mente y gracias a él he aprendido casi todo lo que sé. Si alguna inteligencia espiritual he llegado a alcanzar se la debo a Spinoza, aunque sea íntegramente mía la responsabilidad por toda la ignorancia en que aún yazgo.
En cierto modo, estas páginas constituyen mi modesto pero agradecido homenaje al amable restaurador de la "antigua y verdadera filosofía". Como Lessing dijo: "No hay más filosofía que la de Spinoza". De ello quiero dar fe aquí.

FILOSOFÍA Y RELIGIÓN
La filosofía profunda es, en el fondo, verdadera religión y la auténtica religión no es otra cosa que filosofía pura. El ámbito natural de la verdadera filosofía es el estudio y conocimiento de las cosas perennes o eternas.
En esto se distingue de manera fehaciente de la ciencia o del arte, manifestaciones del espíritu a las que sirve de inspiración, pero con las que no debe ser confundida en modo alguno. El arte aporta belleza y placer; la ciencia, conocimiento y progreso; la espiritualidad filosófica, alegría y libertad.
Abogo, pues, abiertamente por una filosofía religiosa y una religión filosófica. Que yo distinga, como es obligado hacerlo, la religión de las confesiones religiosas que la falsean o corrompen y procure diferenciar la filosofía de las escuelas filosóficas que la complican o confunden, no resta ni un ápice de certeza a mi convicción de que, sin la unión con lo divino, la mente humana no alcanzará jamás la dicha inefable de la libertad completa y que, sin racionalidad filosófica, la religión derivará siempre en vano misticismo o peligrosa superstición.
ÉTICA, POLÍTICA Y FELICIDAD
Es más, sólo bajo la guía e inspiración de una sana espiritualidad podremos encontrar los sabios preceptos de una ética racional y las reglas prudentes de una política realista que nos alumbren el camino hacia una nueva sociedad; aquella que todas las almas nobles presienten como posible, y anticipan como real, cuando son capaces de vivir felices, entre otros hombres, obrando con generosidad, justicia y lealtad.
Es cierto que el camino que lleva a la verdadera felicidad es muy difícil de alcanzar; pero, si raramente se encuentra, y no se consigue sin “gran trabajo”, es posible hallarlo, sin embargo.
Aunque entrar por esta estrecha vereda es decisión de cada particular, podemos lograr una sociedad, organizada de tal modo, que facilite la consecución de tan alto grado de perfección para el mayor número posible de individuos. Se trata, pues, de poner la política y todas las ciencias al servicio de la felicidad.
Una sociedad así es posible para los hombres, si se les da la oportunidad de vivir bajo un régimen político benigno que garantice la libertad individual y colectiva; asegure la concordia social mediante leyes justas e iguales para todos; les procure una buena educación que les sirva de timón en la vida; y siembre en sus mentes consejos fraternales que sean como semillas de unas buenas costumbres.
Entonces, si no todos, al menos los más sensatos, bajo la guía de su propio juicio, podrán llevar libremente la forma de vida que más les plazca y hacer honestamente lo que sienten que es mejor.
EL CAMINO QUE LLEVA A LA LIBERTAD
De estos temas y otros semejantes trataremos aquí. No soy profesional de la filosofía, la política o la religión, ni estoy adscrito a ninguna institución académica, partido político o grupo religioso. Ni siquiera simpatizo con ellos, por muy necesarios que sean considerados.
Mucho me temo que los más, esto es, la desdichada mayoría, apenas encontrarán aquí algo que les agrade por algún motivo; los menos, o sea, la dichosa minoría, casi nada que no sepan ya. Escribo sobre estos temas porque necesito hacerlo y porque considero necesario que se haga. Eso es todo.
Aunque me esforzaré por expresar mis ideas con palabras adecuadas, que no ofendan a nadie, no es agradar lo que busco, sino hablar claro y decir la verdad. Espero, de esta manera, animar a cualquiera que necesite alcanzar la excelencia y esté dispuesto a adentrarse sin temor por el camino que lleva a la libertad.
Si lo consiguiere, siquiera en parte, lograría mi propósito y esa sería mi recompensa. Si no, me habré limitado a cumplir con mi deber; y esa es toda la gloria a que aspiro. Vale.
Artículo publicado en Filosofía Digital, el 27/11/2005
|
"La libertad es lo más apreciado y lo más dulce" (Spinoza).
Aunque quiero reservar mis reflexiones sobre la religión y las supersticiones religiosas para otra sección, hoy necesito dar mi opinión sobre las revueltas que, en todo el mundo, están provocando los fanáticos musulmanes, es decir: los últimos bárbaros de nuestro tiempo.

Disfrutaba Spinoza de su ciudadanía, bajo el gobierno de su amigo Jan de Witt, republicano y liberal, en una Holanda cuya tolerancia le hacía vibrar de entusiasmo y le inclinaba a amarla como patria. Pero cuando comprobó que la libertad de pensamiento y expresión era suprimida "totalmente por la excesiva autoridad y petulancia de los predicadores", decidió redactar un tratado con sus opiniones acerca de las Escrituras judeocristianas, y sobre la relación entre política y religión. En sus propias palabras:
"Viendo, pues, que nos ha caído en suerte la rara dicha de vivir en un Estado, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertad es lo más apreciado y lo más dulce, he creído hacer algo, que no sería ni ingrato ni inútil, si demostrara que esta libertad no sólo se puede conceder sin perjuicio para la piedad y la paz del Estado, sino que, además, sólo se la puede suprimir, suprimiendo con ella la misma paz del Estado y la piedad" (Tratado teológico-político).
>> Sigue...
|
:: siguientes >>
|