Editado por

Felipe CantosFelipe Cantos

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Octubre 2011
LMXJVSD
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31 
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS



Los falsos valores en el mundo del arte.

Permalink 14.11.06 @ 10:20:22. Archivado en Arte

No es cierto lo que se oye afirmar que el público rebaja el arte; es el artista el que puede envilecer al público. En todos los tiempos en que el arte vino a menos, cayó por culpa de los artistas. Friedrich von Schiller.

A finales del año pasado, más concretamente la primera semana de noviembre, tuve la oportunidad de visitar la 51ª bienal de Venecia, cuando se perfilaba su cierre. He de confesar que, independientemente de las razones que en múltiples ocasiones me han “obligado” a desplazarme hasta esa irrepetible ciudad, el hecho en si de poder estar unas horas en ella ya compensa con creces el viaje. Más, si como en este caso tenemos como complemento un acontecimiento cultural de la magnitud de la Bienal: miel sobre hojuelas.
Pero también he de ser sincero si les digo que jamás tomaría la decisión de fijar mi residencia en esta ciudad. Sus atractivos canales y sus estrechas e históricas calles son un inigualable marco de consumo para el turismo de masas, además de que sus casas, cuyos sótanos sumergidos inspiran la más lúgubre de las situaciones, soportan una de las mayores colonias de ratas existentes en el mundo. Ratas que, en días de crecida de las aguas, suelen hacer acto de presencia utilizando los sumideros y, de manera especial, las conducciones sanitarias.
Lo siento, he desviado mi atención del verdadero objetivo de este artículo. De modo que, dejaremos para mejor momento la histórica Venecia y nos ceñiremos al arte que se desprende de su bienal.
En la visita pude descubrir, una vez más, que el mundo del arte es cada vez más endogámico. Algo muy ajeno al común de los mortales. Y no porque, generalmente, el artista no intente comunicar con el espectador a través de sus creaciones. Objetivo primordial de cualquier manifestación artística. Sino porque, sencillamente, no “llega” el mensaje. Parece como si existiera un muro infranqueable, un triángulo de las Bermudas que todo se lo traga, entre los nuevos creadores, sus obras y los previsibles admiradores/receptores de sus creaciones.
Las obras que realizan, cuya calidad creativa no me cuestionaré jamás, pretenden superar esa barrera, sin conseguirlo. Y no me cuestionaré jamás el valor de una creación artística, porque soy de los que sostienen que en la obra de cualquier artista no es admisible la crítica. Una obra de arte no es ni buena, ni mala. Simplemente, alcanza, o no, la sensibilidad del espectador.
Una de las razones primordiales de la situación denunciada es, repito, el endogámico mundo que lo sustenta. Desde los propios creadores, celosos por demás de sus creaciones, pasando por los marchantes, escasos y mal avenidos, hasta llegar a los críticos, probablemente los máximos responsables de que el arte, en el sentido más amplio de la palabra y en cualesquiera de sus facetas, sea tan desconocido para el hombre de la calle.
Es difícil encontrar, salvo en el mundo de los economistas y, de manera muy especial, en el de la Judicatura, un lenguaje tan pretencioso y concientemente enrevesado como el que los críticos, pretendidos “expertos” del mundo del arte, utilizan. Tal vez eso, el hacer ininteligibles sus opiniones, sea lo que habitualmente desconcierten al hombre de la calle.
Pero aún hay algo más determinante en el mundo del arte que nos obliga a desconfiar de él. La evidente subordinación a unos intereses económicos, casi siempre muy por encima del auténtico valor artístico. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado por qué aquella obra, de rasgos incomprensibles, imposible de encontrarle una ubicación en nuestro catálogo personal del buen gusto, o simplemente en aplicación del pragmatismo que nos impone el sentido común, se encontraba expuesta en aquel museo que nos habíamos animado a visitar, incluso, en un destacado lugar del mismo?
O, ¿por qué unos pintores tienen la “inmensa fortuna” de ser reconocidos, y sus obras expuestas en los mejores museos y galerías del mundo cuando, por ejemplo, al pasear por los centros históricos de cualquier gran ciudad, podemos encontrarnos decenas de otros artistas, con sus obras tiradas por los suelos, exhibiendo una indiscutible calidad que, al entender de la mayoría que las contemplan, superan con facilidad lo visto en las deseadas paredes de esos museos y galerías? Por toda respuesta, los santones de “la cosa” le dirán que: “es posible que no todos están donde merecerían. Pero que no hay sitio para todos, y algunos han de ser los elegidos”. O se despacharía con un irrelevante: “así es la vida”. Pero la triste realidad es que no siempre están las mejores obras en los museos.
Durante un cierto tiempo, hace ya algunos años, tuve la oportunidad de vivir de cerca la expansión que se produjo en el mundo de la pintura y, en menor escala, también, en el resto de las disciplinas que abarcan el mundo de las artes plásticas. Visité con frecuencia los museos y galerías, y acudí con cierta regularidad a las subastas que se realizaban en las más conocidas salas, como las internacionales Sothebys y Christie’s, o las madrileñas Durán y Fernando Durán. Ello me permitió descubrir cómo se fabrica un “artista internacional”, a partir de los acuerdos entre galeristas, marchantes y críticos, con la natural cooperación o, en el mejor de los casos, de la indiferencia del propio artista que no era, necesariamente, el mejor de los elegibles. Bastaba con que todos ellos se volcaran con un artista y su obra, en ocasiones bastante mediocre, para reconducir el “mundo del arte” hacia los intereses concretos de quienes lo manejan, y viven de ello.
Es más. He sabido de artistas en la élite mundial, ayudados en ocasiones por sus marchantes y algún célebre crítico, pujar, de manera indirecta naturalmente, por sus propias obras, con un doble objetivo: mantener su cotización o, en el peor de los casos, crear el precedente de un precio de salida para la siguiente subasta de sus obras, a celebrar no antes de pasados seis meses, o un año.
Esto, finalmente, ha provocado una triste consecuencia, que sin duda sería aplicable a cualquier otra disciplina de la creación, incluso, como mayor rigor, como es el caso de la literaria. Lo que habitualmente se nos ofrece “en el mercado” ni es lo mejor, ni tampoco lo más representativo y, en ocasiones, probablemente, sí lo menos deseable.
Es lo que deciden, por mor de una serie de de circunstancias entrelazadas, los “santones” de la cosa. Llegándose en algunos momentos, especialmente en el mundo de las artes plásticas, a alcanzar el calificativo de burla para con el espectador/comprador. Tanto en lo que se nos muestra, como en el valor artístico que se le da, y en el valor crematístico que se nos solicita.
Quizás la conclusión final que puede derivarse de todo lo dicho es que el mundo de la creación y de las Bellas Artes sería más auténtico, más genuino y asequible a todos en general, si dejara de ser manipulado en pro de unos intereses bastardos muy alejados de lo que significa la calidad en el arte, en el sentido más amplio de la palabra.
En lo que se refiere a mi mundo, el literario, sé de autores de renombre, y tengo colegas en la común actividad del escribir, a los que las editoriales, sabedoras de cómo vender “el producto”, les “aconsejan” sobre qué deben escribir, les marcan las pautas de los contenidos, y hasta cuál debe el número aconsejable de palabras – 250.000 – que debe contener la novela en cuestión.
Difícilmente conseguiremos un texto literario de interés y calidad, si al autor le limitamos hasta el número de palabras que debe utilizar al desarrollarlo. Peor será aún el trato dado a los personajes quienes, limitados en el tiempo y en el espacio, tendrán serias dificultades de desarrollar con ciertas garantías literarias su paso por la novela.
Lo que finalmente resulta incuestionable de todo lo aquí expuesto es que cualquier actividad que se desarrolle en el mundo de la creación, si no se dispone de la autenticidad, ni la libertad para utilizarla, jamás conseguiremos un mínimo de la calidad deseable.

Felipe Cantos, escritor.


Bookmark and Share

Comentarios:
Me encantó la sinceridad de este artículo. Cómo dato curioso si eres pintor multifacético con impetu explorador lo más seguro es recibir un no-no en las galerias,etc.. así que por lo general igual que los editores piden tantas palabras los galeros piden cierto "estílo". Parece chiste oscuro. Pero esto ya ha pasado en la historia ¿no?.
lo mejor
Enlace permanente Comentario por Vania 31.01.09 @ 00:21

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Christian Wulff ha dimitido

Ángel Sáez García

La Marea de Pérez Henares

La Marea de Pérez Henares

Las Ferias de Sevilla...que cada cual las cuenta según les va en ellas

Antonio Pérez Henares

Hermosillo

Hermosillo

El General Galván Fortalece y Actualiza el Marco Jurídico de las Fuerzas Armadas Mexicanas

Efrén Mayorga

Religión Digital

Religión Digital

Donde no existe el derecho

Religión Digital

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

Reivindicamos la civilización del amor

Carmen Bellver

La hora de la verdad

La hora de la verdad

Franco como obra de arte

Miguel Ángel Malavia

Punto de vista

Punto de vista

El mal viene de Francia

Vicente Torres

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Jueces y parte

Manuel Molares do Val

Protestantes

Protestantes

La sensación de la NBA, Jeremy Lin: Dios es bueno

Pedro Tarquis

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Carrefour descuenta el IVA

Juan Luis Recio

Ya crispo yo por ti

Ya crispo yo por ti

Si te rascas una oreja, no conduzcas o te multan

Cesar Sinde

El último grito

El último grito

Un guiño a los guiñoles

Toni García Arias

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mi vocación intelectual, y mi acreditación periodística

Juan Fernandez Krohn

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “B”, Súplica del perdón

Angel Moreno

cl@sicodigit@l

cl@sicodigit@l

Paulino Toribio

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

Hombres sin tierra: presentación-contenido

Juan Antonio Espinosa

Opinión

Opinión

Luis del Val - "Humanismo cristiano".

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Importa conocer de dónde procede lo que se cree?

Asoc. Humanismo sin Credos

El alma del haiku

El alma del haiku

Nadie

Vicente Haya

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Sudáfrica en la encrucijada

Enrique Arias Vega

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias