Editado por

Felipe CantosFelipe Cantos

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Octubre 2011
LMXJVSD
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31 
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS



El Rey Progre (que no Leal/r); la “encantada princesa” (que no la Princesa Encantada), y el Príncipe Besugo (que no Sapo). ¡Ah!, y el valido Rasputón (que no Rasputín).

Permalink 14.10.06 @ 15:21:52. Archivado en Literatura

Verán, hace días que tuve la oportunidad de escuchar un cuento - dicen que infantil, pero yo tengo mis dudas - que por las características del relato que contiene no he podido resistirme a transcribírselo a ustedes.
Ya que el cuento me fue transmitido de forma verbal, en la más pura tradición, es muy posible que en mi relato se produzcan errores, por olvido o, incluso, elementos que puedan asemejarse a algo, o a alguien. Les aseguro que, como dicen los clásicos, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Este es el relato: Érase una vez un Rey, muy alejado de las tradiciones monárquicas, del que se decía que por una incomprensible, algunos lo calificaban de contradictoria vocación genética heredada, era muy progre, casi de izquierdas. Si es que en aquel tiempo se podía calificar como tal a aquellos que no pertenecían a la clase dirigente. Su valido, Rasputón, (que no Rasputín, como pudiera pensarse), del que después hablaremos, llegó a calificarlo como “el rey más republicano de la historia monárquica” (¿).
Con el Rey, en el palacio, vivían, entre otros, el Príncipe Besugo (que no Sapo), su hijo heredero. No se conoce con certeza de qué heredad se trataba, a tenor de las terribles circunstancias que rodeaban el futuro del reino, y de sus propias vidas. El sobrenombre de Besugo le había sido dado porque a diferencia de cualquier otro príncipe, que al ser besado por su amada doncella se convertían de sapo en Príncipe, este, por inexplicables razones que nunca nadie pudo aclarar, se convirtió, al ser besado por su amada, de príncipe en besugo.
Cuenta la leyenda que pese a que, el Príncipe Besugo (que no Sapo), desde su más tierna juventud no dejó de besuquear con cuantas doncellas de su reino, o de los reinos limítrofes, encontró a su paso, únicamente el contradictorio hechizo pudo ser roto cuando apareció en su vida la “encantada princesa” (que no la Princesa Encantada). Y así permaneció, convertido en besugo para el resto de su vida.
Mientras tanto, con la boda, la “encantada princesa” (que no la Princesa Encantada), aportó a la vida de palacio, hasta aquel entonces razonablemente sobria, elegante y discreta, su corte personal de bufones y titiriteros que, lejos de llevar las nuevas tendencias culturales e intelectuales hasta el palacio, consiguieron introducir la chabacanería, arropada por una inequívoca progresía, tan del gusto de “su majestad”, hasta límites jamás pensados. Por los pasillos de palacio corrían rumores que la vulgaridad y el mal gusto de la “encantada princesa” (que no Princesa Encantada) era de tal magnitud que hasta se permitía hacer chistes soeces sobre ella misma y la hueste de bufones, bebedores de potingues perniciosos, que alardeaban de ser buenos amigos y conocedores de las intimidades de la “encantada princesa” (que no Princesa Encantada).
El Rey Progre (que no Leal/r) parecía no darse cuenta de lo que sucedía en palacio, en tanto que su popularidad y el cariño de su pueblo se iba desvaneciendo a pasos agigantados. “Su Majestad” parecía haber olvidado que el pueblo llano, en su mayoría, le había aceptado y adoptado más por sus cualidades humanas, perfectamente definidas al inicio de su reinado, que por tradición monárquica alguna. Eran seguidores de “su Rey”, como tal, no monárquicos de convicción.
Pero el desorientado monarca tenía un problema mayor en su reino: su valido Rasputón (que no Rasputín). Este sujeto, de aspecto repulsivo - larguirucho, desgarbado y cheposo, cuyo pérfido rostro quedaba enmarcado por dos impresionantes cejas circunflejas sobre unos ojos inexpresivos y una nariz aguileña, se había ganado a pulso tal sobrenombre. De él se decía que era lo más parecido a un putón verbenero, incapaz de decir a nadie que no, salvo aquellos que reprochaban sus actos, con tal de mantener su privilegiada posición en la corte del Rey Progre.
Entre todos ellos, unos por acción y otros por indolencia y omisión, habían dejado el reino en manos de intrigantes oscurantistas cuyo único objetivo era medrar a la sobra del Rey Progre, sin la menor preocupación por un pueblo que veía como poco a poco lo que, en tiempos, fuera un reino fuerte y respetado, se estaba convirtiendo en pequeños reinos, al estilo de los taifas musulmanes, tan admirados por Rasputón.
Tengo que confesarles que el cansancio hizo mella en quien tan interesante cuento me estaba contando - un noble anciano conocedor por demás de la vida y obra de todos y cada uno de los personajes de este cuento – no pudiendo evitar dos prolongados bostezos. Hube de darme por aludido. Pero no deseando perderme el final del cuento le rogué que, antes de caer en los brazos de Morfeo, cuanto menos, me resumiera el final del interesante cuento.
Está bien, me respondió. Lo cierto es que es un cuento malhadado y puede que su final no te guste. Pero allá va. Este cuento, a diferencia de todos cuantos hayas podido escuchar a lo largo de tu vida, continuó, tiene un triste final. Al contrario que en todos los demás, los personajes acabaron sus vidas lamentando su triste final. El Rey Progre (que no Leal/r) terminó sin reino que reinar. Eso sí, pudo postularse como presidente de todas y cada una de las infinitas repúblicas surgidas al albur de sus torpezas.
En cuanto al Príncipe Besugo (que no Sapo), acabó, como tal, el resto de sus días junto a su amada, la “encantada princesa” (que no Princesa Encantada), convertida de nuevo en plebeya y, ambos, viviendo del cuento. Y no precisamente de los derechos de este.
En cuanto a Rasputón, abandonado a su suerte por los intrigantes oscurantistas, trató, sin éxito, de competir con el Rey en la consecución de alguna de las presidencias a las repúblicas por él creadas. Acabó en un centro de salud mental, creo que en aquellos tiempos se llamaban manicomios, dedicado como un poseso a escribir y rescribir la historia eternamente.
En cuanto al pueblo llano y honrado, y esta es la moraleja final del cuento, como siempre que en su camino se cruzan personajes de la calaña de Rasputón y similares, no hubo oportunidad para las celebraciones, para la felicidad, ni para las perdices. Sólo le quedó la posibilidad de asumir los males provocados por los desaprensivos, e iniciar un largo caminar para conseguir reencontrar sus raíces étnicas. Como me lo contaron, yo se lo cuento a ustedes.

Felipe Cantos, escritor.

Enlace permanente

Bookmark and Share

Comentarios:

Aún no hay Comentarios para este post...

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Christian Wulff ha dimitido

Ángel Sáez García

La Marea de Pérez Henares

La Marea de Pérez Henares

Las Ferias de Sevilla...que cada cual las cuenta según les va en ellas

Antonio Pérez Henares

Hermosillo

Hermosillo

El General Galván Fortalece y Actualiza el Marco Jurídico de las Fuerzas Armadas Mexicanas

Efrén Mayorga

Religión Digital

Religión Digital

Donde no existe el derecho

Religión Digital

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

Reivindicamos la civilización del amor

Carmen Bellver

La hora de la verdad

La hora de la verdad

Franco como obra de arte

Miguel Ángel Malavia

Punto de vista

Punto de vista

El mal viene de Francia

Vicente Torres

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Jueces y parte

Manuel Molares do Val

Protestantes

Protestantes

La sensación de la NBA, Jeremy Lin: Dios es bueno

Pedro Tarquis

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Carrefour descuenta el IVA

Juan Luis Recio

Ya crispo yo por ti

Ya crispo yo por ti

Si te rascas una oreja, no conduzcas o te multan

Cesar Sinde

El último grito

El último grito

Un guiño a los guiñoles

Toni García Arias

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mi vocación intelectual, y mi acreditación periodística

Juan Fernandez Krohn

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “B”, Súplica del perdón

Angel Moreno

cl@sicodigit@l

cl@sicodigit@l

Paulino Toribio

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

Hombres sin tierra: presentación-contenido

Juan Antonio Espinosa

Opinión

Opinión

Luis del Val - "Humanismo cristiano".

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Importa conocer de dónde procede lo que se cree?

Asoc. Humanismo sin Credos

El alma del haiku

El alma del haiku

Nadie

Vicente Haya

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Sudáfrica en la encrucijada

Enrique Arias Vega

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias