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De locos, realmente de locos.

Permalink 17.10.11 @ 11:14:32. Archivado en Sociedad

Triste paradoja aquella en la que el hombre loco hace muchos locos; en tanto que un hombre sabio apenas si consigue encontrar un igual.

Debo confesarles que hoy no tenía deseo alguno de profundizar, filosofando, en reflexiones que me obligaran a introducirme de lleno en asunto de comprometido significado.
A la vista del actual panorama mundial, de lo único que me quedaban ganas era de borrarme inmediatamente, como ciudadano de este mundo. Cuanto menos para los próximos cinco siglos.
Pero, no hay manera. La espiral de locura que parece haberse adueñado de la población mundial en pleno, oriente y occidente, por acción o por omisión, tiene todo el aspecto, no sólo de no tener fin, sino de irse ampliando inexorablemente.
Uno, en su humildad, puede entender que determinadas ciencias, determinados sectores que han ido imponiéndose en las últimas décadas como, por ejemplo, puedan ser las ingenierías financieras, las variables importantes en las ciencias sociales o, en otros casos más reseñables, los importantísimos avances en campos como la aeronáutica, la navegación, la informática, la robótica, la medicina o la nanotecnología, hayan podido coger con el pie cambiado al vulgar de los mortales. A mí, el primero.
Incluso, es harto comprensible que ese hombre de a pie tan siquiera se detenga lo más mínimo a reflexionar sobre la incuestionable importancia que para todos nosotros pueda tener el que se ponga en entredicho, en cuarentena, la Teoría de la Relatividad, como recientemente ha sucedido. También en eso podemos encontrarnos.
Doy por hecho que con poder sacar adelante a los hijos, quienes los tengamos, y poder llegar a fin de mes sin que las deudas no te ahoguen, es decir casi todos, es más que suficiente.
Ahora bien, que parte de estas mismas poblaciones, se encuentren en el lugar que se encuentren del globo terráqueo, no tengan interés alguno en nada de todo aquello que va encaminado a mejorar sustancialmente su propio futuro y el de las generaciones venideras; y por el contrario se pasen todo el tiempo tratando de buscarles tres pies al gato, removiendo las entrañas de la historia en busca de cualquier asunto que pueda crear malestar, para tocarle los mismísimos al vecino, no sé si dice mucho de la maldad y ambiciones de estas gentes - mi opinión es que sí - pero de lo que no hay duda es que dice muy poco de su inteligencia.
Son tantos y tan variados los conflictos perversamente innecesarios en los que los dirigentes políticos, elegidos o no por el pueblo, nos implican, en la mayoría de las ocasiones creando grandes y graves problemas donde no los había, que el único deseo es pedir que paren este mundo para bajarse de él.
Basta con repasar algunos de los muchos ejemplos, nacidos o resucitados en el escaso último medio siglo, para darse cuenta de lo absurdo y gratuito de esta situación. Desde los deseos de un loco iluminado – el fenecido, políticamente, ZP – reinventando la historia y levantando tumbas, para obtener como resultado el enfrentamiento de las dos Españas, pasando por los enquistados contenciosos mantenidos durante siglos entre valones y flamencos en Bélgica; las aberrantes y canallas políticas aplicada en Venezuela, por Chaves, y en Cuba por el dúo Castro. EL uno, ahora, jugando a mártir, los otros a martirizadores; las insensateces realizadas en España por los nacionalistas al albur de una fantasía desbordante, inventando naciones que jamás existieron; los musulmanes en su permanente reivindicación de Al Ándalus, olvidando que si bien es cierto que estuvieron ocho siglos, no es menos cierto que antes lo estuvieron otros pueblos distintos del suyo, hasta llegar a los exhibidos amores entre las “democracias” occidentales con los más sanguinarios y corruptos sátrapas de cualquier etnia y religión para, escasos meses, semanas y en ocasiones horas después despreciarlos, perseguirlos y atacarlos con saña.
Ahora leo en la prensa de estos últimos días, les confieso que ya no cabe la sorpresa, que la comunidad islámica en Suiza ha decidido reclamar a “su gobierno” que elimine la cruz de la bandera helvética.
Si no fuera por la gravedad que cualquier reivindicación islamista conlleva, y la papanatería que los dirigentes occidentales transmiten, sería como para romperse en dos de la risa.
Dejando al margen la verdadera historia de la “molesta” cruz de la bandera de Suiza, y de la inequívoca vocación laicista de este país desde hace más de cinco siglos, resulta chocante la petición de estos “hijos del Islam”, a quienes se les suponía plenamente integrados - segundas y terceras generaciones - en la comunidad suiza. ¿Qué sucede con su incombustible media luna? ¿Esa no define matiz religioso alguno?
Y es que el mundo en pleno ha perdido la brújula, y de manera especial lo que conocemos como occidente, que no acaba de entender que las cosas no son como se desean. La realidad se impone y se impondrá siempre al deseo.
Si malo es que esta locura contagiosa no parezca tener fin, peor aún es creer, bajo la capa del buenismo imperante en occidente, que la integración de los pueblos musulmanes, provengan de donde provengan, es realmente un objetivo posible.
Siquiera la tonta idea del visionario ZP - Alianza de Civilizaciones - en su corta existencia y menor consistencia, ha logrado acercar lo más mínimo ambas civilizaciones. Más bien todo lo contrario. Ha puesto de manifiesto las grandes e insalvables diferencias existentes entre ambas.
Pierdan toda esperanza. No es que se trate de dos religiones, de dos culturas completamente diferentes. Se trata de dos visiones del mundo. De dos filosofías completamente antagónicas que utiliza el hombre para conocer a los demás y, aún más importantes, para conocerse a sí mismo. Aunque, desgraciadamente no siempre lo consigan.

Felipe Cantos, escritor.

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Sencillo homenaje a un “dios de las pequeñas cosas”.

Permalink 26.09.11 @ 16:20:42. Archivado en El oficio de vivir

“…y más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”. Antonio Machado.

Sabía que aquella carta que estaba a punto de concluir jamás llegaría a su destinatario.
Horas antes, como un zarpazo, me habían comunicado la delicada situación de la salud de mi hermano. Padecía un tumor maligno en el hígado. No tenía fecha fija de caducidad. Pero era evidente el escaso crédito de vida que la muerte le había concedido.
Tonto, hermano, te dices al recordar con qué pasión él defendió toda su vida, aconsejando a cuantos le quisieron escuchar, que hábitos malignos suelen acabar con la salud de cualquiera. Pobre, porque jamás hizo mérito alguno para merecer semejante situación, ni muerte.

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LA IMPOSIBLE ETERNIDAD VS LA INGENUIDAD DE UN NIÑO.

Permalink 19.09.11 @ 18:05:17. Archivado en Filosofía

Los minutos que rechazamos en su momento, la eternidad no los devuelve. Friedrich von Schiller.

Hace días, a sus recién cumplidos cinco años, el pequeño Christian me preguntaba ¿por qué morimos, papa? "¿Por qué no te quedas para siempre en esa, tú edad?"
Evidentemente con su lenguaje infantil venía a plantear por qué no podemos quedarnos en una determinada edad en la que poder disfrutar de los nuestros, aportando a los más jóvenes nuestra experiencia y cariño. En síntesis: equilibrio. "No lo entiendo", me repetía sin terminar de aceptar del todo las respuestas que acerté a darle.
Y tiene razón, si dejamos que en su infantil razonamiento sólo intervenga el lado humano, por lo general tan alejado del científico. Su imposible deseo, que albergaba, y supongo que alberga, la encomiable ilusión de mantenerse vivo eternamente junto a las personas que ama, es sumamente difícil de explicar a un niño de tan corta edad. Asimismo, como acabé por sentenciarle, ni tan siquiera es deseable que tal cosa fuera posible.
Las leyes de la naturaleza, las reglas de juego del universo son implacables, siendo preciso que unos muramos para que otros puedan iniciar su ciclo. Precisamente de esas muertes depende la vida, y viceversa. Es innegable que si existiera la eternidad, el hecho de nacer carecería de sentido. Sería una contradicción en si misma: si somos eternos, no precisaríamos nacer.
Si, además, la posibilidad de la vida eterna fuera posible, tal y como la concebimos en este estadio, acabaría por hacérsenos insoportable. Baste plantearlo, simplemente desde la perspectiva del espacio físico. ¿Imaginan el que precisaríamos para albergar a cuantos, desde la noche de los tiempos, han puesto el pie en este planeta? Excuso decirles lo que supondría la problemática de la alimentación.
Sé perfectamente que no son respuestas para un pequeño de cinco años. Pero al fin y a la postre, la curiosidad de un niño no deja de incentivar, sino poner al descubierto, las inquietudes que a todos nos embargan desde que tenemos su misma edad.
De manera que sin ser derrotistas, y tratando de extraer de nosotros mismos el más elemental de los pragmatismo, no podemos olvidar ciertas premisas.
Sin duda, a partir de una determinada edad y momento, aunque la situación sea razonablemente buena, se produce una inevitable rutina. El razonable conocimiento de la mayoría de las cosas de nuestro entorno más familiar y querido, sumado a un hartazgo que ciertos comportamientos de nuestros semejantes nos provocan desde que naciéramos, nos hace llegar a la conclusión de que estamos en condiciones de dar por buena y suficiente nuestra estancia en este mundo.
No pongo en duda que existe una cierta clase de personas que deseando la vida eterna serían capaces de cualquier cosa para conseguirla. Incluso sobreviviendo a todos sus semejantes generacionales, queridos o no.
Pero, créanlo, ellos son los equivocados. Pues aún en la mejor de las situaciones deseables, resulta difícil hacerse a la idea de vivir eternamente aferrados a una agobiante rutina, por buena que esta sea.
¿Imaginan lo que supondría hacerlo sin los seres más queridos, viéndoles desaparecer de nuestro lado, uno tras de otro, hasta el infinito?
Estoy realmente convencido de que ese, y no otro, es el infierno del que tanto nos han hablado desde pequeños.

Felipe Cantos, escritor.

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LA IMPOSIBLE ETERNIDAD VS LA INGENUIDAD DE UN NIÑO.

Permalink 19.09.11 @ 18:04:11. Archivado en Filosofía

Los minutos que rechazamos en su momento, la eternidad no los devuelve. Friedrich von Schiller.

Hace días, a sus recién cumplidos cinco años, el pequeño Christian me preguntaba ¿por qué morimos, papa? "¿Por qué no te quedas para siempre en esa, tú edad?"
Evidentemente con su lenguaje infantil venía a plantear por qué no podemos quedarnos en una determinada edad en la que poder disfrutar de los nuestros, aportando a los más jóvenes nuestra experiencia y cariño. En síntesis: equilibrio. "No lo entiendo", me repetía sin terminar de aceptar del todo las respuestas que acerté a darle.
Y tiene razón, si dejamos que en su infantil razonamiento sólo intervenga el lado humano, por lo general tan alejado del científico. Su imposible deseo, que albergaba, y supongo que alberga, la encomiable ilusión de mantenerse vivo eternamente junto a las personas que ama, es sumamente difícil de explicar a un niño de tan corta edad. Asimismo, como acabé por sentenciarle, ni tan siquiera es deseable que tal cosa fuera posible.
Las leyes de la naturaleza, las reglas de juego del universo son implacables, siendo preciso que unos muramos para que otros puedan iniciar su ciclo. Precisamente de esas muertes depende la vida, y viceversa. Es innegable que si existiera la eternidad, el hecho de nacer carecería de sentido. Sería una contradicción en si misma: si somos eternos, no precisaríamos nacer.
Si, además, la posibilidad de la vida eterna fuera posible, tal y como la concebimos en este estadio, acabaría por hacérsenos insoportable. Baste plantearlo, simplemente desde la perspectiva del espacio físico. ¿Imaginan el que precisaríamos para albergar a cuantos, desde la noche de los tiempos, han puesto el pie en este planeta? Excuso decirles lo que supondría la problemática de la alimentación.
Sé perfectamente que no son respuestas para un pequeño de cinco años. Pero al fin y a la postre, la curiosidad de un niño no deja de incentivar, sino poner al descubierto, las inquietudes que a todos nos embargan desde que tenemos su misma edad.
De manera que sin ser derrotistas, y tratando de extraer de nosotros mismos el más elemental de los pragmatismo, no podemos olvidar ciertas premisas.
Sin duda, a partir de una determinada edad y momento, aunque la situación sea razonablemente buena, se produce una inevitable rutina. El razonable conocimiento de la mayoría de las cosas de nuestro entorno más familiar y querido, sumado a un hartazgo que ciertos comportamientos de nuestros semejantes nos provocan desde que naciéramos, nos hace llegar a la conclusión de que estamos en condiciones de dar por buena y suficiente nuestra estancia en este mundo.
No pongo en duda que existe una cierta clase de personas que deseando la vida eterna serían capaces de cualquier cosa para conseguirla. Incluso sobreviviendo a todos sus semejantes generacionales, queridos o no.
Pero, créanlo, ellos son los equivocados. Pues aún en la mejor de las situaciones deseables, resulta difícil hacerse a la idea de vivir eternamente aferrados a una agobiante rutina, por buena que esta sea.
¿Imaginan lo que supondría hacerlo sin los seres más queridos, viéndoles desaparecer de nuestro lado, uno tras de otro, hasta el infinito?
Estoy realmente convencido de que ese, y no otro, es el infierno del que tanto nos han hablado desde pequeños.

Felipe Cantos, escritor.

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Dios los crió y nosotros los juntamos.

Permalink 09.08.11 @ 21:59:05. Archivado en Política

La mayoría de los humanos anda hoy día en busca de directores de inconsciencias. Denis de Rougemont.

Si nunca tuve a bien hacer el más leve comentario sobre el presidente de los Estados Unidos pese a que, desde sus inicios, supo provocarme la misma desconfianza que el ínclito Zapatero, fue porque mientras que la imbecilidad supina de este último resultó extremadamente fácil de detectar, desde el primer momento en que abrió la boca para iniciar la sarta de sandeces que, aún hoy, siete años después, no ha dejado de decir o hacer; el primero supo, con su pulcro estilo, del que ZP carece, darnos una imagen claramente distinta y desconcertante.
Sin embargo, sus decisiones han contenido las mismas incoherencias que las de su homónimo español y, por ende, las consecuencias a lo largo de su mandato, que, caso verdaderamente insólito, tiene todo el aspecto de no durar más que una legislatura, como Presidente de los Estados Unidos, han sido catastróficas.

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La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!

Permalink 02.07.11 @ 19:31:19. Archivado en Filosofía

Hace algunos años que conozco al escritor Fleischhauer, mi buen amigo Wolfram. Siempre lo he tenido por un tipo interesante, alguien que, pese a intentar pasar desapercibido y mostrar lo contrario, hace mucho tiempo que superó con notable la calificación de inteligente.
De su ordenador - bien que me gustaría decir pluma - han salido extraordinarios textos que convertidos en novelas pululan y adornan, como tantos otros, las librerías. En este caso, las alemanas.
Y digo bien adornan, porque pese a su empeño de convertirse “simplemente” en un escritor de tirón, esos que se denominan de bestseller - deseo expresado con gran énfasis por él mismo - no consigue su objetivo.
Él, en su infinita sinceridad, trata de mostrar al mundo, y de manera especial a si mismo, que hay caminos en los que hagas lo que hagas se puede llegar al gran público y, evidentemente, convertir tu trabajo en interesantes dividendos financieros. En su caso con las letras, calidad o no comprendida, y desde las ópticas más ortodoxas, hasta la simplez más ofensiva.
Y aun teniendo en cuenta que en su caso sería lo mismo si se tratara de cualquier otra manifestación artística, o creativa, no deja de ser un craso error de principio, ya que con la cultura, salvo los que no la crean y sólo la manipulan, no es posible hacer negocio.
Sé perfectamente que en su fuero interno su deseo va mucho más allá de lo que él mismo expresa. Y como a todos los que por vocación dedicamos gran parte de nuestra vida a plasmar las más íntimas sensaciones en cualquier material que cae en nuestras manos, lo que realmente pretendemos es unificar ambas cosas: crear emociones que motiven e inspiren a los demás a través de la comunicación, y que ese efecto pueda alcanzar al mayor número posible de personas.
Y tanto es así que, hace escasos días, celebrando Wolfram su cincuenta aniversario, en el que demostró llevar tan “pesada” carga como un auténtico titán, tuvimos la enorme fortuna de descubrir en él ese otro yo que todos llevamos dentro y que, por lo general, contradice cuanto decimos y hacemos durante gran parte de nuestra existencia.
Abrazado a su guitarra casi hasta asfixiarla, de la que, por cierto, yo ignoraba su existencia, nos cantó algunas composiciones propias, mostrando a todos los presentes la grandeza de lo que, en ocasiones, sin ser conscientes, somos capaces de hacer cuando dejamos que nuestro verdadero, u otro yo, salga a la luz.
Aquello fue la constatación negativa de su propia teoría. Con el ánimo de entretener y sin proponérselo, había conseguido el objetivo de llegar a los demás con enorme facilidad, despertando, primero la atención, después el interés y por último la admiración de todos los allí presentes. Y, sin duda, si se hubiera dado el caso, de algunos miles más.
Horas después, una vez que todos los invitados a la fiesta se habían marchado, tuve la oportunidad de recordarle que, sorpresas te da la vida y en este caso con una guitarra en la mano, somos lo que somos y estamos donde estamos, incluso, aunque no lo parezca, en contra de nuestra propia voluntad.
Puede que nos creamos dueños de nuestro destino e, inútilmente, pensamos que al levantarnos cada mañana vamos a hacer aquello que nos hemos propuesto y puede que conseguir, o no, los objetivos fijados.
Pero nada más lejos de la realidad. Lo aceptemos o no, estamos atados a un destino que inexorablemente nos conducirá por un camino que sólo será el nuestro.
De nada servirá lo que sean, o dejen de ser los demás. Por cierto, buen momento para reflexionar sobre las odiosas comparaciones o, aún peor, sobre la maldita envidia que tanto afecta al ser humano.
Por fortuna, ninguno de nosotros tiene la menor idea de cuál es ese camino y, por lo tanto, seguiremos caminando como si controláramos todo cuanto nos rodea. O casi.

Felipe Cantos, escritor.

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Democracia ¡sí! Chulos ¡no!

Permalink 16.05.11 @ 19:16:59. Archivado en Política

La democracia significa poder ser esclavo de cualquiera. Karl Kraus.

Mucho ha llovido desde que los griegos atenienses instituyeran la democracia como la forma ideal de participación de los ciudadanos en la gobernabilidad de sus pueblos.
Desde aquellos afortunados días, la perversión de esta palabra, así como la prostitución de su aplicación han alcanzado niveles insoportables.
A todos nuestros políticos, venga o no a cuento, se les llena la boca con su utilización. En el aspecto económico, en una ecuación directamente proporcional y exponencialmente aumentada al mismo ritmo con el que llenan sus bolsillos. En los restantes aspectos - social, político, jurídico etc. – hay una alarmante divergencia entre el espíritu que la forjó y la verdadera realidad que hoy se produce.

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Nothing is Impossible/Nada es Imposible.

Permalink 10.05.11 @ 19:55:29. Archivado en Justicia

Hay que creer en la justicia, Germana, porque si no sería todo más triste aún. W. Fernández Flórez.

¡Nothing is Impossible! Nunca tres palabras fueron tan acertadas para un mensaje comercial y simultáneamente sirven para un fin tan miserable.
La validación de las listas de la coalición etarras, Bildu, ha venido a confirmar cualquier hipótesis sobre las posibilidades del ser humano para superar, sin avergonzarse, las situaciones más esperpénticas.
Del mismo modo, por si no estuviera suficientemente claro la despreciable inclinación de los "justicieros", que no juristas, de las distintas estancias de nuestra administración, hacia tendencias partidistas ajenas al buen hacer de administrar esta, ha quedado meridianamente clara la duda de que no necesariamente, tras de la toga de un juez, de la mesa de un tribunal, o de la parafernalia de la que estos sujetos se rodean exista la mínima dignidad que su cargo y situación les obligan.

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¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Permalink 12.04.11 @ 17:53:03. Archivado en Política

En política, donde todo está permitido, salvo dejarse sorprender, hay que esperarlo todo. Charles Maurras.

Dicen los “expertos” que una buena noticia no es noticia. Y deben tener razón. Desde hace mucho tiempo es difícil de encontrar en los medios de comunicación una buena noticia. Probablemente las hay, pero no interesan.
Es por esta razón que raro es el día que no nos desayunamos con un grueso de noticias, a cual peor. De manera muy concreta en lo que afecta a España y a eso que hemos dado en llamar “la casta política”.
Es terrible tener que reconocer, por lo que de santa resignación supone, que pocas veces hemos “gozado” en este país de un nivel tan ínfimo en la que se conoce como la clase dirigente.
No me duelen prendas admitir mi desinterés por cualquier tendencia política. Esencialmente de aquellas que, enrocándose en si misma, pretenda desde el sectarismo, estar en posesión, incluso plena, de la verdad.
De manera que sin perder de vista a un Partido Popular, que se encuentra en una anodina situación difícil de comprender, a la espera de recoger los frutos difícilmente merecidos, salvo por su infinita paciencia en ver pasar el cadáver de su enemigo, hemos de reconocer que el legado que nos presenta el actual PSOE, pretendidamente gobernante, es como para echar a correr y no para hasta Cafarnaúm.
Presidido– pese a su reciente renuncia - por un personaje indigente intelectual donde los haya, sin bagaje alguno; rodeado de mediocridad hasta el vómito –"magdalenas", "pepiños", "aidas", "salgados", "chaves", "leires" y demás impresentables de igual, o peor condición -; asesorado por una banda de indocumentados mal intencionados que pretenden hacer bandera de un falso progresismo, en donde el valor más cotizado es su radical relativismo; explotado por una clase política corrupta, abanderada por un nacionalismo irracional; babeado por un sindicalismo vendido al pesebre oficial; aceptado por un empresariado en una permanente búsqueda del “sálvese quien pueda”; consentido por un poder judicial politizado hasta límites insostenibles.
Reconocerá conmigo en que sumergidos en semejante cenagal uno no deje de preguntarse constantemente ¿cómo hemos llegado a esta situación?

Felipe Cantos. Escritor.

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Javier Bardem and Company.

Permalink 07.03.11 @ 15:48:48. Archivado en Sociedad

El mundo en una eterna contradicción, con el cinismo como bandera.

Si les digo la verdad, aun no sé bien por dónde comenzar. Son tantos y tan variados los sinvergüenzas que pueblan este deprimente planeta que la lista se me hace interminable.
Sé perfectamente que de poco servirán estas cuatro líneas denunciando, una vez más, las miserables conciencias de todos y cada uno de los que viviendo de una manera francamente envidiable, pretenden esconder sus vergüenzas cubriéndose con capas de militancias socialistas, o más allá.
Pero sería aún peor si dejáramos pasar la más pequeña de las posibilidades para denunciar la enorme hipocresía de quienes, comportándose como lo hacen, dañan de manera enorme e irreversible a la sociedad, además de hacernos pasar por tontos.
En alguna que otra ocasión, en la medida de mis posibilidades, no he dejado de denunciar casos como, por ejemplo, los de Bono – líder de U2 – exhibiéndose como defensor de las masas oprimidas, mientras llena sus arcas de manera directa, con actuaciones multitudinarias o, indirectamente, con subvenciones fraudulentas a través de sus ONGs; Víctor Manuel y la ínclita Ana Belén, o viceversa, amasando fortunas mientras no dejan de dar mítines a favor de los "desfavorecidos", o el exhibido y lucido gay para la tercera edad, nuestro "papito" particular, Miguelito Bosé.
La última, de esta camada de ventajistas despreciables, jauría en cuanto te descuidas, es la que, a cuenta del reciente nacimiento de su bebé, han protagonizado los impresentables Javier Bardem y su eterna musa erótica y hoy esposa, Penélope Cruz, alias "Jamón, jamón".
Estos dos farsantes, cuyas dotes para la interpretación han quedado patente dentro y fuera del escenario, dejando a un lado su habitual militancia de progres subvencionados y siempre en contra de los valores más arraigados de occidente y en apoyo de todo aquello que huela a izquierda trasnochada - Venezuela, Cuba, islamismo manipulado, etc., no han tenido mejor ocurrencia que ir a parir el pequeño a los tan odiados Estados Unidos.
Si de por si la sanidad en los Estados Unidos es cara, para colmo de desfachatez, los "felices padres" han elegido el hospital, probablemente, más caro de Los Ángeles: El Monte Sinaí. ¿Acaso hemos de llegar a la conclusión que la sanidad española no alcanza el suficiente nivel para los Bardem, faro y guía de la izquierda más progre?
Y un detalle a tener muy en cuenta. Frente a la conocida militancia antisemita y pro-palestina del "galán" Bardem, su queridísima esposa no ha tenido escrúpulo alguno en que este hospital, como puede deducirse por su nombre ¡sea judío!
La verdad es que no logro entender nada. Cómo decía mi madre que era muy sabia, no es posible estar en misa y repicando, o sorber y soplar, al mismo tiempo. Pero al parecer algunos lo consiguen en un verdadero alarde de malabarismo.
Pese a todo, lo que verdaderamente resulta un sarcasmo y, más aún, una burla consentida, es que sean los propios Estados Unidos los que permitan que estas situaciones se produzcan.
No es comprensible que puedas dar cobijo a quienes desde su más tierna infancia vienen pregonando las "maldades" de ese país en cuantos foros les ha sido posible, mientras alaban las bondades de cuantos enemigos y antagonistas se postulan con claridad.
De carcajada mal contenido resulta, además, que estos dos personajes – Bardem y Penélope – decidan tener al pequeño en suelo norteamericano para, con toda probabilidad, brindarse en el futuro la posibilidad de reclamar para él, y si procede para ellos, la nacionalidad norteamericana.

Felipe Cantos,escritor.

¿Estaremos a tiempo?

Permalink 15.01.11 @ 17:30:15. Archivado en Política

"El mundo está lleno de ciegos con los ojos abiertos." André Suarés.

"A los musulmanes que quieren vivir bajo la ley Islámica Sharia se les dijo el miércoles que se vayan de Australia." También, y cito textualmente, "son los emigrantes, no los australianos los que deben adaptarse. O lo toman o lo dejan. Estoy harto de que esta nación tenga que preocuparse si estamos ofendiendo a otras culturas, o a otros individuos."Es evidente que las palabras pronunciadas en un pasado discurso por Kevin Rudd, Ministro de Asuntos Exteriores australiano, son duras. Pero no por ello dejan de ser, sin duda, aún más justas.
En los últimos meses la canciller de Alemania, Ángela Merkel, sin necesidad de utilizar en sus discursos tan duras palabras, está dejando entrever que la mala situación a la que puede verse abocada Europa en no demasiados años, en su relación con la emigración, principalmente proveniente de los países musulmanes, será difícil de resolver, a menos que se comiencen a poner las bases que hace tiempo deberían haberse establecido.

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La política, los políticos… y el Psoe.

Permalink 13.01.11 @ 10:33:31. Archivado en Política

"La corrupción es el más inequívoco signo de la libertad constitucional". Edward Gibbson.

La política lleva muchos años pudriéndose. Con toda seguridad, demasiados. Tantos como los ciudadanos de a pie lo hemos tolerado.
Los políticos, salvo escasísimas excepciones, están podridos hasta el tétano. Bien es verdad que no son los únicos culpables de la repugnante situación en la que se encuentra una actividad absolutamente imprescindible para una mínima convivencia. Los ciudadanos, yo el primero, con nuestra indolencia y relativismo hemos contribuido de manera extraordinaria a este deterioro.

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