Las cuentas de Castro y Fujimori
24.09.07 @ 10:18:59. Archivado en América Latina
“Nadie sabe qué día se va a morir”, Así bromeaba el presidente cubano, Fidel Castro, 81 años, sobre los rumores de su muerte, crecientes dentro y fuera de la isla porque desde el mes de junio no habíamos visto imágenes del enfermo operado hace un año de una grave dolencia intestinal, complicada por una fuerte infección. “Aquí estoy”, dijo Castro, con voz débil pero con buen aspecto y vestido con su habitual chándal, en un programa de la televisión cubana emitido en la madrugada del sábado, hora española, grabado pocas horas antes. Mostró reiteradamente a la cámara un ejemplar del libro, recién publicado, de Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal Norteamericana, donde critica duramente al presidente de Estados Unidos, George Bush. No desaprovechó la ocasión. Durante su convalecencia, Fidel Castro, en sus artículos, ha evitado un pronunciamiento claro sobre el futuro de Cuba. Su hermano Raúl lleva las riendas del gobierno con el reconocimiento de la necesidad de reformas estructurales y el impulso de medidas para atajar la crisis económica, la corrupción y el despilfarro. La impresión en todas las cancillerías del mundo es que la fortaleza del régimen cubano depende de la de Fidel Castro, por mucho que su hermano y el entorno se empeñen en mantener la situación actual. Todos los esfuerzos diplomáticos van dirigidos a una transición pacífica en la isla y evitar cualquier posible enfrentamiento entre los cubanos. El desafío que hay por delante es poder conciliarlos en una transición democrática suficiente y satisfactoria para todos con el objetivo de conseguir libertades y pluralidad política. Castro sigue concitando protagonismo en una América Latina que sufre una pugna por el poder y la influencia entre dos bandos muy definidos: el del presidente venezolano, Hugo Chávez, que ha tomado el testigo antiamericano a Castro gracias a los petrodólares y el del presidente brasileño, Lula da Silva y el mexicano, Felipe Calderón, dispuestos a no dejarse arrastrar por la deriva populista, con el apoyo de España. Entre dos aguas se deja querer el argentino, Néstor Kirchner. Y para que el espectáculo sea completo, Alberto Fujimori tendrá que responder en Perú a las acusaciones de asesinato y corrupción. América Latina necesita que dinosaurios políticos como Castro y Fujimori no acaparen la atención, el desarrollo y la modernidad van por otro camino.
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Javier Fernández Arribas
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