Resulta muy caro ser mercenario
21.05.07 @ 10:28:33. Archivado en Próximo Oriente
Los trabajadores civiles en Irak constituyen un ejército paralelo, 126.000 junto a los 150.000 soldados norteamericanos, cobran jugosos sueldos pero el riesgo es altísimo. En el primer trimestre de este año han muerto 146 trabajadores. En total, desde la intervención en 2003, 917 civiles han perdido la vida frente a los 3.400 soldados. La trágica proporción es de 4 militares por un civil. Hay 300 empresas de Estados Unidos y de otros países que suministran personal para trabajar en la reconstrucción de Irak y en las labores de aprovisionamiento del Ejército estadounidense. Conductores de camión, traductores, cocineros, mantenimiento, instructores militares y escoltas privados son los más requeridos y el sueldo oscila entre los 1.800 dólares a la semana para los conductores, los 60 para los traductores y trabajadores iraquíes y los 6.000 para los guardaespaldas que contratan empresas como la norteamericana Blackwater, la británica Global Risk o la sección española de CEAS-Internacional en colaboración con la Asociación Española de Escoltas. La información sobre éste ejército civil paralelo y sus penurias se ha conseguido del Departamento de Trabajo, que supervisa los contratos del Gobierno con empresas privadas como, por ejemplo, Halliburton o KBR, por el Acta de Libertad de Información reclamada por The New York Times Los militares aseguran que los contratistas no están bajo su jurisdicción. Un portavoz de la compañía aseguradora American Internacional Group, que cubre al 80% de los contratistas en Irak, confirma que se han incrementado las reclamaciones por heridas y lesiones, 3.430 en el primer trimestre del año. Conductores de camión y traductores son los más castigados, pero en los últimos meses, los escoltas armados han registrado bastantes bajas así como ciudadanos de países como la India, Filipinas y Nepal. Entre los 20.000 escoltas y expertos en seguridad que se calcula que trabajan actualmente en el polvorín iraquí, hay españoles y numerosos latinoamericanos. Muchos han renunciado cuando han comprobado sobre el terreno que las condiciones reales de su trabajo eran mucho peores de lo que se podían imaginar y su avaricia atemperar. Resulta muy caro ser mercenario en Irak y, por desgracia, la situación en el País Vasco requiere de nuevo sus servicios.
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Javier Fernández Arribas
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