Los intereses de Rusia
27.03.06 @ 20:44:33. Archivado en Rusia
No es casualidad que se filtre un documento del Pentágono en el que se afirma que los servicios secretos rusos informaron a Sadam Husein de los planes militares norteamericanos a la hora de invadir Irak en marzo de 2003. Los rusos se hicieron con esa información en el cuartel general de Estados Unidos en Qatar y, en defensa de sus elevados intereses económicos en Irak, su embajador en Bagdad se los entregó al presidente iraquí. Siempre hay una razón y un momento adecuado por los que se utilizan este tipo de informaciones. No se trata de volver a la guerra fría, ni mucho menos. Sin embargo, el presidente Vladimir Putin ha jugado últimamente algunas cartas por su cuenta que no han sido del agrado de los gobiernos occidentales, sobre todo de Estados Unidos. La iniciativa más desafiante fue la de recibir en Moscú a una delegación palestina de Hamás y darle margen de legitimidad internacional por su triunfo en las elecciones aunque no hubiera reconocido a Israel y no renunciara a la violencia. Tampoco, sentó nada bien que sirviera a Irán de alivio a la presión internacional con su programa nuclear al ofrecerle una salida con el enriquecimiento de uranio en territorio ruso. No nos hemos querido enterar de que pasaba el tiempo y eso ha permitido al frío y calculador Putin recuperar el Estado ruso perdido en manos de las diferentes mafias durante la época del inestable Boris Yeltsin, enjugar deudas y dependencias económicas con Occidente con el notable incremento de ingresos por el petróleo y recuperar cierta influencia por su poder nuclear y por sus gigantescas dimensiones en el mercado asiático que tiene a China y a India creciendo sin cesar. Los europeos tampoco deben despistarse en guerras proteccionistas energéticas y deben prever alternativas a la dependencia energética, un 50% de lo que consume, de Rusia. Por eso, tampoco es casualidad la crisis en un curioso aliado de Moscú como es la Bielorrusia del dictador Alenxandr Lukashenko y en frente asistimos al notable fracaso de la revolución naranja en Ucrania donde los antiguos comunistas pueden recuperar el poder en las elecciones legislativas. Por cierto, la cooperación espacial se mantiene pero si hay que ir a la Estación Espacial Internacional hay que utilizar los transbordadores rusos. La NASA sigue con muchos problemas. No hay que olvidarse del ‘oso siberiano’ que se ha recuperado, mantiene a raya a los chechenos y mueve sus fichas en un tablero internacional que está más que inestable.
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Javier Fernández Arribas
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