Enemigos verdaderos
15.10.05 @ 21:24:20. Archivado en Naturaleza
El mayor enemigo del hombre es el hombre. Todos hemos estudiado al poeta romano Plauto o al antropólogo británico Hobbes y a otros muchos filósofos y escritores cuando analizaban el porqué de los males del mundo si, en una sencilla conclusión, cada uno fuera bueno, todos seríamos buenos.
Desde el comienzo de los siglos la lucha por el poder, los recursos naturales, el dinero, la ideología y todo lo que unos tienen y los otros envidian han provocado incesantes guerras que han exterminado generaciones enteras.
En paralelo a los innumerables conflictos armados entre hermanos, vecinos y extranjeros que se han registrado a lo largo de la historia, el ser humano ha padecido el azote implacable de un enemigo mortal: la naturaleza.
La lepra, la tuberculosis, la gripe, las plagas, etc... han sido fenómenos que han provocado millones de muertos en diferentes etapas históricas. El desarrollo de la ciencia, de la investigación, de la tecnología, del pensamiento político y social han llevado parejos la contradicción de lograr descubrimientos que han evitado que las enfermedades segaran millones de vidas pero también se han fabricado artefactos con una efectividad letal increíble. Esa paranoia tiene hoy una situación especialmente particular.
El enemigo actual de la sociedad civilizada es el terrorismo islamista. No hay duda. Cayó el muro de Berlín, se asfixió el bloque comunista, se asentaron las democracias y el 11-S se confirmó la amenza de los integristas fanáticos.
Sin embargo, si echamos un vistazo a lo que está ocurriendo en el mundo durante los últimos meses los enemigos verdaderos de los ciudadanos son los desastres naturales, el sida y una gripe del pollo que si muta entre humanos puede causar millones de muertos como ocurrió con la llamada ‘gripe española’ hace varias décadas.
Pero, ¿cuál es el origen de estos fenómenos que responden a un claro cambio climático?
La respuesta más clara es que el hombre ha destrozado el planeta Tierra y hemos empezado a sufrir las consecuencias. Huracanes con una fuerza jamás vista, sequía prolongada en otras zonas, terremotos, miles de personas en la gran superpotencia norteamericana han muerto por el Katrina, pero también en la pobre Guatemala y El Salvador por el Stan, y en Indonesia por el tsunami, y en Pakistán por el terremoto. Y ahora los europeos, que habíamos superado la imbecilidad de matarnos en dos guerras mundiales, nos vemos amenazados por la gripe del pollo.
Los enemigos reales de los ciudadanos y las nuevas necesidades que se reclaman para afrontarlos han cambiado mucho y se necesita una repuesta adecuada por parte de los gobiernos competentes.
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Javier Fernández Arribas
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