El Blog de Felix J. Tapia

Editorial de La Nación: La educación, de Perón a Chávez

22.09.07 | 15:52. Archivado en Política y Sociedad
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La Nación
Editorial I
Sábado 22 de setiembre de 2007

Entre todas las noticias nefastas para la democracia que proceden de Venezuela, acaso ninguna sea tan grave como el zarpazo que el régimen de Chávez quiere echar sobre la educación en su país.

La Argentina conoció ese tipo de experiencias totalitarias cuando, a fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, tanto los textos de las escuelas primarias como los libros autorizados para la enseñanza secundaria debían editarse con sellos partidarios y la apología de los gobernantes de la época. Aquello constituyó toda una novedad vergonzosa en nuestro país, pero no en el mundo.

Sobran los estudios históricos respecto del aparato propagandístico que había montado la Alemania de Hitler. No resultaron menos escandalosos los trabajos soviéticos en favor del culto de la personalidad que se construyó en tiempos de Stalin, aunque fueron algo disimulados por una izquierda ortodoxa y un fascismo de izquierda que no han cejado en la monumental autocompasión que levantaron después de 1989/90 para tapar las ruinas que habían dejado a su paso por el mundo.

El voto mayoritario de una sociedad está lejos de garantizar la inmunidad de sus miembros frente al asalto ulterior a las libertades y garantías públicas por gobiernos elegidos de forma regular. El caso de Hitler, que se afirmó en el poder con 37 millones de votos contra sólo cinco millones que se le opusieron, es un ejemplo clásico en la materia. A este paso, Chávez se asegura un lugar en la ominosa lista.

La libertad de enseñanza se encuentra entre los derechos inalienables del hombre, pero no sería la primera vez que se atentara contra su ejercicio. "La tesis de que el Estado no debe inmiscuirse en la educación es la tesis del capitalismo", ha dicho, con su verborrea habitual y no menor liviandad de concepto, el presidente venezolano. Chávez es un campeón del sofisma. Los grandes educadores como Sarmiento decían que el Estado tiene como una de sus responsabilidades sustanciales estimular la educación popular, porque cada país necesita que todos sus habitantes estén debidamente capacitados para asumir los propios destinos con dignidad y aptitud de permanente superación. En lo que no podía Sarmiento estar de acuerdo, y no lo han podido estar los otros constructores de nacionalidades como la argentina y la venezolana, es en que la educación se degrade hasta el punto de quedar al servicio de los intereses facciosos de un gobierno.

Hasta aquí, los postulados de la llamada "revolución bolivariana" eran impartidos sólo a alumnos de escuelas públicas. Chávez pretende ahora que igualmente se sometan a los planes de estudios por anunciarse los establecimientos educativos privados.

El gobierno venezolano elabora en estos momentos un nuevo programa escolar, que incluya nuevos libros de texto para la primaria y la secundaria, acordes a los postulados socialistas que promueve el presidente.

De la triste experiencia argentina de hace más de cincuenta años se recuerda la habilidad con la cual viejos maestros y profesores conseguían muchas veces eludir, con no pocos riesgos para la estabilidad de sus cargos, los aspectos más deplorables de la instrucción partidista que había dispuesto imponer el régimen del general Perón.

No se trata, sin embargo, de confiar a la sutileza del magisterio venezolano la neutralización en los hechos de una doctrina hegemónica que pretende alzarse con la formación de la niñez y de la adolescencia, lo que de por sí muestra el grado de perversión de una política. Se necesita la movilización de la conciencia democrática allí donde se encuentre suficientemente viva a fin de impedir este nuevo atropello a la ciudadanía, que se resiste a tener a los propios hijos adoctrinados por consignas totalitarias.

Ya se verá cuáles son las normas específicas a las que deberá sujetarse la enseñanza privada venezolana si se impone, como se ha dicho, el nuevo régimen de estudios con el que se la amenaza. Se hará público en los próximos días, pero no es poca ya la gravedad de las advertencias hechas por Chávez. Ha dicho que los colegios que no se plieguen a los postulados del gobierno socialista serán cerrados, intervenidos o nacionalizados.

Cuando esta pesadilla termine para los venezolanos, como ha sucedido tarde o temprano con tantas experiencias delirantes como ésta, habrá que comenzar, simplemente, de nuevo la tarea de reconstituir las instituciones y la identidad ciudadana en lo que haya sido dañada. Mientras tanto, si alguna utilidad para los venezolanos y los argentinos puede prestar la relación especial que el gobierno nacional cultiva con el régimen de Chávez será para convencerlo de la magnitud de sus errores y llevarlo a la enmienda. Constituiría al menos una señal clara de la inconveniencia de que Chávez siga allegando al país fondos para nutrir la actividad de quienes quieren propagar en la Argentina políticas que no deseamos para ningún país y, en primer lugar, tampoco para el nuestro.


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