En un artículo bien documentado el abogado y político venezolano Asdrúbal Aguiar, analiza la motivación detrás de la acción como mediador ante la guerrilla colombiana del Presidente venezolano.
El Universal
18/09/07
Son parte de una estrategia que apunta hacia la Casa Blanca
Hugo Chávez no da puntadas sin dedal. Es previsivo y previsible. Y si asombran y angustian mucho sus movimientos tácticos es por lo insólitos.
El papel que recién decidió jugar, como buen oficiante y casi mediador de la paz en Colombia, podría interpretarse como su intento por recuperar el menguante liderazgo que se ha hecho en América Latina, dado que sus gobiernos ahora buscan alianzas y puntos de referencia más serios y rendidores, a mediano plazo.
Sin embargo, el asunto en cuestión no es tan simple, como parece.
La relación de Chávez con la narco-guerrilla colombiana viene de muy atrás. De ella da cuenta Agustín Blanco Muñoz en su libro-entrevista con éste, Habla El Comandante (1998).
Allí, el mandatario, entonces candidato presidencial, cuenta el origen de su empatía con las FARC y el ELN como de sus lecturas marxistas, desde cuando, en calidad de militar subalterno, servía en la frontera. Dicha relación daría sus frutos más luego.
La guerrilla le organizó a éste los comandos de campaña en las zonas limítrofes de Venezuela próximas a su territorio, durante las elecciones que le llevaron a ejercer, por primera vez, la Presidencia de la República.
El hecho no era desconocido para los servicios de inteligencia, ni para el Departamento de Estado. Pero éste -contando con Jimmy Carter y el embajador Maisto - prefirió jugarse la carta de Chávez, a lo mejor creyendo que lo controlarían y le tendrían como aliado.
La contrapartida del respaldo de las FARC a Chávez no se hizo esperar. Se tradujo en pasaportes para los colombianos alzados en armas y más tarde en 500.000 cédulas que los acreditaron como venezolanos y votantes.
Pero el grueso de la cooperación estuvo en la "macro-vacuna" pagada a los mismos desde Miraflores y coordinada por el Comisionado presidencial, el Capitán de Navío Ramón Rodríguez Chacín, de cuyo paradero hoy poco se sabe.
El propio Jefe de la Casa Militar del ex presidente Pastrana sabía de la comodidad con la que el ex marino transitaba por los predios de la guerrilla y de su "habilidad" para liberar secuestrados.
Pero el cuento viene a propósito de un dato actual: la reforma constitucional. Ella le otorga a la Fuerza Armada venezolana -y a su naciente núcleo guerrillero, la Milicia Popular Bolivariana -carácter beligerante, al adjetivarla como anti-imperialista.
El problema no es nominal o inocuo.
En La Nueva Etapa: El Nuevo Mapa Estratégico de la Revolución, dicha y escrita por Chávez en noviembre de 2004, se anunciaba el advenimiento de la susodicha Milicia Popular. Se le llama reserva, y a la par se le fija como tarea a la FF.AA. entrenarse en la guerra asimétrica, con vistas a su reconversión y dos propósitos en apariencia distintos: (1) "Utilizar todas las estrategias posibles, desde una estrategia de defensa móvil frente al gigante- léase, EEUU- hasta el ataque", y (2) "fortalecer las acciones defensivas en la zona fronteriza con Colombia (...) por la implementación del Plan Colombia".
Como podrá apreciarse, la vuelta de Chávez con "su" plan sobre Colombia tiene piezas que, a la luz de los antecedentes citados, calzan a la perfección: son partes de una estrategia que apunta hacia la Casa Blanca.
No por azar Putin lo acompañaría - dice Chávez- en su encuentro con Marulanda: planteado por éstos en territorio colombiano. Y según un vocero del Palacio del Elíseo, hasta Monsieur Zarkosy estaría dispuesto a poner sus pies sobre la selva de la hermana República.
Se trata, en suma, de una iniciativa nada humanitaria, que busca derrotar, eso sí, al Imperio. Y tal derrota se la plantea Chávez en el patio vecino: en el territorio colombiano, para dar al traste con el Plan Colombia.
De modo que, como lo creen Chávez y las FARC a pie juntillas, el éxito de la mediación en curso les permitiría cobrar por partida doble: Si éstas le entregan al primero uno que otro secuestrado ambas ganarían prestigio entre los colombianos, asegurándole un espacio electoral importante a la izquierda marxista.
Y derrotado Plan Colombia, que implicaría otro fracaso para George W. Bush y en sus narices, juzga Chávez que sería suficiente para el golpe de gracia: el fin del Imperio y su emergencia personal, ahora sí, como guía de la izquierda universal y padre histórico, ¡que duda cabe!, del socialismo del siglo XXI.
No solo eso. Chávez, a buen seguro, sueña reeditar la experiencia de la Gran Colombia- idea que lo martilla y cuya realización le estaría impidiendo el presidente Uribe- haciendo bueno el sueño de "su" Padre Libertador, Simón Bolívar: traicionado, según el, por los causahabientes.
http://www.eluniversal.com/2007/09/18/opi_35043_art_el-plan-sobre-colomb_462766.shtml
Martes, 29 de mayo
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