Fe y vida

Profeta y misionero: San Romero de América

22.06.18 | 21:31. Archivado en Reflexiones

Con alegría hemos recibido la noticia de la próxima canonización del Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero o como el pueblo latinoamericano lo ha llamado “San Romero de América” (el pueblo cristiano lo consideró santo mucho antes de esta proclamación oficial). Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador de un comando de ultraderecha de El Salvador, su país natal, mientras oficiaba misa en una capilla. Su muerte fue consecuencia de su compromiso con los más pobres y, sobre todo, por la denuncia que hizo de la violación de los Derechos humanos que se estaba dando en el país. Pero es importante conocer su vida para entenderla. Él se hizo “profeta” o “voz de los sin voz” cuando se puso en contacto con el pueblo sufriente y se dejó tocar por sus necesidades. Fue en esa experiencia que él comprendió que la fe cristiana no puede quedarse callada frente a los atropellos contra los hermanos y, más cuando son los más pobres. Esto lo llevó a convertir su responsabilidad episcopal en un testimonio afectivo y efectivo con los que estaban siendo violentados. Como todo profeta, Monseñor Romero estaba consciente de que podía ganarse la muerte. Pero su fidelidad al evangelio le dio fuerzas para seguir adelante.
Lamentablemente su reconocimiento como Santo tardó demasiado. Y no porque el pueblo de Dios no lo hubiera hecho de antemano (como lo acabamos de decir -“San Romero de América” fue el título que le dio el pueblo después de su muerte-), sino porque los profetas son perseguidos, muchas veces, por los más cercanos. En el caso de Monseñor Romero no faltaron las sospechas, críticas, incomprensiones de parte de algún sector de la institución eclesial que retrasaron demasiado este momento. Así lo reconoció el Papa Francisco frente a un grupo de salvadoreños que tuvieron audiencia con Él, días después de la beatificación: "Quisiera añadir algo también que quizás pasamos de largo. El martirio de monseñor Romero (...) fue también posterior porque una vez muerto -yo era sacerdote joven y fui testigo de eso- una vez muerto fue difamado, calumniado, ensuciado. Su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado". Es así, como precisamente, ha sido el Papa Francisco quien queriendo poner a los pobres en el centro de la pastoral de la iglesia –y no como capricho personal sino como coherencia con lo más auténtico del Reino de Dios anunciado por Jesús (Lc 4, 18)-, ve en Romero un compromiso fuerte con los más pobres de su realidad y quiere que siga brillando –a través de su proclamación como santo- esa dimensión profética del anuncio del Reino.

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De votaciones, ganadores y otras reflexiones

18.06.18 | 01:38. Archivado en Reflexiones

Ya está consolidado el triunfo de Duque como presidente de Colombia. Y los que lo rodean, ya sabemos quiénes son. ¡Qué susto! Desde el exprocurador Ordoñez hasta el “teflón” Uribe (como se le ha dicho porque miles de acusaciones comprobadas le han resbalado). Pero nada de esto era impredecible. El triunfo de David frente a Goliat (1 Sam 17) ocurre muy pocas veces pero la semilla que crece por sí sola, sea que durmamos, sea que trabajemos (evangelio de hoy, Mc 4, 26-34) es una realidad invencible. Es decir, el seguir trabajando en todas las instancias porque las políticas sean las mejores para el pueblo colombiano nos convoca a todos y ese trabajo continúa sea que no hablemos de esto, sea que lo hagamos.
Colombia se alinea con la vuelta a la derecha de muchos países de Latinoamérica que después de haber tenido gobiernos de corte más social (con luces y sombras como “absolutamente todos los gobiernos”) han vuelto a votar por personajes de derecha (aunque no todos han llegado por votación sino también por imposición). Y la “cuestión social” sigue mal y muy mal en esos países. La solución no es la derecha ni la izquierda sino la capacidad de mirar a los más pobres y trabajar porque se cambien todas las políticas que los oprimen y no les dan oportunidades. Es urgente la justicia social, la inclusión y, en Colombia, la consolidación de la paz. Mucho trabajo le espera a Duque. Vamos a acompañar lo que vaya llevando a la práctica y vamos a denunciar todo lo que traiga peores condiciones de vida y todo lo que favorezca sólo a los que tienen más.
Ahora bien, lo que más me preocupa y de lo que en realidad tengo un poquito de más formación para hablar es del compromiso que deberíamos tener las personas de fe con la justicia social. Sobre esto ¡cuánto trabajo hay todavía por hacer!

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50 años de la Conferencia de Medellín

08.06.18 | 01:56. Archivado en Reflexiones

Hace 50 años, entre agosto y septiembre de 1968 se celebró la segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño en Medellín (Colombia), conferencia que representó un antes y un después para la Iglesia del Continente. Algunos le llamaron el “pasó” de Dios por estas tierras, un paso claro, contundente, una verdadera “irrupción” del Espíritu en esta realidad como concreción del Concilio Vaticano II –Celebrado de 1962 a 1965- que había invitado a “leer los signos de los tiempos”, invitación que los obispos habían acogido dando como resultado las opciones emanadas de esa Conferencia que hoy vuelven a resonar fuerte con la orientación que Francisco le está dando a su Pontificado.
El tema de esta conferencia deja ver los objetivos que perseguía: “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”. Como resultado se pueden señalar, entre otros, los siguientes aspectos: En primer lugar, una lectura de la realidad buscando comprometerse con su transformación. En Medellín lo consignado en la Constitución Gaudium et Spes (de Vaticano II) se hizo realidad. La iglesia latinoamericana miró la situación del continente y descubrió que Dios decía su palabra y pedía una respuesta. Percibió la injusticia estructural que mantenía en la pobreza a las mayorías del Continente, una injusticia que “subía al cielo como un clamor” (semejante al clamor de los israelitas oprimidos por los egipcios, Ex 3, 7-8) y Dios interpelaba de nuevo (como a Moisés) a dar una respuesta por parte de los que dicen reunirse en su nombre.
En segundo lugar, si las palabras de Juan XXIII al inicio del Concilio sobre una “Iglesia de los pobres” no calaron demasiado, en Medellín la Iglesia se sintió llamada a ser una Iglesia de los pobres, capaz de sentir compasión por ellos y trabajar por su liberación. Las palabras de Pablo VI en la inauguración de la Conferencia marcaron ese camino al mostrar la necesidad de que la iglesia diera testimonio de la pobreza: “La indigencia de la Iglesia, con la decorosa sencillez de sus formas, es un testimonio de fidelidad evangélica; es la condición (…) imprescindible para dar crédito a su propia misión”.

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Tres semanas intensas para pensar en la "Segunda Vuelta" (Elecciones presidenciales en Colombia)

31.05.18 | 21:49. Archivado en Reflexiones

Puede resultar repetitivo seguir hablando de este tema pero es nuestro compromiso actual. Hay que “dar la pelea” hasta el final. Ya se definieron Robledo y Fajardo: voto en blanco. Casualmente ayer vi a Mockus en un restaurante y parecería que también se van a inclinar por el voto en blanco. Vamos a ver que dicen. Personalmente creo que esa opción es una actitud irresponsable con el futuro del país. Las dos opciones de país que se vislumbran no son lo mismo. Y, como tantas veces se dice, abstenerse de participar no es mantenerse neutro, es optar por una opción porque es fácil deducir las consecuencias de nuestras abstenciones. La “neutralidad” no existe. Nuestro Dios, el de Jesús de Nazaret, no es “neutro”. Es “parcial”, por los más pobres, por los necesitados, por el que no puede defenderse. Dios se inclina decididamente por los pobres y como lo afirmó Benedicto XVI en la conferencia de Aparecida, “la opción preferencial por los pobres es intrínseca a la fe en Jesucristo”.
¿Con esto quiero decir que una de las dos visiones de país es evangelio puro? ¡Por supuesto que no! pero a mí sí me parece que una se acerca más que la otra. Y permanecer neutro es “correr el riesgo” de apoyar la de Duque que tiene detrás a Uribe, Vivian Morales, Ordoñez y todos los demás que han causado tanto pero tanto mal al país.

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Elecciones y visiones de País

28.05.18 | 04:13. Archivado en Reflexiones

Terminaron las elecciones para presidente en Colombia y sigue la segunda vuelta. Los candidatos que quedaron en primero y segundo lugar, representan extremos opuestos. Para mí esto muestra con claridad que hay distintas visiones de país y es normal que se opongan y de manera radical. Por eso escribí en un artículo anterior que no temo a las polarizaciones. Estas son la consecuencia lógica de un compromiso fuerte con un proyecto que se quiere llevar adelante. ¿Qué hacer ahora? Seguir trabajando porque la visión de país que creemos -es la mejor-, pueda llegar al triunfo. ¿Qué hay fuerzas inmensas que derrotar para hacerlo posible? Sí, no es para menos. Pero esa es la vida, con montañas que superar pero con todo el entusiasmo humano y cristiano para luchar por ello.
Queda claro con lo que digo, que me inclino por el proyecto de país que propone Petro. No me gusta el proyecto de país de Duque muy lejano de la reconciliación y de los pobres. Ojala que los que le apostaron a otros candidatos vuelvan sobre el proyecto de país que ofrecen los dos candidatos contendores en la segunda vuelta y se inclinen por la propuesta que tenga “más bien común”. Es deseable que no haya abstención. Más vale perder/ganar votando que mantenerse el margen de los destinos que nos implican. Y sea cual sean los próximos resultados, ojalá crezcamos en conciencia política para no ser espectadores sino protagonistas.

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¿Evitar las "polarizaciones"?

21.05.18 | 06:33. Archivado en Reflexiones

Ya falta poco para que definamos el futuro político de Colombia. Y se han dicho muchas cosas que esperemos ayuden a discernir sobre la opción que tomemos el próximo 27 de mayo. Pero hay una situación que quiero comentar. Me refiero a la “polarización” que de hecho existe y frente a la cual algunas personas dicen que no votaran por los candidatos que más parecen encarnarla, precisamente por eso. Entonces votarán por aquellos que dan sensación de más armonía. Esto es legítimo y esperemos que sirva también esa postura. Sin embargo, pienso que la polarización no es mala y, más aún, muchas veces, indispensable para que se realice un cambio. Y es que cuando en verdad se quiere transformar algo no puede menos que producirse rechazo y persecución. Los creyentes en Jesús sabemos de eso, aunque parece se nos olvida. Jesús se ganó la muerte en cruz por predicar el Reino de Dios que desestabilizaba el status quo establecido en su tiempo. Y digo que, muchas veces se nos olvida ese actuar de Jesús, porque parece que ser cristiano tiene que ir de la mano de la conciliación, de la armonía, del no decir nada, del no crear inquietud, de no hacer ninguna crítica, en otras palabras, todo eso que suena más a ese “ser tibio” del que habla el Apocalipsis (3, 15-16) en su carta a la iglesia de Laodicea.
Sí, debe ser más “virtuoso” (en términos cristianos) saber decir las cosas sin producir rechazo. Aunque casi no conozco a nadie que haya producido un cambio real sin despertar persecución. Si conozco a mucha gente que sabe ser tan “prudente” que nunca dice nada y, eso sí, gana “buena fama” y le dan puestos de responsabilidad porque se sabe de su “incondicionalidad” a lo que diga la autoridad. Lealtad, sin duda debe existir, pero plegarse a lo que diga quien manda, ahoga lo más propio del Espíritu de Jesús que siempre inquieta, interpela, desinstala porque, efectivamente, su presencia “transforma la faz de la tierra”, como decimos cada vez que le invocamos.

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Urge un nuevo Pentecostés eclesial

14.05.18 | 09:41. Archivado en Reflexiones

Estamos terminando el tiempo pascual celebrando la Ascensión del Señor y Pentecostés. Ambas fiestas son otra manera de expresar la experiencia fundamental que tuvieron los primeros y sostiene también hoy nuestra fe: “Jesucristo resucitó y está vivo en medio de su pueblo”.
El texto de la Ascensión muestra la dificultad de los discípulos –aún después de la resurrección- para entender el reino anunciado por Jesús. La pregunta “¿Es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?” (Hc 1, 6) muestra la concepción geográfica y étnica que todavía tienen del reino. Y Jesús tiene que explicarles nuevamente que el fruto de la experiencia pascual nada tiene que ver con esas precomprensiones, ni con tenerlo todo conseguido, sino con introducirse en la dinámica de la vida del Espíritu que lleva para donde no se espera y sorprende con horizontes nunca antes imaginados.
Pero ponerse en camino cuesta, es difícil. El texto nos relata que se quedaron mirando al cielo hasta que una voz los vuelve a la realidad: “Hombres de Galilea ¿Qué hacen mirando al cielo? (Hc 1,11). Sólo entonces descubren que la vida del Espíritu no los saca del mundo sino que los introduce profundamente en él.
En el texto de Pentecostés el Espíritu irrumpe en sus vidas: “Estando todos reunidos en un mismo lugar, vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban” (Hc 2,1) y los hace capaces de hablar lenguas distintas para que todos los que están en aquel lugar puedan entenderlos: “¿Cómo cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra propia lengua?” (Hc 2,8).

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Los jóvenes "le cantan la tabla a la Iglesia"

07.05.18 | 03:18. Archivado en Reflexiones

Con este titular, el pasado 28 de marzo, el periódico El Tiempo se refería al “Pre-sínodo sobre los jóvenes” que se llevó a cabo del 18 al 24 de marzo en Roma como preparación al “Sínodo sobre ‘Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional’” que tendrá lugar en el mes de octubre. Los sínodos son reuniones de Obispos que tratan diferentes temas con el objetivo de responder a los desafíos que las nuevas realidades presentan. Los jóvenes son uno de los desafíos actuales de la Iglesia católica porque cada vez son menos los que participan en ella y, sin jóvenes, no hay futuro para la Iglesia y de eso hemos de ser conscientes.
En el Pre-sínodo se congregaron 300 jóvenes de muchas partes del mundo, además de unos 15.000 conectados vía redes sociales. El encuentro comenzó con las palabas que el Papa les dirigió a los jóvenes invitándolos a “hablar con coraje, a decir todo lo que sintieran, a no temer equivocarse”. Reconoció que la cultura actual alaba a los jóvenes pero impide que sean protagonistas y por eso esa reunión quería ser un espacio para escucharlos.
Francisco afirmó que la Iglesia necesita descubrir caminos nuevos para responder al objetivo del Sínodo: “Acompañar a los jóvenes hacia la madurez de manera que, a través de un proceso de discernimiento, puedan descubrir su proyecto de vida y participar activamente en la edificación de la Iglesia y la sociedad”. Los jóvenes –les dijo Francisco- han de atreverse a abrir caminos nuevos, así impliquen riesgos porque una persona que no se arriesga, no crece, no madura y lo mismo pasa con las instituciones.
El llamado que el Papa hizo desde el inicio de su pontificado cobró especial fuerza en sus palabras: se envejece porque “se tiene miedo de salir, de ir a las periferias existenciales de la vida, de ir a donde se juega el futuro”. La Iglesia necesita a los jóvenes porque son ellos los que la ayudan a salir de la lógica del “siempre fue así”. Esto no quiere decir, aclaró el Papa, abandonar las raíces de lo más genuino de la tradición cristiana porque sin las raíces no hay paso nuevo que se sostenga. En esta dinámica de mantener la tensión entre la tradición y lo nuevo, el Papa se refirió a un pasaje del profeta Joel: “los ancianos soñarán y los jóvenes profetizarán” (3,1). La iglesia necesita de jóvenes profetas pero esto será posible en la medida que no se dejen de lado los sueños de los ancianos. El Papa terminó su discurso invitando a los jóvenes a un diálogo intenso, a que se expresaran con franqueza y con toda libertad, con “descaro” porque han de ser los protagonistas del Sínodo y es importante que hablen abiertamente. Y el Papa les prometió: “su contribución será tomada en serio”.

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De "Populismos" y "derechos" para todos y todas

01.05.18 | 05:16. Archivado en Reflexiones

Colombia se aproxima a la contienda electoral y los candidatos están al 100% de sus campañas políticas. Pero las campañas no solo están en lo que cada uno dice en los diferentes eventos. Casi se puede decir que están más en las redes sociales donde muchas personas comparten imaginarios, prejuicios, exageraciones y hasta mentiras sobre cada uno de los candidatos, de manera bastante inconsciente pero consolidando puntos de vista que, la mayoría de las veces, no corresponden con la realidad. Ya sabemos que estamos en la era de la “postverdad”, es decir, se afirman mentiras con tanta seguridad que se llega a creer que son verdad. Y se posesionan en la mentalidad de muchos llegando a consolidarse de tal manera que no logran entender las razones que se esgrimen para mostrar que es mentira. Ya se afirmó como verdad y se perpetúa sin ningún fundamento.
Mi reflexión no es desde la política porque reconozco que no tengo mucha formación al respeto. Solamente es desde un sentido común y, por supuesto, desde mi postura creyente. Por eso tal vez alguien experto desmonte mis opiniones con facilidad. Pero me atrevo a hacerlas como búsqueda de caminos en esta coyuntura política. A lo que me quiero referir es a la dichosa palabra “populismo”. Parece que su primer significado es “discurso demagógico prometiendo solucionar demandas con el único objetivo de conseguir el poder”. Es muy posible que así lo utilicen muchos, por no decir “todos”. En época de elecciones todos los candidatos prometen muchas cosas. No solo los de izquierda –a los que parece se les estigmatiza con ese término- sino también los de la derecha. Por tanto, creo que tenemos que partir de que todos, absolutamente todos los candidatos, son populistas en ese sentido que acabo de decir.

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Cristología y mujer. Una reflexión necesaria para una fe incluyente

25.04.18 | 15:50. Archivado en Reflexiones

La Facultad de Teología de la Javeriana acaba de publicar mi libro “Cristología y Mujer. Una reflexión necesaria para una fe incluyente”. Fue fruto de un semestre sabático pero sobre todo es fruto de mi experiencia teológica y existencial de los últimos años. Como mujer teóloga no he podido ser ajena a una realidad que es fácil de comprobar en la sociedad y en la iglesia: la situación de la mujer ha cambiado en los últimos tiempos pero todavía falta mucho para que, en todas partes, sea realidad que por el hecho de “ser mujer” no se nos considere en una posición subordinada o en un segundo lugar o, peor aún, como objeto sexual o propiedad de alguien. De ahí la preocupación por contribuir a seguir cambiando esa situación y, concretamente desde el campo de la teología y la experiencia de fe. De hecho la revelación cristiana no ha propiciado esta situación: en el libro del Génesis se afirma la igualdad fundamental de varón y mujer: “a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó” (1,27) pero sí la ha permitido y la ha mantenido por una mala interpretación del texto bíblico y por un acomodo a los patrones sociales donde el modelo ha sido lo masculino.

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Trabajar por una Iglesia más creíble

18.04.18 | 04:12. Archivado en Reflexiones

Pasa el tiempo y el Papa Francisco sigue suscitando esperanza en muchos personas en la Iglesia. Cada día hay una noticia -sencilla- pero que alegra el corazón de la gente. Sea su vida austera o su cercanía con contextos pobres, o su día a día rodeado de la gente del lugar donde escogió vivir o sus intervenciones donde habla de los pobres, de la sencillez, de cero corrupción, de evangelizar, de la misión, de la centralidad del evangelio, entre muchos otros gestos que podríamos enumerar. Todo esto parece haber devuelto frescura, simplicidad, descomplicación, aires nuevos a la iglesia. Además ha sido un pontífice capaz de reconocer sus errores y los de la Iglesia y pedir perdón por ello -lo que se está viviendo en la Iglesia chilena es una nueva manera de actuar- y por supuesto su insistencia en la “alegría” y, en su última Exhortación “Gaudete et Exsultate” (GE), el hablarnos de la santidad en lo cotidiano y en los “santos de la puerta de al lado” (GE 6-9).
Pero surgen algunas preguntas: ¿cuándo nos perdimos tanto, para que gestos tan simples y normales despierten tanta alegría? ¿qué nos había pasado en la iglesia para sorprendernos porque el Papa salude con un “Buenos días” o simplemente sonría y hable de cosas cotidianas como el futbol? ¿dónde habíamos dejado la pobreza de Belén, la cotidianidad de Nazaret, la profecía del ministerio público de Jesús? ¿qué contenido le hemos dado a la muerte y resurrección de Jesús que no la vinculamos con su compromiso histórico con los más pobres? En otras palabras, ¿qué iglesia hemos ido viviendo que lo “normal” hoy nos resulta “sorprendente” y el evangelio nos asombra?
Tal vez exagero con lo dicho anteriormente pero no es exagero que el Papa sigue sorprendiendo en positivo. Pero ahora viene lo más difícil: Y esos gestos ¿cómo están confrontando nuestra realidad eclesial? ¿por dónde está renovándose nuestra pastoral? ¿qué conversión nos está suscitando toda esta nueva realidad?

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Dar testinomio de fe en estos tiempos distintos

10.04.18 | 04:40. Archivado en Reflexiones

Vivimos en un mundo pluricultural y religioso cada vez más evidente. Por mucho que queramos evitarlo y que busquemos estadísticas y cifras para mostrar que el cristianismo sigue creciendo, no se puede negar que otras religiones también crecen y, el número de “indiferentes” –porque hoy en día no se preocupan tanto por decir sí son ateos o no- crece aún más. Entre los jóvenes, especialmente, este fenómeno es relevante. Por ejemplo, de un grupo de 40 estudiantes de una universidad católica, solo uno se confiesa católico practicante, otro se confiesa seguidor de un maestro espiritual de los “hare Krishna”, y el resto sin negar la tradición católica en que crecieron por su familia y colegio, afirman no prestar ninguna atención a lo que pasa en la institución eclesial y no estar interesados en nada que tenga que ver con la fe. Posiblemente estas cifras pueden variar en otros grupos pero sí parece ser cierto que el indiferentismo gana cada vez más espacio y la configuración de nuestro mundo cambia a pasos acelerados.
¿Cómo vivir nuestra fe en esta nueva realidad compleja, distinta, interpelante, angustiante –en ciertos sentidos- llena de “trasgresiones” como llaman algunos a todo lo que se sale de lo “correctamente” establecido y aceptado durante siglos? ¿Cuáles son los caminos más apropiados para enfrentar todo esto nuevo y desconcertante?
Para unos el camino es el de replegarse sobre sí mismos y satanizar todo lo distinto. Sienten que el mismo demonio en persona nos visita y hay que enfrentarlo a como dé lugar, sin detenerse a discernir lo que realmente es malo de lo que simplemente es diferente. Ven necesario reforzar la identidad religiosa y vuelven a asumir símbolos, tradiciones, expresiones y prácticas religiosas que creen hacen más visible y explicita la fe que profesan.

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Miércoles, 26 de septiembre

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