Fe y vida

Francisco en Perú: “Unidos en la esperanza”

22.01.18 | 00:38. Archivado en Reflexiones


Esperanza es lo que despierta Francisco y no ha sido menos en su viaje a Perú. El lema ya lo decía todo pero cada acto y palabra del Papa lo confirmaron. Situado en el corazón de la Amazonía, una vez más puso en primer plano un desafío actual: el cuidado de la casa común pero en el horizonte de una ecología integral, es decir, devolviendo la dignidad a los pueblos originarios que por siglos han sido invisibilizados, explotados, violentados, a quienes se les quiso robar su cultura y su sabiduría ancestral pero a los que hoy el Papa llama: “auténticos y primeros interlocutores” de cualquier decisión que se tome en las tierras que les pertenecen. Por eso, el encuentro con los pueblos originarios en Puerto Maldonado fue muy conmovedor. Ellos exigieron sus derechos y con sus trajes, bailes y lenguas propias, defendieron su dignidad y afirmaron que no están dispuestos a dejársela quitar una vez más. Y el Papa apoyó esas peticiones proclamando la defensa de la vida, de la tierra y de las culturas. Más aún, la lectura de algunos extractos de la Laudato Si en lenguas autóctonas, mostraba esas palabras proféticas que trae la encíclica y que van en perfecta consonancia con la urgencia de liberación que actualmente tiene no solo la creación sino todos los pobres, entre ellos, los pueblos indígenas. En otras palabras, el Papa apoyó incondicionalmente la pluralidad eclesial abogando por una iglesia con rostro amazónico e indígena y señaló el Sínodo de Amazonía del 2019 como momento privilegiado para que todo eso pueda ser realidad.
Dirigiéndose a la población de esa misma región Francisco fue enfático: “Ustedes no son tierra de nadie. Esta tierra tiene nombres, tiene rostros: ustedes”. Y evocó a María como madre lo cual los hace hijos, familia, comunidad. Con la Virgen no desaparecen los problemas pero ella fortalece para enfrentarlos. El Papa denuncia que “algunos quieren volver esa tierra anónima, un lugar para comercializar y explotar”, como consecuencia lógica de la cultura del descarte que quiere tratar a la creación y a las personas con la lógica del uso irracional para aprovecharse y dejarlas luego como “inservibles”. Se refirió también a la trata de personas y algo aún más grave: esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual y esclavitud del lucro. Por todo esto el Papa les animó a seguir organizándose en movimientos y comunidades de todo tipo para superar las situaciones que los agobian. Y esto, porque la salvación no es abstracta sino concreta. Dios mira personas concretas, rostros e historias concretas. De ahí la necesidad de amar la tierra, sentirla suya, enamorarse de ella para cuidarla y preservarla para sus hijos. A los jóvenes del Hogar El principito les invitó a no renunciar a sus sueños, no contentarse con ser “vagón de cola”, sino motor que empuje una historia nueva para ellos. Preservar sus tradiciones y desde ellas seguir construyendo un mundo para todos y todas.

>> Sigue...


El papa Francisco en Chile: Dignidad, perdón, justicia, unidad

19.01.18 | 16:12. Archivado en Reflexiones


No es fácil decir una palabra sobre este viaje porque no es lo mismo estar presente a simplemente leer sus mensajes y ver una que otra noticia por televisión. Además no se participa del “sentir” del pueblo chileno porque no se conoce la situación de primera mano. Sin embargo, no se puede ser ajeno a lo que pasa en los países hermanos y también interesa lo que hace y dice Francisco porque Él ha despertado una esperanza de cambio en la iglesia y hablar de esto puede ayudar a que pueda ser posible.
De nuevo Francisco muestra esa “otra manera” de ser Papa. Rompe protocolos, habla de la realidad y no de la “doctrina”, expresa afecto y cercanía, interpela, cuestiona, invita, anima, despierta esperanza y entusiasmo. En Chile esto no parecía ser fácil. La iglesia chilena ha sido muy afectada por los abusos de algunos clérigos y la gente reclama una acción contundente frente a esto. En este aspecto parece que los logros no fueron suficientes. Aunque el papa pidió perdón por esa realidad en su discurso a las autoridades –“Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”- al final defendió al Obispo Barros profundamente cuestionado por encubrimiento de esa situación. El Papa debe tener razón pero a una porción del Pueblo de Dios le duele esta situación y tal vez otro tipo de respuesta hubiera sido más sanadora. El tiempo lo dirá.
Ahora bien, todos los mensajes del Papa (con las autoridades; en la misa en Santiago; con las reclusas; en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as y seminaristas; con los obispos; en la misa en Temuco; con los jóvenes; en la Universidad Católica de Chile y en la misa en Iquique) continúan alentando la esperanza y comprometiendo el caminar eclesial en la línea de la misericordia, del compromiso con los más pobres, del trabajo por la justicia, la vivencia de ser Pueblo de Dios –libres de clericalismo-, la valoración de los pueblos originarios y de la palabra audaz y propositiva de los jóvenes.

>> Sigue...


¿Qué nos espera en este 2018?

15.01.18 | 01:22. Archivado en Reflexiones

Es importante comenzar el año con mucha esperanza, con mucho amor, con mucha fe porque cada día que Dios nos regala es un don ¡realmente gratis! Don que es bueno agradecer, acoger y potenciar lo que más podamos. En efecto, aunque muchas circunstancias difíciles no las podemos evitar porque nos llegan de fuera, nuestra actitud hacia ellas, hará que se conviertan en fuente de vida y aprendizaje o en obstáculo y sufrimiento. De cada uno dependerá, en mucho, lo positivo que podamos cosechar durante este año.
Mirando hacia los meses que siguen, nos esperan muchos acontecimientos. A nivel político las elecciones legislativas y presidenciales en Colombia. No podemos estar ajenos a ellas porque de nuestra participación dependerá el futuro. A veces se cree que se es cristiano porque se reza mucho pero se olvida la dimensión política de nuestra fe. En ella se juega la solidaridad, la justicia, el bien común que se supone vivimos por nuestra opción creyente. Por tanto, es muy grande nuestra responsabilidad. Ojala la vivamos a fondo discerniendo muy bien los programas políticos que nos proponen, votando por aquellos que más favorezcan el bien común –especialmente el de los más pobres-, y sin dejarnos engañar por esa “posverdad” que se volvió el móvil de las campañas y que solo coapta nuestros miedos para hacernos votar por quienes buscan sus intereses personales y no la vida digna para todos y todas.
A nivel eclesial, tal vez el acontecimiento más significativo serán los 50 años de la Conferencia de Medellín. Providencialmente esta celebración coincide con el pontificado de Francisco, quien ha vuelto a “revivir y actualizar” el camino de la Iglesia latinoamericana trazado desde aquel entonces, pero tan lleno de tropiezos, incomprensiones y hasta persecuciones a lo largo de estos años. La conocida frase del Papa Francisco “quiero una Iglesia pobre y para los pobres” (Evangelii Gaudium 198) ya había sido pronunciada por Juan XXIII al inicio del Concilio Vaticano II pero sin demasiada repercusión y fue la Conferencia de Medellín –verdadero aterrizaje del Vaticano II en este Continente- la que se sintió llamada a ser una iglesia de los pobres, capaz de sentir compasión por ellos y trabajar por su liberación. Consecuentemente, la opción por los pobres se gestó en esa conferencia y denunció la miseria que margina a grandes grupos humanos, esa miseria que como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo (Medellín, Justicia 1).

>> Sigue...


Discernimiento para ser libres

06.01.18 | 15:33. Archivado en Reflexiones

Ante la multitud de ofertas que nos trae la vida es muy importante aprender a discernir para optar por algunas y ser responsable de las opciones hechas. Y si se es persona de fe, discernir supone -además de la conveniencia personal y social-, hacerlo en el horizonte del amor incondicional a Dios y a los hermanos, propio de quien dice tener fe.
Pero ¿qué es discernir? Hay una larga tradición en algunas espiritualidades sobre el discernimiento. La espiritualidad ignaciana, por ejemplo, señala el discernimiento como medio de “buscar y hallar la voluntad de Dios” en nuestra vida. Los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio van en esa línea de descubrir a Dios como “principio y fundamento” de la vida para orientarla hacia el querer de Dios. Pero esto no es exclusivo de esta espiritualidad ni siempre se pueden hacer ejercicios espirituales para discernir. Hay que aprender a captar la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida y secundarla con lo mejor que cada uno tiene.
¿Cuál es la voluntad de Dios sobre mi vida? ¿Sobre la vida de cada mujer y varón en particular? ¿dónde se escucha ese querer de Dios? La voluntad de Dios no es un deseo particular de Dios sobre una persona y menos, como a veces se ha entendido, un deseo que exige nuestro sacrificio, renuncia o negación, para poder secundar eso que Dios nos pide. En realidad la voluntad de Dios sobre sus creaturas es que seamos felices descubriendo el origen amoroso del que procedemos –su mismo amor creador- y la llamada a la comunión definitiva con Él saboreada y vivida en el amor concreto y real que vivimos a cada momento.
No hay un plan de Dios “predeterminado” sobre nuestra vida. Sí así fuera, no contaría nuestra libertad y hubiéramos sido hechos como marionetas para realizar lo que ya estaba escrito. Por el contrario, Dios nos regaló el don de ser libres y creativos, únicos e irrepetibles, responsables por nuestro destino, llamados a realizar lo mejor que cada uno es y tiene. Por eso cuando nos disponemos a escuchar la voluntad de Dios sobre nuestra vida, en realidad, lo que hacemos es disponernos a dejarle ser en nosotros, a que su amor nos inunde y transforme, nos guíe en cada momento para escoger lo que Él escogería en una situación semejante y a amar lo que Él ama.

>> Sigue...


Llego el 2018: Nueva oportunidad para ser mejores

01.01.18 | 01:36. Archivado en Reflexiones

Llega el 2018 y con él un nuevo horizonte para vivir. No porque mágicamente el paso de una noche cambie las cosas pero si porque psicológicamente el calendario nos marca finales y comienzos y esto nos invita a tener perspectivas distintas, a creer que es posible un nuevo comienzo. ¿Qué podemos proyectar para este nuevo año? A nivel externo dependemos de muchas variables que no están absolutamente en nuestras manos y, por tanto, no podemos cambiar fácilmente. Pero eso no significa que no seamos participantes activos de todos los procesos sociales, culturales, económicos o religiosos que traiga el nuevo año. La vida cristiana no es ajena a la historia que vivimos y nuestra fe “encarnada” no puede menos que comprometerse y responsabilizarse de cada momento que se nos presente. A nivel interno tenemos mucha más responsabilidad porque está en nuestras manos hacer de nosotros mismos las mejores personas que podamos. Cultivar valores positivos: optimismo, alegría, confianza, ánimo, todo aquello que mira con positividad la vida y saca los mejores resultados de todo lo que vivimos. Cultivar también las relaciones humanas con toda la dificultad que entrañan. Todos querríamos tener las mejores relaciones con la mayor cantidad de personas y, sin embargo, eso no siempre es posible porque la relación es de dos y se necesita el mutuo consentimiento. Pero nadie impide que se mire a todos con benevolencia y compasión y que se valore lo positivo que todo ser humano tiene. La disposición al diálogo, siempre abre puertas y posibilita encuentros. Buscar liberarnos de nuestros egoísmos y búsquedas personales. Alegrarnos por tantos dones recibidos y saber superar las dificultades pendientes. Contemplar la naturaleza y agradecer su belleza. Dejarnos invadir por el misterio de la creación y disponernos a cuidarla como verdadera casa común sin la cual no es posible la existencia. Un nuevo año es una nueva oportunidad para ser mejores. Que sepamos aprovecharla.


Y Dios acampó entre nosotros

23.12.17 | 18:14. Archivado en Reflexiones

Este es el misterio de la Navidad. Dios mismo se hace ser humano y planta su tienda entre nosotros. Pero ¿cómo mostrar que es así? acaso ¿alguien ha visto al Señor? ¿no es una leyenda, un mito, un deseo? En realidad no se puede “demostrar” ese misterio de nuestra fe pero si se puede “mostrar” a través de los frutos que produce y por el testimonio de aquellos que lo vivieron.
Hace 21 siglos en un pequeño pueblo de Israel un grupo de personas comenzaron a predicar que el reino de Dios había llegado con Jesús. Reino que no fue acogido por los contemporáneos y por eso mataron a Jesús y persiguieron a sus seguidores. Pero muy por encima de lo previsto, después de la muerte, estas personas testimoniaron que Jesús había resucitado y les fortalecía para ser sus testigos hasta los confines de la tierra.
Esa experiencia contada por los evangelistas y, concretamente por Lucas, se remonta a los orígenes de Jesús y deja consignado por escrito los pasajes del nacimiento e infancia de Jesús, mostrando que Dios, se hizo ser humano, compartiendo nuestra suerte y destino.
El relato de navidad es muy gráfico: no hay lugar para ellos en el mesón y así el Niño nace en un pesebre, no es acogido por las autoridades del pueblo pero los más humildes, los pastores, si escuchan el anuncio del ángel, van a reconocer esta presencia divina y de esa manera sencilla y escondida, llega la salvación al mundo y se ofrece a todos los que quieren acogerla. Hoy de nuevo la salvación se ofrece y Dios sigue naciendo: en el corazón de los creyentes y en la oferta de vida para todos los que buscan el bien y la verdad. Y se hace presente, ya no en un pesebre sino en miles de rostros, especialmente, los de los más pobres. Que podamos vivir la navidad y veamos al Dios que camina con nosotros y le amemos en todos los que nos rodean.


Navidad: agradecer el 2017 y disponernos al 2018

16.12.17 | 03:36. Archivado en Reflexiones

Termina el 2017 y podríamos hacer la larga lista de los acontecimientos vividos. Recordemos algunos que, desde la experiencia de fe, marcaron nuestra vivencia. El primero, la visita del Obispo de Roma con la alegría y entusiasmo que suscitó no solo entre católicos sino en gran parte del pueblo colombiano. Esa visita ya la hemos comentado en estas páginas. Sin embargo, no sobra decir de nuevo una palabra que ayude a no perder esa experiencia. ¿Cómo podemos mantener en el tiempo los gestos y pronunciamientos del Papa Francisco que tanto bien nos hicieron? No hay otra alternativa: hacerlos vida en nuestro día a día, empeñándonos, en dar testimonio de ellos. Podríamos resumirlo así: seguir trabajando por la paz y ponernos del lado de los más pobres a la hora de tomar una decisión que afecte el bien común. Recordemos que esto fue lo que el Papa le dijo a las autoridades colombianas: “Escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes”. Y eso mismo les dijo a los obispos: “hospédense en la humildad de su gente y escuchen su despojada humanidad que brama por la dignidad que solo el Resucitado puede dar”.
Otro acontecimiento que tal vez vivimos con menos intensidad, fue la celebración de los 500 años de la Reforma protestante. El 31 de octubre se cerró el año de conmemoración con una declaración conjunta entre católicos y luteranos en la cual pidieron perdón por las ofensas mutuas desde el inicio de la Reforma hasta ahora. Así mismo celebraron los esfuerzos por vivir el ecumenismo desde hace 50 años, cuando con Vaticano II se abrieron las puertas para ello. Desde entonces ha sido real el diálogo ecuménico a partir de celebraciones conjuntas, colaboraciones solidarias y acuerdos teológicos. Desde esa experiencia, los acontecimientos que llevaron a la ruptura en el siglo XVI, se ven con otra perspectiva, favoreciendo la comunión más que la separación.

>> Sigue...


Reflexionando sobre la Fe

07.12.17 | 01:12. Archivado en Reflexiones

Poco se habló de la Encíclica Lumen Fidei (julio 2013) del Papa Francisco que como bien sabemos asume lo que ya había escrito Benedicto XVI, añadiéndole algo de su propio pensamiento. En este espacio no pretendo hacer un comentario a fondo de la Encíclica. Simplemente señalar algunos aspectos de la fe que me parece no se abordan suficientemente en esta encíclica. Pero antes es muy importante destacar la rigurosidad conceptual y profundidad teológica propia de Benedicto XVI, la importancia de apostar por la verdad que se descubre a la luz de la fe, en estos tiempos de más secularización y relativismo, lo mismo que el dinamismo de relación personal con el Señor que supone la fe porque ésta “es la respuesta a una Palabra que interpela personalmente, a un Tú que nos llama por nuestro nombre” (No. 8).
Otros aspectos podrían destacarse haciendo una reflexión más detallada. Por ahora basta decir que lo dicho ilumina nuestro caminar y es importante seguir profundizándolo. Sin embargo, desde nuestra realidad latinoamericana, me parece importante señalar dos realidades que son más propias de la fe que vivimos.
Lo primero es constatar que la manera como se vive la secularización en Europa, no es la misma que en América Latina. Aquí hay aspectos parecidos pero no se puede pensar que la gente no cree en Dios. Basta ver la religiosidad popular expresada de tan diversas maneras, lo mismo que la búsqueda de espiritualidad y experiencia de lo trascendente que también se vive. Estos dos aspectos nos hacen caer en cuenta que lo que está en crisis no es tanto la fe sino la pertenencia a la institución y la acogida de la doctrina. Por eso se necesita hablar de la fe en términos que entiendan los que se aventuran en otras búsquedas. Y hemos de resaltar dos aspectos: La fe en nuestro Señor Jesucristo se vive en el seno de la comunidad eclesial y ella es su garante, pero no se identifica con algunos modelos eclesiales que privilegian la norma por encima de la persona o que en aras de una autoridad mal entendida, no permite un protagonismo mayor de todos los miembros de la iglesia. Cuando se hacen esas distinciones, mucha gente redescubre el sentido de la fe en Jesucristo y se anima a vivir con más responsabilidad su fe porque sabe que los defectos de algunos miembros de la institución no se identifican con Jesús quien trajo un mensaje de libertad y vida para todos y anunció un rostro de Dios misericordioso y compasivo, Padre y Madre, dispuesto a entregarse incondicionalmente por cada uno de su hijos e hijas.

>> Sigue...


A propósito del Día internacional de la NO VIOLENCIA contra las mujeres

27.11.17 | 00:38. Archivado en Reflexiones


Hace unos meses una compañera de trabajo estaba comentándole a un colega que la violencia contra los hombres era muy grande. Que muchas mujeres golpeaban a sus maridos y que eso no se tenía en cuenta cuando se hablaba de la violencia que sufrían las mujeres. Más aún, que cuando ellos iban a poner la denuncia no les creían o minimizaban la gravedad del hecho. De una manera muy “mal educada” de mi parte (posteriormente pedí disculpas a los dos colegas por esto), al haber escuchado ese argumento, me “entrometí” en esa conversación y argumenté que la situación era muy distinta porque a los hombres se les pega, maltrata, etc., porque hay maldad, rabia o descontrol, también ejercido por las mujeres y, de hecho, se golpea a muchos varones. Pero que en el caso de las mujeres no solamente se dan las causas que acabamos de señalar sino que a las mujeres se les golpea por “ser mujeres”, es decir, en razón de su género. Este es el argumento de la ley de Feminicidio aprobada en 2015 en Colombia, llamándola, “Ley Rosa Elvira Cely” en recuerdo de esta mujer que fue brutalmente vejada y asesinada por un conocido en el Parque Nacional en el año 2012. La ley consagra el feminicidio como “un delito autónomo, para garantizar la investigación y la sanción de los actos violentos contra las mujeres por motivos de género y discriminación”. Como yo me había entrometido en la conversación, mis reflexiones molestaron doblemente y me dijeron que la conversación era entre ellos (con razón lo hicieron) pero desde aquel día me quedó la inquietud de volver a plantear el argumento y me parece oportuno (esta vez ya sin entrometerme en la conversación de otros) hacerlo con ocasión del 25 de noviembre –Día internacional de la No violencia contra las Mujeres-.

>> Sigue...


¿Qué pidió el Papa para esta I Jornada Mundial de los pobres?

19.11.17 | 03:31. Archivado en Reflexiones

Como lo comentamos hace pocos días, hoy -19 de noviembre- conmemoramos la I Jornada Mundial de los pobres a la que convocó el Papa Francisco. No sé qué tanta referencia se esté haciendo de ella en nuestras comunidades particulares. Tampoco sé si se estará haciendo lo que el Papa propuso: “Este domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos (… ) Sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre”. Si hemos hecho esto hoy, estaremos contentos de haber respondido a la propuesta del Papa. Y si no lo hemos hecho, todavía estamos a tiempo de unirnos con lo fundamental que el Papa propuso: “que esta jornada nos estimule a reaccionar ante la cultura del descarte y del derroche y hagamos nuestra la cultura del encuentro. Y que nos dispongamos con cualquier acción solidaria para realizar signos concretos de fraternidad”.
Esta propuesta es muy necesaria porque los tiempos actuales nos llevan a colocar a las cosas por encima de las personas y a despertar en nosotros el deseo de acumular sin ningún compromiso por el compartir. Aprovechemos, por tanto, esa iniciativa papal para que los pobres estén efectivamente en nuestro corazón, como lo están en el corazón de Dios, y nuestra preocupación por cambiar su situación, sea efectiva y afectiva. Rezar el Padre Nuestro pidiendo el pan “nuestro” de cada día, nos ayudará a recordar que ser hijos del mismo Padre implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esa oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para que haya pan para todos. Y esto, en otras palabras, significa preguntarnos por qué existe tanta pobreza y empeñarnos en transformar sus causas. Dios no quiere la pobreza que padecen tantos. Transformarla es nuestro compromiso. Ojala este sea el fruto que nos quede de esta jornada.


I Jornada Mundial de los pobres

15.11.17 | 04:37. Archivado en Reflexiones

El papa Francisco propuso celebrar la “I Jornada Mundial de los pobres” el próximo 19 de noviembre. Es una iniciativa que surge como consecuencia de la orientación que le ha dado a su Pontificado, centrado en los pobres –en los que Cristo está presente y nos pide encontrarlo- y en la urgencia de dar un testimonio de Iglesia pobre y comprometida con los pobres. Ahora bien, esa iniciativa no es un invento suyo. La primera carta de Juan (3,18) nos desafía profundamente: “Hijitos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Así comienza el Papa el mensaje con el que propuso esta Jornada mundial diciéndonos que Dios no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de seguir su ejemplo y este consiste en amar en primer lugar a los pobres y darlo todo por ellos, incluso hasta la propia vida. Pero esto no es un imperativo ético que debemos cumplir como obligación. Por el contrario, parte de la experiencia del amor de Dios que nos amó primero. Quien reconoce este amor, no puede menos que responder con todas sus fuerzas porque ese amor es gratuito y llega a todos independiente de sus faltas y pecados. Y, precisamente, por esa misericordia recibida es que se siente la urgencia, el deseo, la voluntad de hacer lo mismo con los demás. Y, ¿por qué ese primacía de los pobres? Porque Jesús los proclamó como bienaventurados y herederos del Reino de los Cielos no porque ellos sean mejores que los demás sino, precisamente, porque su precariedad, su falta de posibilidades, hace que la misericordia divina se vuelque sobre ellos y busca que todos los demás entiendan esa lógica divina de comenzar por los últimos para que nadie se quede por fuera de la mesa del reino. Preparémonos, entonces para esta celebración tan central en la propuesta cristiana.


Tomémonos a Jesús en serio

11.11.17 | 03:35. Archivado en Reflexiones

Es tiempo de vivir en fidelidad a los misterios centrales de nuestra fe y de dar testimonio de aquello que decimos creer. Pero ¿por qué se hace tan difícil vivir con radicalidad el evangelio? ¿por qué hay miedos excesivos de ir hasta el fondo en el amor, el compromiso, la solidaridad, la entrega? ¿por qué no nos desprendemos definitivamente de los honores y riquezas de este mundo que tanto mal nos hacen?
No hay fórmulas para dar respuesta a estos y otros interrogantes parecidos. Pero algo que puede ayudarnos a responder, es entender que la experiencia de fe se vive de muy diversas formas pero, a manera de ejemplo –cayendo en el estereotipo- podemos reconocer dos estilos que conducen a resultados distintos. El primero, -que podríamos caracterizar como más centrado en el bienestar personal, en la búsqueda de protección y ayuda divina para que todo lo que se vive marche bien y se puedan superar las dificultades que se presentan en el camino-, no se hace las preguntas que antes formulábamos. Lo que interesa a las personas que así configuran su fe, es pedir a Dios “bendiciones” y vivir con ese espíritu positivo de sentirse protegido y acompañado por la divinidad, disponiéndose con buen ánimo a realizar las tareas de cada día. Estas personas se les puede reconocer como “muy” religiosas porque parece que la presencia de Dios fluye con facilidad en sus vidas, se muestran respetuosas de lo sagrado e irradian armonía y buen clima a su alrededor.
El segundo estilo de vivir la fe -al que podríamos llamar de compromiso, de profetismo, de libertad evangélica- es el que no pide bendiciones sino que se deja afectar por la realidad y se pregunta cómo y por qué hay tanta injusticia en el mundo. Son las personas que se sienten movidas por su fe a estar atentos a la situación económica, política, social y su impacto en los más pobres. Son las personas que siguen al Jesús de los evangelios y tienen claro que la vida cristiana no es cuestión de recibir bendiciones de Dios sino de hacer posible el reino en el aquí y ahora de nuestra historia.

>> Sigue...


Viernes, 20 de abril

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Abril 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30