Fe y vida

Cristología y mujer. Una reflexión necesaria para una fe incluyente

25.04.18 | 15:50. Archivado en Reflexiones

La Facultad de Teología de la Javeriana acaba de publicar mi libro “Cristología y Mujer. Una reflexión necesaria para una fe incluyente”. Fue fruto de un semestre sabático pero sobre todo es fruto de mi experiencia teológica y existencial de los últimos años. Como mujer teóloga no he podido ser ajena a una realidad que es fácil de comprobar en la sociedad y en la iglesia: la situación de la mujer ha cambiado en los últimos tiempos pero todavía falta mucho para que, en todas partes, sea realidad que por el hecho de “ser mujer” no se nos considere en una posición subordinada o en un segundo lugar o, peor aún, como objeto sexual o propiedad de alguien. De ahí la preocupación por contribuir a seguir cambiando esa situación y, concretamente desde el campo de la teología y la experiencia de fe. De hecho la revelación cristiana no ha propiciado esta situación: en el libro del Génesis se afirma la igualdad fundamental de varón y mujer: “a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó” (1,27) pero sí la ha permitido y la ha mantenido por una mala interpretación del texto bíblico y por un acomodo a los patrones sociales donde el modelo ha sido lo masculino.

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Trabajar por una Iglesia más creíble

18.04.18 | 04:12. Archivado en Reflexiones

Pasa el tiempo y el Papa Francisco sigue suscitando esperanza en muchos personas en la Iglesia. Cada día hay una noticia -sencilla- pero que alegra el corazón de la gente. Sea su vida austera o su cercanía con contextos pobres, o su día a día rodeado de la gente del lugar donde escogió vivir o sus intervenciones donde habla de los pobres, de la sencillez, de cero corrupción, de evangelizar, de la misión, de la centralidad del evangelio, entre muchos otros gestos que podríamos enumerar. Todo esto parece haber devuelto frescura, simplicidad, descomplicación, aires nuevos a la iglesia. Además ha sido un pontífice capaz de reconocer sus errores y los de la Iglesia y pedir perdón por ello -lo que se está viviendo en la Iglesia chilena es una nueva manera de actuar- y por supuesto su insistencia en la “alegría” y, en su última Exhortación “Gaudete et Exsultate” (GE), el hablarnos de la santidad en lo cotidiano y en los “santos de la puerta de al lado” (GE 6-9).
Pero surgen algunas preguntas: ¿cuándo nos perdimos tanto, para que gestos tan simples y normales despierten tanta alegría? ¿qué nos había pasado en la iglesia para sorprendernos porque el Papa salude con un “Buenos días” o simplemente sonría y hable de cosas cotidianas como el futbol? ¿dónde habíamos dejado la pobreza de Belén, la cotidianidad de Nazaret, la profecía del ministerio público de Jesús? ¿qué contenido le hemos dado a la muerte y resurrección de Jesús que no la vinculamos con su compromiso histórico con los más pobres? En otras palabras, ¿qué iglesia hemos ido viviendo que lo “normal” hoy nos resulta “sorprendente” y el evangelio nos asombra?
Tal vez exagero con lo dicho anteriormente pero no es exagero que el Papa sigue sorprendiendo en positivo. Pero ahora viene lo más difícil: Y esos gestos ¿cómo están confrontando nuestra realidad eclesial? ¿por dónde está renovándose nuestra pastoral? ¿qué conversión nos está suscitando toda esta nueva realidad?

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Dar testinomio de fe en estos tiempos distintos

10.04.18 | 04:40. Archivado en Reflexiones

Vivimos en un mundo pluricultural y religioso cada vez más evidente. Por mucho que queramos evitarlo y que busquemos estadísticas y cifras para mostrar que el cristianismo sigue creciendo, no se puede negar que otras religiones también crecen y, el número de “indiferentes” –porque hoy en día no se preocupan tanto por decir sí son ateos o no- crece aún más. Entre los jóvenes, especialmente, este fenómeno es relevante. Por ejemplo, de un grupo de 40 estudiantes de una universidad católica, solo uno se confiesa católico practicante, otro se confiesa seguidor de un maestro espiritual de los “hare Krishna”, y el resto sin negar la tradición católica en que crecieron por su familia y colegio, afirman no prestar ninguna atención a lo que pasa en la institución eclesial y no estar interesados en nada que tenga que ver con la fe. Posiblemente estas cifras pueden variar en otros grupos pero sí parece ser cierto que el indiferentismo gana cada vez más espacio y la configuración de nuestro mundo cambia a pasos acelerados.
¿Cómo vivir nuestra fe en esta nueva realidad compleja, distinta, interpelante, angustiante –en ciertos sentidos- llena de “trasgresiones” como llaman algunos a todo lo que se sale de lo “correctamente” establecido y aceptado durante siglos? ¿Cuáles son los caminos más apropiados para enfrentar todo esto nuevo y desconcertante?
Para unos el camino es el de replegarse sobre sí mismos y satanizar todo lo distinto. Sienten que el mismo demonio en persona nos visita y hay que enfrentarlo a como dé lugar, sin detenerse a discernir lo que realmente es malo de lo que simplemente es diferente. Ven necesario reforzar la identidad religiosa y vuelven a asumir símbolos, tradiciones, expresiones y prácticas religiosas que creen hacen más visible y explicita la fe que profesan.

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En el tiempo de Pascua, vivir el programa del Reino

02.04.18 | 03:03. Archivado en Reflexiones

¡Cristo ha resucitado! Esta es la afirmación central de nuestra fe porque como dice San Pablo, “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, y vana también nuestra fe” (1 Cor 15,14). En otras palabras, llega el momento de la verdad: ya terminaron las celebraciones de Semana Santa y ahora queda el día a día en el que se ha de mostrar que todo lo expresado en la liturgia de esos días, tuvo sentido. Y esto no se refiere solamente a las fidelidades personales: cultivar una vida de oración, servir a los demás, mantener los principios morales que se derivan de nuestra fe, etc., sino que también implica la dimensión socio-política de la fe que con tanta urgencia hemos de vivir para comprometernos con el devenir del mundo que Dios nos ha confiado, transformándolo hacia el mayor bien para todos y todas.
La vida política es más que la participación en los comicios electorales pero también pasa por ellos. Y en Colombia estamos en tiempos de elecciones para determinar quién gobernará los próximos 4 años. Ya votamos por los congresistas y en mayo lo haremos por el presidente. ¿Cuál ha sido nuestra responsabilidad en estos procesos? La indiferencia no es propia de quien se compromete con la construcción del mundo en que vive. Es difícil involucrarse porque exige tiempo y dedicación. Además se nos ha enseñado a vivir una fe, muchas veces, con rasgos intimistas –Dios y yo- y mi beneficio personal, y pensando sólo en la alabanza y adoración dejando de lado el compromiso y la transformación social. Pero lo vivido en Semana Santa nos ayuda a cambiar esa perspectiva. A Jesús no lo matan por enseñar a rezar, ni por ser fiel cumplidor de la ley. Lo matan porque su comportamiento denunciaba la injusticia social y religiosa y sus palabras exigían un cambio real de las situaciones. No podemos hablar de que era un político porque en aquella época no tenían esa distinción de aspectos pero si era un fiel religioso que vivía en su tiempo y buscaba transformarlo.

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Vivir el Misterio Pascual con las implicaciones sociales que conlleva

26.03.18 | 06:15. Archivado en Reflexiones

Recordar los misterios centrales de nuestra fe –el Misterio pascual: muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo- permite avivar nuestra fe pero sobretodo seguir profundizando en su auténtico significado. Y esto es necesario porque con el paso del tiempo y la fuerza de la costumbre, la Semana Santa puede convertirse en una serie de ritos que se repiten sin mucha trascendencia pero, lo más grave, que van perdiendo el significado profético y cuestionador que encierran.
La muerte de Jesús no puede quedarse en la predicación sobre la necesidad de convertirnos de nuestros pecados personales sin hacer ninguna referencia a la realidad. Ni la celebración de la pascua nos puede dejar mirando “al cielo” como si participar en ella fuera algo sólo para el futuro y no una realidad que hemos de comenzar a vivir desde este presente.
Si nos situamos en la vida histórica de Jesús podemos entender que las causas de su muerte tienen que ver directamente con sus acciones, su mensaje, su fidelidad al Dios Padre y Madre a quien ama y anuncia. En tiempos de Jesús las autoridades religiosas habían constituido un sistema religioso que garantizaba que los que cumplían la ley formaban el pueblo de Dios y gozaban de las bendiciones de Yahvé: salud, dinero, bienestar. Pero los que tenían alguna desgracia -eran pobres o enfermos- sufrían la consecuencia de sus pecados o el de sus padres y por eso Dios les retiraba su bendición. Con ese esquema, los “buenos” podían despreciar a los pecadores y conscientemente buscaban no juntarse con ellos para no quedar impuros delante de Dios.

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Realizar la misión "cuerpo a cuerpo"

19.03.18 | 21:47. Archivado en Reflexiones

La misión evangelizadora de la Iglesia lleva XXI siglos, desde aquella mañana en que María Magdalena fue enviada por Jesús a anunciarle a los discípulos que Él había resucitado y que ya no había que buscarlo entre los muertos sino, precisamente, entre los vivos para que la buena noticia llegue a todos: “hasta los confines de la tierra” (Hc 1,8). Desde entonces, muchos son los modos en que la misión se ha ido realizando. Unas veces con mayor éxito, otras con imperfecciones. Unas con gran entusiasmo y generosidad, otras con poca profecía y acomodamiento a la situación. Pero siempre, el Espíritu inquietando la vida de la Iglesia y lanzándola a una renovación para que el mensaje no pierda actualidad.
¿Cómo es este tiempo que vivimos y cómo hemos de realizar la misión hoy? El Papa Francisco nos va marcando un camino que hemos de asumir con más radicalidad. Es el de la Iglesia en salida que tiene muchas más connotaciones que un simple salir a lugares apartados.
Iglesia en salida supone despojarnos del propio centramiento y abrirnos a todas las periferias geográficas y existenciales. Hemos de reconocer que el centrarse en sí mismo es una tentación muy fuerte en la que con facilidad caemos. Continuamente nos acomodamos a lo conocido. Además, si las obras apostólicas funcionan ¿para qué preguntarse si podrían funcionar de otra manera? Por eso las organizaciones se perpetúan y nuestras rutinas se hacen inamovibles. Pero se nos olvida, como dice el profeta Isaías, la imagen del misionero que ha de estar siempre en camino: “Que hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz” (52,7).

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¿Será posible una Iglesia sin clericalismo?

12.03.18 | 16:43. Archivado en Reflexiones

Cuando el Papa Francisco estuvo en Colombia en septiembre del año pasado, en su discurso a las directivas del CELAM, se refirió con contundencia al clericalismo: Primero, señalándolo como una de las tentaciones -todavía presente- de la Iglesia y mostrando que el clericalismo lleva a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se auto beneficia. Y, en el mismo discurso, dijo que es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza al laicado y empobrece la identidad de los ministros ordenados. En su viaje a Chile, en enero de este año, volvió a recordar que el clericalismo surge de esa falta de conciencia de que todos somos Pueblo de Dios y el ministro es servidor y no dueño. Por lo tanto recordó que los laicos no son peones ni empleados del clero, ni han de repetir “como loros” lo que estos dicen. El clericalismo va apagando el fuego profético que la iglesia está llamada a testimoniar en el corazón de los pueblos. Recomendó que se vele contra la tentación del clericalismo, especialmente, en los seminarios y en todo el proceso formativo. Lo que está en juego es una evangelización significativa y no la auto preservación del clero en unos mundos ideales que no tienen nada que ver con la realidad.
Estas son dos de las muchas intervenciones que el Papa ha hecho sobre el clericalismo. Pero ¿están calando esas palabras en la conciencia de nuestro clero y en el resto del Pueblo de Dios? Por parte del clero, se necesita una humildad grande para reconocer que algo de ese clericalismo les afecta. El texto de Mateo podría ayudarles mucho a buscar siempre mayor fidelidad a la vocación recibida. En ese texto Jesús critica a los escribas y fariseos: “Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan, pero no los imiten; porque dicen y no hacen (…) les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; que los salude la gente por la calle y los llamen maestros” (Mt 23, 3-7).

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8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer

03.03.18 | 22:18. Archivado en Reflexiones

Muchos se molestan cuando se vuelve a hablar del Día internacional de la mujer. Algunas mujeres dicen que no se sienten identificadas porque “no son feministas” y algunos varones dicen que ellos “no tienen la culpa de lo que le pasa a las mujeres” y que se sienten atacados por ellas. Como en todo lo humano que vivimos, la pluralidad de posturas es inevitable, unas con más conocimiento de causa pero muchas otras, fruto de una gran ignorancia. Lo cierto es que respetando algunas apreciaciones que tal vez con razón pueden hacerse, crece en el mundo la conciencia de la opresión sufrida por las mujeres por siglos, alimentada por la mentalidad patriarcal y también por las religiones y, aunque a lo largo de la historia podemos encontrar bastantes mujeres que exigieron la igualdad de derechos y lo consiguieron, todavía hoy sigue siendo una deuda pendiente a la que le falta mucho para ser saldada.
En 2017, con el lema “ni una menos, vivas nos queremos” las feministas argentinas llevaron a cabo la primera huelga global de mujeres, que se llevó a cabo en más de 70 países. Para este 2018 se ha propuesto una huelga más amplia para seguir “cambiando este mundo” porque cada vez hay más conciencia de que “nadie puede mirar al otro lado” frente a lo que falta para que a las mujeres se les concedan todos sus derechos –por eso todavía tiene que existir la reivindicación (que molestan a tantos como si no fuera evidente todo lo que falta)- y para que se acabe esa mirada sexista sobre las mujeres que ha permitido que “por el hecho de ser mujer” se les golpee, se les viole y se les mate.
Muchos aspectos podrían tratarse pero quiero decir una pequeña palabra sobre el papel que han jugado las religiones.

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Llamados/as a una conversión integral

23.02.18 | 10:52. Archivado en Reflexiones

La conversión que intentamos vivir en este tiempo de cuaresma tiene diversas dimensiones que es bueno explicitarlas. La conversión primera y fundamental es al Dios de la vida que nos sale al encuentro incansablemente y que nos invita a seguirlo. Cuaresma es tempo de ser capaces de alimentar esa amistad personal con El, cuidando del encuentro y del diálogo fecundo. Tiempo de actualizar la respuesta que un día le dimos, afirmándola de nuevo y renovando los compromisos bautismales. En otras palabras, vivir como hijos e hijas suyos, sintiéndonos familia de todos y todas.
La conversión es también conversión de todas nuestras actitudes y valores, de nuestra afectividad y de nuestros sentimientos. Esta conversión depende, en gran medida, de la amistad que tenemos con el Señor y de la fuerza que El tiene en nuestra vida. Como bien recuerda el pasaje bíblico, el que ama al Señor y se dispone a hacerle una ofrenda entiende que de nada sirve tal ofrenda si primero no está la concreción efectiva del amor: “si tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con él y después vuelve a presentar tu ofrenda” (Cf. Mt 5, 23-24). Amar a Dios y amar al prójimo van de la mano porque “nadie puede amar a Dios al que no ve si no ama al hermano al que ve” (1 Jn 4, 20).
Pero no menos importante es tener una conversión de nuestros pensamientos y comprensiones teóricas. Parece que esta conversión no fuera importante pero es bueno caer en la cuenta de todo lo que nos influyen nuestras concepciones de la realidad y nuestra manera de comprender la fe que vivimos. Cuantas discusiones se basan en las ideas diferentes que tenemos sobre una misma cosa. Aunque muchas veces se coincida en la práctica, si la teoría es distinta, se encienden acaloradas discusiones que rompen lazos y crean profundas heridas. Por esto la conversión intelectual no es una dimensión secundaria. Por el contrario, es un aspecto imprescindible ya que condiciona profundamente todas las otras dimensiones de nuestra vida.

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Cuaresma: tiempo de anunciar la Buena Nueva del Reino

18.02.18 | 21:29. Archivado en Reflexiones

Cuando a Jesús le preguntaron “por qué los fariseos y los discípulos de Juan ayunan y tus discípulos no” él respondió “porque no se puede ayunar mientras se está con el novio en las bodas” (Cf. Lc 5, 30-35). Con esas palabras Jesús mostraba que el reinado de Dios estaba llegando en Él y su presencia hacía nuevas las prácticas judías de su tiempo.
Nosotros seguimos en ese tiempo nuevo instaurado por Jesús. El está presente y nuestras prácticas han de estar impregnadas de los valores del reino y no del ritualismo en el que se ha caído tantas veces.
El ayuno cristiano no puede centrarse en dejar de comer determinados alimentos. En realidad esa práctica pierde todo su sentido, si detrás no se tiene el horizonte de la mortalidad que aún poblaciones enteras sufren porque realmente “pasan hambre”. No podemos “comer y beber” de espaldas a esa situación. El ayuno por tanto significa compromiso con la búsqueda de medios para que las necesidades básicas de todos los seres humanos estén cubiertas.
La limosna no se limita a hacer alguna obra de caridad o a una contribución en momentos puntuales. Tampoco a simplemente implementar la práctica judía del diezmo. La limosna ha de mostrar nuestra capacidad de compartir todo lo que tenemos de manera que “nadie de la comunidad pase necesidad” (Cf. Hc 4, 34). Supone desprendimiento, generosidad y entrega. Pero sobretodo descubrir el valor del compartir por encima del acaparar o asegurar. Siempre podemos dar mucho más de lo que creemos y sólo dando se descubre “la alegría del que lo vende todo para adquirir el campo” (Cf. Mt 13, 44-46).

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Miércoles de ceniza

12.02.18 | 22:31. Archivado en Reflexiones

Últimamente en Colombia ha aumentado la práctica de acudir a la imposición de la ceniza pero no siempre con el sentido que conlleva. A veces parece más un amuleto –por si acaso- que una verdadera actitud de contrición que nos disponga a la conversión que se espera tengamos en el tiempo de cuaresma. Por eso conviene revisar nuestra propia postura frente a ella.
Su imposición no va a funcionar como un escudo protector contra los peligros o una pócima de buena suerte para que nos vaya mejor. Es un signo visible de una actitud interior que nos dispone a confrontarnos con el misterio de nuestra fe para cambiar y convertirnos hacia la bondad de Dios.
Cuaresma es tiempo de conversión y de cambio. Posibilidad de abrirnos al amor de Dios y descubrir que no lo acogemos totalmente y por eso no lo transparentamos como debiéramos. Es vivir la actitud del publicano que sabe acudir al templo reconociendo sus pecados y pidiendo misericordia por ellos. Muy distinto de la actitud del fariseo que también acude al templo pero para gloriarse de sus obras: “Oh Dios te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias”. Pero conocemos el resultado de estas distintas actitudes. El evangelio de Lucas lo pone en boca de Jesús: ¨les digo que el publicano bajó justificado a su casa pero el fariseo no. Porque todo el que se ensalce, será humillado y el que se humille, será ensalzado”. Comencemos, por tanto, este tiempo de cuaresma escuchando las palabras que se pronuncian cuando nos imponen la ceniza: “Conviértete y cree en el evangelio” y busquemos hacerlas realidad. Que lo que hemos logrado hasta ahora no nos impidan ver todo lo que aún nos falta y con humildad nos dispongamos a llevarlo a la práctica.


Ante la realidad de la muerte ¿Qué es realmente lo esencial?

09.02.18 | 07:18. Archivado en Reflexiones

Muchas veces no pensamos en la muerte, asemejándonos al hombre necio del evangelio que sólo quería acumular más tesoros y agrandar sus graneros sin pensar que sus días se acabarían y nada de eso duraría para siempre (Cfr. Lc 12, 16-21). Pero a veces la muerte se nos acerca –en la muerte de amigos o familiares- y nos damos cuenta que no estamos preparados y que el dolor de la separación de los seres queridos es demasiado hondo. Es entonces cuando la pregunta por el sentido de la vida se hace evidente. Sin embargo, hasta en esos momentos, algunas personas, prefieren no pensar en esa realidad y aunque el dolor sacude y afecta, se sigue viviendo sin buscar lo “esencial” de la vida, lo que realmente vale la pena.
Pero ¿qué es lo esencial? En una visión dualista de la realidad se puede pensar que lo esencial es lo “espiritual” y que lo material no tiene valor. Pero en una visión más integral se comienza a entender que lo esencial es vivir la presencia del Espíritu en toda la realidad material. No somos espíritus desencarnados, ni somos materialidad meramente finita. Somos esa vida animada por el Espíritu que se realiza en el comer, trabajar, disfrutar, construir, transformar, soñar, desear, alcanzar, sentirse parte del universo donde todo es indispensable, valioso y necesario y todo llamado a plenificarse y a trascender.

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Miércoles, 18 de julio

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