Fe y vida

La Eucaristía dominical: fuente de renovación y compromiso

30.11.18 | 03:04. Archivado en Reflexiones, Eucaristía

Aunque existen experiencias parroquiales en las que la misa constituye una rica vivencia espiritual, a veces es difícil encontrar parroquias donde la celebración dominical anime la fe, la fortalezca, la forme y la comprometa con la realidad actual.

La Eucaristía o “fracción del pan” es “mesa compartida”, “pan que se reparte y comparte”. Pero en muchos momentos, desde la estructura exterior de los templos hasta la vivencia interior de la liturgia, no favorece esa experiencia comunitaria. ¿Cómo formar comunidad en templos tan grandes y construidos para privilegiar el lugar del que preside sin tener en cuenta –algunas veces- la participación del resto de los presentes? Es verdad que esa amplitud responde al número elevado de creyentes. Pero hoy, cuando las cosas van cambiando, se impone pensar nuevamente en todos esos aspectos.

Más importante aún, un tema que ha de “ocuparnos” y “preocuparnos” es la vivencia de la liturgia. La Eucaristía tal y como la celebramos hoy, es el fruto de muchos siglos en los que se ha ido consolidando la riqueza de experiencia que conlleva. Cada parte tiene una riqueza de significado que nos va conduciendo al culmen de la misa: la presencia eucarística y el pan compartido. Pero, en la práctica, es difícil mantener la dinámica de la celebración y el implicarse profundamente en ella. En la liturgia actual el que preside lleva casi todo el protagonismo. Los fieles tienen tan pocas intervenciones, que es fácil caer en la pasividad total. El respeto litúrgico se confunde con el silencio y la oración con la actitud pasiva de los participantes.

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