Fe y vida

Dios no necesita “defensores” sino “seguidores”

30.07.16 | 05:10. Archivado en Reflexiones

Una noticia en el 2011, hablaba de la quema del Corán -libro sagrado de los musulmanes- por el pastor Terry Jones en la Florida. Ante este hecho, los disturbios y muertes causados por musulmanes en Afganistán como represalia ante ese hecho, no se hicieron esperar. Noticias como estas y otras que tenemos en la actualidad, nos invitan a pensar en la violencia que se ejerce tantas veces en nombre de Dios. En efecto, el Pastor Jones aducía “que algunas partes del Corán si se toman literalmente llevan a la violencia y actividades terroristas, promueven el racismo y los prejuicios contra las minorías, contra cristianos y contra mujeres”. Pero, lamentablemente, él parecía no darse cuenta de la violencia que suscitó con el “juicio” que según dice, le hizo al Corán y por lo cual decidió quemarlo. Y así el espiral de violencia creció de un lado y de otro, todos creyéndose “salvadores” de Dios, cuando con certeza Él no necesita ninguna defensa y menos desea que en su nombre se produzcan tales situaciones absurdas.
Los cristianos podemos entender esa situación porque la muerte de Jesús que conmemoramos en cada Semana Santa fue fruto también de esa intolerancia religiosa. A Jesús lo matan por anunciar un Dios que no se mueve por estas pretensiones humanas de acabar con los “malos” y determinar quiénes son los “buenos”, sino por el Dios que opta por los más necesitados, que se inclina siempre a favor del más débil, que gratuitamente da su amor y gracia a todos, sin excepción. Pero los líderes religiosos de su tiempo no pudieron aguantar ese Dios que los privaba de sentirse poseedores de la verdad y les cuestionada su autoridad basada en su seguridad personal de ser garantes hasta de “Dios mismo”. Así deciden matar a Jesús. Pero ante esa violencia, Jesús no responde con más violencia. Él, como profetizó Isaías: “No clamó, no gritó, no alzó en las calles su voz. No rompió la caña quebrada, ni aplastó la mecha que estaba por apagarse” (Cfr. 42, 2-3) y bien sabemos que “fue maltratado y El se humilló y no dijo nada, fue llevado cual cordero al matadero, como una oveja que permanece muda cuando la esquilan” (53, 7).

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Ojala que prime la sensatez

22.07.16 | 01:54. Archivado en Reflexiones

Colombia atraviesa por un gran momento: poner fin a un conflicto de más de 50 años. Pero las opiniones se dividen y parece que la polarización es el camino escogido. Sin duda en todos estos procesos priman los sentimientos, los afectos, las tradiciones, los imaginarios, las creencias por encima de las razones fundamentadas y veraces. Y la fuerza de los medios de comunicación es casi irresistible. Establecen una manera de comprender la realidad que es casi imposible de rebatir. Si lo hicieran para lo bueno, ¡qué sociedad más maravillosa tendríamos! Pero casi siempre están supeditados al poder dominante y nos hacen creer lo que quieren y como quieren.
En concreto frente al plebiscito, las opiniones se dividirán entre el “sí” y el “no”, como es lógico, porque esa es la respuesta que se pedirá frente a los acuerdos firmados en La Habana. Pero aquí es donde se exige una gran dosis de apertura, de comprensión, de madurez para que prime la “sensatez”. Eso es lo mejor a lo que podemos aspirar. Y para mí, la sensatez va de la mano a darle un cambio a nuestra historia de guerra y apostar por la salida negociada. No será un tratado perfecto. Humanamente se desearía que los horrores vividos pudieran ser reparados hasta sus últimas consecuencias. Pero, según dicen expertos en resolución de conflictos internacionales, este tratado es de los mejores que se ha logrado y conlleva reparación, verdad, restitución y, por supuesto, justicia que no puede ser otra que “transicional” –especial- porque nadie se va a sentar a una mesa a dialogar para ser juzgados con la justicia ordinaria, lo que les llevaría a no tener futuro, sino una cárcel para toda la vida.

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Jóvenes e iglesia

15.07.16 | 05:50. Archivado en Acerca del autor

Los jóvenes son unas de las preocupaciones más fuertes de la Iglesia. Y esto no sólo porque están más alejados de ella sino porque su misma vida está expuesta a muchos peligros y no es fácil orientarlos en sus búsquedas hacia una vida más plena y feliz. Pero también tienen muchos valores que hoy hay que saber acompañar y promover. Los jóvenes gozan de mayores horizontes porque los medios de comunicación les acercan el mundo y sus infinitas posibilidades y ya para ellos casi todo está ahí, expuesto a su conocimiento. Lástima, claro está, que la injusticia actual hace que ese mundo sea realidad para un pequeño número de ellos y no para la mayoría, quienes solo pueden pensar que es un sueño lejano, imposible de alcanzar por las condiciones que poseen. Pero así y todo, el joven de hoy goza de mayor autonomía y es más capaz de situarse en un mundo de por sí complejo y plural. Lo que para los mayores -acostumbrados a un mundo más uniforme y establecido- era lo único normal, para los jóvenes de hoy, esto ya no es así, sino que acogen de entrada la diversidad y no le ven tanto problema a vivir simultáneamente aspectos que se creían irreconciliables. Por esto resulta difícil acercarlos a la Iglesia con un discurso monolítico y con una demonización del mundo actual. El joven necesita encontrar espacios que acojan lo que él es, lo que vive, lo que sueña. No es con la negación de la realidad actual como el evangelio de Jesús se puede anunciar sino con la verdadera inculturación que acoja lo positivo del hoy y descubra las posibilidades de futuro que tiene. La iglesia sólo podrá incluir a los jóvenes en su seno si les ofrece espacios para vivir lo complejo, lo diverso, lo distinto. Y de nosotros depende que abramos la mente y el corazón para echar el vino nuevo de la juventud en los odres nuevos de una iglesia capaz de actualizarse para acogerlos verdaderamente.


La esperanza de la paz

07.07.16 | 22:51. Archivado en Reflexiones

Colombia vive un clima de esperanza por la firma de los acuerdos de la paz. Pero ese inicio tiene todavía un camino largo y, como todos sabemos, con muchos tropiezos, entre ellos, los que parecen ser abanderados por la oposición para procesos de este tipo. Sin embargo, especialistas internacionales han manifestado la bondad de este tratado, su fortaleza y la capacidad de tener en cuenta muchos aspectos para garantizar que el acuerdo final pueda tener viabilidad. Llegar a este momento no puede hacerse sin una gran dosis de gratuidad y misericordia, sin una fe firme que se apoya en el Dios de la vida para seguir apostando por la salida dialogada y no por el vencimiento por la fuerza. Por eso es tan importante el apoyo de los cristianos a todo lo que de paso a la paz, a la vida, a la posibilidad de un nuevo comienzo. El que afirmemos que nuestro Dios es el Dios de la vida no es solamente para los buenos sino, como dice el evangelio, para los buenos y malos sobre los que Dios hace salir el sol cada día, por los que él se desvive en amor eternamente. Lógico que pueden haber retrocesos, engaños, errores, intereses creados, doble moral, como decimos. Pero sabiendo que todo eso puede pasar, nuestra fe no se ha de dejar intimidar por los temores sino, con actitud vigilante, seguir apostando por la paz. Justamente la paz es uno de los dones del resucitado. Cuando se aparece a sus discípulos así lo afirma: “Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo”, es decir, su paz que es auténtica y para siempre, no se deja abalar por las dificultades sino que sigue dándola así los seres humanos reneguemos tantas veces de los dones divinos. Su fidelidad es nuestra garantía y ha de ser la fuerza para seguir apostando por este proceso. Apoyemos pues, todos juntos, para hacer posible la paz en nuestro país.


La posibilidad de ser feliz

01.07.16 | 03:22. Archivado en Reflexiones

Hay personas que se empeñan en no ser felices y en no hacer felices a los demás. Una actitud que hace esto posible es la de ver sólo lo negativo de las cosas y no ver lo positivo. Siempre ven el vaso medio vacío en lugar de ver el vaso medio lleno. Y esto también sucede en las relaciones de amistad, de pareja, de familia. En vez de agradecer la presencia de los demás y disfrutar de todo lo bueno que tienen, nos empeñamos en ver lo malo o los errores que toda persona tiene, en sacar a la luz sus defectos, en exigir que actúen como nosotros queremos. Y mientras estamos en esto, nos perdemos la posibilidad de disfrutar la riqueza que tiene todo ser humano y del amor que nos brindan, como son, aunque no sea exactamente lo que nos gustaría.
Algunas personas dejan que pasen las horas, los días, los meses atrapados en las dificultades que tienen las relaciones y cuando menos piensan tal vez ya nunca podrán arreglarlas. El orgullo es tan ciego que prefiere sufrir a dar pasos para buscar alternativas que hagan posible la convivencia. Y no se fijan en el daño que hacen a los que les rodean. Esto pasa mucho en las parejas. Por no ser capaces de buscar caminos que hagan posible la convivencia armónica, crean una atmósfera que los hijos respiran y, creyendo que les aman, les están haciendo daño y les hacen sufrir enormemente. ¿Por qué hay tanta ceguera en el corazón humano? ¿Por qué siendo todos tan necesitados de amor, de compañía, de alegría, no somos capaces de apostar todo por el amor y dejamos que el corazón se cierre, se llene de orgullo, de rencor, de indiferencia, de soledad, de tristeza?

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Sábado, 23 de septiembre

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