Fe y vida

¿Cuál es el quinto evangelio?

25.05.17 | 02:13. Archivado en Reflexiones


Este espacio es muy corto para explicar la experiencia de fe a luz de la reflexión teológica actual. Por eso me parece importante decir algo más sobre este tema. Con Vaticano II, hemos dado un cambio bastante grande: de una lectura literal de la Sagrada Escritura hoy se nos invita a conocer los géneros literarios en que fue escrita para poder interpretarla de manera más adecuada.
La necesidad de interpretar no significa que la vida de Jesús, sus hechos y palabras, su muerte y resurrección, no fueron reales e históricas. Por supuesto que sí. Pero también significa que cuando se comunica una experiencia tan profunda y existencial como la experiencia de fe se utilizan muchos recursos para ello, incluidos los recursos lingüísticos. Para entenderlo mejor, cualquiera puede hacer el ejercicio de escribir su “historia de amor” con su novia (o), esposa (o) y, por supuesto, su historia de amor personal con el Señor. Se dará cuenta que usará muchos recursos (y tal vez le faltarán), para expresar lo mucho que la persona amada significa, lo maravillosa que esa persona es, la manera extraordinaria como todos los hechos sucedieron para que ellos se encontraran y pudieran compartir la vida. No dudo que se utilizará la poesía y muchos símbolos para intentar decir algo de esa experiencia. Las palabras resultarán cortas. Y los lectores comprenderán que no todo será exacto y biográfico, pero que es la manera que tenemos para acercarnos a la experiencia de amor de dos personas y participar, en cierta medida, de ella.

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Quédate con nosortros para alcanzar la paz

19.05.17 | 01:34. Archivado en Reflexiones

Seguimos en el tiempo de Pascua descubriendo los signos de Jesús Resucitado entre nosotros. En los Hechos de los Apóstoles Pedro así lo proclama: “Escúchenme, israelitas, les hablo de Jesús Nazareno, el hombre al que Dios acreditó ante ustedes realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis (…) lo matasteis en una cruz pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte” (Hc 2, 22-24). Es decir, nos muestra la conexión entre el actuar de Jesús, las consecuencias del mismo y la respuesta definitiva de Dios a frente a su actuar. Precisamente esa coherencia es la que nos pide el mismo Pedro en su carta: “Si llaman Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, tomen en serio su proceder en esta vida”. (1 Pe 1, 17)

¿Cómo hacer efectivas estas exhortaciones del apóstol Pedro en nuestro hoy en Colombia? ¿de qué manera ha de notarse que el Resucitado sigue vivo en medio de nosotros y nos hace ser coherentes en nuestro actuar? El evangelio de Lucas nos da una pista muy clara: el Señor resucitado camina a nuestro lado como lo hizo con los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) y, lo reconocemos “al partir el pan”, es decir, en cada experiencia de fraternidad/sororidad que hacemos efectiva en nuestra vida. Por eso trabajar por la paz está en el centro de cualquier experiencia de hermandad. Y en Colombia esta es una tarea inaplazable.

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¿Todo tiempo pasado fue mejor?

13.05.17 | 23:28. Archivado en Reflexiones

Muchos hemos nacido en países de tradición católica donde hasta hace poco tiempo, lo ordinario y lo socialmente aceptado, era ser bautizado, celebrar los sacramentos de iniciación cristiana y casarse por la Iglesia. Lo extraordinario era encontrar una persona perteneciente a otro grupo, iglesia o confesión religiosa.
Esa presencia cultural del cristianismo dio frutos muy benéficos -la fe estaba en el ambiente y la gente se sentía inmersa en esa experiencia y, en mayor o menor grado, orientaba su vida por esos principios-. Hoy nos encontramos con otra realidad: cada vez son más las personas que viven dentro de otra tradición religiosa (o sin tradición religiosa) y así constituyen sus familias, educan a sus hijos y orientan sus vidas. Ante esta constatación, algunos católicos se sienten muy desconcertados y afirman que vivimos un tiempo de crisis de fe, que se han perdido los valores, que definitivamente “todo tiempo pasado fue mejor”. Con este convencimiento buscan a toda costa cristianizar de nuevo esta sociedad secular. Esta puede ser una postura válida y respetable. Es legítimo defender lo que nos ha hecho bien y querer que el ambiente en el que vivimos vaya de acuerdo a nuestras creencias. Sin embargo, el pluralismo religioso es un hecho irreversible y se hace urgente situarnos de otra manera ante esta realidad.

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María, compañera de camino

09.05.17 | 03:53. Archivado en Reflexiones

En el mes de Mayo tenemos varios acontecimientos en torno a la mujer. Por una parte, la celebración del día de la Madre, por otra, el recuerdo de la Virgen María, especialmente, la invocación de Fátima, el 13 de Mayo. Si nos damos cuenta, la figura de la mujer y de la Virgen, están íntimamente relacionadas. Casi podríamos decir “dime qué imagen de María tienes y te diré que imagen de mujer tienes” y viceversa. Esto es normal porque el cristianismo ha permeado nuestra cultura y ha contribuido decisivamente a la formación de nuestra manera de concebir nuestras identidades femeninas y masculinas.

Hoy en día somos más conscientes de que la doctrina cristiana ha estado modelada por una perspectiva masculina porque, de hecho, sus dirigentes han sido varones y los que se han dedicado a la teología –hasta época reciente- también han sido varones, con lo cual es innegable esta influencia de lo masculino. Como consecuencia de esto, se condensó en la figura de María todo lo femenino que hacía falta en las otras instancias. Y aunque María ocupa un puesto central en la vida de la iglesia, especialmente en la religiosidad popular, esa figura de la Virgen estuvo modelada por la imagen femenina que el sistema patriarcal mantiene.

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"Demos el Primer paso" A propósito de la próxima visita de Francisco a Colombia

01.05.17 | 05:14. Archivado en Acerca del autor, Reflexiones

En el pasado mes de marzo con alegría se confirmó que el Obispo de Roma, Francisco, nos visitará del 6 al 10 de Septiembre. Esta fecha resulta muy significativa porque coincide con la Semana por la paz que, en Colombia, se celebra desde 1987 como movilización ciudadana que busca visibilizar los esfuerzos de miles de personas que a diario trabajan en la construcción de la paz y en iniciativas que dignifiquen la vida. En esa semana se celebra también la fiesta de San Pedro Claver, Patrono de los Derechos Humanos en Colombia, por su compromiso tan decidido, en su época, contra la esclavitud. Tal vez por esto, el Papa ha escogido ir a Cartagena. Estará también en Bogotá, Medellín y Villavicencio.
La Conferencia Episcopal Colombiana presentó el afiche que acompañara esta visita apostólica. En el centro del afiche está la figura del Papa en actitud caminante, queriendo expresar con esa actitud, lo que ha dicho desde el inicio de su pontificado, sobre el “salir” a vivir ese espíritu misionero que lleva a Jesús a los demás. También el afiche trae el lema: “Demos el primer paso”. Según Monseñor Fabio Suescún, coordinador de esta visita, el lema significa “dejar una situación oscura, confusa, pesimista para abrirnos a una sociedad llena de entusiasmo, de alegría que cree en sí misma y que sabe que se puede dar el paso para comenzar algo nuevo”. Es decir, confiamos que la presencia del Papa fortalezca el camino hacia la paz que hemos comenzado y que no puede volver atrás. La reconciliación que soñamos, la oportunidad de ser un país distinto después de más de cincuenta años de conflicto armado, no depende de otros, sino de nosotros. Dar el primer paso y seguir dando muchos más para que lo que parece imposible se haga realidad.

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¿Nos están cambiando la fe?

23.04.17 | 18:03. Archivado en Reflexiones


Al tratar de algunos temas de nuestra fe y explicarlos a la luz de los avances teológicos, más de una persona queda escandalizada ¿Está cambiando la fe? ¿Todo lo que nos han enseñado es mentira? ¿Por qué durante siglos nos explicaron las cosas de un manera y ahora nos dicen que no son así?

Una nueva manera de entender la fe
Es innegable que el desarrollo científico y los avances del conocimiento han revolucionado nuestra vida. De igual manera han iluminado la experiencia de fe y le han permitido un nuevo horizonte de comprensión. Esto ocurre con los textos bíblicos, por ejemplo. En una lectura literal de ellos se toman las palabras tal y como allí están escritas y se invocan como fundamento de un determinado actuar. En la medida que dichos avances han iluminado las ciencias bíblicas se ha logrado entender que toda la Sagrada Escritura es una interpretación de fe y que los relatos que nos cuenta son históricos, en cuanto son experiencia de fe vivida por la primera comunidad cristiana, pero son géneros literarios, recursos simbólicos y narraciones en cuanto comunican dicha experiencia.

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El tiempo de Pascua

20.04.17 | 03:41. Archivado en Reflexiones

El tiempo de Pascua es tiempo privilegiado para renovar nuestra experiencia de fe. No creemos en doctrinas, en leyes o en tradiciones. Creemos en el Resucitado de quien surge y se consolida cualquier doctrina, ley o tradición. Ese es el sentido correcto de la relación fe y expresión de la fe y no al revés. Porque la doctrina por ella misma puede limitar la creatividad. La ley puede convertirse en carga pesada. La tradición puede anquilosarnos en el pasado. Pero si la vitalidad proviene de la vida del Resucitado siempre habrá doctrina actualizada a los tiempos actuales, leyes al servicio del ser humano, tradiciones que nos conectan con los orígenes pero nos permiten seguir construyendo futuro. La experiencia pascual tiene, por tanto, el punto de partida en el encuentro con Jesús resucitado lo que implica relación, diálogo, dinamismo, misión, futuro. Es una fe de vida y de camino. Es una fe de apertura y no de límites. Es un kairós, es decir, una “gracia” que se nos regala y nos transforma desde dentro. La resurrección del Señor no es algo externo al creyente sino un dinamismo que vive el creyente. La llamada no es sólo a creer en el Resucitado sino a actuar como resucitados. Es decir, que el Espíritu del Señor resucitado guie y dinamice nuestra vida. Los demás podrán creer en la resurrección del Señor en la medida en que vean que actuamos con su mismo Espíritu. Por eso el tiempo de Pascua nos invita a revisar nuestro actuar y preguntarnos si a través nuestro pueden los demás descubrir a Jesús resucitado. Si está siendo efectiva esa gracia divina que se nos regala con su presencia. Por tanto, es tiempo de ahondar nuestro compromiso y mostrar que nuestra fe se traduce en obras de amor, justicia y paz en este presente que vivimos.


Pascua de Resurrección

15.04.17 | 16:23. Archivado en Reflexiones

El evangelista Juan nos relata que el primer día de la semana, fue María Magdalena muy de madrugada al sepulcro. Su amor sincero de seguimiento a Jesús le dio el valor suficiente para no huir como hicieron muchos de los discípulos después de la muerte en cruz del Maestro sino, por el contrario, ir al sepulcro donde habían llevado a Jesús para ofrendar su memoria. Pero se lleva una sorpresa inesperada: la piedra está removida y corre a contárselo a Pedro quien con el discípulo amado van y encuentran la tumba vacía. Vuelven a casa pero María Magdalena continua en aquel lugar llorando por el cuerpo del Maestro que no sabe dónde lo han puesto. Y ahí ocurre el misterio fundamental de nuestra fe: Jesús se le aparece, convirtiéndola en la primera testigo de la resurrección. María Magdalena cree que es el hortelano el que le está hablando y solo cuando Él la llama por su nombre, ella puede reconocerlo y convertirse en discípula y evangelizadora. Jesús la envía a comunicar la buena noticia a los demás, haciéndole entender que la gracia pascual es para comunicarla, porque su vida ha de llegar a todos. A partir de ahí comienza la experiencia pascual que es la razón de nuestra fe. A esa misma experiencia estamos llamados. Hemos de descubrir al resucitado en la realidad que nos rodea y comunicar la fuerza de su presencia. Donde hay muerte Él se aparece como vida. Donde hay tristeza Él se aparece como alegría. Donde hay guerra Él se aparece como paz. Pero, precisamente, este es el mensaje que hemos de anunciar para que la Buena Noticia de la resurrección alcance toda la realidad. La vida cristiana implica, por tanto, la experiencia pascual y la comunicación de esa experiencia. La vida del Resucitado es para vivirla y comunicarla. Seamos, entonces, testigos de Jesús vivo en toda circunstancia.


El Jueves Santo...

13.04.17 | 06:09. Archivado en Reflexiones

El Jueves Santo celebramos un misterio fundamental de nuestra fe: a Jesús mismo hecho Eucaristía, quedándose para siempre con nosotros, prometiéndonos alimentar nuestra fe y fortalecer nuestros pasos. Pero esa presencia viva en la Sagrada Comunión no es una realidad intimista como a veces erradamente se entiende sino una experiencia profundamente comunitaria, donde el amor fraterno es el signo y realización de la presencia eucarística entre nosotros. Así lo relatan los evangelistas: como una cena donde Jesús reparte el pan y el vino, signo de su propio cuerpo y sangre, que se parte y se reparte entre los suyos.
Y, el evangelista Juan, relata el hecho de otra manera más gráfica aún: con el lavatorio de los pies. Es decir, el amor fraterno tiene una característica muy singular: implica ese mutuo servicio entre los hermanos y hermanas, ese ponerse a los pies de los demás –no en señal de humillación- sino como gesto de servicio y amor total y desinteresado por todos, de amor al extremo como Jesús lo hace por cada ser humano.
El Señor Jesús, como Maestro y Señor, da ejemplo y nos invita a hacer lo que él hizo. En otras palabras, en el amor fraterno no hay amos y siervos, señores y sirvientes, jefes y súbditos. En el amor fraterno hay hermanos y hermanas que se disponen a lavarse los pies unos a otros porque nadie es mayor que nadie y todos están dispuestos al servicio generoso y a la entrega mutua. Desde aquel Jueves Santo está clara la dinámica de amor y servicio de la vida cristiana. Y cada Eucaristía dominical ha de llevarnos a renovar ese compromiso. Por eso, pidamos al Señor que escuchemos las palabras que nos dirige en el evangelio de Juan: “¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Porque yo les he dado ejemplo para que también ustedes hagan con los demás lo que yo he hecho con ustedes”.


Vivir el misterio pascual desde el horizonte de la misericordia

06.04.17 | 15:22. Archivado en Acerca del autor

Nos preparamos nuevamente para celebrar el misterio pascual: la muerte y resurrección de Jesús. Pero esto no lo podemos hacer al margen de la realidad concreta que vivimos. Por eso la Semana Santa no puede quedarse en el cúmulo de celebraciones litúrgicas que ocupan esos días sino que han de estar cargadas de la vida misma donde la fe se hace acto y la resurrección es la meta que esperamos.
Por eso nos preguntamos: ¿cuáles son las cruces que traemos? ¿Quiénes los crucificados de este tiempo presente? ¿cuáles las causas de estas cruces? En Colombia la construcción de la paz alienta nuestra esperanza pero no deja de estar cargada de cruces que hemos de saber llevar para superar y transformar. Implementar los “Acuerdos de Paz” no es tarea fácil. Son muchas las exigencias que supone y se necesita muy buena voluntad de todas las partes para ir poniendo en práctica lo acordado y para no detener la marcha, por muchas dificultades que surjan. Por eso esta realidad que vivimos no puede ser ajena a esta semana santa sino que, por el contrario, ha de llenar nuestras celebraciones de manera que encontremos en ellas la ocasión precisa para fortalecer este empeño por la paz y tener más confianza en que la resurrección es posible.
Pero también están todos los demás problemas en los que se juega la vida de los más pobres. Hace falta más voluntad política para que los planes de desarrollo busquen transformaciones estructurales que cambien, en primer lugar, la vida de los últimos de cada momento. Los beneficios para unos no pueden sacrificar la vida de la mayoría. Pero así, por desgracia, sucede muchas veces. Ahora bien, desde la experiencia de fe, no puede imperar la lógica de la mayor ganancia o de la eficacia por sí misma. Lo que interesa es la vida de la gente y la cruz de Jesús nos lo recuerda incesantemente.

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"Sigamos a Jesús no con palabras sino con "toda" la vida

31.03.17 | 15:59. Archivado en Acerca del autor

Nos acercamos a la Semana Santa y uno se pregunta, una vez más, cómo celebrarla para que dé fruto en nosotros e ilumine la vida de nuestros semejantes, especialmente de aquellos, que no le ven sentido a la fe que profesamos. Esto no es una tarea fácil. ¿Cómo recrear lo que vivimos año tras año, sin caer en la rutina de lo sabido y en la costumbre de lo que siempre se hace? ¿cómo entusiasmar a los demás por algo que posiblemente ya conocen pero ahora no les dice nada?
Sin duda hay que intentar muchos caminos. Pero el vivir lo que creemos –de donde brota el testimonio de vida-, siempre será un camino privilegiado para ello, porque “no es el que dice Señor, Señor, el que entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre” (Mt 7,21). En otras palabras, no es el que participa de todos los actos litúrgicos el que está cerca de Dios, sino el que lo hace vida en lo cotidiano y muestra de esa manera que no realiza un culto vacío (Cfr. Is 29,13).

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Dios no necesita "defensores" sino "seguidores"

24.03.17 | 14:39. Archivado en Reflexiones

En el 2011 se escuchó una noticia sobre la quema del Corán -libro sagrado de los musulmanes- por el pastor Terry Jones en la Florida y los consiguientes disturbios y muertes causados por musulmanes en Afganistán como represalia ante ese hecho. Esto nos invita a pensar en la violencia que se ejerce tantas veces en nombre de Dios. En efecto, el Pastor Jones aducía “que algunas partes del Corán si se toman literalmente llevan a la violencia y actividades terroristas, promueven el racismo y los prejuicios contra las minorías, contra cristianos y contra mujeres”. Pero, lamentablemente, él parece no darse cuenta de la violencia que suscitó con el “juicio” que según dice, le hizo al Corán y por lo cual decidió quemarlo. Y así el espiral de violencia creció de un lado y de otro, todos creyéndose “salvadores” de Dios, cuando con certeza Él no necesita ninguna defensa y menos desea que en su nombre se produzcan tales situaciones absurdas.
Los cristianos podemos entender esa situación porque la muerte de Jesús que conmemoramos en cada Semana Santa fue fruto también de esa intolerancia religiosa. A Jesús lo matan por anunciar un Dios que no se mueve por estas pretensiones humanas de acabar con los “malos” y determinar quiénes son los “buenos”, sino por el Dios que opta por los más necesitados, que se inclina siempre a favor del más débil, que gratuitamente da su amor y gracia a todos, sin excepción. Pero los líderes religiosos de su tiempo no pudieron aguantar ese Dios que los privaba de sentirse poseedores de la verdad y les cuestionada su autoridad basada en su seguridad personal de ser garantes hasta de “Dios mismo”. Así deciden matar a Jesús. Pero ante esa violencia, Jesús no responde con más violencia. Él, como profetizó Isaías: “No clamó, no gritó, no alzó en las calles su voz. No rompió la caña quebrada, ni aplastó la mecha que estaba por apagarse” (Cfr. 42, 2-3) y bien sabemos que “fue maltratado y El se humilló y no dijo nada, fue llevado cual cordero al matadero, como una oveja que permanece muda cuando la esquilan” (53, 7).

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Lunes, 29 de mayo

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