Fe y vida

Comenzar la renovación eclesial desde los pobres

22.09.17 | 04:22. Archivado en Reflexiones


La misión es la razón de ser de la Iglesia porque ella no vive para sí sino para anunciar a Jesucristo. Por eso, a la hora de hablar de renovación, de cambio, de conversión eclesial, no podemos hacerlo sin tener presente la finalidad a la que tendemos, el para qué de esta renovación. En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco señala con claridad, que el cambio es para que la iglesia “se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (n.27). Y esto es importante aclararlo porque si no se ve el para qué, no se genera ningún cambio o se realiza en la dirección equivocada.
Más aún, hoy vivimos un momento en que es difícil ver la urgencia de un cambio eclesial porque la Iglesia tiene –por lo pronto- un lugar asegurado en la sociedad. Territorialmente tiene posesiones, bien sea por sus obras apostólicas o por la identidad católica que constituye a países como el nuestro. Está presente en instancias oficiales y su voz es escuchada. Además, en el Pueblo de Dios hay la ambivalencia de querer cambios y no estar de acuerdo con muchas cosas pero, al mismo tiempo, permanecer en una mentalidad acrítica que sin darse cuenta, mantiene la realidad eclesial como está porque, de alguna manera, la iglesia le “sirve” para tener esa relación con Dios, que en cierta forma, todos buscamos. Todo esto puede llevar a trabajar por la “autopreservación” -como dice la Exhortación-, buscando mantener lo que tiene y/o recuperando espacios perdidos, pero no “sacudiéndose” profundamente para “que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en cauce adecuado para la evangelización del mundo actual”.

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La hermenéutica o interpretación del texto bíblico

15.09.17 | 14:56. Archivado en Reflexiones


Como se ha dicho tantas veces, la Palabra de Dios requiere ser interpretada para poderla entender en su contexto, no haciéndole decir lo que no dice, y develando todo el mensaje profético que encierra. Esto no es propio de la Biblia sino de toda realidad humana porque dependiendo del tiempo, del lugar, de las circunstancias, todo toma un significado propio que necesitamos indagar bien, para evitar malos entendidos. Basta tomar como ejemplo, las sorpresas que nos llevamos cuando vamos de una región de Colombia a otra, o de un país a otro y vemos cómo las mismas palabras significan distinto y las costumbres obvias en un lugar son, muchas veces, totalmente diferentes en otros.
Pues bien, la tarea de interpretar la realidad y, por lo tanto, la Sagrada Escritura, supone mucha dedicación, esfuerzo e interés. Esta tarea se llama “hermenéutica”, palabra tomada del Dios griego Hermes, experto en el arte de interpretar los misterios ocultos. La teología se considera una ciencia hermenéutica porque su tarea es interpretar la revelación divina presente en la historia, en los signos de los tiempos y consignada, de modo privilegiado, en la Sagrada Escritura. Continuamente, por tanto, hay que preguntarse qué significa ese texto, en qué contexto se escribió, a qué situación respondía, cómo se entendían las palabras y los ejemplos usados en el texto sagrado en el tiempo que se escribieron, etc. Además, hoy en día también se está hablando de “hermenéutica de la sospecha” o de la “hermenéutica de la experiencia” o de la “hermenéutica de la imaginación” o “hermenéutica del recuerdo” y, de muchas otras clases de hermenéutica, que a veces sorprenden a quienes escuchan esos términos y hasta “escandalizan” porque cómo vamos a “sospechar” de la interpretación del texto sagrado hecha por personas que se consideran autoridad eclesiástica.

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El Papa en Cartagena: "Esclavos de la paz para siempre"

11.09.17 | 04:35. Archivado en Reflexiones


Último día del Papa Francisco en Colombia y sus palabras siguieron igual de claras o “más claras” que todas las dichas a lo largo de su viaje. Lo primero, sus “actos”. Su entrada a la “ciudad amurallada” –orgullo turístico de los colombianos- la hizo por los lugares más pobres, aquellos que no se muestran a los turistas y de los que nadie se ocupa. San Francisco, un barrio sin transporte público, donde viven más de 8000 personas, la mayoría afrodescendientes, sumidas en la pobreza y el abandono de la administración pública. Pero allí brota la esperanza en obras sociales auspiciadas por la Arquidiócesis, como las que el Papa fue a visitar: El programa “Thalita Cum (que en arameo significa: niña, a ti te digo, levántate), obra que quiere proteger a las niñas de caer en la prostitución o ser víctimas de la trata de personas y la “Misión María revive” que busca construir casas para los habitantes de la calle. El Papa bendijo la primera piedra para estas obras.
En ese barrio le ocurrió el pequeño accidente en el que se golpeó el rostro. Creo que no le interesó mucho porque él sabe que cuando se vive “la iglesia en salida en las periferias” eso y mucho más puede pasar. Podría haber pasado en cualquier otro lugar, por supuesto, pero no es de extrañar que en un barrio de calles estrechas y con toda la gente volcada con tanta sencillez en las calles, un frenazo a destiempo, fuera lo más posible que ocurriera.
Y en ese barrio también entró a la casa de Doña Lorenza Pérez, humilde mujer que alimenta a más de 100 niños de escasos recursos de su comunidad. Así relató ella lo que ocurrió en ese encuentro. “me agarro de la mano, me abrazó fuerte, me dio un beso en la mejilla y me estrechó la mano fuerte y me dijo: usted vale mucho doña Lorenza”.
Posteriormente se dirigió a la Iglesia San Pedro Claver donde rezó el Ángelus, introduciéndolo con las preocupaciones que lleva en su corazón: los pobres que sufren exclusión y de los que Pedro Claver fue verdadero defensor. Pidió por la situación venezolana haciendo un llamado a rechazar todo tipo de violencia e invitando a buscar una solución a la grave crisis que afecta a todos pero, especialmente, a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad.

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El Papa Francisco en Medellín: un cambio real en la vida de la iglesia

10.09.17 | 07:01. Archivado en Reflexiones


Hay mucho debate en sí el Papa cambia la doctrina o mantiene la continuidad con el magisterio anterior. Los expertos dicen que no cambia la doctrina. Los más tradicionalistas dicen que sí y “se rasgan las vestiduras” (en secreto, muchas veces, para no desentonar porque es sabido que siempre se ha respetado el magisterio pontificio) y los que desde siempre han vivido con esa inquietud profética de que la iglesia podría parecerse más a la iglesia de Jesús, no debaten si cambia o no la doctrina pero si se sienten muy alegres al oír al Papa y al verlo actuar porque su presencia trae otro estilo de Iglesia, trae otra manera de situarse ante el mundo, invita a otra forma de ser y de juzgar, de actuar y de comprometerse.
Francisco habla muy claro pero no es de extrañar que muchos quieran mantener oídos sordos. El Papa dice todo lo contrario de lo que muchos jerarcas y católicos han enfatizado por décadas. En lugar de hablar de la “pureza” de la doctrina, de los ritos, de las tradiciones, se dedica a decir que en la iglesia han de caber TODOS porque la iglesia no es una aduana que impide la entrada a nadie. Además afirma que la rigidez, las seguridades y los apegos –a lo que se cree es la ley de Dios- no es de Dios. Todo esto constituye un cambio real en la manera como algunos jerarcas y no pocos laicos viven la predicación, las actitudes y las costumbres en la iglesia.

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Papa Francisco en Villavicencio: La necesaria e inaplazable “reconciliación” en Colombia

09.09.17 | 15:10. Archivado en Reflexiones


El tercer día de Francisco en Colombia comenzó encontrándose con las fuerzas armadas y la policía en el aeropuerto militar CATAM donde abordaría el avión para trasladarse a Villavicencio. A ellos les agradeció “lo que han hecho y lo que hacen por la paz poniendo en juego la vida” y les expresó su deseo de que “ojalá puedan ver consolidada la paz en este país que se lo merece”.
Llegado a la región llanera celebró la misa en Catama con unas 600.000 personas presentes. Se destacó en el evento, la ropa blanca que usaron la mayoría de los asistentes, la presencia de las comunidades indígenas que rodearon el Papa y le dieron sus regalos autóctonos y todo el ambiente alegre y festivo al ritmo de música llanera mostrando la pujanza y valentía de esa tierra tan bellamente bendecida por Dios con su naturaleza exuberante.
La celebración de la Eucaristía inició con la beatificación del obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, asesinado por el ELN en 1989 y la del sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, conocido como “el cura de Armero” masacrado en este municipio tolimense en 1948.
En la Homilía el papa volvió a clamar por la reconciliación con Dios, con los colombianos y con la creación. Partiendo de la festividad que se celebra este día (8 de septiembre: el nacimiento de la Virgen María) el Papa invitó a ver en María “la iniciativa amorosa, tierna, compasiva, del amor con que Dios se inclina hasta nosotros y nos llama a una maravillosa alianza con Él que nada ni nadie puede romper”. Se centró después en la lectura de Mateo que relata la genealogía de Jesús según Mateo haciendo caer en cuenta que la historia de salvación es “una historia viva, historia de un pueblo con Dios caminando (…) no es una salvación aséptica, de laboratorio, sino concreta, de vida que camina”. Y en esa historia la “mención de las mujeres –ninguna de las aludidas en la genealogía tiene la jerarquía de las grandes mujeres del Antiguo Testamento- nos permite un acercamiento especial: son ellas, en la genealogía, las que anuncian que por las venas de Jesús corre sangre pagana, las que recuerdan historias de postergación y sometimiento”. Y a partir de esas palabras aprovecha para denunciar los estilos patriarcales y machistas que oprimen a las mujeres pero, a su vez, la capacidad que ellas han mostrado a lo largo de la historia para cambiarla y abrir nuevos caminos. Y la historia de José frente al embarazo de María es contracultural y capaz de defender la dignidad de María por encima de cualquier otra normatividad que pudiera existir en su tiempo.

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Papa Francisco en Bogotá: La paz, la cultura del encuentro y la vida para todos

08.09.17 | 21:23. Archivado en Reflexiones


El segundo día del Papa en Colombia fue intenso, como lo serán todos los que siguen. Inició con las palabras dirigidas a las autoridades colombianas en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño. De ahí se desplazó a la catedral primada donde rezó frente a la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia. Después, recibió de manos del Alcalde las llaves de la ciudad. Se dirigió a los jóvenes reunidos en la Plaza de Bolívar desde el balcón del Palacio cardenalicio. Allí mismo se reunió con los obispos. En la tarde se encontró con la presidencia del CELAM y, más tarde, celebró la Eucaristía en el parque Simón Bolívar a la que acudieron más de un millón de personas, finalizando con el regreso a la nunciatura en cuya puerta tuvo otro encuentro con un grupo de jóvenes que le ofrecieron su canto y su danza, junto con unas palabras que fueron muy bien acogidas por el pontífice.
Imposible resumir en este espacio la riqueza de cada una de las palabras y de los gestos del Papa. Cada discurso merecería un comentario largo y detallado. Por ahora basta decir que sin duda el Papa muestra con todos sus actos el lugar desde el que habla, los énfasis que sostiene, la visión de Dios, de Iglesia, de misión que tiene y de lo que quiere hablar una y otra vez, “a tiempo y a destiempo” como dice la segunda carta a Timoteo (4,2).
El Papa lleva en su corazón a los pobres. Y esto, no por su propio gusto, sino porque ellos son el corazón del evangelio. De ahí que en el discurso en la casa de Nariño, después de insistir en el tema fundamental que atraviesa nuestro país – la paz y la reconciliación- pide que por favor “escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, y de dignidad. Porque ellos, que entre cadenas gimen, sí que comprenden las palabras del que murió en la cruz —como dice la letra de vuestro himno nacional—“. Animó también “a poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados”

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Multitudinario recibimiento de los colombianos a Francisco

07.09.17 | 14:38. Archivado en Reflexiones


Como estaba previsto, el Papa llegó a Bogotá a las 4:30 p.m., y fue recibido por miles de colombianos que cubrieron todo el trayecto papal desde el aeropuerto hasta la Nunciatura. Se cumplieron todos los protocolos pero, por la personalidad que el Papa ha mostrado en todo su pontificado, cada momento resultó lleno de calor humano, de fiesta, de alegría, de la Colombia que en realidad somos, la de una juventud con esperanza y alegría pero que tiene que afrontar muchos obstáculos para conseguir sus sueños, la de unas víctimas del conflicto armado que nos ha marcado por más de 50 años pero capaces de mantener la esperanza y la de ese pueblo creyente que no le importa gastar muchas horas esperando al Papa porque sabe que su presencia aviva la fe e invita a construir la paz y la reconciliación que tanto necesitamos.
Después de saludar al presidente y a su esposa, el Papa recibió de manos de Emanuel -quien nació en cautiverio cuando su madre, Clara Rojas, estaba secuestrada por la guerrilla-, una paloma de la paz. Así quedaba explicito que este viaje papal es inseparable de su deseo de afianzar la paz “estable y duradera” en este país.
Al caluroso recibimiento de todos los que estaban en el aeropuerto, el Papa respondió, en un primer momento, levantando el dedo pulgar. Pequeño gesto que duro segundos, pero que mostró esa espontaneidad de Francisco en todo lo que hace y dice. Saludando a los soldados heridos en combate fue llamativa la atención que el Papa prestaba a cada uno. Por eso, cuando el soldado profesional Juan José Florián Valencia, víctima de un artefacto explosivo que le quito sus dos brazos y una de sus piernas, se acercó a saludarlo, el Papa inmediatamente vio que no tenía brazos y le dio un caluroso abrazo. Gesto que, sin duda, vale más que mil palabras.

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Llegó la tan esperada visita del Papa

06.09.17 | 04:33. Archivado en Reflexiones


En pocas horas Francisco embarca rumbo a Colombia.Ya conocemos las ciudades que el Papa visitará y los actos que en cada una de ellas se realizarán. Tal vez podamos participar de algunos presencialmente o siguiendo las transmisiones que se harán por los medios de comunicación. Pero lo más importante es preguntarnos qué está significado este pontificado para la vida de la iglesia y para nuestra propia vida.
Cada pontificado trae su huella y sus prioridades y este, por supuesto, también las trae. Y se pueden nombrar muchas cosas que han venido con el Papa Francisco pero tal vez se puedan resumir en que con él se está dando una vuelta a “lo esencial” del evangelio. El Papa Francisco nos habla continuamente de la alegría, la sencillez, la misericordia, la realidad social y, en ella, especialmente destaca la preocupación por la suerte de los más pobres; nos habla también de la urgencia de una “Iglesia pobre y para los pobres”, de la “economía que mata” –refiriéndose al sistema económico imperante en el mundo hoy cuyo único valor es la ganancia y no el garantizar la vida humana-, de la crisis ambiental, cuyos efectos afectan especialmente a los más pobres, del amor a la familia pero desde un horizonte de “acompañar, discernir e integrar la fragilidad” (Amoris Laetitia) y, en definitiva, de una fe que se compromete con este presente y busca responder a sus desafíos.
Con Francisco se desbloquearon procesos como la beatificación de Monseñor Romero, que no había podido prosperar por prejuicios frente a su compromiso social, se ha podido volver a hablar de la teología de la liberación o de la teología del pueblo sin miedo a ser puesto bajo la mira de la censura eclesiástica, se recuperó la expresión “Pueblo de Dios”, tan central en la eclesiología de Vaticano II, acallada en las últimas décadas, se comenzó a hablar del diaconado de las mujeres y se va buscando –lento como todo cambio de estructuras lo es- una renovación del colegio cardenalicio y de las congregaciones de la curia vaticana. No han faltado esfuerzos por purificar las finanzas de la Iglesia y por llamar a todos sus miembros a una vida más austera y por mantener la política de “cero tolerancia” en pecados/delitos tan graves como la pedofilia.

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La fiesta de la Transverberación de Santa Teresa

26.08.17 | 15:17. Archivado en Acerca del autor, Reflexiones


Tal vez para muchos es desconocida la fiesta teresiana, llamada la “transverberación de Santa Teresa”, que se celebra el 26 de agosto. Se refiere a la experiencia mística que la santa tuvo y que la describió con la imagen de un pequeño ángel que lanzaba un dardo encendido de amor a su corazón y ella quedaba “toda abrasada en amor grande de Dios”. Fue una experiencia intensa que marcó toda su vida y la hizo entregase por entero a la vocación a la que fue llamada. En otras palabras, comunión de amor, apertura total a la gracia divina que la fue trasformando enteramente en “Teresa de Jesús”, como bien lo expresaba su nombre. Ahora bien, estas experiencias místicas no ocurren todos los días pero no porque se traten de fenómenos extraordinarios sino porque dejarse tomar por la gracia divina, abrirse a su acción y seguir incondicionalmente el llamado que recibimos, supone mucha disposición interior. Muchas veces nos hace falta ese deseo profundo de conocerle más, de seguir los llamados al compromiso que tantas veces sentimos en el corazón pero que no escuchamos porque cerramos el corazón al clamor por la justicia y la paz que la situación actual nos reclama. Pero el amor de Dios está ahí dispuesto a abrazarnos. A colmarnos. A derramarse en nuestros corazones como dice la carta a los Romanos (5,5). Él nos amó primero y sigue amándonos incondicionalmente. Y los santos nos dan testimonio de ello y su vida nos invita a participar de esa misma experiencia. Recordar por tanto esta fiesta teresiana es la oportunidad de reconocernos profundamente amados por nuestro Dios y, precisamente, porque Él nos ama, disponernos a amar a los que nos rodean. Así la cercanía de nuestro Dios se hace real en nuestra vida y, a través nuestro, puede llegar a muchos otros. De esa manera en el mundo podrá haber más experiencia del amor de Dios, traducido en paz, justicia y fraternidad.

Foto tomada de: http://www.udg.mx/sites/default/files/u31/el-extasis-de-santa-teresa.jpg


¿Espiritualidad o Compromiso social?

22.08.17 | 03:39. Archivado en Reflexiones

La vida cristiana se debate, muchas veces, entre dos polos. Por una parte, se hace énfasis en la necesidad de ahondar en la vida interior, en la oración, en la celebración de los sacramentos, en las experiencias de interiorización, reflexión, encuentro consigo mismo y con Dios. Por otra parte, se reconoce la necesidad de dar un testimonio creíble de la fe que se profesa, siendo capaz de comprometerse con las realidades más difíciles que vivimos. La mayoría de personas tal vez está de acuerdo en la necesidad de mantener la tensión dialéctica entre esos dos polos, aunque no faltan los que se inclinan por un aspecto y descuidan el otro.
Sin embargo, no basta mantener la tensión entre los dos aspectos. Es preciso ahondar en qué consiste cada uno y cuál es más cercano al evangelio de Jesús. No toda interioridad nos acerca a Jesucristo, no todo compromiso social responde a transformaciones con saber a evangelio donde se incluyan a todos los seres humanos y se favorezca la dignidad de cada persona, según el querer de Dios.
En lo que se refiere a la interioridad, hagamos las siguientes reflexiones. Todos aquellas prácticas, técnicas o ejercicios que nos dan armonía, relax, concentración, conciencia corporal, flexibilidad o que nos introducen en el silencio, en el descanso, en la propia interioridad, sin duda, son buenas y vale la pena practicarlas. La pregunta es, si esto por sí mismo, realiza el encuentro con el Señor Jesús, centro y razón de nuestra fe. La respuesta, en primera instancia, es que todos estos medios han de ser disposiciones, ayudas, medios para la experiencia profunda de fe. Pero no pueden confundirse. Más aún, a veces pueden “confundirnos”. El conseguir relajación corporal, silencio de los sentidos, no es exactamente una experiencia de fe. El encuentro con el Señor da consolación y alegría –como se dice en algunas espiritualidades- pero también desinstala, compromete, renueva, ensancha el corazón y la mirada, hace crecer en el amor, nos transforma en personas no solamente más equilibradas psicológicamente –resultado de muchas terapias- sino, especialmente, en personas más capaces de amar y de disponernos al servicio y entrega a los demás.

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La asunción de María y la esperanza cristiana

15.08.17 | 03:30. Archivado en Reflexiones

La fiesta de la Asunción de la Virgen María que celebramos el 15 de agosto nos invita a reflexionar sobre varios aspectos que iluminan la vida cristiana. En primer lugar, es una fiesta de la esperanza cristiana. En María reconocemos que el don escatológico, la comunión definitiva con Dios, ya se ha dado en una de las “nuestras”. Es decir, María ser humano como nosotros, ya goza de la esperanza escatológica, ya ha sido introducida en la vida divina a la que aspiramos.
Pero no sólo esto. Toda su humanidad -como dice el dogma- “fue elevada a la gloria celestial en cuerpo y alma”. Es decir, no es la parte “espiritual” de María la que goza de la eternidad, sino toda su humanidad, todo lo que fue en esta tierra, toda ella, íntegramente. En este aspecto hemos de tener en cuenta que algunas antropologías que se han formulado para la comprensión del ser humano han adolecido de un dualismo que nos llevó a despreciar la parte corporal, finita y a valorar solamente lo espiritual. Pero hoy sabemos que dichas antropologías no corresponden a la integralidad de lo humano ni a la propuesta cristiana. Es todo nuestro ser el que está llamado a la santidad y por tanto el cuerpo es bueno y es, en esta historia, con lo que somos, que podemos vivir el encuentro con Dios que se consumará definitivamente en la eternidad. Esta fiesta por tanto nos invita a recordar que hemos de salvarnos integralmente y que la vida futura que esperamos no es de nuestra alma sino de todo lo que somos, sentimos, vivimos, deseamos, amamos. Todo nuestro ser llamado a la esperanza escatológica. Es en cierto sentido, una reivindicación de lo humano y un compromiso por vivir la vida cristiana en todas las dimensiones de nuestra realidad personal.

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Apostémosle a la fuerza del perdón

10.08.17 | 23:40. Archivado en Reflexiones

Mucho se habla del perdón para poder superar el conflicto que vivimos en Colombia. Y es que sin perdón no se puede vislumbrar un futuro posible. Lógicamente, es difícil perdonar porque hay situaciones que resultan tan dolorosas que pensar en el perdón en esas experiencias, supondría “perdonar lo imperdonable”. Pero es precisamente esa situación límite, la que confronta con la posibilidad o no del perdón y la urgencia de que se haga realidad.
El perdón ha de alcanzar al victimario y transformarlo. Algunas veces sucede así. Por lo menos es lo que uno imagina en la tan conocida parábola del Hijo prodigo (Lc 15, 11-32), cuando el Padre misericordioso acoge al Hijo que lo ha ofendido hasta el extremo –pedir la herencia al Padre, en ese contexto, suponía desearle la muerte-. El pasaje parece mostrar que el Hijo se arrepiente ya no sólo por la necesidad “deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos pero nadie se las daba”, sino por ese amor infinito de su Padre cuando llega, que en lugar de tratarlo como a un jornalero –ero lo máximo a lo que aspiraba el hijo- organiza una fiesta en su honor y restituye su dignidad vistiéndolo con las mejores ropas, calzándolo y poniendo el anillo en su mano.

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Sábado, 23 de septiembre

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