Fe y vida

Llamados/as a una conversión integral

23.02.18 | 10:52. Archivado en Reflexiones

La conversión que intentamos vivir en este tiempo de cuaresma tiene diversas dimensiones que es bueno explicitarlas. La conversión primera y fundamental es al Dios de la vida que nos sale al encuentro incansablemente y que nos invita a seguirlo. Cuaresma es tempo de ser capaces de alimentar esa amistad personal con El, cuidando del encuentro y del diálogo fecundo. Tiempo de actualizar la respuesta que un día le dimos, afirmándola de nuevo y renovando los compromisos bautismales. En otras palabras, vivir como hijos e hijas suyos, sintiéndonos familia de todos y todas.
La conversión es también conversión de todas nuestras actitudes y valores, de nuestra afectividad y de nuestros sentimientos. Esta conversión depende, en gran medida, de la amistad que tenemos con el Señor y de la fuerza que El tiene en nuestra vida. Como bien recuerda el pasaje bíblico, el que ama al Señor y se dispone a hacerle una ofrenda entiende que de nada sirve tal ofrenda si primero no está la concreción efectiva del amor: “si tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con él y después vuelve a presentar tu ofrenda” (Cf. Mt 5, 23-24). Amar a Dios y amar al prójimo van de la mano porque “nadie puede amar a Dios al que no ve si no ama al hermano al que ve” (1 Jn 4, 20).
Pero no menos importante es tener una conversión de nuestros pensamientos y comprensiones teóricas. Parece que esta conversión no fuera importante pero es bueno caer en la cuenta de todo lo que nos influyen nuestras concepciones de la realidad y nuestra manera de comprender la fe que vivimos. Cuantas discusiones se basan en las ideas diferentes que tenemos sobre una misma cosa. Aunque muchas veces se coincida en la práctica, si la teoría es distinta, se encienden acaloradas discusiones que rompen lazos y crean profundas heridas. Por esto la conversión intelectual no es una dimensión secundaria. Por el contrario, es un aspecto imprescindible ya que condiciona profundamente todas las otras dimensiones de nuestra vida.

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Cuaresma: tiempo de anunciar la Buena Nueva del Reino

18.02.18 | 21:29. Archivado en Reflexiones

Cuando a Jesús le preguntaron “por qué los fariseos y los discípulos de Juan ayunan y tus discípulos no” él respondió “porque no se puede ayunar mientras se está con el novio en las bodas” (Cf. Lc 5, 30-35). Con esas palabras Jesús mostraba que el reinado de Dios estaba llegando en Él y su presencia hacía nuevas las prácticas judías de su tiempo.
Nosotros seguimos en ese tiempo nuevo instaurado por Jesús. El está presente y nuestras prácticas han de estar impregnadas de los valores del reino y no del ritualismo en el que se ha caído tantas veces.
El ayuno cristiano no puede centrarse en dejar de comer determinados alimentos. En realidad esa práctica pierde todo su sentido, si detrás no se tiene el horizonte de la mortalidad que aún poblaciones enteras sufren porque realmente “pasan hambre”. No podemos “comer y beber” de espaldas a esa situación. El ayuno por tanto significa compromiso con la búsqueda de medios para que las necesidades básicas de todos los seres humanos estén cubiertas.
La limosna no se limita a hacer alguna obra de caridad o a una contribución en momentos puntuales. Tampoco a simplemente implementar la práctica judía del diezmo. La limosna ha de mostrar nuestra capacidad de compartir todo lo que tenemos de manera que “nadie de la comunidad pase necesidad” (Cf. Hc 4, 34). Supone desprendimiento, generosidad y entrega. Pero sobretodo descubrir el valor del compartir por encima del acaparar o asegurar. Siempre podemos dar mucho más de lo que creemos y sólo dando se descubre “la alegría del que lo vende todo para adquirir el campo” (Cf. Mt 13, 44-46).

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Miércoles de ceniza

12.02.18 | 22:31. Archivado en Reflexiones

Últimamente en Colombia ha aumentado la práctica de acudir a la imposición de la ceniza pero no siempre con el sentido que conlleva. A veces parece más un amuleto –por si acaso- que una verdadera actitud de contrición que nos disponga a la conversión que se espera tengamos en el tiempo de cuaresma. Por eso conviene revisar nuestra propia postura frente a ella.
Su imposición no va a funcionar como un escudo protector contra los peligros o una pócima de buena suerte para que nos vaya mejor. Es un signo visible de una actitud interior que nos dispone a confrontarnos con el misterio de nuestra fe para cambiar y convertirnos hacia la bondad de Dios.
Cuaresma es tiempo de conversión y de cambio. Posibilidad de abrirnos al amor de Dios y descubrir que no lo acogemos totalmente y por eso no lo transparentamos como debiéramos. Es vivir la actitud del publicano que sabe acudir al templo reconociendo sus pecados y pidiendo misericordia por ellos. Muy distinto de la actitud del fariseo que también acude al templo pero para gloriarse de sus obras: “Oh Dios te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias”. Pero conocemos el resultado de estas distintas actitudes. El evangelio de Lucas lo pone en boca de Jesús: ¨les digo que el publicano bajó justificado a su casa pero el fariseo no. Porque todo el que se ensalce, será humillado y el que se humille, será ensalzado”. Comencemos, por tanto, este tiempo de cuaresma escuchando las palabras que se pronuncian cuando nos imponen la ceniza: “Conviértete y cree en el evangelio” y busquemos hacerlas realidad. Que lo que hemos logrado hasta ahora no nos impidan ver todo lo que aún nos falta y con humildad nos dispongamos a llevarlo a la práctica.


Ante la realidad de la muerte ¿Qué es realmente lo esencial?

09.02.18 | 07:18. Archivado en Reflexiones

Muchas veces no pensamos en la muerte, asemejándonos al hombre necio del evangelio que sólo quería acumular más tesoros y agrandar sus graneros sin pensar que sus días se acabarían y nada de eso duraría para siempre (Cfr. Lc 12, 16-21). Pero a veces la muerte se nos acerca –en la muerte de amigos o familiares- y nos damos cuenta que no estamos preparados y que el dolor de la separación de los seres queridos es demasiado hondo. Es entonces cuando la pregunta por el sentido de la vida se hace evidente. Sin embargo, hasta en esos momentos, algunas personas, prefieren no pensar en esa realidad y aunque el dolor sacude y afecta, se sigue viviendo sin buscar lo “esencial” de la vida, lo que realmente vale la pena.
Pero ¿qué es lo esencial? En una visión dualista de la realidad se puede pensar que lo esencial es lo “espiritual” y que lo material no tiene valor. Pero en una visión más integral se comienza a entender que lo esencial es vivir la presencia del Espíritu en toda la realidad material. No somos espíritus desencarnados, ni somos materialidad meramente finita. Somos esa vida animada por el Espíritu que se realiza en el comer, trabajar, disfrutar, construir, transformar, soñar, desear, alcanzar, sentirse parte del universo donde todo es indispensable, valioso y necesario y todo llamado a plenificarse y a trascender.

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La fe y la experiencia cristiana

02.02.18 | 15:17. Archivado en Reflexiones

Ser cristiano/a es una experiencia que se ha de renovar cada día porque la fe no es algo adquirido de una vez para siempre, como si fuera una cosa que se compra y ya nos pertenece- sino que supone una relación de encuentro personal con Dios y, como tal, ha de cuidarse, alimentarse, hacerla crecer y velar porque no pierda su lozanía y frescura cada día.
Por tanto, la fe es un don y no lo adquirimos por nuestras fuerzas. Es el don de ser llamados a la existencia por el mismo Dios y de ser sostenidos cada día por su gracia. Es ser sus hijos/as, obra de sus manos –como dice el Salmo 139-. Pero también, la fe es la respuesta que damos a ese don, respuesta que va creciendo en la medida que libremente le acogemos y nos disponemos al seguimiento de Jesús.
Ese movimiento del don recibido y la respuesta que se da, constituye el corazón de la vida cristiana. Eso sí, la supremacía siempre será de parte de Dios pero nuestra respuesta es definitiva porque Él, por encima de todo, respeta nuestra libertad y no nos obliga a nada que no nazca de lo más profundo de nuestro propio corazón.
Pero ¿cómo alimentar la fe y mantener su vitalidad? ¿cómo hacerla crecer y fructificar? No hay recetas para esto porque los caminos de Dios son inabarcables. Pero si hay actitudes que ayudan en la vida cristiana y, los santos/as y las personas de fe que nos han precedido en este camino, nos han mostrado los frutos que de ellas se desprenden.

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Francisco en Perú: “Unidos en la esperanza”

22.01.18 | 00:38. Archivado en Reflexiones


Esperanza es lo que despierta Francisco y no ha sido menos en su viaje a Perú. El lema ya lo decía todo pero cada acto y palabra del Papa lo confirmaron. Situado en el corazón de la Amazonía, una vez más puso en primer plano un desafío actual: el cuidado de la casa común pero en el horizonte de una ecología integral, es decir, devolviendo la dignidad a los pueblos originarios que por siglos han sido invisibilizados, explotados, violentados, a quienes se les quiso robar su cultura y su sabiduría ancestral pero a los que hoy el Papa llama: “auténticos y primeros interlocutores” de cualquier decisión que se tome en las tierras que les pertenecen. Por eso, el encuentro con los pueblos originarios en Puerto Maldonado fue muy conmovedor. Ellos exigieron sus derechos y con sus trajes, bailes y lenguas propias, defendieron su dignidad y afirmaron que no están dispuestos a dejársela quitar una vez más. Y el Papa apoyó esas peticiones proclamando la defensa de la vida, de la tierra y de las culturas. Más aún, la lectura de algunos extractos de la Laudato Si en lenguas autóctonas, mostraba esas palabras proféticas que trae la encíclica y que van en perfecta consonancia con la urgencia de liberación que actualmente tiene no solo la creación sino todos los pobres, entre ellos, los pueblos indígenas. En otras palabras, el Papa apoyó incondicionalmente la pluralidad eclesial abogando por una iglesia con rostro amazónico e indígena y señaló el Sínodo de Amazonía del 2019 como momento privilegiado para que todo eso pueda ser realidad.
Dirigiéndose a la población de esa misma región Francisco fue enfático: “Ustedes no son tierra de nadie. Esta tierra tiene nombres, tiene rostros: ustedes”. Y evocó a María como madre lo cual los hace hijos, familia, comunidad. Con la Virgen no desaparecen los problemas pero ella fortalece para enfrentarlos. El Papa denuncia que “algunos quieren volver esa tierra anónima, un lugar para comercializar y explotar”, como consecuencia lógica de la cultura del descarte que quiere tratar a la creación y a las personas con la lógica del uso irracional para aprovecharse y dejarlas luego como “inservibles”. Se refirió también a la trata de personas y algo aún más grave: esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual y esclavitud del lucro. Por todo esto el Papa les animó a seguir organizándose en movimientos y comunidades de todo tipo para superar las situaciones que los agobian. Y esto, porque la salvación no es abstracta sino concreta. Dios mira personas concretas, rostros e historias concretas. De ahí la necesidad de amar la tierra, sentirla suya, enamorarse de ella para cuidarla y preservarla para sus hijos. A los jóvenes del Hogar El principito les invitó a no renunciar a sus sueños, no contentarse con ser “vagón de cola”, sino motor que empuje una historia nueva para ellos. Preservar sus tradiciones y desde ellas seguir construyendo un mundo para todos y todas.

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El papa Francisco en Chile: Dignidad, perdón, justicia, unidad

19.01.18 | 16:12. Archivado en Reflexiones


No es fácil decir una palabra sobre este viaje porque no es lo mismo estar presente a simplemente leer sus mensajes y ver una que otra noticia por televisión. Además no se participa del “sentir” del pueblo chileno porque no se conoce la situación de primera mano. Sin embargo, no se puede ser ajeno a lo que pasa en los países hermanos y también interesa lo que hace y dice Francisco porque Él ha despertado una esperanza de cambio en la iglesia y hablar de esto puede ayudar a que pueda ser posible.
De nuevo Francisco muestra esa “otra manera” de ser Papa. Rompe protocolos, habla de la realidad y no de la “doctrina”, expresa afecto y cercanía, interpela, cuestiona, invita, anima, despierta esperanza y entusiasmo. En Chile esto no parecía ser fácil. La iglesia chilena ha sido muy afectada por los abusos de algunos clérigos y la gente reclama una acción contundente frente a esto. En este aspecto parece que los logros no fueron suficientes. Aunque el papa pidió perdón por esa realidad en su discurso a las autoridades –“Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”- al final defendió al Obispo Barros profundamente cuestionado por encubrimiento de esa situación. El Papa debe tener razón pero a una porción del Pueblo de Dios le duele esta situación y tal vez otro tipo de respuesta hubiera sido más sanadora. El tiempo lo dirá.
Ahora bien, todos los mensajes del Papa (con las autoridades; en la misa en Santiago; con las reclusas; en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as y seminaristas; con los obispos; en la misa en Temuco; con los jóvenes; en la Universidad Católica de Chile y en la misa en Iquique) continúan alentando la esperanza y comprometiendo el caminar eclesial en la línea de la misericordia, del compromiso con los más pobres, del trabajo por la justicia, la vivencia de ser Pueblo de Dios –libres de clericalismo-, la valoración de los pueblos originarios y de la palabra audaz y propositiva de los jóvenes.

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¿Qué nos espera en este 2018?

15.01.18 | 01:22. Archivado en Reflexiones

Es importante comenzar el año con mucha esperanza, con mucho amor, con mucha fe porque cada día que Dios nos regala es un don ¡realmente gratis! Don que es bueno agradecer, acoger y potenciar lo que más podamos. En efecto, aunque muchas circunstancias difíciles no las podemos evitar porque nos llegan de fuera, nuestra actitud hacia ellas, hará que se conviertan en fuente de vida y aprendizaje o en obstáculo y sufrimiento. De cada uno dependerá, en mucho, lo positivo que podamos cosechar durante este año.
Mirando hacia los meses que siguen, nos esperan muchos acontecimientos. A nivel político las elecciones legislativas y presidenciales en Colombia. No podemos estar ajenos a ellas porque de nuestra participación dependerá el futuro. A veces se cree que se es cristiano porque se reza mucho pero se olvida la dimensión política de nuestra fe. En ella se juega la solidaridad, la justicia, el bien común que se supone vivimos por nuestra opción creyente. Por tanto, es muy grande nuestra responsabilidad. Ojala la vivamos a fondo discerniendo muy bien los programas políticos que nos proponen, votando por aquellos que más favorezcan el bien común –especialmente el de los más pobres-, y sin dejarnos engañar por esa “posverdad” que se volvió el móvil de las campañas y que solo coapta nuestros miedos para hacernos votar por quienes buscan sus intereses personales y no la vida digna para todos y todas.
A nivel eclesial, tal vez el acontecimiento más significativo serán los 50 años de la Conferencia de Medellín. Providencialmente esta celebración coincide con el pontificado de Francisco, quien ha vuelto a “revivir y actualizar” el camino de la Iglesia latinoamericana trazado desde aquel entonces, pero tan lleno de tropiezos, incomprensiones y hasta persecuciones a lo largo de estos años. La conocida frase del Papa Francisco “quiero una Iglesia pobre y para los pobres” (Evangelii Gaudium 198) ya había sido pronunciada por Juan XXIII al inicio del Concilio Vaticano II pero sin demasiada repercusión y fue la Conferencia de Medellín –verdadero aterrizaje del Vaticano II en este Continente- la que se sintió llamada a ser una iglesia de los pobres, capaz de sentir compasión por ellos y trabajar por su liberación. Consecuentemente, la opción por los pobres se gestó en esa conferencia y denunció la miseria que margina a grandes grupos humanos, esa miseria que como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo (Medellín, Justicia 1).

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Discernimiento para ser libres

06.01.18 | 15:33. Archivado en Reflexiones

Ante la multitud de ofertas que nos trae la vida es muy importante aprender a discernir para optar por algunas y ser responsable de las opciones hechas. Y si se es persona de fe, discernir supone -además de la conveniencia personal y social-, hacerlo en el horizonte del amor incondicional a Dios y a los hermanos, propio de quien dice tener fe.
Pero ¿qué es discernir? Hay una larga tradición en algunas espiritualidades sobre el discernimiento. La espiritualidad ignaciana, por ejemplo, señala el discernimiento como medio de “buscar y hallar la voluntad de Dios” en nuestra vida. Los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio van en esa línea de descubrir a Dios como “principio y fundamento” de la vida para orientarla hacia el querer de Dios. Pero esto no es exclusivo de esta espiritualidad ni siempre se pueden hacer ejercicios espirituales para discernir. Hay que aprender a captar la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida y secundarla con lo mejor que cada uno tiene.
¿Cuál es la voluntad de Dios sobre mi vida? ¿Sobre la vida de cada mujer y varón en particular? ¿dónde se escucha ese querer de Dios? La voluntad de Dios no es un deseo particular de Dios sobre una persona y menos, como a veces se ha entendido, un deseo que exige nuestro sacrificio, renuncia o negación, para poder secundar eso que Dios nos pide. En realidad la voluntad de Dios sobre sus creaturas es que seamos felices descubriendo el origen amoroso del que procedemos –su mismo amor creador- y la llamada a la comunión definitiva con Él saboreada y vivida en el amor concreto y real que vivimos a cada momento.
No hay un plan de Dios “predeterminado” sobre nuestra vida. Sí así fuera, no contaría nuestra libertad y hubiéramos sido hechos como marionetas para realizar lo que ya estaba escrito. Por el contrario, Dios nos regaló el don de ser libres y creativos, únicos e irrepetibles, responsables por nuestro destino, llamados a realizar lo mejor que cada uno es y tiene. Por eso cuando nos disponemos a escuchar la voluntad de Dios sobre nuestra vida, en realidad, lo que hacemos es disponernos a dejarle ser en nosotros, a que su amor nos inunde y transforme, nos guíe en cada momento para escoger lo que Él escogería en una situación semejante y a amar lo que Él ama.

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Llego el 2018: Nueva oportunidad para ser mejores

01.01.18 | 01:36. Archivado en Reflexiones

Llega el 2018 y con él un nuevo horizonte para vivir. No porque mágicamente el paso de una noche cambie las cosas pero si porque psicológicamente el calendario nos marca finales y comienzos y esto nos invita a tener perspectivas distintas, a creer que es posible un nuevo comienzo. ¿Qué podemos proyectar para este nuevo año? A nivel externo dependemos de muchas variables que no están absolutamente en nuestras manos y, por tanto, no podemos cambiar fácilmente. Pero eso no significa que no seamos participantes activos de todos los procesos sociales, culturales, económicos o religiosos que traiga el nuevo año. La vida cristiana no es ajena a la historia que vivimos y nuestra fe “encarnada” no puede menos que comprometerse y responsabilizarse de cada momento que se nos presente. A nivel interno tenemos mucha más responsabilidad porque está en nuestras manos hacer de nosotros mismos las mejores personas que podamos. Cultivar valores positivos: optimismo, alegría, confianza, ánimo, todo aquello que mira con positividad la vida y saca los mejores resultados de todo lo que vivimos. Cultivar también las relaciones humanas con toda la dificultad que entrañan. Todos querríamos tener las mejores relaciones con la mayor cantidad de personas y, sin embargo, eso no siempre es posible porque la relación es de dos y se necesita el mutuo consentimiento. Pero nadie impide que se mire a todos con benevolencia y compasión y que se valore lo positivo que todo ser humano tiene. La disposición al diálogo, siempre abre puertas y posibilita encuentros. Buscar liberarnos de nuestros egoísmos y búsquedas personales. Alegrarnos por tantos dones recibidos y saber superar las dificultades pendientes. Contemplar la naturaleza y agradecer su belleza. Dejarnos invadir por el misterio de la creación y disponernos a cuidarla como verdadera casa común sin la cual no es posible la existencia. Un nuevo año es una nueva oportunidad para ser mejores. Que sepamos aprovecharla.


Y Dios acampó entre nosotros

23.12.17 | 18:14. Archivado en Reflexiones

Este es el misterio de la Navidad. Dios mismo se hace ser humano y planta su tienda entre nosotros. Pero ¿cómo mostrar que es así? acaso ¿alguien ha visto al Señor? ¿no es una leyenda, un mito, un deseo? En realidad no se puede “demostrar” ese misterio de nuestra fe pero si se puede “mostrar” a través de los frutos que produce y por el testimonio de aquellos que lo vivieron.
Hace 21 siglos en un pequeño pueblo de Israel un grupo de personas comenzaron a predicar que el reino de Dios había llegado con Jesús. Reino que no fue acogido por los contemporáneos y por eso mataron a Jesús y persiguieron a sus seguidores. Pero muy por encima de lo previsto, después de la muerte, estas personas testimoniaron que Jesús había resucitado y les fortalecía para ser sus testigos hasta los confines de la tierra.
Esa experiencia contada por los evangelistas y, concretamente por Lucas, se remonta a los orígenes de Jesús y deja consignado por escrito los pasajes del nacimiento e infancia de Jesús, mostrando que Dios, se hizo ser humano, compartiendo nuestra suerte y destino.
El relato de navidad es muy gráfico: no hay lugar para ellos en el mesón y así el Niño nace en un pesebre, no es acogido por las autoridades del pueblo pero los más humildes, los pastores, si escuchan el anuncio del ángel, van a reconocer esta presencia divina y de esa manera sencilla y escondida, llega la salvación al mundo y se ofrece a todos los que quieren acogerla. Hoy de nuevo la salvación se ofrece y Dios sigue naciendo: en el corazón de los creyentes y en la oferta de vida para todos los que buscan el bien y la verdad. Y se hace presente, ya no en un pesebre sino en miles de rostros, especialmente, los de los más pobres. Que podamos vivir la navidad y veamos al Dios que camina con nosotros y le amemos en todos los que nos rodean.


Navidad: agradecer el 2017 y disponernos al 2018

16.12.17 | 03:36. Archivado en Reflexiones

Termina el 2017 y podríamos hacer la larga lista de los acontecimientos vividos. Recordemos algunos que, desde la experiencia de fe, marcaron nuestra vivencia. El primero, la visita del Obispo de Roma con la alegría y entusiasmo que suscitó no solo entre católicos sino en gran parte del pueblo colombiano. Esa visita ya la hemos comentado en estas páginas. Sin embargo, no sobra decir de nuevo una palabra que ayude a no perder esa experiencia. ¿Cómo podemos mantener en el tiempo los gestos y pronunciamientos del Papa Francisco que tanto bien nos hicieron? No hay otra alternativa: hacerlos vida en nuestro día a día, empeñándonos, en dar testimonio de ellos. Podríamos resumirlo así: seguir trabajando por la paz y ponernos del lado de los más pobres a la hora de tomar una decisión que afecte el bien común. Recordemos que esto fue lo que el Papa le dijo a las autoridades colombianas: “Escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes”. Y eso mismo les dijo a los obispos: “hospédense en la humildad de su gente y escuchen su despojada humanidad que brama por la dignidad que solo el Resucitado puede dar”.
Otro acontecimiento que tal vez vivimos con menos intensidad, fue la celebración de los 500 años de la Reforma protestante. El 31 de octubre se cerró el año de conmemoración con una declaración conjunta entre católicos y luteranos en la cual pidieron perdón por las ofensas mutuas desde el inicio de la Reforma hasta ahora. Así mismo celebraron los esfuerzos por vivir el ecumenismo desde hace 50 años, cuando con Vaticano II se abrieron las puertas para ello. Desde entonces ha sido real el diálogo ecuménico a partir de celebraciones conjuntas, colaboraciones solidarias y acuerdos teológicos. Desde esa experiencia, los acontecimientos que llevaron a la ruptura en el siglo XVI, se ven con otra perspectiva, favoreciendo la comunión más que la separación.

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Viernes, 23 de febrero

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