Fe y vida

¿Nos están cambiando la fe?

23.04.17 | 18:03. Archivado en Reflexiones


Al tratar de algunos temas de nuestra fe y explicarlos a la luz de los avances teológicos, más de una persona queda escandalizada ¿Está cambiando la fe? ¿Todo lo que nos han enseñado es mentira? ¿Por qué durante siglos nos explicaron las cosas de un manera y ahora nos dicen que no son así?

Una nueva manera de entender la fe
Es innegable que el desarrollo científico y los avances del conocimiento han revolucionado nuestra vida. De igual manera han iluminado la experiencia de fe y le han permitido un nuevo horizonte de comprensión. Esto ocurre con los textos bíblicos, por ejemplo. En una lectura literal de ellos se toman las palabras tal y como allí están escritas y se invocan como fundamento de un determinado actuar. En la medida que dichos avances han iluminado las ciencias bíblicas se ha logrado entender que toda la Sagrada Escritura es una interpretación de fe y que los relatos que nos cuenta son históricos, en cuanto son experiencia de fe vivida por la primera comunidad cristiana, pero son géneros literarios, recursos simbólicos y narraciones en cuanto comunican dicha experiencia.

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El tiempo de Pascua

20.04.17 | 03:41. Archivado en Reflexiones

El tiempo de Pascua es tiempo privilegiado para renovar nuestra experiencia de fe. No creemos en doctrinas, en leyes o en tradiciones. Creemos en el Resucitado de quien surge y se consolida cualquier doctrina, ley o tradición. Ese es el sentido correcto de la relación fe y expresión de la fe y no al revés. Porque la doctrina por ella misma puede limitar la creatividad. La ley puede convertirse en carga pesada. La tradición puede anquilosarnos en el pasado. Pero si la vitalidad proviene de la vida del Resucitado siempre habrá doctrina actualizada a los tiempos actuales, leyes al servicio del ser humano, tradiciones que nos conectan con los orígenes pero nos permiten seguir construyendo futuro. La experiencia pascual tiene, por tanto, el punto de partida en el encuentro con Jesús resucitado lo que implica relación, diálogo, dinamismo, misión, futuro. Es una fe de vida y de camino. Es una fe de apertura y no de límites. Es un kairós, es decir, una “gracia” que se nos regala y nos transforma desde dentro. La resurrección del Señor no es algo externo al creyente sino un dinamismo que vive el creyente. La llamada no es sólo a creer en el Resucitado sino a actuar como resucitados. Es decir, que el Espíritu del Señor resucitado guie y dinamice nuestra vida. Los demás podrán creer en la resurrección del Señor en la medida en que vean que actuamos con su mismo Espíritu. Por eso el tiempo de Pascua nos invita a revisar nuestro actuar y preguntarnos si a través nuestro pueden los demás descubrir a Jesús resucitado. Si está siendo efectiva esa gracia divina que se nos regala con su presencia. Por tanto, es tiempo de ahondar nuestro compromiso y mostrar que nuestra fe se traduce en obras de amor, justicia y paz en este presente que vivimos.


Pascua de Resurrección

15.04.17 | 16:23. Archivado en Reflexiones

El evangelista Juan nos relata que el primer día de la semana, fue María Magdalena muy de madrugada al sepulcro. Su amor sincero de seguimiento a Jesús le dio el valor suficiente para no huir como hicieron muchos de los discípulos después de la muerte en cruz del Maestro sino, por el contrario, ir al sepulcro donde habían llevado a Jesús para ofrendar su memoria. Pero se lleva una sorpresa inesperada: la piedra está removida y corre a contárselo a Pedro quien con el discípulo amado van y encuentran la tumba vacía. Vuelven a casa pero María Magdalena continua en aquel lugar llorando por el cuerpo del Maestro que no sabe dónde lo han puesto. Y ahí ocurre el misterio fundamental de nuestra fe: Jesús se le aparece, convirtiéndola en la primera testigo de la resurrección. María Magdalena cree que es el hortelano el que le está hablando y solo cuando Él la llama por su nombre, ella puede reconocerlo y convertirse en discípula y evangelizadora. Jesús la envía a comunicar la buena noticia a los demás, haciéndole entender que la gracia pascual es para comunicarla, porque su vida ha de llegar a todos. A partir de ahí comienza la experiencia pascual que es la razón de nuestra fe. A esa misma experiencia estamos llamados. Hemos de descubrir al resucitado en la realidad que nos rodea y comunicar la fuerza de su presencia. Donde hay muerte Él se aparece como vida. Donde hay tristeza Él se aparece como alegría. Donde hay guerra Él se aparece como paz. Pero, precisamente, este es el mensaje que hemos de anunciar para que la Buena Noticia de la resurrección alcance toda la realidad. La vida cristiana implica, por tanto, la experiencia pascual y la comunicación de esa experiencia. La vida del Resucitado es para vivirla y comunicarla. Seamos, entonces, testigos de Jesús vivo en toda circunstancia.


El Jueves Santo...

13.04.17 | 06:09. Archivado en Reflexiones

El Jueves Santo celebramos un misterio fundamental de nuestra fe: a Jesús mismo hecho Eucaristía, quedándose para siempre con nosotros, prometiéndonos alimentar nuestra fe y fortalecer nuestros pasos. Pero esa presencia viva en la Sagrada Comunión no es una realidad intimista como a veces erradamente se entiende sino una experiencia profundamente comunitaria, donde el amor fraterno es el signo y realización de la presencia eucarística entre nosotros. Así lo relatan los evangelistas: como una cena donde Jesús reparte el pan y el vino, signo de su propio cuerpo y sangre, que se parte y se reparte entre los suyos.
Y, el evangelista Juan, relata el hecho de otra manera más gráfica aún: con el lavatorio de los pies. Es decir, el amor fraterno tiene una característica muy singular: implica ese mutuo servicio entre los hermanos y hermanas, ese ponerse a los pies de los demás –no en señal de humillación- sino como gesto de servicio y amor total y desinteresado por todos, de amor al extremo como Jesús lo hace por cada ser humano.
El Señor Jesús, como Maestro y Señor, da ejemplo y nos invita a hacer lo que él hizo. En otras palabras, en el amor fraterno no hay amos y siervos, señores y sirvientes, jefes y súbditos. En el amor fraterno hay hermanos y hermanas que se disponen a lavarse los pies unos a otros porque nadie es mayor que nadie y todos están dispuestos al servicio generoso y a la entrega mutua. Desde aquel Jueves Santo está clara la dinámica de amor y servicio de la vida cristiana. Y cada Eucaristía dominical ha de llevarnos a renovar ese compromiso. Por eso, pidamos al Señor que escuchemos las palabras que nos dirige en el evangelio de Juan: “¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Porque yo les he dado ejemplo para que también ustedes hagan con los demás lo que yo he hecho con ustedes”.


Vivir el misterio pascual desde el horizonte de la misericordia

06.04.17 | 15:22. Archivado en Acerca del autor

Nos preparamos nuevamente para celebrar el misterio pascual: la muerte y resurrección de Jesús. Pero esto no lo podemos hacer al margen de la realidad concreta que vivimos. Por eso la Semana Santa no puede quedarse en el cúmulo de celebraciones litúrgicas que ocupan esos días sino que han de estar cargadas de la vida misma donde la fe se hace acto y la resurrección es la meta que esperamos.
Por eso nos preguntamos: ¿cuáles son las cruces que traemos? ¿Quiénes los crucificados de este tiempo presente? ¿cuáles las causas de estas cruces? En Colombia la construcción de la paz alienta nuestra esperanza pero no deja de estar cargada de cruces que hemos de saber llevar para superar y transformar. Implementar los “Acuerdos de Paz” no es tarea fácil. Son muchas las exigencias que supone y se necesita muy buena voluntad de todas las partes para ir poniendo en práctica lo acordado y para no detener la marcha, por muchas dificultades que surjan. Por eso esta realidad que vivimos no puede ser ajena a esta semana santa sino que, por el contrario, ha de llenar nuestras celebraciones de manera que encontremos en ellas la ocasión precisa para fortalecer este empeño por la paz y tener más confianza en que la resurrección es posible.
Pero también están todos los demás problemas en los que se juega la vida de los más pobres. Hace falta más voluntad política para que los planes de desarrollo busquen transformaciones estructurales que cambien, en primer lugar, la vida de los últimos de cada momento. Los beneficios para unos no pueden sacrificar la vida de la mayoría. Pero así, por desgracia, sucede muchas veces. Ahora bien, desde la experiencia de fe, no puede imperar la lógica de la mayor ganancia o de la eficacia por sí misma. Lo que interesa es la vida de la gente y la cruz de Jesús nos lo recuerda incesantemente.

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"Sigamos a Jesús no con palabras sino con "toda" la vida

31.03.17 | 15:59. Archivado en Acerca del autor

Nos acercamos a la Semana Santa y uno se pregunta, una vez más, cómo celebrarla para que dé fruto en nosotros e ilumine la vida de nuestros semejantes, especialmente de aquellos, que no le ven sentido a la fe que profesamos. Esto no es una tarea fácil. ¿Cómo recrear lo que vivimos año tras año, sin caer en la rutina de lo sabido y en la costumbre de lo que siempre se hace? ¿cómo entusiasmar a los demás por algo que posiblemente ya conocen pero ahora no les dice nada?
Sin duda hay que intentar muchos caminos. Pero el vivir lo que creemos –de donde brota el testimonio de vida-, siempre será un camino privilegiado para ello, porque “no es el que dice Señor, Señor, el que entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre” (Mt 7,21). En otras palabras, no es el que participa de todos los actos litúrgicos el que está cerca de Dios, sino el que lo hace vida en lo cotidiano y muestra de esa manera que no realiza un culto vacío (Cfr. Is 29,13).

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Dios no necesita "defensores" sino "seguidores"

24.03.17 | 14:39. Archivado en Reflexiones

En el 2011 se escuchó una noticia sobre la quema del Corán -libro sagrado de los musulmanes- por el pastor Terry Jones en la Florida y los consiguientes disturbios y muertes causados por musulmanes en Afganistán como represalia ante ese hecho. Esto nos invita a pensar en la violencia que se ejerce tantas veces en nombre de Dios. En efecto, el Pastor Jones aducía “que algunas partes del Corán si se toman literalmente llevan a la violencia y actividades terroristas, promueven el racismo y los prejuicios contra las minorías, contra cristianos y contra mujeres”. Pero, lamentablemente, él parece no darse cuenta de la violencia que suscitó con el “juicio” que según dice, le hizo al Corán y por lo cual decidió quemarlo. Y así el espiral de violencia creció de un lado y de otro, todos creyéndose “salvadores” de Dios, cuando con certeza Él no necesita ninguna defensa y menos desea que en su nombre se produzcan tales situaciones absurdas.
Los cristianos podemos entender esa situación porque la muerte de Jesús que conmemoramos en cada Semana Santa fue fruto también de esa intolerancia religiosa. A Jesús lo matan por anunciar un Dios que no se mueve por estas pretensiones humanas de acabar con los “malos” y determinar quiénes son los “buenos”, sino por el Dios que opta por los más necesitados, que se inclina siempre a favor del más débil, que gratuitamente da su amor y gracia a todos, sin excepción. Pero los líderes religiosos de su tiempo no pudieron aguantar ese Dios que los privaba de sentirse poseedores de la verdad y les cuestionada su autoridad basada en su seguridad personal de ser garantes hasta de “Dios mismo”. Así deciden matar a Jesús. Pero ante esa violencia, Jesús no responde con más violencia. Él, como profetizó Isaías: “No clamó, no gritó, no alzó en las calles su voz. No rompió la caña quebrada, ni aplastó la mecha que estaba por apagarse” (Cfr. 42, 2-3) y bien sabemos que “fue maltratado y El se humilló y no dijo nada, fue llevado cual cordero al matadero, como una oveja que permanece muda cuando la esquilan” (53, 7).

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Busquen primero el reino de Dios

17.03.17 | 15:45. Archivado en Reflexiones

Hemos hablado en varias ocasiones de entender bien el mensaje de la Sagrada Escritura y hoy reflexionaremos sobre un conocido versículo que invocamos muchas veces, en la Misa, antes de la lectura del evangelio. Me refiero al texto de Mateo: “Busquen primero el reino y la justicia de Dios y todas esas cosas vendrán por añadidura” (6, 33). “Esas cosas” a las que se refiere este pasaje según lo que dice el mismo texto, versículos antes, son las preocupaciones básicas para una vida digna tales como el comer, el beber, el vestido, y no las “riquezas y lujos” que, en la situación de pobreza que vive nuestro mundo, constituyen un escándalo y contradicción con nuestro ser cristiano (Documento de Puebla, 28).
Sin embargo, en más de una ocasión he escuchado a personas aplicarse a sí mismas este pasaje porque entienden por “reino” el ser muy “piadoso”, es decir, rezar mucho, frecuentar los sacramentos, invocar el nombre de Dios muchas veces al día, y, como ellas se perciben así, se sienten seguras de estar “buscando el reino”. Pero ahí no acaba todo. Concluyen que las riquezas que poseen –que generalmente son bastantes - son la bendición que Dios les da por esa fe tan grande que tienen (esto, sin duda, remite fácilmente al fariseo del evangelio que podía gloriarse ante Dios por no ser como el publicano -Lc 18,9-14 y hace pensar por qué será que Dios no bendice a tantos pobres que lo invocan continuamente…).

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Derribar los muros y tender puentes

11.03.17 | 02:38. Archivado en Reflexiones

Una de las noticias más preocupantes que se escucharon una vez asumió el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, fue su decisión de construir un muro en la frontera con México. Fue una de sus consignas de campaña y no tardó en ponerla en práctica. Cuesta creer que haya inmigrantes –ya con sus papeles en regla en Estados Unidos- que apoyen endurecer las leyes para otras personas que están pasando por las situaciones que ellos ya vivieron. Lógicamente no fueron sólo estos los que votaron por el presidente. También lo hicieron muchos norteamericanos de clase media que quieren recuperar su poder adquisitivo y, por supuesto, todos aquellos que no miden las consecuencias globales de lo que implican determinadas promesas porque solo se fijan en su bien particular o inmediato.
Pero desde otro contexto, no es la primera vez que con la construcción de muros se intenta “aparentemente” solucionar problemas. Por ejemplo, en Rio de Janeiro en el 2009, se comenzó a construir un muro en las favelas (barrios de invasión) para evitar, según el gobierno, que se expandieran por la ciudad y afectarán el bosque nativo aunque, en realidad, fue una forma de ocultar el drama social que vive Brasil: un país con tanta riqueza y, al mismo tiempo, con tantos pobres.
El Papa Francisco, al inicio de su pontificado, dijo que “el cristiano no levanta muros sino que construye puentes” (8-05-2013) y, más recientemente, que debemos derribar los muros que nos dividen y construir puentes que permitan disminuir las desigualdades, que aumenten el bienestar, la libertad y los derechos, porque “a mayores derechos, mayor libertad” (11-11-2016).

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Día Internacional de la mujer

07.03.17 | 03:10. Archivado en Reflexiones

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Pero es una conmemoración mal entendida en algunos contextos. Se cree que es para regalar a las mujeres dulces y flores y, en verdad, hasta algunas de ellas se sienten halagadas con eso. No se duda de la buena voluntad de los varones al tener ese tipo de detalles o de las empresas al mandar algún regalo a sus empleadas ese día. Pero con eso se constata que el significado de esta conmemoración no se ha entendido suficientemente. Por eso no sobra intentar explicitar, una vez más, su sentido. Lo que se pretende conmemorar es la lucha que se ha tenido que hacer para que las mujeres puedan ser reconocidas en igualdad de derechos que los varones. Y esa lucha no ha sido fácil hasta el día de hoy. Todavía, en algunos lugares, no es verdad que las mujeres ganen el mismo salario que los varones realizando el mismo trabajo. Tampoco se ha alcanzado que las tareas del hogar sean responsabilidad compartida donde no se diga a modo de alabanza que el esposo “ayuda” mucho en la casa. ¡No! las tareas que hace el varón no han de ser ayuda, son su responsabilidad en la tarea común que la pareja comparte. Todavía no es verdad que todos los varones se hayan comprometido con superar esa desigualdad que sufren las mujeres. Para ellos e incluso para algunas mujeres, aquellas que trabajan por conseguir esa igualdad son mujeres desadaptadas o incomodas, que han perdido su feminidad. ¿Cuál feminidad? ¿la de mantener la desigualdad y el estereotipo de mujer que solo vive para el servicio de los varones? Y qué decir de los feminicidios y la violencia de género que todavía tantas mujeres sufren. No sólo física sino también psicológica. En fin, los hechos se podrían multiplicar indefinidamente. Pero lo que interesa resaltar es que el Día Internacional de la Mujer ha de llevarnos –a todos en la sociedad- a examinar nuestro compromiso con erradicar toda violencia contra las mujeres y toda desigualdad que se base en el hecho de ser mujeres. Y esto, tanto social como eclesialmente. No es una moda pasajera. Tampoco es un asunto de mujeres y menos de mujeres desadaptadas. Es una exigencia ética que cobija a todos en la sociedad y en la Iglesia.


Cuaresma: tiempo de seguir tras de Aquel que ya nos dio alcance (Fp 3,12)

25.02.17 | 05:13. Archivado en Reflexiones

Ya entramos en tiempo de Cuaresma, tiempo propicio para crecer en nuestra fe, para renovar el seguimiento, para fortalecer la entrega, en otras palabras, para revitalizar la vida cristiana.
La vida cristiana es una vida de fe. Esto supone que nos abrimos a acoger el misterio absoluto de nuestro Dios, no con las certezas de quien puede probar los fundamentos de sus creencias sino con la confianza del que se ha sentido llamado y responde con generosidad y riesgo. La vida cristiana es una aventura de amistad y la amistad sólo es posible por la fe. Ésta es la que mantiene la llama del amor encendida en los momentos de más dificultad, en los dolores y pérdidas que no dejan de acompañar el caminar humano. Pero la fe es también la que permite gozar del encuentro gratuito y sosegado con el Dios de la vida a través de la naturaleza, en el hecho de existir, en su Palabra, en todos los dones que recibimos y en los hermanos y hermanas -especialmente en los más pobres y necesitados- que comparten con nosotros esta casa común.
La vida cristiana es una vida de seguimiento. En la espiritualidad de décadas pasadas se habló mucho de la “imitación” de Cristo como paradigma de vida cristiana. En los últimos tiempos se habla más de “seguimiento” para recuperar lo esencial de la vocación cristiana que supone discernir las mejores respuestas para los desafíos de cada tiempo presente. Las circunstancias de la época de Jesús son diferentes a las nuestras pero las respuestas de fe son igualmente válidas para este momento actual. Hoy nosotros tenemos que ser ese Jesús que sigue “sintiendo compasión por el dolor de la gente, agobiada por nuevas y complejas situaciones y que no pasa de largo sino que atiende a todos en su realidad concreta” (Cf. Mc 6, 34ss).

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La teología en tiempos de Francisco. Encuentro Iberoamericano de Teología

15.02.17 | 09:34. Archivado en Acerca del autor

Para todos es un hecho que el pontificado de Francisco está interpelando la manera de pensar y actuar en la Iglesia y esto no es ajeno a la teología. Con este propósito se realizó el “Primer encuentro iberoamericano de Teología: El presente y el futuro de una teología iberoamericana inculturada en tiempos de globalización, interculturalidad y exclusión”, auspiciado por Boston College Escuela de Teología y Ministerio, del pasado 6 al 10 de Febrero, en Boston (EEUU).

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Lunes, 24 de abril

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