Faustino Vilabrille

Difuntos, no. Vivos. Te doy mi cuerpo por un euro

30.10.18 | 18:38. Archivado en Opinión

No creo en las oraciones, ni en las misas, ni en el purgatorio ni en ese Dios que espera que le llegue una oración o una Misa para sacar a alguien de ese lugar de sufrimiento que no puede existir, porque es contrario al Dios Verdadero. Por eso rezar por los difuntos es una ofensa a Dios. Porque ni ellos ni Dios nos piden oraciones, ni misas por los “difuntos”, pues están en sus manos. Eso es un “negocio” que hemos inventado nosotros, pues Jesús dice: “deja a los muertos enterrar a sus muertos: tu vete a anunciar el Reino de Dios” (Evangelio de Lucas 9,60).
Por el contrario, sí que nos piden a gritos que: pongamos pan en la boca del hambriento, agua en la lengua del sediento, ropa en el cuerpo del que tiene frío, cuidado en el que está enfermo, acogida en el inmigrante, compañía en el encarcelado; que pongamos justicia donde hay injusticia, igualdad donde hay desigualdad, amor donde hay odio, aprecio donde hay desprecio, vida donde hay muerte, paz donde hay guerra, cercanía donde hay lejanía, perdón donde hay odio, vida donde hay muerte, pan donde hay hambre, agua donde hay sed, salud donde hay enfermedad, abrigo donde hay frío, alegría donde hay tristeza, compañía donde hay soledad, rescate donde hay esclavitud, como los miles y miles de niñas que salen a venderse a las playas de Kenia y dicen a los turistas: “te doy mi cuerpo por un euro”, o las mujeres de los barrios de Kigali, Ruanda, por 0,30 euros. Causa: la pobreza, hambre eterna para ellas. ¿Quiénes son los del euro?

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