Faustino Vilabrille

El Hombre y la Madre Tierra: No es posible un hombre sano en un Planeta enfermo

22.11.17 | 12:57. Archivado en Opinión

Querid@s amig@s colaboradores y cooperantes por un mundo mejor

¿Qué podemos hacer por el Hombre y la Madre Tierra?

¿Estamos respirando basura para nuestros pulmones? Estos días pasados oímos informar reiteradamente que en España el cáncer de pulmón supera a los de mama, próstata y colon, todos juntos.

Un niño, de 5º de Primaria, nos comentaba también estos m ismos días que en su clase de 25 niños, 17 tienen que usar varias veces al día el ventolín.

No es posible un hombre sano en un planeta enfermo.

Hacer auténtica política, honrada, sincera, ética, limpia, sin esperar nada a cambio, sino como un servicio voluntario a la Comunidad, debería ser un deber de todo ciudadano, y más de todo cristiano.

Muy bien por el Papa Francisco que pide la prohibición gradual de coches diésel en Roma, y prohíbe la venta de tabaco en la ciudad del Vaticano.

Cómo hacer realidad la dimensión política del mandamiento del amor fraterno, vivido y promulgado por Jesús de Nazaret.

Habíamos dividido estos Comentarios sobre la Encíclica Laudato Si en tres grandes apartados: Ver, Juzgar y Actuar.

Ya hemos tratado los dos primeros, ahora abordamos el tercero: Actuar, o qué podemos hacer, para subvertir los grandes problemas que aquejan, de forma cada vez más aguda, al Hombre y a la Madre Tierra.

Digamos por delante que todo el Sistema Tierra, pasó por grandes cataclismos a lo largo de su dilatada historia, pero siempre logró superarlos. Ahora también lo hará, porque la vida desde su origen y causa generadora tiene una fuerza irresistible para seguir adelante. Ciertamente el problema del medio ambiente es realmente grave, pero no seamos pesimistas, trágicos y alarmistas. No obstante, de nosotros dependen dos cosas:

1ª.-Que esta gran crisis del deterioro medioambiental se supere pronto, o tarde muchos años.
2ª.-Cuanto más tardemos en actuar para que lo supere, más víctimas quedarán por el camino: de ellas todos seremos responsables.

Desde ahora mismo sintamos el inmenso deseo de que toda la humanidad nos impliquemos en la recuperación integral del Hombre y la Madre Tierra que lo sostiene.

Planteamientos de fondo o criterios básicos:

El problema de la pobreza en el mundo, del Hombre y la Tierra, y sus causas es de tal magnitud, que solo una toma de conciencia crítica, política e historia a nivel global, personal e internacional, puede hacer posible una salida digna para el futuro de la Humanidad y del Planeta.

¿Qué respuestas se suelen d ar al problema del hambre? Todo depende la mentalidad de la que se parta.
Puede ser desde una mentalidad asistencialista (fue la más habitual), desarrollista (hoy bastante habitual, o Liberadora (la más coherente con la alternativa que necesitan la Humanidad y la Tierra, y por supuesto con el Evangelio.

Según el punto de partida de cada una de ellas, señalan como causa: la Asistecialista, la falta de Educación, la Desarrollista el Subdesarrollo, y la Liberadora la Explotación de que son víctimas los pueblos empobrecidos y la misma Tierra.

Como solución: la Asistencialista propone dar alimentos, la Desarrollista más desarrollo y la Liberadora más Justicia.

Como remedios, la Asistencialista ofrece Ayudar, la Desarrollista Programas de Ayuda, y la Liberadora Cambios Estructurales y Socio-económicos.

Cada una tiene su Lema, la Asistencialista, dar un Pez al Hambriento (comida: Banco de Alimentos y bastantes Cáritas); la Desarrollista enseñar al Hambriento a Pescar; y la Liberadora devolver el Río a los Pescadores, porque les ha sido quitado por las Multinacionales o los Gobiernos. Evidentemente, hay veces en que la penuria es tan grande que no admite espera y la Asistencialista es la respuesta inmediata. Pero esta respuesta no es ni de lejos la verdadera solución: hay que poner la mayor fuerza y compromiso en erradicar las causas generadoras de pobres y oprimidos, pues de lo contrario el sistema que los produce, lo seguirá haciendo sin parar.

Ejemplo: Los indígenas de Guatemala saben cultivar muy bien el maíz y el café. No hace falta enseñarles. Es decir, saben pescar, saben cultivar. Pero no tienen río. Es decir, no tienen tierra, porque los terratenientes y las multinacionales de EE.UU., canadienses, europeas, o japonesas, se la han quitado y no tienen donde pescar, donde cultivar. Por eso la solución es devolverles el río, es decir, devolverles la tierra. Es el mismo problema que hay en Africa, donde los más pobres incluso cultivan el estrecho sendero que hay entre la carretera y la cuneta, mientras los gobiernos venden (regalan) superficies inmensas de tierra a las multinacionales, que muchas veces ni siquiera utilizan la mano de obra nativa para cultivarlas, como hacen las chinas, que traen de China a Africa la mano de obra que necesitan.

Por eso tiene razón el hermano Papa Francisco cuando dice: “La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece.
El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras
”, (Discurso a los Movimientos Populares en Bolivia).

Es necesaria una pedagogía de los oprimidos (Paulo Freire), para que lleguen a la emersión de una conciencia crítica, política e historia. ¿Qué son?

Conciencia crítica es saber por qué y para que suceden las cosas, qué hay detrás de los hechos de opresión; quién, cómo, por qué y para qué nos oprime. Al servicio de quién está la opresión. Qué causas y causantes están produciendo oprimidos en cada situación concreta, tanto en el orden económico, como político, cultural o religioso. Supone todo un análisis de la realidad concreta y en profundidad.

Conciencia política es, a partir de la toma de conciencia crítica, asumir espontáneamente el compromiso de construir una nueva sociedad porque nada de lo que hacemos o decimos es indiferente, nada es neutro, todo es político porque todo tiene unas causas y unas consecuencias, incluso el no querer saber nada y pasar de todo ya es política. Hacer auténtica política, honrada, sincera, ética, limpia, sin esperar nada a cambio, sino como un servicio voluntario a la Comunidad, durante un período determinado y limitado de tiempo, sin perpetuarse en ella ni repetir mandatos, ni mucho menos hacer carrera económica de la política, debería ser un deber de todo ciudadano, y más de todo cristiano. Hacerlo así sería hacer realidad la dimensión política del mandamiento del amor fraterno.

Por eso tiene razón el hermano Papa Francisco cuando dice: El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor». El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción» (Laudato Si, 231)

Conciencia histórica es enlazar el pasado con el presente y el futuro. Es descubrir lo que ha sucedido que ha dado lugar a la realidad actual de opresión, y descubrir también a dónde nos va a llevar esta realidad actual porque:
-Todo lo que sucede tiene unas causas y unos causantes, todo tiene un proceso, todo tiene un devenir. Nada sucede de repente.
-Si hay oprimidos es porque hay opresores.
-Si hay pobreza, seguro que es porque hay una riqueza, de hecho siempre a costa de alguien y de algo. En el mundo actual ninguna riqueza es inocente: donde hay riqueza hay que buscar por qué hay esa riqueza y la opresión que hay detrás de la misma.

Tener conciencia histórica es ver claro que estamos dentro de un proceso de liberación y construcción de unas nuevas personas y una nueva sociedad que solo todos juntos podemos construir, desarrollar y hacer avanzar. Es un compromiso personal y colectivo que nos transforma y perfecciona personalmente y nos lleva a transformar y perfeccionar la sociedad, para todos y para todo.

Luchar para que no haya ni oprimidos ni opresores es nuestra misión en el mundo: es liberar en primer lugar al oprimido de la opresión, y al opresor de oprimir, para la liberación integral de ambos. Es lo que hizo el gran Maestro Jesús de Nazaret, con sus constantes hechos y mensajes de liberación, del Hombre y la Madre Tierra, al que le preocupaban toda clase de oprimidos, desde todo ser humano hasta las pajarillos y los lirios del campo.

Es por lo que todo proyecto de Cooperación debe ser una plataforma o catalizador de un proceso educativo que acompañe al proyecto a lo largo de todo su desarrollo, y profundice en esas tres dimensiones de la conciencia y esto mueva a sus protagonistas a asumir los compromisos correspondientes de movilizar a la comunidad a la que pertenecen y a la sociedad en general a luchar por sus derechos y una vida digna para todos. Un proyecto que no lleve incorporado este proceso educativo, no es un verdadero proyecto de cooperación. Esta metodología puede y debe aplicarse a toda actividad humana, para que la persona, personal y colectivamente considerada, sea consciente y responsable de todo lo que piensa y hace. Por ejemplo: “fumo, por qué fumo, a qué se debe, de dónde viene que yo fume, a quién le interesa, por qué le interesa, qué consecuencias tiene para mi en lo económico y en la salud, para mi familia, para mis hijos, para la sociedad, para los demás; qué compromisos debo asumir ante mi mismo, ante mi entorno, ante la sociedad; ¿cuáles van a ser los resultados?

Por eso tiene razón el hermano Papa Francisco cuando dice: Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración (Laudato Si, 202).
(Continuará)
Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino


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