Faustino Vilabrille

En Memoria de Rosario Montes Carrio, de San Melchor de Gijón

01.08.17 | 22:48. Archivado en Sociedad

En memoria de Rosario Montes Carrio,
de la Comunidad Parroquial de san Melchor de Gijón

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo

Eduardo Galeano

Ayer, 31 de julio, hemos celebrado el paso a la plenitud de la vida de Rosario Montes Carrio. Casi nunca la gente pequeña, anónima, que trabaja en silencio y pasa por la vida haciendo mucho bien, apenas aparece en los medios sociales de comunicación. Estas son las personas que en realidad hacen funcionar el mundo. Una de ellas fue Rosario, Rosi, para los amigos. Por eso en la celebración he hemos dedicado, con mucho afecto, las siguientes palabras. Veamos por qué:

“Querida Rosi: amiga, hermana muy fraterna, y compañera durante más de treinta años en la Parroquia, en Cáritas y en Cooperación Internacional.
Queremos darte infinitas gracias por tu testimonio de vida y especialmente por tu compromiso con los preferidos de Jesucristo, que son los pobres. Dime qué haces por los pobres y te diré quién es tu Dios. Tu Dios ha sido un Dios maravilloso para ellos por medio de ti durante muchos años.
San Gregorio de Nisa, comentando el pasaje del Evangelio donde Jesús se identifica con los hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, emigrantes, y encarcelados, escribió estas palabras: “los pobres son los porteros del Reino de los Cielos”, porque gracias a lo que hacemos por ellos Jesús nos dirá que entremos a su Reino. Pues bien, hoy Jesús te dice: Rosi “entra a formar parte del Reino de los Cielos, porque tuve hambre y me diste de comer, estaba desnudo y me vestiste, era extranjero y me acogiste. Lo que hiciste a ellos, a Mi me lo hiciste”.
Rosi, queremos felicitarte con todo el corazón, porque sin duda, muchos cientos de los pobres que tu atendiste durante 30 años, salieron, llenos de alegría, a abrirte de par en par las puertas de la casa del Cielo, y con ellos Jesucristo, que seguro que te dijo: entra a formar parte del Reino de los Cielos porque tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me diste ropa, era extranjero y me acogiste… Cuando lo hiciste con ellos a mi me lo hiciste”.
Querida Rosi: voy a leerte el testimonio de una de esas muchas personas a las que tu acogiste, venida de allende los mares: Cuando le comuniqué por un mensaje que te habías ido a la casa del Padre-Madre Dios, me escribió: “Estoy muy triste porque para mi fue como una madre cuando llegué a España. Me abrió las puertas con mucho cariño y me enseñó a trabajar con paciencia, dedicación y humildad. Nunca tuvo una mala palabra para mi, siempre me apoyó y me hizo ser fuerte en mis adversidades. Un gran ejemplo para mi persona. Que Dios que se lo pague de todo corazón. Rosi rezará desde cielo por todos nosotros. El lunes estaré sin falta en la celebración”.
Querida Rosi: nos duele profundamente tu ausencia, pero al mismo tiempo nos sentimos muy felices porque has sido un gran modelo de vida y fidelidad al Evangelio de Jesucristo, siempre llena de serenidad, de servicio, de discreción, de afecto y compresión para todos, sin hacer el menor ruido, porque el bien no hace ruido.
En nombre de los sacerdotes que pasaron por san Melchor queremos darte también las gracias por tu constante disponibilidad para estar al servicio de todos.
Personalmente también quiero agradecerte tu preocupación y tu colaboración y solidaridad con los más pobres de los pobres, que son los del Tercer Mundo: siempre muy interesada por saber cómo se iban desarrollando los proyectos de Guatemala y de Ruanda, y además tomando diferentes iniciativas, alguna aun bien reciente, junto con tus compañeras de Caritas, para conseguir medios para financiar los proyectos. Gracias también a todos los que las habéis secundado, porque así hay familias que ya tiene agua, otras una casa un poco más digna, niños que tienen escuela, calzado para no andar descalzos, un poco de ropa para no pasar frío…
Por todo ello, muchas gracias, Rosi. Sigue ayudándonos desde el Cielo como nos ayudaste en la tierra, para que siguiendo tu ejemplo sigamos luchando como tu lo hiciste por un mundo más justo, fraternal, solidario y un poco más lleno de vida y esperanza, especialmente para los más empobrecidos y maltratados de este mundo , y así un día seamos dignos, como tu, de tener muchos porteros que nos abran las puertas de la Casa eterna del Cielo.
Rosi, no necesitas nuestra oración, necesitamos nosotros la tuya, que queremos agradecerte, siguiendo tu ejemplo, con los hechos y las palabras de nuestra vida.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino


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