Faustino Vilabrille

Donald Trump con Bayer y Monsanto: Alianza antiecológica

13.02.17 | 16:00. Archivado en Sociedad


Alianza antiecológica contra el Hombre y la Madre Tierra


¿Sabes lo que comes? ¿Sabes lo que vistes? Lo sabrás cada vez menos.

¿Quienes son Bayer y Monsanto?Son dos empresas multinacionales, la primera con sede en Alemania, y la segunda en EE.UU. Bayer es una empresa químico-farmacéutica, fabricante de miles de medicamentos, como la popular Aspirina, que recientemente compró Monsanto por 58.600 millones de euros. Monsanto produce agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura, líder mundial en ingeniería genética de semillas y la producción de herbicidas como el famoso glifosato, comercializado como Roundup.

Bayer ha pagado muchos millones de euros en multas e indemnizaciones por prácticas comerciales corruptas o medicamentos no seguros, tanto en Europa como en los EE.UU. Una de ellas fue de 257 millones de dólares. Su director dijo en una ocasión que Bayer fabricaba medicamentos para los ricos, que los pueden pagar, y no para los pobres. En 2006, la industria mundial del arroz perdió 1200 millones de dólares, cuando una variedad transgénica de Bayer contaminó el suministro global de arroz.

Bayer cuenta con cerca de 15 registros de plantas OMG (Organismos Genéticamente Modificados) para uso alimenticio y no alimenticio, en cambio Monsanto tiene cerca de 35 de ellos: Chocolates, golosinas, margarinas, yogurt, harinas, quesos, leches, aceites, azúcares, galletas, son algunos de los productos ya preparados que los incluyen (Fuente: BUSCANDO LA VERDAD). ¿Andamos ya alimentados de transgénicos?

Un reciente estudio de la Oficina Europea de Patentes demuestra que Bayer incluso ocupa la primera posición en cuanto a patentes concedidas. Maíz, trigo, arroz, cebada, soja, algodón, remolacha azucarera, colza, patatas, tabaco, uvas, etc. forman parte de la lista de plantas transgénicas de las que Bayer posee la patente. Incluso ha registrado árboles manipulados genéticamente, como por ejemplo álamos, pinos o eucaliptos.

Por su parte el Roundup (glifosato), de Monsanto, es el herbicida más usado en el mundo a pesar de estar calificado por la OMS como potencialmente cancerígeno. Esta empresa fabricó el Agente Naranja, un herbicida altamente tóxico a base de dioxina, que fue utilizado para rociar los campos vietnamitas durante la guerra, principalmente para eliminar malezas donde se pudieran esconder los adversarios. Su uso dañó a millones de personas en Vietnam, pero de eso nadie se preocupa pues “era una guerra”, dicen. O sea, que en tiempo de guerra la persona humana no vale nada. Está bien demostrado, pues en Siria bombardean escuelas y hospitales, incluso con proyectiles que, antes de estallar, penetran dentro de la tierra para destruir escuelas o refugios subterráneos. ¡Hasta donde llega la crueldad humana!

Monsanto produjo y comercializó el DDT y los PCB, químicos causantes de graves daños a la salud humana y al ambiente. Ambos están hoy prohibidos.

Sobornos: Fue condenada a pagar 1.5 millones de dólares por sobornar a las autoridades de Indonesia para introducir algodón transgénico en ese país. El 97 % del algodón producido en la India (11 millones de hectáreas), ya es transgénico, y donde el salario medio de un obrero del campo es de 50 rupias al día, es decir 0,90 euros. Gran parte de ese algodón lo tenemos en nuestras prendas de vestir, pues por aquellas latitudes las fabrican marcas españolas, europeas y norteamericanas, muy populares, que todos conocemos, y que han hecho sumamente ricos a sus dueños, alguno de ellos español, cerca de ser el más rico del mundo. ¿Andamos vestidos de transgénicos?

Monsanto Fue condenada en Francia en 2006 por publicidad engañosa sobre las falsas propiedades ecológicas del herbicida Round Up.

Fue condenada en EUA en 2010 a pagar 2.5 millones de dólares por más de 1700 violaciones a normas de bioseguridad.

Monsanto es la empresa transnacional que controla alrededor de 90 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas. También recibió múltiples sanciones por prácticas comerciales incorrectas, cultivo de productos transgénicos, sin permiso, como el algodón, cuya semilla se emplea ampliamente en alimentación de ganado vacuno y la industria textil. “Los plaguicidas empleados en la producción de algodón se introducen acumulativamente en la cadena trófica, afectando finalmente la salud del hombre a través de un proceso de intoxicación crónica o aguda” (Fuente: INTA, Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos).

Estas son las mayores compañías de agroquímicos del mundo por ventas en el año 2015 en sus respectivas divisiones agrícolas:

Dow Chemical (ciencias agrícolas):6.380 millones de $

DuPont (agricultura..........................: 9.800 “

Monsanto.......................................: 15.000 “

Syngenta.......................................: 13.400 “

Bayer (ciencias de cultivos).......: 10.400 “

BASF (soluciones agrícolas).......: 5.800 “

(Fuente: The Wall Street Journal)

Sumando Monsanto y Bayer alcanzan 25.400 millones de €.

China también fabrica muchos productos para la agricultura, pero no desglosa lo que dedica a su división agrícola.

Decisión de Trump: Trump está ya preparado para dar vía libre a la fusión de Monsanto (USA) y Bayer (Alemania), creando así un enorme gigante agroquímico-transgénico, diseñado para dominar el sistema alimentario del planeta.

Hacia el control mundial de la alimentación: La fusión de estas dos empresas les permitirá controlar cultivos y pesticidas a nivel mundial, y por tanto el sistema alimentario de cada uno de nosotros. Lo que llamamos agricultura ecológica cada vez será menos viable porque los productos transgénicos tendrán efectos incontrolables, sobre toda clase de seres vivos a través de los propios cultivos, y del agua, del aire, de los transportes, etc., incluso creando semillas que mueren después de una primera generación, y crear una dependencia inevitable de ellas para los cultivos siguientes, obligando a los agricultores a ser sus fieles, forzados e incondicionales clientes.

Ambas compañías se reunieron con Trump antes de su toma de posesión, para después este hacer pública una declaración otorgándose el mérito de esta gran fusión. Bayer le hace además otro regalo de bienvenida a Trump al invertir 8.000 millones de dólares en Estados Unidos (ABC 17/01/17).

Ejemplos: Tres ejemplos negativos del uso de insecticidas y herbicidas: Las abejas son imprescindibles para la supervivencia del 75% de los cultivos alimentarios del mundo.

-Hace menos de un mes han muerto centenares de miles de abejas en la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía, por la fumigación masiva de árboles frutales, como nectarinos y melocotoneros. (Fuente: Greenpeace). En España, según la organización, están autorizados más de 300 insecticidas en cuya ficha de registro se indica que son peligrosos, incluso muy peligrosos, para las abejas.

-En 2016 millones de abejas murieron en Carolina del Sur por una fumigación aérea con Naled, para controlar mosquitos. En otros países de América se plantearon diversos conflictos con este insecticida. La desaparición masiva de abejas y otros insectos polinizadores lleva años preocupando a científicos, agricultores y apicultores.

-Argentina, “una nación que supo ser conocida por su ganado alimentado con pasto ha sido transformada, desde 1996, cuando la empresa Monsanto, con sede en Saint Louis, Missouri, convenció a Argentina de que la adopción de sus semillas y sustancias químicas patentadas aumentaría las cosechas y reduciría el uso de pesticidas. Hoy, toda la cosecha de soja y casi toda la producción de maíz y algodón están modificadas genéticamente. Las áreas de cultivo de soja se triplicaron y ahora abarcan 19 millones de hectáreas. El cambio en la forma de producir, francamente ha cambiado el perfil de enfermedades, dijo Medardo Ávila Vásquez, pediatra y cofundador de Médicos de Pueblos Fumigados, parte de un creciente movimiento que exige la aplicación de normas seguras en la agricultura. Nos hizo perder una población bastante sana. Ahora vemos una población con altas tasas de cáncer, niños que nacen con malformaciones y enfermedades que eran muy infrecuentes" (Fuente: INFOBAE).

En España: España es el único país de la Unión Europea donde se cultivan transgénicos a una escala importante. Según las estimaciones del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) en 2014 se sembraron 131.537,67 hectáreas principalmente de maíz transgénico, aunque estos datos no concuerdan con los que dan las CCAA.

Información de Greenpeace: ¿Por qué Greenpeace se opone a la liberación de transgénicos al medio ambiente? El cultivo de transgénicos supone incremento del uso de tóxicos en la agricultura, contaminación genética, contaminación del suelo, pérdida de biodiversidad, desarrollo de resistencias en insectos y ‘malas hierbas’, riesgos sanitarios y efectos no deseados en otros organismos. Los efectos sobre el conjunto de los seres vivos son irreversibles e imprevisibles. Los riesgos sanitarios a largo plazo de los OMG (Organismos Genéticamente Modificados) presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no se están evaluando correctamente y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos, pérdida de eficacia de ciertos medicamentos o efectos inesperados son algunos de los riesgos. Los OMG refuerzan el control de la alimentación mundial por parte de unas pocas empresas multinacionales. Son una de las armas predilectas de estos dictadores de la alimentación, y lejos de constituir un medio para luchar contra el hambre, aumentan los problemas alimentarios. Los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sostenible. La solución al hambre y la desnutrición pasa por el desarrollo de técnicas sostenibles y justas, el acceso de los pueblos a los alimentos que producen y el empleo de técnicas como la agricultura y la ganadería ecológicas. La industria de los transgénicos utiliza su poder comercial e influencia política para desviar los recursos financieros que deberían destinarse a proteger las verdaderas soluciones a los problemas agrarios y alimentarios del mundo”.

La era TRUMP: Con la era Trump, el poder de los grandes, en todos los aspectos, va a ser aun más grande, y las víctimas los más pobres del planeta, a los que el cambio climático y el control mundial de la alimentación, es a los que está causando y va a causar más daño todavía, junto con los consumidores finales, que cada vez vamos a saber menos qué comemos, con qué nos vestimos, ni por qué enfermamos, ni por qué morimos.

Las grandes multinacionales son cada vez más poderosas, lo abarcan todo, manipulan todo, y se fusionan para tener aun más poder hasta conseguir el monopolio mundial de todo. En Trump, que incluso niega el cambio climático, van a tener todas las facilidades, y sumir la humanidad en un futuro incierto e imprevisible.

Qué hacer: Ante esto, ¿qué hacer? No hay más alternativa que la movilización masiva de la ciudadanía, como intentan los movimientos populares afro-indio latinoamericanos, que el Papa Francisco anima y apoya (Discurso en Bolivia julio de 2015 y Roma en noviembre de 2016). Hace días en varias ciudades europeas, hubo movilizaciones contra la fusión de Bayer y Monsanto en Bruselas, Madrid, Roma, Berlín y París, pero la gran mayoría de los ciudadanos ni nos hemos enterado. El pueblo necesita abrir la cabeza y los ojos de una vez, pero esas mismas multinacionales se encargan de llenárselo de “panem et circenses” como en tiempos de Roma. Solo las personas con conciencia crítica logran defenderse de ser manipuladas por ellas. Por ahí tiene que ir nuestra lucha.

Nota.- La actual legislación europea de etiquetado obliga a etiquetar los productos que deriven de cosechas transgénicas, independientemente de la presencia de ADN o de proteína ‘transgénica’ en el producto final. Así, cualquier alimento que contenga OMG o ingredientes que deriven de éstos debería declararlo en su etiqueta. Se trata de un primer paso fundamental para que podamos ejercer nuestro derecho a elegir alimentos sin transgénicos. Sin embargo, esta normativa no se está aplicando debidamente, sobre todo por la presión de las multinacionales en Bruselas.


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