Final de trayecto
03.01.07 @ 22:15:14. Archivado en Sobre la autora
Del último día recuerdo un trayecto al aeropuerto impregnado de tristeza. La conexión a Internet desde el aeropuerto. El retraso de una hora sobre el horario previsto porque las autoridades argentinas no daban su consentimiento para el despegue del avión. La cena trasnochada por el retraso al despegar. La sucesión de películas. La larga e incómoda noche trasatlántica. La superposición de fotogramas de películas medio vistas y escenas oníricas. Las ventanillas, doradas por un amanecer en pleno cielo a las ocho de la mañana. Las tremendas colas para ir al baño del avión. El estupor al pisar España después de un desayuno madrugador y darse cuenta de que en la patria son casi las tres de la tarde.
Pero uno no ha vuelto hasta que no cambia la hora de su reloj. Es un trámite que se hace forzadamente, por obligación y con una vaga melancolía.
Tiempo después, un buen día el viajero encuentra en el fondo del cajón un reloj que marca una hora distinta y en vez de pensar que está parado, se pregunta en qué país del mundo será esa hora.
Ese día, el viajero se da cuenta de que no ha vuelto del todo.
P.D. Quisiera mandar un abrazo y testimoniar mi cariño a mis amigos argentinos y a la gente encantadora que conocí en ese país. A Mónica, que me apoyó y me brindó desinteresadamente su casa. A Elda, que también me apoyó. A la otra Mónica, David, Laly, Adriana y las colombianas Claudia y Mabel, excelentes compañeros del viaje a Iguazú. A Adelina, Susana, Norma. A los amigos argentinos que he hecho en la distancia, a través de este blog, en especial a Ángel Finisterre y Joaquín.
La próxima vez, todo será más grato aún, porque ahora os conozco.
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María Arozamena
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