Visita a la tumba de Evita
12.10.06 @ 11:55:25. Archivado en Sobre la autora
En Recoleta la visita obligada es a la tumba de Evita.
En el subsuelo de las bóvedas se encuentran los muertos en sus ataúdes blindados a prueba de olores. Aunque el de Evita no necesita tantas precauciones: fue embalsamada por un sistema único en su género. Conserva la apariencia de una mujer viva que estuviera, por ejemplo, dormida. Aún tiene dentro todas sus vísceras; sus uñas están pintadas con esmalte transparente, tal como ella pidió en vida que la enterraran; su peinado está impecable, la piel de las manos, perfecta. Ese cadáver embalsamado fue calificado de “obra de arte” por uno de los médicos que la vio.
Visité la tumba de Evita un nueve de mayo. Evita nació un siete de mayo y por eso la bóveda estaba cubierta por una masa de flores, ramos y coronas que se desaparramaba por las bóvedas laterales. Algunas de las flores llevaban cintas que informaban de la identidad de sus donantes (políticos, partidos y sindicalistas); otras eran anónimas. Es decir, que más de cincuenta años después de la muerte de Evita, la gente sigue acudiendo en tropel a celebrar su aniversario. En cualquier caso, su tumba es la única de todo Recoleta que tiene flores todos los días del año.
A diferencia de las demás bóvedas del cementerio, la puerta de su bóveda está provista de gruesos barrotes. También hay rejas en la cúpula, para que nadie pueda llevarse su cadáver.
Evita tiene dos historias. La primera es la de una joven aspirante a estrella que interpreta unos cuantos novelones radiofónicos y cinematográficos (una muchacha inculta, como actriz bastante acartonada y artificial, pero tremendamente ambiciosa), que, tras casarse con una especie de príncipe azul termina, según Carlos Fuentes , interpretando una radionovela propia junto a Perón, concretamente dando vida a un personaje de un corazón hiperbólico y algo demagógico, una especie de madre Teresa de todos los pobres y descamisados del país.
La segunda de esas historias se precipita una vez muere la joven Eva Perón. Cuando, tras un levantamiento militar, cae el régimen de su marido, ese cadáver perfectamente embalsamado se convierte en todo un problema de estado para el siguiente gobierno, que desea desembarazarse de él pero no se atreve a cremarlo. El cadáver de Evita pasa dieciséis años en paradero desconocido. Su propia madre murió sin saber dónde descansaba su hija. Lo cierto es que Evita estuvo enterrada todos esos años en Italia bajo el nombre falso de María Maggi.
Durante ese tiempo, la leyenda de Evita iba adquiriendo proporciones descomunales en Argentina. A los niños que aprendían a leer en los años sesenta y setenta les daban una cartilla con frases insidiosas, como Evita me ama, entre otras más convencionales, del tipo mi mamá me mima.
Es posible que esas dos historias queden rematadas por una coda sorprendente en los próximos años. Actualmente, la dueña de la bóveda donde está enterrada Evita, y por tanto, la persona que toma todas las decisiones, es una hermana de ésta que tiene noventa y tantos años. Cuando ella muera, la responsabilidad pasará a manos de una sobrina que ya se ocupa de un museo Evita en Buenos Aires y que recientemente ha inaugurado una exposición del mismo tema en Nueva York. Todo indica que esa sobrina es partidaria de exponer el cadáver al público, como se hace actualmente en la Plaza Roja de Moscú con el cadáver de Lenin.
-Si eso llega a suceder –explica pragmáticamente la guía del cementerio- el turismo bajará muchísimo en Recoleta.
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María Arozamena
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