Sobre las coimas, la policía y la rabia
11.09.06 @ 19:05:31. Archivado en Sobre la autora
La guía de Argentina que compré antes de salir de casa recomienda que si el viajero llega a tener algún pequeño problema con la policía, una manera de solventar el problema es aludir discretamente a la posibilidad de abonar una coimita, utilizando frases como: “¿Con cuánto podemos arreglar este malentendido?” .
El caso es que hay muchos argentinos cuya visión de la policía está plagada de estereotipos negativos. Las razones son complejas. En parte, porque ha habido tantos casos de corrupción y en parte, porque la dictadura militar aún está muy fresca en la memoria. Pero también por una percepción que se produce a menudo en ese país, según la cual todo obrero es, por definición, un hombre bueno y todo empresario es, irremisiblemente, un explotador. Al europeo le sorprende la decidida toma de partido de las noticias televisadas en ese sentido. Recuerdo cierto debate visto en televisión sobre un conflicto sindical. Dos cosas llamaban la atención: en primer lugar, la pobreza de los puntos de vista que se ofrecían (todos los invitados al plató eran trabajadores; no había ningún representante de la empresa); en segundo, la encendida arenga que pronunció el presentador para animar a los espectadores a comprometerse con la causa. La subjetividad del programa no sólo excedía demasiado los límites del decoro televisivo, sino que además resultaba innecesaria, ya que las simpatías del espectador ya estaban con el trabajador desde el principio. Esa puesta en escena terminaba resultando cargante, como un merengue demasiado dulce al paladar. Al menos, para un paladar europeo.
Ese exceso de subjetividad sólo puede entenderse desde la rabia; la inmensa rabia que debe de dar tener un país tan rico en recursos naturales como es Argentina que ha sido vendido por partes a potencias extranjeras.
-Es una vergüenza lo que está pasando en la Patagonia –me decía una joven estudiante de Turismo-. Han vendido terrenos enormes a otros países para explotaciones petrolíferas, y ahora no se puede hacer nada sin pedir permiso al extranjero. ¡Y es nuestro país!
En definitiva, la rabia de que otra persona se apodere de lo que es de uno. En una céntrica calle de Buenos Aires presencié una manifestación. Vi carteles con la leyenda:
AHORRISTAS ARGENTINOS
Y también:
BANCOS, CHORROS ,
DEVUELVAN LOS AHORROS.
(En argentina, el término chorro equivale al castizo chorizo).
Muchos de los manifestantes enarbolaban unas varas de metal con las que golpeaban en cualquier estructura metálica que encontraran a su paso, armando un gran estruendo. Golpeaban todos a la vez, dando martillazos en el yunque al ritmo de su descontento. Desde lejos, se podía pensar que el ruido procedía de una obra, que estaban construyendo un edificio. Pero no estaban construyendo nada; sólo manifestando su rabia, que se oía en la calle Florida como un latido, único, atronador.
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María Arozamena
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