Tentaciones del piolismo
09.09.06 @ 14:27:45. Archivado en Sobre la autora
Hacerse los pelotudos es todo un arte, en el que hay quien destaca especialmente.
El día que visité el Teatro Colón fui testigo de una de las famosas manifestaciones que se celebran en la céntrica Avenida del 9 de Julio. Al salir del teatro, vi con sorpresa una larga hilera de policías. Vestidos de azul oscuro, se protegían con escudos negros. Amedrentaban. Al llegar a la calle principal, vi que dos carriles estaban totalmente colapsados por un río de furgonetas blancas detenidas. Me acerqué. Sentado en la parte de atrás de una de las furgonetas había un hombre de cincuenta y tantos años, de tez requemada, ojos castaños y pelo blanco.
-¿Qué sucede? –pregunté.
-Y, no nos dejan trabajar –respondió.
-Pero ustedes ¿son taxistas?
-Y sí, y llevamos años trabajando, pero ahora no nos dejan seguir.
-¿Por qué?
-No se sabe, la municipalidad nos lo prohíbe.
-Pero ¿qué intereses hay de por medio?
-No se sabe –repitió-. Eso están intentando averiguar. Ahora están en una reunión. Pero nosotros antes podíamos trabajar, y ahora no.
Y a continuación soltó una frase lapidaria, pero enigmática:
-Esto es la Argentina.
Al poco rato, se acercó otro manifestante y dijo:
-Ya está, ya llegaron los periodistas. Esta noche salimos en la televisión.
Por entonces, los modales compungidos de aquel hombre me habían convencido casi por completo de que se estaba perpetrando una terrible injusticia, de que los manifestantes eran víctimas indefensas de un sistema explotador. Pero más tarde oí otra versión del conflicto. Son unas furgonetas que hacen el mismo recorrido que los autobuses, pero no pagan impuestos. Ese pequeño detalle, que mi interlocutor olvidó mencionar, cambia ligeramente las cosas.
En la Avenida del 9 de Julio hay manifestaciones un día sí y otro también. Al parecer, el colectivo de trabajadores del subte (del metro) es especialmente reivindicativo. En una ocasión, se pusieron en huelga para apoyar unas manifestaciones que por entonces estaban realizando los médicos.
Es la cara más oscura del piolismo: la astucia puesta al servicio del propio beneficio para manipular la opinión pública o para conseguir privilegios económicos.
La clase política también ha recurrido a este tipo de subterfugios con bastante frecuencia. El pueblo argentino es consciente de ello, y alberga un sentimiento mezcla de impotencia y rabia hacia sus dirigentes. Muchos han optado por mirar hacia otro lado mientras potencias extranjeras les llenaban los bolsillos. La cuestión es que las coimas (sobornos) son muy poderosas, y se dan en todas las escalas.
Me contaron el caso de un argentino que vive en España y que volvió a su país de vacaciones. A última hora decidió llevar un jamón a la familia. Lo metió en la maleta y enroscó a su alrededor unos pantalones de cualquier manera. Al llegar a aduana argentina, lo detuvieron. Iban a confiscarle el jamón. Ni corto ni perezoso, este argentino piola le ofreció al agente de aduanas veinte pesos. El agente se metió el billete en el bolsillo y miró para otro lado. Asunto arreglado.
Cosas así suceden todos los días. Una amiga argentina que es policía me dijo en una ocasión:
-Tentaciones hay muchas.
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María Arozamena
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