Argentina y yo
02.09.06 @ 16:52:37. Archivado en Sobre la autora
Hoy voy a hacer un alto en el camino. Voy a detener la evocación de Argentina desde la distancia que he venido realizando en este blog, para introducir ciertas puntualizaciones.
En primer lugar, me gustaría agradecer de todo corazón a quienes me leen que encuentren el tiempo y la motivación para visitar estas páginas. Agradezco, asimismo, que compartan sus impresiones.
Algunos de mis lectores tienen la sensación de que soy argentina, lo cual es falso. Soy española (cántabra, para más señas). He visitado el país del tango entre abril y mayo de este año de gracia. Aclaro este punto porque hay quien ha querido ver en mis frases más admirativas hacia los argentinos un ejercicio de autobombo. Y no es así. Hablo de un país para mí extranjero, pero fascinante.
Una fascinación es un proceso visceral. Desglosarla en razones objetivas resulta harto difícil. Sí puedo enumerar aspectos que me arrebataron. Por ejemplo, el paisaje (por su belleza, por su inmensidad). La exquisita amabilidad de sus gentes. El embrujo del deje argentino. La riqueza semántica de sus hablantes. Su creatividad. Su capacidad para enriquecer la textura de lo cotidiano con pequeñas cosas. El color ocre, rico en minerales, irrepetible, del Mar del Plata. La sensación de revisitar el pasado. La experiencia quasi-religiosa de las cataratas de Iguazú. Y sobre todo, la extraña melancolía que se siente al encontrar personas y lugares que se intuyen tan cercanos emocionalmente, pero que están tan lejanos en el espacio.
Éste era el primer viaje transoceánico que hacía en mi vida y, desde luego, me ha despertado sed de más viajes. Me urge visitar países del tercer mundo, y también del primero y del segundo: Macchu-Picchu. Egipto. Japón. Los países bálticos. Pero además, es que ahora me parece imperdonable no conocer bien mi país, no haber estado en el valle del Jerte. En Sevilla. En Cuenca. En las Baleares. También me ha despertado sed de conocimientos: desde un lugar lejano, las cosas se ven diferentes. Cambia el punto de vista y cambia todo.
Por eso aconsejo viajar a todos. A aquellos a quienes les ha gustado este blog y a quienes no les ha gustado. Viajen, queridos lectores. Vayan lejos; vayan cerca; vayan a la vuelta de la esquina. Miren a la gente y las cosas con que se topen. Pero miren con la mentalidad del viajero. Manténganse siempre ojo avizor, siempre prestos a ver lo sorprendente y lo milagroso donde otros no ven más que jaulas de rutina.
Y, de nuevo, gracias por visitarme. Porque leyéndome, me hacen crecer como persona.
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María Arozamena
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