Del asado, el pimiento putaparió y otras exquisiteces
23.08.06 @ 20:27:10. Archivado en Sobre la autora
En Argentina la casa es una espacio más compartido que en España. Para ellos es algo natural, pero si un argentino se va a vivir fuera de su país, esa costumbre de invitar a los amigos a casa puede provocar malentendidos con personas acostumbradas a asignar a las citas en casa otras connotaciones.
El hecho es que los argentinos, cuando se juntan con los amigos, suelen hacerlo en casa de uno de ellos y en torno a una comida; casi siempre, de un asado. El célebre asado argentino es una especie de barbacoa de preparación parsimoniosa, con pasos que han de cumplirse religiosamente, casi como ceremonias rituales.
Para eso los argentinos sí recurren a convenciones. Hay que encender el fuego, abanicarlo lentamente para que prenda, colocar la carne en la parrilla, vigilarla hasta que esté en su punto.
Estuve presente en una cena en la que todos mis amigos argentinos recordaban entre carcajadas las ocurrencias de un tipo célebre por ser un redomado vago.
-Fíjate cómo será –decían- que cuando hace un asado, en vez de prender el fuego abanicando poco a poco, ¡enchufa el ventilador!
La comida en Argentina es sencilla y abundante. Hay verdadera pasión por la carne: se consumen partes de la vaca como los intestinos delgados o las vísceras (achuras), que en otros países no se aprovechan. Se pueden encontrar puestos callejeros donde se vende el delicioso choripán, un bocadillo de chorizo de nombre y sabor muy inspirado.
Una recomendación a los turistas no avezados en las delicias de la gastronomía argentina. ¡Cuidado con las salsas de apariencia inocente que suelen encontrarse en esos puestos para sazonar el choripán! Algunas de ellas son dinamita con aspecto de dinamita. Pero las más peligrosas son las de dinamita con piel de cordero. Hay que estar acostumbrado a ellas; de lo contrario, te hacen pasar tan mal rato como la harissa (un condimento árabe que arranca lágrimas a los habitantes del desierto).
Yo me serví en abundancia de un cuenco de salsa de pimientos, pensando que los pimientos serían inofensivos. Pero se trataba de un mejunje picante de verdad. Demasiado tarde (cuando ya lo había tragado), me informaron de me había echado pimiento putaparió.
-El nombre viene de que la gente, cuando la toma, dice: “La p... que la p..., qué picante que está esto! Después de tomarlo, escuecen los labios como si estuvieran en carne viva.
Y es verdad. Durante un buen rato después de comer en pimiento putaparió, los labios quedan escocidos.
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María Arozamena
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