Arquitectura porteña: edificios epifitos
14.08.06 @ 14:21:15. Archivado en Sobre la autora
No es sólo la arquitectura privada la que ofrece ejemplos de formas importadas de Europa.
Gran parte de los edificios públicos fueron diseñados por arquitectos europeos, con predominio de italianos y franceses, también combinando estilos de épocas y países diferentes.
La Casa Rosada da fe de ello. De proporciones monumentales (como casi todos los grandes edificios bonaereneses), combina barroco con neoclásico, estilo francés con italiano y con líneas nórdicas. Pero lo que más sorprende es el oasis que se alberga en su interior; un hermoso patio al que no faltan un patio con su fuente rumorosa, con sus parterres de flores y plantas, con su galería de vitrales (vidrieras) italianas o, al menos, italianizantes y, por supuesto, con sus palmeras.
-Miren allá arriba –nos indicó la guía, una encantadora mujer con pinta de bibliotecaria o profesora jubilada-, ¿ven, sobre aquella palmera, que crece otra planta? Y ustedes dirán, ¿cómo puede llegar otra planta allá arriba? Pues las semillas las lleva el viento, u otros pájaros. Un pájaro se posa en la parte superior de la palmera, hace toda la digestión, y deja allí la semillita, que después va creciendo.
Las plantas parásitas hacen ventosa sobre la planta a la que rodean hasta que acaban estrangulándola o secándola. Las epifitas, no. Las epifitas crecen encima de las otras, pero no se aprovechan de ellas. Son un modelo de coexistencia pacífica.
Los edificios en Buenos Aires sobreviven a la manera de las plantas epifitas: alternando formas y estilos diametralmente opuestos de manera un poco abrupta, sin gradaciones ni soluciones de continuidad. En una amalgama de arquitecturas caóticas, se intercalan estilos dispares: fachadas clásicas con bloques típicos de la época del desarrollismo, cúpulas dieciochescas, colmenas de cristal, sobrias edificaciones inglesas, dignas edificaciones al estilo barroco francés y un largo etcétera.
Recuerdo una inmensa mole de piedra sepia, ligeramente rosada, que se erige en la calle Tucumán, cerca del Teatro Colón. Detrás, haciendo esquina, se alza un edificio blanco con cúpula, de corte neoclásico, y tras él, en contraste chocante, se asoma un bloque moderno, rectangular, con cristales de espejo al uso de los rascacielos neoyorquinos. Cada edificio tiene su idiosincrasia, su peculiaridad.
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María Arozamena
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