Sobre los conventillos y el fileteado porteño
30.07.06 @ 15:58:54. Archivado en Sobre la autora
Cuando llegaban al puerto de Buenos Aires, los gallegos y los tanos tenían que resolver un problema acuciante: ¿dónde alojarse en una ciudad que se estaba llenando rápidamente de inmigrantes?
En La Boca (el barrio del puerto) hubo que construir mucho y muy de prisa. De esas fechas datan los conventillos.
-Fulanito es muy conventillero –oí decir en una comida.
Debido a su ignorancia, el turista ha de reconstruir la historia del país que visita valiéndose de cualquier medio: una palabra oída al azar, un anuncio publicitario, el texto de una canción... Resulta estimulante habitar un mundo en el que quedan muchas cosas por descubrir; uno vuelve a la infancia, a la sensación de cualquier pista trivial puede remitir a un descubrimiento sorprendente.
-¿Qué significa conventillero? –pregunté.
Afortunadamente para el visitante, los argentinos son pródigos en explicaciones sobre su pasado. Las casas que se construyeron por la época de las grandes oleadas de inmigrantes estaban especialmente diseñadas para albergar a mucha gente, favoreciendo (o al menos no poniendo trabas) al vigoroso e impredecible crecimiento demográfico. La estructura característica de estas casas le debe mucho a la de la típica residencia española, a su vez heredera del atrio romano, con un patio interior rodeado de galerías a las que dan todas las habitaciones de la casa, en un intento de procurar luz a los inquilinos de todas las habitaciones.
Esas casas se denominaron conventillos, y no tardaron en llenarse de europeos recién llegados, que vivían hacinados como conejos, compartiendo unos pocos metros cuadrados de vivienda. Los conventillos eran forzosamente lugares muy ruidosos y, por consiguiente, la palabra conventillero ha pasado, en el lenguaje cotidiano, a designar una persona bulliciosa.
Los conventillos son, pues, muestras de una arquitectura caótica, superpuesta, de emergencia. Caminito (la calle más famosa de La Boca) recuerda un poco al Far West, con sus casas de dos pisos, de fachada cuadrada, puertas altas y estrechas hileras de balconadas en la planta superior. Es lógico que así sea: en ambos casos, se trata de construcciones provisionales, precipitadas, forzadas por las circunstancias.
Hasta las letras de los rótulos traen a la memoria los que se ven en las películas del Far West. Después me entero de que ese peculiar estilo no tiene nada que ver con el Far West, sino que se trata del fileteado porteño, un tipo de rotulación marcado por la melancolía y característico, como no podía ser menos, del Buenos Aires de principios de siglo.
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María Arozamena
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