05.06.06 @ 00:01:42. Archivado en Realidad
La biografía de Margarita de la Rosa resulta espectacularmente sosa y rutinaria hasta que, cumplidos los 35 años, salta al conocimiento del gran público cuando manifiesta que ha sido poseída por Mister Proper. A partir de ese momento, presa de una febril actividad, funda la Asociación de Amigas del Detergente y solo vive para comunicar a los demás su proyecto y conseguir el mayor número de adhesiones.
Durante algunos años todo discurre conforme a sus planes, pero el imperio comienza a desmoronarse el día en que la Vicepresidenta mundial, Alice Westerdach, en una disputa familiar por un lío de faldas, le almidona a su marido los testículos quedando éstos atrozmente cuarteados. La subsiguiente dimisión de Alice amenaza la solidez de la asociación y, en la práctica, supone el pistoletazo de salida para nuevos ceses y dimisiones. Margarita, en un desesperado intento por mantener en pie su obra, declara a los medios de comunicación que someterá a autocrítica aspectos tan delicados como la idoneidad de los tensioactivos y la decadencia del lavado a mano.
Estas medidas revisionistas son complementadas con otras de marcado carácter publicitario, como la organización del debate "Descartes y la metodología del lavado a la piedra", en el que se profundiza muy seriamente sobre el genial filósofo y su aforismo "froto, luego existo". Este acto, llevado a cabo en el Club Siglo XXI, divide a la intelectualidad española, lo que descorazona en grado sumo a Margarita, quien, según la señora de los lavabos, llega a musitar: "¡Valiente intelectualidad! ¡Además de escasa, dividida!.
Derrotada, abatida, Margarita de la Rosa es testigo de los últimos estertores de su magno imperio. Antes que ver morir a su criatura prefiere morir ella misma. Tan drástica decisión la lleva a cabo en el otoño de 1983 introduciéndose en la boca cinco kilos de ropa interior sucia -perteneciente a su marido- expirando entre horribles convulsiones. Nunca se supo si murió asfixiada o intoxicada.
Hoy, de Margarita de la Rosa solo queda una tumba olvidada y el epitafio que mandó cincelar: "A mí me encantan las picotas y la mancha que dejan es así....como rojita".
Fue una vida absurda.