Organizaciones de Derechos Humanos, en su peor momento
01.09.07 @ 15:53:11. Archivado en Sociedad
En Argentina, la inseguridad es un problema que no se resuelve. En tanto, la opinión pública percibe con claridad que abogados de estas organizaciones parecieran tener como meta evitar la reducción de la delincuencia. En la tierra del candidato oficialista a la vicepresidencia, Julio Cobos, el asesinato de una profesora de educación física destapó nuevamente el famoso eslogan del 2001 "que se vayan todos" y sumado a este mensaje a la clase política, una invitación a que los derechos humanos se ocupen de la "gente común y no sólo de los delincuentes".
"El problema es que hay demasiada gente con mucho tiempo libre (defensores de los Derechos Humanos) y que no se dan cuenta que defienden el lado equivocado. Por lo general defienden ese lado por cosas que pasaron hace 30 años atrás y que piensan que el gobierno siempre está equivocado en todo (¡estúpidos, volvió la democracia, con problemas, seguro, pero volvió!). El que comete un delito, por el cual merezca ir preso, no tiene derecho a que le compren colchones nuevos si los queman o a llamar desde celulares desde adentro (de la cárcel) para asustar a gente inocente, porque realmente ellos violaron nuestros derechos humanos”.
El viernes 31 de agosto salió publicado este comentario de “un ciudadano cansado” (así figuró el apodo en la web del diario El Sol). Acababa de salir a la luz la noticia del brutal asesinato de una profesora de educación física –trabajaba en una escuela católica y tenía dos hijos-, tras salir de un cajero automático de un hospital público de Guaymallén (Mendoza), en manos de la delincuencia (aunque las segundas versiones sumaron a la pareja de ésta como supuesto homicida).
Cuatro meses antes, también luego de la medianoche, Laura Abonasar –también madre de dos hijos- se dirigía a su automóvil tras visitar a una amiga. Dos jóvenes le dispararon a la cabeza y allí inició su agonía. Los delincuentes arrojaron a ella y a su hijo –que dormía en el coche-, a una acequia. Murió a los pocos días. En el medio de esta trama, otro joven –sin antecedentes policiales- vio a un repartidor de pizza en la calle Murialdo de Guaymallén y lo mató de un disparo a su espalda.
"Cuando alguien se va a preocupar por las vidas de la gente. ¿Cuándo los asesinos van a ser castigados o mejor muertos, para que la gente decente pueda vivir? ¿Cuándo alguien va a defender los derechos humanos de quienes no delinquimos?”, opina Héctor, otro lector de El Sol Diario.
Las razones
La sensación de culpa por parte de las organizaciones de Derechos Humanos la construyeron ellos mismos, a partir de la política de adquirir relevancia con la presencia de sus abogados en los medios de comunicación. La idea de fondo ha sido la hipótesis gramsciana de adquirir poder desde la prensa. Las radios universitarias no pasan un día sin que un representante de las organizaciones de Derechos Humanos diga algo, ya sea a través de una entrevista telefónica o de una columna especializada. A esto se le agrega el constante aporte de intelectuales y profesores de universidades estatales –sobre todo Ciencias Políticas o Artes de la UNCuyo-, que todos los días siembran un odio a las instituciones conservadoras, como Iglesia Católica, Fuerzas Armadas y Policía. El resultado final de esta política de promover la polémica y la venganza como respuesta de los problemas –al menos así es en Argentina- ha sido el fuerte conocimiento público de un vínculo ya imposible de quebrar: odio + culpa + policía, por un lado, y delincuencia + inseguridad + derechos humanos.
Aún reversible
Las organizaciones de Derechos Humanos están atravesando un momento de contradicciones, que en cierto modo no hace otra cosa más que blanquear lo que siempre fueron: fervorosos impulsores del aborto, como hoy lo hace a nivel mundial Amnesty (dentro de todo, una de las pocas organizaciones de este tipo creíbles) y defensores de las ideologías marxistas terroristas pro castristas (aquí no se salva nadie). Y el silencio (indiferencia) ante las respuestas hacia la delincuencia no hace otra cosa más que confirmar un deseo final que nada condice con su razón de ser: el aniquilamiento de la cultura de la vida.
La desfiguración de su razón de ser se vislumbra en la ausencia de la respuesta que la sociedad espera de ellos.
“A vaces pienso que algunos políticos, abogados, policías, "derechos humanos", etc. forman un perverso sistema de delincuencia", remata otro lector, Alejandro.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/113594
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Mario Guillermo Simonovich
autor
Contacto








