La última respuesta
25.07.07 @ 23:07:11. Archivado en Sobre el autor
Es domingo. Ana llama a Deolinda. Le dice que según la maestra, su hijo Mauro, de cinco años, padece de depresión y que tendrá que ir a un psiquiatra. Muy dolida y confundida admite no saber qué hacer con su hijo, que en casa pasa gran parte del tiempo durmiendo y en el preescolar se muestra violento con sus compañeritos.
“Cuando su padre fue a retirar los estudios que le hizo el médico directamente me los entregó, sin verlos”, admitió, mientras leía la noticia principal de Yahoo.Noticias: Brad Pitt y Angelina Jolie anunciaban su separación. Ana y su marido se habían separado cuando Mauro cumplió tres años.
Caminos cerrados
Hay respuestas (soluciones) que se clausuran para siempre. Generalmente son las vinculadas con el sentido común. Cuando le comenté a Deolinda que “es imposible” que el pequeño Mauro entienda algo tan antinatural, como lo es tener padres que viven separados, ella trataba de ser “comprensible” con la realidad, al afirmar que como esa opción era irrealizable había que buscar otro camino, como el tratamiento psicológico o al menos, una relación más madura entre sus padres separados. “Una psicopedagoga les recomendó que no discutan frente a él, para así evitar hacerle daño”.
La solución más directa y natural, que es la reconciliación de sus padres, no se tiene en cuenta. Es el gran camino que se cierra y en ese punto el niño no puede ver más allá, porque la naturaleza tiene un fundamento intrínseco que no necesita explicarse porque sí: se entiende lo que es, tal como es, porque la realidad (que es la verdad) así lo dice. ¿Acaso no todos fuimos niños? ¿Acaso si hubiéramos visto Matriz Recargado a los cinco años nos hubiera fascinado como ahora? A esa edad hubiéramos preferido ver Spiderman, seguramente, porque aún no teníamos la cabeza preparada para Matrix.
Lo natural no es complejo: se limita a dejar bien en claro lo que es bueno y lo que no lo es.
Empatías
El escenario, en el mejor de los casos, es así: la madre hace lo posible pero fija sus límites. El padre, igual, aunque más resentido porque tiene que poner mucha plata de su bolsillo para costear al niño, una excusa para desprenderse totalmente del hijo: un dinerillo equivale a diez visitas y el resto, que lo haga su mamá. El problema apenas es percibido y se lo identifica como crónico, es decir, sin solución.
La (mejor) solución es empezar una nueva vida (una nueva oportunidad para ser feliz). La reconciliación, por cierto, se presenta como lo más difícil, comprometido y lejano. Algunas terapias de pareja tiene como fin volver al primer año de vida de los integrantes de la pareja para volver a enserñarles a hablar. Por cierto, mucho trabajo. Para muchos realmente no vale la pena (ademas, porque con el trabajo se complica todo). La prioridad es la mamá y el papá, porque ellos mantienen al hijo y en este sentido se creen dueños de configurar su libertad con el menor daño posible. Tienen el dominio de la fuerza física y el dinero. Es decir, poder.
Desde el niño, la cosa es distinta: la única solución es ver a sus padres unidos y con un vínculo respetuoso. Quiere ocupar su lugar en la familia, pide protagonismo, pero siempre en la familia. La naturaleza lo “configuró” para que se desprenda de sus padres cuando sea adulto y no cuando sea niño. No puede imponer su persona como prioridad porque carece de la fuerza física e inteligencia de sus padres. Pero su inteligencia es sencilla y práctica: se limita en hacer el bien y evitar el mal, no en destruir una realidad y reconstruirla sin las reglas naturales de juego.
Irresponsabilidad ilimitada
Es verdad que una acción produce una reacción, o que una causa genera un efecto. En la mayoría de los casos de las madres solteras, la acción o causa es decidir tener sexo para no armar una familia, algo así como comprar una escopeta para dispararse a uno mismo. La reacción o consecuencia es lo que explica esta nota: miles de historias ocultas de vida, que se regeneran en una causa o acción: el individuo desesperanzado, agnóstico, resentido, sin educación y liberal sin fundamentos. El paso siguiente es lo que ya se considera una noticia: violación de un niño de 12 a otro de 6 años en una escuela del Gran Buenos Aires, el abandono de dos recién nacidos en el canal Cacique Guaymallén de Mendoza, en este invierno “boreal”, jóvenes que si no fuera por las autollamadas organizaciones de derechos humanos ya estarían residiendo para siempre en penitenciarías por asesinatos, robos y violaciones, y así la lista sigue.
Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, en una nota periodística, me dijo que el término responsabilidad deriva de respuesta, es decir, de la capacidad de responderle a las exigencias de la vida. Quizás la “causa o acción mayor” tiene que ver con este vínculo de palabras “responsabilidad-respuesta”. Esta palabra compuesta también se hace ausente cuando la noticia de una separación –como la de Brad y Angeline- se hace curiosa y divertida: el texto informativo en ningún momento hizo mención al dolor generado en los hijos adoptivos. Esa noticia cholula estaba informando la destrucción de una familia más, como ocurre todos los días, ante el silencio de los medios de comunicación.
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Mario Guillermo Simonovich
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