El éxito de la muerte
30.06.07 @ 01:52:36. Archivado en Sobre el autor, Sociedad
El odio y su cultura ya sienten en sus manos el trofeo, tras un gol cantado en el último minuto del complemento. Y ya celebran en las calles, matando a quemarropa a un propio hincha, que deja en el mundo un proyecto de familia y con ello, un proyecto de vida.
Lunes, 15 horas. Jornada laboral en el barrio de Mataderos (alrededores de Buenos Aires). Con un gol de ventaja, Tigre visita a Nueva Chicago, en el partido revancha por un lugar en la Primera del Fútbol Argentino. Estadio lleno. Un partido al límite: el que pierde descenderá de categoría y el que gana jugará en la A. El local pierde 2 a 1 y desciende. Incidentes afuera. Un aficcionado de Tigre, el flamante ascendido, recibe un piedrazo en la cabeza. Agoniza en la calle. Muere en el hospital. Siete días después, un comisario es asesinado también en la capital argentina. Mientras, a la noche, estalla el rating en un programa de tv, cuado una conocida vedette hace un improvisado streap teas, en el que la esposa del conductor de ese programa hace el conocido baile del caño de los cabarets, con la presencia de muchos niños en el estudio del programa. En tanto, tres meses antes, una mujer que entraba en la cuarta década de su vida, pasada la medianoche visita a una amiga para invitarla al "estreno" de su nueva vivienda. Tras el saludo de despedida, se dirije a su automóvil. Adentro está su hijo de seis años, durmiendo. Dos adolescentes la sorprenden con un revólver. Quieren el automóvil. No la dejan pensar. Sus nervios, tampoco. Vencidos por la ansiedad, aprietan el gatillole. La arrojan a una acequia, junto a su hijo -que es sacado por la fuerza del automóvil. Ella muere dos días después. Y desde entonces, me dijeron, su hijo no puede hablar. Esto último, en el otro extremo del país, en la ciudad turística que gobierna el posible candidato a vicepresidente de la fórmula oficial, donde se encuentra el cerro Aconcagua.
La sombra levanta el puñal y el trofeo
Cuando el odio hace uso de la libertad sólo persigue la muerte. Así fue en la Alemania de Hitler, la Hungría de Kadar, la Argentina de Perón o los Estados Unidos de Bush, en lo que hace a su política exterior. El "enemigo" nunca fue el "Imperialismo", sino más bien el que realmente se opone hoy en día a la cultura de la muerte: la Iglesia. Tanto Kadar, como Hitler y Perón -como también hoy lo hacen, pero con otro perfil, desde intelectuales latinos y europeos hasta jefes políticos, como Chavez, Morales, Kirchner y Castro- saben que la Iglesia es la única institución que rechaza el atropello, ya sea "por izquierda o derecha". Y el consumismo -que no es un concepto abstracto e intelectual, sino una realidad viviente-, ha programado un sentido de la vida "a la mesa", con constantes períodos de vencimientos de los compromisos, en el que, por falta de tiempo, las respuestas de fondo no sirven y lo único válido es una sonrisa cálida por afuera y tibia por dentro, ideal para la foto.
Es el momento en que el odio levanta el trofeo, tras meter el gol en el último minuto del complemento y celebrar la victoria, matando a quemarropa a un propio hincha, que deja en el mundo un proyecto de familia y con ello, un proyecto de vida.
Respuestas en la conciencia
Cuando el gobernador de Mendoza, Julio Cobos, explicó a la opinión pública las razones de fondo por las cuales asesinaron a la mamá del niño que dormía en el automóvil, muy frustrado reconoció que con la baja del desempleo no alcanzaba para frenar la inseguridad. Una semana después visité el barrio Santa Teresita, algo así como la segunda "villa miseria" de Mendoza. Allí vi a niños constantemente insultados por padres que se valía de palabrotas para adultos; niñas de trece años con embarazos de ocho meses y a jóvenes -que podrían ganarse la vida como albañiles o electricistas-, en una esquina apagando su vida con marihuana y vino barato. Allí, unos días antes, un chico down había sido asesinado de un piedrazo en su cabeza, mientras viajaba sentado atrás del taxi, con la ventana abierta. Y no tengo dudas que esa misma noche ninguno se perdió el baile del caño, porque por más desastrozas que estuvieran esas viviendas, el televisor con cable no faltaba. La muerte se había instalado en la atmósfera de ese barrio. Y también en muchos otros, pero con otra variante de miseria, la del dinero y el poder que sobra y que siempre falta.
La muerte nunca le ganará a la vida mientras exista la esperanza, pero este partido, muy parejo, va por el entretiempo y puede sorprendernos con un gol. Mientras, duele ver familias grandes destruidas. Porque hoy no es fácil hacer una familia y un proyecto de familia tiene muchos barriles de "esperanza energética" acumulada.
La respuesta de la vida -de la cultura de la vida y del amor auténtico- reclama a piquetazos de conciencia una salida no tan aburrida y convencional, sino dinámica y absolutamente efectiva en cuanto a los resultados. Porque si la muerte es exitosa en videoclubes y cines, entonces será hora de revisar lo "valioso" y ponerlo en lugar de lo "exitoso", justamente para que esa respuesta sea efectiva.
Lejos del nuevo compromiso
En tanto, no se advierten políticos o medios de comunicación que animen a instalar el tema de la cultura de la vida, por miedo a quedar pegados con la Iglesia y de este modo ser eternamente sentenciados -y por ende, aislados- por los prejuicios indiscriminados de los líderes culturales y de opinión del presente.
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Mario Guillermo Simonovich
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