Otra Navidad es posible
11.12.08 @ 21:26:46. Archivado en Estad Despiertos
Ante esta realidad de crísis, y sabiendo que muchas personas consagradas, y muchas de nuestras instituciones son solidarias con los empobrecidos en nuestras misiones y demás actitudes de " Samaritanos" nos viene muy bien esta reflexión, que nos ayude a todos a vivir " una Navidad" desde la sencillez, la solidaridad y la acogida, desde la cercanía a todos los que sufren.
LA VIDA CONSAGRADA ANTE LA CRISIS
¿Simplemente espectadores?
«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de
los discípulos de Cristo» (Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 1).
Aunque nada vamos a añadir ya a las noticias y comentarios sobre la crisis económica en la que
estamos, tanto a nivel mundial como local, nuestra mirada se vuelve, sin embargo, hacia “los últimos”.
El número de personas hambrientas en el mundo ha pasado, en este año, de 854 millones a
923: 75 millones más. Unos 2.000 Millones de personas sobreviven con menos de 1,25 dólares al
día. A pesar de ello, las Ayudas al Desarrollo, desde los países ricos, ha descendido en un 30%.
Entre nosotros, una quinta parte de los hogares españoles vive en la pobreza, y la pobreza extrema
afecta a un tramo de población entre el 2,6 y el 4 %.Con la crisis encima, según informa Caritas, en
el primer semestre de 2008 las demandas de ayuda ha aumentado en un 40,8% respecto del 2007, lo
que supone que el número de familias que lo están pasando mal ha aumentado considerablemente.
Un 15 % de paro es lo que se espera por ahora a consecuencia de la crisis, lo que supone la angustia
de tantas familias con unas hipotecas imposibles de pagar. Y nada digamos de la población inmigrante,
cuyo paro estaba ya hace un mes en el 17%. Realmente, este Adviento y Navidad no va a ser
para echar demasiadas campanas al vuelo...
La situación de la Vida Consagrada
En este panorama, un número muy considerable de religiosas y religiosos vive totalmente entregado
a la atención al mundo de la pobreza, especialmente entre los inmigrantes. Muchas religiosas y religiosos
viven en pueblos pobres y barrios populares, pobres o marginales. Y hay Congregaciones
pequeñas que realmente viven “al día” o incluso menos que “al día”. Para todos ellos el tema de la
pobreza y de la crisis es “el pan suyo de cada día”. Las mismas Congregaciones, por otra parte, han
nacido como respuestas a situaciones de precariedad con medios bien modestos y mucha pasión por
los demás.
Sin embargo, a la mayoría de la Vida Consagrada, ¿nos afecta de verdad la crisis? El sistema de
vida y de pobreza que hemos elegido y las estructuras que lo sustentan –comunidad absoluta de
bienes– hace que nuestra Vida Consagrada sea una vida segura. Si tomamos como referencia el
texto de Hch 4, 34 realmente se cumple en nosotros aquello de que “entre ellos ninguno pasaba necesidad”.
Aunque tal vez los presupuestos comunitarios no lleguen para las necesidades y situaciones
que se van presentando, en última instancia, nuestra respectiva Congregación sale al paso del
problema. Al final del ejercicio, el superávit queda en manos de los Superiores que lo mantienen
como reserva, lo revierten en las “obras apostólicas” o lo envían a otras comunidades y situaciones
necesitadas, del mismo entorno o de los países pobres. La seguridad de cara al presente y al futuro
es algo que caracteriza, a niveles económicos, nuestra vida. Ciertamente, nuestra “pobreza” debe ser
un signo alternativo frente a la idolatría del dinero (Vita Consecrata 90), pero lo que es más cierto y
seguro es que la crisis no nos afecta, como personas, del mismo modo que afecta al resto de la gente..
Las respuestas de la Vida Consagrada
«Grandes crisis, grandes oportunidades», afirma Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Fundación
“Cultura para la paz”. La crisis, en efecto, no nos aleja de Dios sino que, de uno u otro modo,
está habitada por Él, como denuncia y como oportunidad. Dios también “viene” en este Adviento
2008 porque el Verbo se encarna en la carne dolorida del mundo. Es cuestión de mirada y de respuesta.
«Dadles vosotros de comer» les decía Jesús a sus discípulos (Mc 6,37). ¿Qué nos dice a nosotras
y nosotros, hoy, en nuestra vida religiosa acomodada y segura?
Quizás no es tiempo de buscar “recetas mágicas” y consuelos de conciencia. Tampoco es tiempo
sólo para solas “meas culpas” y lamentos estériles. Pero sí es tiempo para reconsiderar nuestro modo
de vida y nuestra seguridad, buscándole un sentido más hondo y real a la “pobreza religiosa”,
que no se quede en meros dos o tres “retoques” de estética evangélica. ¿Es pobreza nuestra pobreza
cuando esa misma pobreza nos impide compartir la suerte de los “desheredados de la fortuna” en
estos tiempos de crisis? ¿No tendremos una mísera hipoteca que echarnos a la boca para pasar un
poco más de frío en este invierno? ¿Tendrá que ser así nuestra desgracia, queriendo ser pobres y sin
llegar a serlo? ¿Cómo podremos compaginar la solidaridad real de una pobreza que “nos toque la
carne” con una riqueza de medios puestos a disposición de nuestras obras de evangelización, de
caridad, de educación, de espiritualidad...? ¿Qué podemos hacer para ser de veras pobres?
«Se pide a las personas consagradas, pues, un nuevo y decidido testimonio evangélico de abnegación
y de sobriedad, un estilo de vida fraterna inspirado en criterios de sencillez y de hospitalidad,
para que sean así un ejemplo también para todos los que permanecen indiferentes ante
las necesidades del prójimo. Este testimonio acompañará naturalmente el amor preferencial
por los pobres, y se manifestará de manera especial en el compartir las condiciones de vida de
los más desheredados. No son pocas las comunidades que viven y trabajan entre los pobres y los
marginados, compartiendo su condición y participando de sus sufrimientos, problemas y peligros.
Páginas importantes de la historia de la solidaridad evangélica y de la entrega heroica han sido
escritas por personas consagradas en estos años de cambios profundos y de grandes injusticias,
de esperanzas y desilusiones, de importantes conquistas y de amargas derrotas» (Vita Consecrata
90).
Muchos interrogantes para una respuesta
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