Semillas de Esperanza en Guatemala
20.09.08 @ 09:36:03. Archivado en Buenas Noticias
A todos nuestros amigos de la Familia Salvatoriana, que siguen Nuestra vida, sirvan estas palabras de Fernando,Laico Salvatoriano, que trabaja con el MTC.En Guatemala.
Gracias Fernando.
Bienaventurados los mansos por que ellos recibirán la tierra por heredad.”
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia por que ellos serán saciados”
Mateo 5. 5-6
No es mi estilo empezar con una cita bíblica, pero creo que es lo mas apropiado a las circunstancias. El día 2 de agosto de 2006 será una fecha histórica. Histórica para el MTC, y, en consecuencia, para toda pastoral social de la diócesis de San Marcos. Histórica también para 47 familias que tras casi 6 años de lucha obtuvieron tierra para vivir, tierra para trabajar y tierra para forjarse un mañana.
Pero creo que lo correcto será empezar por el principio. En el año 2000 los precios del café en la bolsa de Nueva York descendieron hasta mínimos que ya no hacían rentable la explotación de café en muchos países de América. ¿La razón? La producción de café en Asia es tres o cuatro veces mas barata. Colombia aguantó el tirón a duras penas con subvenciones, pero en Guatemala, donde las subvenciones y ayudas fueron para los grandes terratenientes el desplome supuso la miseria (y aún mas) para muchas familias.
Un grupo de aquellos 51 familias que laboraban en las fincas Clermont, Valdemar y Ucubujá. Estas tres fincas pertenecían a una sola familia: la familia política de quien 4 años mas tarde se convertiría en presidente de la República de Guatemala.
La respuesta patronal a este grupo de trabajadores fue inaceptable. Trabajar 15 días al mes y descansar otros 15. Pero esos 15 días de “asueto” no tendrían derecho a sueldo ni a prestaciones. Los trabajadores se organizaron en un comité para comenzar una negociación en que todos salieran beneficiados (o por lo menos poco dañados).
La respuesta patronal a este “movimiento sindical” fue el despido inmediato de los trabajadores. En España quedarte sin trabajo es traumático: te quedas sin el sustento diario. Pero en Guatemala y mas concretamente si trabajas en una finca, quedarse sin trabajo supone la perdida de tu modo de subsistencia, tu casa, tus posesiones y quedarte en la calle. ¿Por qué? Pues porque en las fincas de Guatemala prevalece la propiedad privada del señor frente a la de los habitantes de una finca.¿Recuerdan las clases de historia en el colegio, cuando explicaban las situaciones de servidumbre en que se vivía en la Edad Media? Bien pues no hay que ir tan lejos: En las fincas cafetaleras (y en las de caña o banano) esa es la forma de vida. El patrón es el Conde, el amo y señor de toda la tierra y el trabajador ha de servir al amo y dar las gracias pues este le da un lugar donde ubicar su casita, un lugar donde guardar sus 3 o 4 gallinas, y un lugar de trabajo. Y no contento con esto todavía “contrata” mas esclavos que llegan del altiplano a quemar sus vidas viviendo en condiciones infrahumanas. Pero ese es otro tema.
Con 51 familias despedidas y sin haber recibido las compensaciones económicas por despido que, por ley, les corresponden a los trabajadores, comenzaron un largo peregrinar por el desierto. Cuatro de esas familias tuvieron que abandonar la lucha, acuciadas por las deudas, la desesperación y el hambre: aceptaron 4000 quetzales (poco menos de 400 euros) por desistir de sus reivindicaciones.
El resto aguantó como pudo. El ir y venir a juzgados, instancias y el recorrerse todos los tribunales desde Ciudad de Guatemala a San Marcos, pasando por Mazatenango y Quetzaltenango, por Malacatán y Tajumulco durante mas de cinco años era el pan de cada día.
Desde el MTC y desde la Diócesis de San Marcos, se inició un proceso de acompañamiento que he tenido la dicha de ver culminar: 47 familias son hoy poseedoras de un pedazo de tierra que les dará seguridad para ellos y los suyos y además tienen la seguridad de haber podido vencer a un Goliat. Ellos, unos pobres campesinos pudieron con el poder económico de una de las familias mas ricas de Centroamérica y lo pudieron hacer sin disparar un solo tiro. Resistiendo a las amenazas y difamaciones, como aquella que decía que “guardaban armas de asalto en la finca”, lo que propició y justificó la invasión de sus hogares por las fuerzas de seguridad del estado.
Tuvieron que soportar hasta que les llamaran ladrones, cuando el dueño de la finca les acuso de robar café y cuando llegó él mismo, con sus abogados e inspectores, descubrió avergonzado que no solo no faltaba ni un grano de café sino que había más del que el administrador había contabilizado.
El patrón no pagó ni un quetzal de lo que debía, pero a cambio entregó tierra. De las tres fincas que tenia la finca Valdemar, una es ahora la finca de estas familias campesinas. Tierra para trabajar, tierra para vivir y tierra para decir: ADIOS TRISTEZA,
HOLA ESPERANZA....
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