La Paz en los hogares es posible.....
29.03.08 @ 10:12:06. Archivado en Buenas Noticias
Mucho o poco se habla del maltrato en los hogares españoles. Sale de vez en cuando alguna noticia, se buscan paliativos,más sicologos,más asistentas sociales,más juzgados,más policias? mas atención a las maltratadas.? Alguna institución de estas se dedica a " reconstruir hogares"? Algunas instituciones de la Iglesia si, y con buenos resultados, aunque no se ven ni se cacarean. Sirvan estas palabras para dar una " lucecilla" más a la Paz en los hogares.Creo que puede servir tambien para los " no cristianos".
La paz de los hogares cristianos. Cristo se aparece a sus discípulos y les dice: “Paz a vosotros”. Quisiéramos detenernos en esta palabra del Señor para hacer nuestra sugerencia pastoral. ¡Qué necesidad tenemos de lograr la paz en nuestros hogares cristianos! Sabemos que nuestro hogar es el lugar de las relaciones interpersonales, el lugar en el que se cultiva el amor y la entrega sincera de sí a los demás. Pero también sabemos que nuestros hogares están asechados por muchos enemigos de dentro y de fuera. En ocasiones se trata de incomprensiones en las relaciones familiares: del esposo con la esposa, del padre con los hijos, de los hermanos entre sí; a veces se trata de situaciones coyunturales: una desgracia, una riña, un malentendido que dan lugar a que se enfríen las relaciones familiares y a que se rompa la paz. Sin embargo, somos conscientes de que la paz del hogar es un valor que debe salvaguardarse. La paz del hogar se logra con la aportación de todos, con el sacrificio de todos, con el perdón de todos. Sin perdón no puede haber paz. Es elocuente el texto del Santo Padre en la Jornada de la paz al inicio del año:
En realidad, el perdón es ante todo una decisión personal, una opción del corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal. Dicha opción tiene su punto de referencia en el amor de Dios, que nos acoge a pesar de nuestro pecado y, como modelo supremo, el perdón de Cristo, el cual invocó desde la cruz: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen » (Lc 23, 34).
Así pues, el perdón tiene una raíz y una dimensión divinas. No obstante, esto no excluye que su valor pueda entenderse también a la luz de consideraciones basadas en razones humanas. La primera entre todas, es la que se refiere a la experiencia vivida por el ser humano cuando comete el mal. Entonces se da cuenta de su fragilidad y desea que los otros sean indulgentes con él. Por tanto, ¿por qué no tratar a los demás como uno desea ser tratado? Todo ser humano abriga en sí la esperanza de poder reemprender un camino de vida y no quedar para siempre prisionero de sus propios errores y de sus propias culpas. Sueña con poder levantar de nuevo la mirada hacia el futuro, para descubrir aún una perspectiva de confianza y compromiso.
Sepamos en nuestros hogares dar y recibir el perdón y veremos que crecerá la paz y que caminaremos por sendas de gozo y alegría, quizá, hasta entonces desconocidas.
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