Cristo Resucitado sana las heridas
27.03.08 @ 20:41:14. Archivado en Buenas Noticias
Siempre nos encontramos con personas " heridas" por la soledad, las tristezas, las familias destrozadas, la angustia, depresión,amen de los que buscan escapes en la droga, causando dramas familiares y sociales ( que poco se comunican o se ven) para no asustar.
El papa Benedicto nos da unas luces orientadoras para sanar heridas y mostrar caminos de salida ante esta realidad que vivimos. La esperanza esta servida, hay que buscarla y sembrarla con el testimonio de los que creemos que otro Mundo es posible desde la experiencia del Resucitado.
Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor», deploró en su mensaje de felicitación pascual.
Escuchaban las palabras del Papa decenas de miles de peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano que afrontaron con la ayuda de paraguas una torrencial lluvia, que no se detuvo desde que comenzó de la misa del Domingo de Resurrección.
«Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas», afirmó el Papa que pronunció su felicitación en 63 idiomas (en este año, añadió el guaraní, lengua hablada en Paraguay, así como en zonas de Argentina, Brasil y Bolivia).
«Llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros» y que «esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor».
Estos cristianos, dijo, «se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada».
Al pronunciar estas palabras el Papa pensaba en particular «en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz».
«La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte --dijo--. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre».
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