
“¡Oh dulcísimo amor de Dios mal conocido!
El que halló sus venas descansó.”
Dichos de Luz y Amor. nº. 16
San Juan de la Cruz
Asumir la pérdida.
Hablar de una hermana que se ha ido es una cuestión difícil, es asumir el reto de la despedida sin y con palabras, es recordar su manera de andar, de reírse, de enfadarse, de amar…; sus valores, sus miedos… Cómo asumía en los últimos días sus no-fuerzas, cómo respondía ante el dolor…Le costó asumir la debilidad, tan de la noche a la mañana sentirse sin fuerzas.
Nuestra hermana Mª Dolores fue una mujer realista, ante Dios, ante la vida y ante sí misma. Dios estaba por encima de todo. Era una mujer activa, inquieta y entregada, siempre estaba de ”servicio” para sustituir a las demás, para cosernos botones, dobladillos y toda clase de roturas de la ropa y también del corazón.
Era muy positiva, confiaba mucho en Él y sufría con alegría incomprensiones, luchas pasadas o presentes. Nada la arredraba. Era una mujer y una monja clara, veraz, decía lo que pensaba ante quién fuera buscando la verdad.
Nacida en Barcelona, su historia de niña la recordaba difícil, niña en plena guerra…; desde los comienzos de su llamada luchó mucho por querer hacerse monja ante su familia, fue muy valiente pues tuvo grandes impedimentos hasta que a los 21 años su madre no pudo prohibirle la salida de casa, algo que ella tantísimo había deseado, y entró en las Esclavas de María. Hizo de enfermera en los paritorios de un hospital y ella _esto de traer niños al mundo_ siempre lo recordaba como una experiencia que la acercó a la vida de una manera fuerte y realista; rememoraba con agradecimiento todos los apuros que pasó como comadrona y siempre daba gracias a Dios de Su presencia y de la gracia de Su misericordia que se le manifestaba de tantas maneras en la relación con hermanas, personal, médicos, etc…
Más tarde, Jesús, la urgió a dedicarse plenamente a la oración, a una vida más íntima con Él y en comunidad fraterna. Así vino al Carmelo a los
34 años y trajo con ella todo ese bagaje y esas vivencias que la hicieron madurar y abrirse a la acción que Dios había comenzado en ella hacía tantos años.
A sus hermanas nos insistía siempre en que había que relativizar y enfocarse hacia la relación con Jesús y así poder mirar más lejos y más adentro de todos los acontecimientos que vivíamos y que nos tocarían vivir.
Ella no supo que se moría, nosotras tampoco hasta un mes antes de que Su Amado Jesús se la llevara. La insuficiencia respiratoria y el esfuerzo excesivo que presionó el corazón hicieron que no agüantara más.
Nos quedamos despagadas porque nos llegó con un aviso tímido, tan rápido como ella era, sin tiempo a reaccionar, a hacernos a la idea…Los últimos días lo intuimos pero no nos lo podíamos creer aunque fuésemos sintiendo que nos despedíamos cuando íbamos a verla, a animarla a su habitación.
Como sabéis fue el día de la Epifanía cuando Él se la llevó, a mediodía, cuando las hermanas esperaban para entrar a la visita en la UCI. El día 5 de Enero cuando la bajaron a intensivos pudimos alentarla, despedirnos y animarla en esas horas previas a que comenzara su última noche.
Ha dejado una honda huella en casa. Todavía sentimos su presencia y la buscamos en el pasillo de su habitación para ir a comentarle o pedirle algo…
El día 7 celebramos el entierro de verdadera Epifanía Pascual, vinieron muchos sacerdotes de la diócesis, 14 pudieron acudir.
Presidió el Vicario Episcopal de la zona, don Juan Agost, que llevó la celebración de una manera preciosa, todos nos sentimos acogidos y llevados a la Vida y con la Vida, también fue esto lo que recalcó nuestro Hermano el Padre Maximiliano Herraiz en su homilía, que acudió junto a nuestro Provincial,Padre Pascual Gil, que el compromiso con el que teníamos que salir de allí era de vivir la vida en plenitud con nuestros hermanos y hermanas, con los que compartamos vida, con los más necesitados de ella… Y las palabras de René, nuestro capellán, fueron para hacer una semblanza cariñosa de MªDolores, de su capacidad de acogida a todos los que llegan a nuestra comunidad, a nuestra hospedería, a nuestra puerta…
El encuentro con sus sobrinas y sobrinos fue también de dolor y sorpresa por la rapidez de su marcha. A todos nos queda su valentía y sus ganas de VIVIR, su fuerza apoyada en la Fuerza del que la quiso en su especial compañía y por el que ella siempre, siempre, siempre, apostó.
Mª Dolores de Cristo Rey
(Sánchez Santas)
9 Abril 1929 – 6 Enero 2009
Carmelo de Altea.
http://www.carmeloaltea.org/
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Un grandioso abrazo a toda la comunidad,de solidaridad.
PAZ Y BIEN
Siento la pérdida. Y a vosotras, ánimo.
Un abrazo
hermana Maria Dolores,ruega por mi.-
Lunes, 13 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Isabel Gómez Acebo
Francisco Margallo
Urbano Sánchez García
Rodrigo del Pozo Fernández