Escribir sobre la Vocación. Quien ha "sentido" la llamada del seguimiento en la vida consagrada sabe bien de "quien se ha fiado". La vocación, llamada a un estilo de vida consagrada, es un Don de Dios. Y Dios llama como quiere y a quien quiere. No hay unas normas precisas, si rezas tanto rosarios.....de premio una vocación, y asi una larga lista de cosas por hacer, no significa que no tengamos que orar por las vocaciones ni mucho menos. Pero quedarnos ahi sería una consecuencia de no saber leer en los acontecimiento que nos rodean.
Lo mas importante de l@s que quedamos en esta llamada no es si somos viej@s o jovenes, lo importante es que nos sentimos llamad@s por Cristo a seguirle, que le seguimos sin condiciones y que El es nuestro guia y Buen Pastor
Os adjunto una bella carta del P. Eduardo Sanz que está participando del Capitulo de nuestros Hermanos Carmelitas Descalzos. Es de nuestra provincia de Aragón-valencia. Espero os guste por la sinceridad que transmite en su Amor a Cristo.
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d. 3 de mayo de 2009
Reflexiones desde Fátima
Hoy hemos reflexionado en el capítulo general sobre los religiosos que abandonan la Orden. Hemos estudiado las estadísticas, los datos concretos de todos los que abandonan su vocación. Son muchos, son demasiados. No es algo que afecte sólo a los Carmelitas Descalzos. Los abandonos son igualmente numerosos en el clero secular, en las órdenes tradicionales y en los nuevos movimientos, así como las rupturas son numerosas también en los matrimonios. Entre los que salen, los que no entran y los que mueren, el número de sacerdotes y de religiosos disminuye a pasos agigantados en Occidente. En Castilla la Vieja, por ejemplo, los sacerdotes diocesanos han pasado de 4.000 a 2.000 en los últimos 20 años, y su media de edad supera hoy los 60 años.
En estos momentos de crisis social y eclesial es importante mantener la calma y no caer en el alarmismo. No olvidemos que los organismos vivos crecen con las crisis y sólo los minerales permanecen intactos. La Iglesia y la vida religiosa han sufrido numerosas crisis a lo largo de su historia. Por ejemplo, durante la “peste negra” del s. XIV, muchos conventos y monasterios se vaciaron. Con la Reforma Protestante muchos monasterios y conventos, e incluso Órdenes enteras, desaparecieron. De los 300.000 religiosos que había en vísperas de la Revolución Francesa (1789) se pasó a unos 80.000 en 1850. En el siglo XX, entre 1940 y 1989, fue funesta en algunos países la revolución y dictadura comunista. La última crisis es la del postconcilio. Las religiosas en 1968 eran 1.130.885. Actualmente son 760.529. En Italia han pasado de 168.580 a 101.604, en Estados Unidos de 168.054 a 67.112.
Hablando a partir de sus cifras, se puede decir que la vida religiosa en Europa sufre un "colapso". Hace ya varias décadas que las vocaciones escaseaban, pero en los últimos años se puede decir que, simplemente, no existen. Las escasísimas que todavía se dan son realmente la "excepción que confirma la regla". Sociedades europeas que hace cincuenta años sobrepasaban porcentajes del 80% de pertenencia cristiana, hoy han dado la espalda masivamente al cristianismo y ya no se interesan por él. La vida religiosa sufre y comparte la crisis global que sufre el cristianismo en general y la Iglesia Católica en particular.
El problema no son las crisis en sí mismas, sino la lucidez intelectual para afrontarlas y el coraje moral para superarlas. Personalmente, no me preocupa el hecho de que seamos pocos o ancianos, pero sí que nuestra vida tenga un sentido verdaderamente religioso. Hemos entregado la vida a Cristo sin condiciones y hemos de asumir que es Él quien guía nuestra historia, muchas veces por caminos que no comprendemos. No nos salvarán los estudios sociológicos ni las programaciones pastorales o vocacionales. Nuestra salvación es Cristo y poder vivir con sentido esta etapa de la historia pasa por un enamoramiento radical de su persona y por la obediencia humilde a sus palabras. Jesucristo nos dijo que “nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Debemos estar dispuestos a dar la vida por el amigo, que es Cristo, si Él nos lo pide. Pensando en el futuro con responsabilidad, trabajando lo que esté de nuestra parte, pero sin obsesionarnos por el éxito o fracaso de nuestras obras. Él es el Buen Pastor y no permitirá que las ovejas sean arrancadas de su mano.
De hecho, mañana, domingo 4º de Pascua, celebramos la fiesta del Buen Pastor. Hay quienes piensan que la imagen está pasada de moda y que llamar “ovejas” a los fieles es un insulto. Sin embargo, el título de «pastor» tiene una riqueza histórica que no podemos pasar por alto. En la antigüedad, era usado normalmente para nombrar a los reyes y guías del pueblo. La Biblia lo utiliza muchas veces para hablar de Dios. Incluso Dios mismo lo usa para hablar de sus relaciones con Israel, comparándose a sí mismo con un Pastor que quiere cuidar, proteger y alimentar a sus fieles. Los jefes del Pueblo han sido malos pastores, porque han utilizado las ovejas en su propio provecho. Dios se ocupará personalmente de cada una, cubriendo todas sus necesidades: «Vosotros os bebéis su leche, os vestís con su lana, matáis las ovejas gordas, pero no apacentáis el rebaño, ni robustecéis a las flacas, ni vendáis a las heridas, ni buscáis las perdidas... Yo mismo buscaré a mis ovejas y las apacentaré... Buscaré a la oveja perdida y traeré a la descarriada, vendaré a la herida, robusteceré a la flaca, cuidaré a la gorda. Las apacentaré como se debe» (Ez 34). Son imágenes que nos hablan de un amor personal de Dios por su rebaño, que no nos trata a todos por igual, sino que sale a nuestro encuentro, respondiendo a las necesidades y esperanzas concretas de cada uno. También de las ovejas desorientadas por los tiempos que nos han tocado vivir y no terminamos de comprender.
Al llegar la plenitud de los tiempos, Jesús se manifestó como el que viene a buscar las ovejas descarriadas: «Él vino a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10), con el fin de hacer con todos nosotros «un único rebaño con un solo Pastor». Mañana nos dirá en el evangelio de la Misa que conoce a cada una de sus ovejas por su nombre. Es decir, que conoce la historia personal de cada uno de nosotros, nuestras heridas y satisfacciones, nuestros pecados y buenas obras, nuestros anhelos y frustraciones. Ésta es la única buena noticia que merece la pena escuchar y éste es el único negocio en el que merece la pena invertir nuestro tiempo: Jesús es mi pastor, me conoce, se interesa por mí, tiene paciencia conmigo, quiere mi salvación. Mi vida merece la pena porque soy verdaderamente importante para alguien, hasta el punto que da su vida por mí. Mañana me dirá, una vez más: «Ésta es mi sangre que se derrama por ti, porque eres precioso para mí y te amo. Aunque no hubiera nadie más que tú sobre la tierra, habría venido igualmente al mundo y habría muerto igualmente por ti. Aunque tú no pienses en mí, yo no puedo dejar de pensar en ti». Si me acoges con sencillez y humildad, no necesito que haya nadie más en la orden del Carmelo. Me basta con que te abras a mi presencia y me dejes actuar en ti.
No puedo olvidar el poema “el Pastorcito”, de mi padre S. Juan de la Cruz. En él presenta a Jesucristo como un Pastor enamorado de una pastora (tú y yo, cada ser humano), que deja su patria y sus seguridades y se introduce en tierra extranjera y hostil para ir a buscarla. Se encuentra triste y afligido porque su amor no es correspondido. No le importan los sufrimientos que le causa el amor: las incomodidades del viaje, los malos tratos, la herida del corazón o la misma muerte; sino la ingratitud de su amada, el desagradecimiento y el olvido. Finalmente, llevando a plenitud la historia de su amor, extiende los brazos en el árbol de la Cruz, donde muere de amor, entregando voluntariamente su vida por su amada. Ésta es mi tristeza (que a veces dejo solo al Pastor que tanto me ama) y ésta es mi alegría (que Él no me olvida a mí y ofrece por mí su vida). ¿Cuándo, Jesús, podré decir de veras que vivo sólo para ti y que todos mis pensamientos son para ti? ¿Cuándo dejaré de olvidarte y de pensar en otras cosas distintas de ti, aunque sea por un momento? ¿Cuándo dejaré de hacerte penar y sólo te causaré alegría con mis palabras y con mis obras? ¿Cuándo podré amarte tanto como Tú me amas, tanto como yo deseo?
Un Pastorcico solo está penado
ajeno de placer y de contento
y en su pastora ha puesto el pensamiento,
el pecho, del amor, muy lastimado.No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido
-aunque en el corazón está herido-
más llora por pensar que está olvidado.Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena,
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.Y dice el Pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquél que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia!
Y el pecho, del amor muy lastimado.Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
y muerto se ha quedado, asido dellos,
el pecho, del amor, muy lastimado.(S. Juan de la Cruz)
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Gracias sor Virtudes, por compatir estas "riquezas".
Ricardo
Virtudes, bonita reflexión.
Hoy hemos rogado por las vocaciones, que son múltiples y fecundas. Cada época tiene la suerte de descubrir nuevos caminos. No lo dudes.
Feliz día
efectivamente vivimos un tiempo de crisis profunda en el campo religioso, cristiano, vocacional, humano, social, económico, moral... Sin embargo, Cristo nos acompaña y no nos dejará.
Viernes, 17 de febrero
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