Regreso con "Vueling" de Málaga a Barcelona y me tocan en suerte dos compañeros de viaje que trabajan en la compañía. Es mi oportunidad de soltar en pleno vuelo la batería de preguntas que me rondan. Como por ejemplo, qué pasa si se declara un incendio en el avión.
Mis interlocutores (un chico y una chica) me corroboran que es una de las hipótesis más temibles pero que para ello los detectores de humo tienen una función preeminente a la vez que los extintores estratégicamebte colocados.
Me corroboran en amena conversación hasta qué punto los detalles se cuidan en la navegación aérea y coinciden conmigo en que las nuevas generaciones de pasajeros han perdido un tanto el respeto a las instrucciones que da la comoañía. Por ejemplo, muchos pasajeros aún no apagan el móvil.
Le pregunto a ella si ha recibido clases para esbozar la bella sonrisa que prodiga. Sorprendida, contesta que no. Que le viene dado porque le gusta trabajar cara al público (mientras lo hace se repinta los labios).
Pero también confiesa que hay días cansados, especialmente si los aviones van llenos o las contingencias se acumulan.
-Pero el cliente no tiene porqué conocer nuestros problemas. Hay que tragárselos y sonreir. Eso conforta al pasaje.
Suena muy convincente.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez