Hace tres años, estando de visita en Managua alojado en casa del matrimonio Comas (él, Carlos Comas, mi mejor profesor en ESADE) escuché con interés los comentarios sobre la involución del estado de cosas en Nicaragua socialmente hablando.
Con ese deje de impertinencia que tiene la curiosidad periodística, ese a veces estúpido afan por querer saberlo todo, le pregunté a mi viejo profesor:
-¿Valió entonces la pena venir a Nicaragua tantos años como cooperante?
El profesor Comas calló con gravedad y me contestó con dulzura algo que nunca olvidaré:
-Ha sido un privilegio poder acompañar a este pueblo en su desarrollo y ayudarles en lo que hemo sabido y podido.
Ahora que algunos amigos me preguntan sobre la salud de mi padre y cómo condiciona eso mi día a día, mi agenda de prioridades e incluo mi forja de planes (hace meses que no viajo a Boston), les contesto:
-Es un privilegio poder estar tan cerca de mis padres y atenderles, a sabiendas de que es un último tren que pasa y que no circulará siempre.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez