Me cuentan de un peluquero mallorquín que ha colocado en el exterior de su establecimiento palmesano la lista de precios de sus servicios.
-¿Por qué lo has hecho?-le han preguntado.
-Porque no paraba de entrar gente a preguntarlos-respondió.
Es el signo de los tiempos: escasea el dinero y las decisiones de consumo hay que milimetrarlas.
Qué lejanos quedan aquellos tiempos en que un euro era una vulgar moneda de uso rápido, posiblemente posicionada como una antigua moneda de 100 pesetas cuando en realidad era al cambio 166...
La inflación de entonces cede paso a la deflación de ahora. Hay productos que si no bajan, son inconsumibles para el grueso de la población.
Es al fin y al cabo un gran proceso de reajuste y en el que la reducción de los costes para compensar la reducción de los márgenes de beneficio se hace insoslayable. Todo el mundo a revisar sus costes.
Sobre gestión de costes mucho aprendí en mis 12 años como directivo de la cadena RIU (también de los excesos de políticas de tal tipo). Constituye un entrenamiento valioso basado en tener resolución y constancia.
A mis alumnos de comunicación intento inculcarles la llamada óptica gerencial: la sensibilidad a los costes forma parte de esta manera de ver las cosas.
También el auditar siempre los costes de oportunidad: cuánto dejo de hacer por haber optado por otras vías. Constantemente estamos decidiendo y por tanto descartando. ¿Qué dejo de ganar, experimentar o conocer cuando me decanto por una opción y rechazo otra?
Los precios, gran termómetro de la economía. Bienvenidas sean las actitudes austeras. Las de no estirar más el brazo que la manga. Que la austeridad viene regida por el sentido del cálculo y de la prudencia, los valores que han fallado tan estrepitosamente en la década previa a la actual crisis.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez